Comentario 04/05/2026
¿Y
AHORA QUÉ SIGUE?
Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/
En
el gobierno de Gustavo Petro, para 2026, las proyecciones oficiales y del
Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) advierten que el déficit fiscal será
de cerca del 6-7 % del PIB y la deuda podría mantenerse en una senda
insostenible de más del 65 % del PIB si no se corrigen los desequilibrios y el
exceso de gasto público. Como contraste y comparación, en el año 2015 —diez
años antes— el déficit fiscal era del 3 % del PIB y el endeudamiento público
del 45,1 % del PIB. La evolución es creciente y dramáticamente preocupante.
El
duro camino que enfrenta la administración que suceda al malhadado gobierno de
Gustavo Petro pasa por la asignación de recursos escasos ante necesidades
diversas que exceden con mucho las disponibilidades, donde la determinación de
prioridades y destinaciones es, en esencia, un asunto complejo. De antemano,
puede afirmarse que ninguna necesidad podrá ser satisfecha completamente y que
todas son importantes, convenientes y, en algunos casos, inaplazables.
Examinemos los porqués para entender las razones y motivaciones que deben
acompañar, en nuestra opinión, este proceso de decisión.
La
realidad financiera y presupuestal de Colombia está muy apretada y, en la
mayoría de los casos, atada a compromisos inflexibles e inmodificables.
Típicamente, el presupuesto del Estado colombiano se aplica en los siguientes
rubros:
|
Categoría |
Descripción |
Participación
típica (Funcionamiento) |
|
Gasto social (transferencias) |
Salud (UPC), educación (SGP), pensiones, subsidios y programas
sociales. |
70 % – 80 % |
|
Nómina estatal |
Salarios de empleados públicos,
prestaciones y aportes patronales. |
12 % – 18 % |
|
Gastos administrativos |
Bienes y servicios, arrendamientos y operación de entidades. |
8 % – 12 % |
En
consecuencia, entre el 70 % y 80 % del gasto de funcionamiento del Presupuesto
General de la Nación (PGN) es gasto social y transferencias, mientras que entre
el 20 % y 30 % corresponde a nómina estatal y gastos administrativos, que es de
donde se puede recortar más, sin perjuicio de volver más eficientes los gastos
sociales actuales y evitar la corrupción. Por supuesto, hay sectores
estratégicos que requieren más apoyo del Estado, como la salud, la educación,
la ciencia, el sector agropecuario para la suficiencia alimentaria, el combate
al narcotráfico y la seguridad.
En
términos de financiación, estamos ante un desfinanciamiento que el CARF ha
estimado en cerca de $45$-$50$ billones de pesos, lo cual nos deja un gran
dilema: ¿cómo financiamos el faltante o dónde recortamos para adaptarnos a los
recursos disponibles? Profundizar el gasto público y aumentar el déficit fiscal
no es una buena idea por sus efectos negativos en la inflación y en la
solvencia de las finanzas públicas, salvo que los precios del petróleo ayuden.
Además, mientras más nos endeudemos, más fuerte será el cargo por el servicio
de la deuda, que dentro del PGN ya representa alrededor del 22 % del total.
Como consecuencia, la calificación crediticia de Colombia ha disminuido hasta
el grado especulativo; perdimos el grado de inversión, lo cual encarece el
financiamiento externo y aleja la inversión.
También
debe considerarse que las turbulencias globales influyen en la deuda: las
guerras comerciales (USA-China), la debilidad de países emergentes, la
inestabilidad política, las amenazas bélicas, las fluctuaciones de materias
primas y el cambio climático. Por desgracia, enfrentamos también una
preocupante invasión de cultivos de coca y la inestabilidad en un proceso de
paz que no muestra las ventajas pretendidas y deja nubarrones de preocupación
por la impunidad de los actores.
Colombia
tiene el reto de simplificar los gastos del Estado, que representan cerca del
30 % del PIB. En medio de esto, hay una confrontación ideológica: la izquierda
busca profundizar el gasto y la estatización, mientras que la derecha propende
por un Estado pequeño pero eficiente para dar espacio al sector privado. Lo
recomendable, por supuesto, es lo segundo.
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