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martes, 11 de noviembre de 2025

EL NUEVO FASCISMO

 Comentario 11/11/2025

 

EL NUEVO FASCISMO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

Para hablar desde su origen, el fascismo[1] es un movimiento político y social el cual nació en Italia de la mano de Benito Mussolini tras la finalización de la Primera Guerra Mundial. Se trata de un movimiento totalitario y nacionalista, cuya doctrina, y las similares que se desarrollaron en otros países, reciben el nombre de fascistas.

Desde 1922 hasta 1943, el citado dictador italiano se convirtió en el primer ministro de su país; fecha aquella última en la que fue depuesto y posteriormente encarcelado. Aunque en prisión estuvo muy poco tiempo, pues recibió la ayuda de la Alemania nazi para escapar de dicho lugar. No obstante, dos años después, en 1945, finalmente moriría tras ser ejecutado. Además del régimen de Mussolini en Italia, se califican como fascistas de esa misma época a la Alemania de Adolf Hitler y a la España de Francisco Franco.

El fascismo se basa en un Estado todopoderoso que dice encarnar el espíritu del pueblo. La población no debe, por lo tanto, buscar nada fuera del Estado, que está en manos de un partido único. El Estado fascista ejerce su autoridad veladamente con dádivas y halagos, pero frecuentemente, en condiciones de mayor represión, a través de la violencia, la coacción, el miedo y la propaganda, principalmente, pero no únicamente, también a través de la manipulación del sistema educativo.

El líder fascista es un caudillo que aparece por encima de los hombres comunes. Mussolini, por ejemplo, se autodenominaba como “il Duce”, que deriva del latín Dux («General»). Se trata de liderazgos mesiánicos y autoritarios, con un poder que se ejerce de manera unilateral y sin ningún tipo de consulta popular previa. Además de todo ello, hay que resaltar el hecho de que el fascismo en Italia y en otros países condujo a que se desarrollaran y promulgaran las que se dieron en llamar “leyes raciales”. Estas eran un compendio de medidas de discriminación y de persecución hacia todas aquellas personas que fueran contradictorias del gobierno fascista o tuvieran relación con el pueblo judío de cualquier origen. Dicha legislación dio lugar no solo a que se llegara a hablar de una raza italiana o alemana “puras”, por ejemplo, sino también a que se abrieran campos de concentración donde los judíos eran recluidos, sometidos a trabajos forzados, objetivos de todo tipo de torturas y abusos, e incluso millones de ellos fueron también asesinados.

En Alemania, el fascismo estaba asociado al nazismo. Este movimiento tuvo un fuerte componente racial, que promulgaba la superioridad de la raza aria y buscaba el exterminio de otras colectividades, como los judíos ya mencionados, o los gitanos y los negros. En este sentido, hay que subrayar que el nazismo propagó en el año 1935 las conocidas Leyes de Núremberg mediante las cuales no solo se les privaba a los judíos de sus derechos como ciudadanos, sino que también se les obligaba a portar una identificación como tal y a evitar relacionarse con los llamados ciudadanos arios. Pero ese solo fue el punto de partida de una persecución indiscriminada y atroz contra las personas de origen judío que fueron víctimas de torturas y asesinatos por parte de la conocida como SS, policía nazi, y que condujo a la muerte de cerca de 6 millones de judíos.

Pues, quién lo creyera, esas filosofías autocráticas, autoritarias, discriminatorias, sectarias y segregacionistas, con gran culto por la personalidad de su líder, también existen hoy, encarnadas en filosofías de socialismo de Estado o comunismo, pero con una conducta de verdadero fascismo. Baste mirar en el vecindario en los años contemporáneos, en cuanto a lo que han representado los hermanos Castro en Cuba, Chávez (ya fallecido) y Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Gustavo Petro en Colombia[2], por citar solo algunos casos cercanos, y, las que fueron en los años del siglo anterior, las dictaduras de todo tipo y los gobiernos militares de algunos países.

En realidad, son lobos con piel de oveja, que se aprovechan de condiciones de debilidad en las democracias o abusos de poder de algunos de sus gobernantes, para ser sustituidas por otros líderes que son aún más radicales. Sus argumentos exaltan el nacionalismo, la autenticidad de los valores y rasgos de un pueblo y los subliman para utilizar esos sentimientos en su propio beneficio, por supuesto, con todo tipo de incautos que “compran” tan singulares propuestas y las sienten como las grandes soluciones para sus problemas y/o la cristalización de algunos de sus “sueños”, pasando por encima de toda la comunidad y desatando corrientes de odio y persecución contra otros conciudadanos, a quienes señalan como la causa de sus dificultades, con un marcado odio de clases.

En los tiempos modernos aparecen en ciertos países y épocas movimientos del tipo neofascismo y del neonazismo, los cuales repiten actitudes de los movimientos originarios (violencia, autoritarismo y discriminación), mientras ocultan o minimizan los crímenes cometidos por esos grupos a lo largo del siglo XX, con un negacionismo a ultranza.

En Colombia se avecina un nuevo período electoral y, duele decirlo, algunos precandidatos exhiben rasgos y tendencias de corte fuertemente populista y, en algunas formas, también fascista.

 



[1] Algunas de las explicaciones de este texto se han tomado de diferentes fuentes históricas.

[2] Gustavo Petro durante su gobierno se ha caracterizado por: filosofías autocráticas, autoritarias, discriminatorias, sectarias y segregacionistas, queriendo invadir las esferas de las instituciones que no forman parte del ejecutivo, imponer sus reformas, buscar que el sector privado pierda importancia y que el actor y gestor de la economía sea el Estado, con múltiples investigaciones de fraude en su campaña electoral, desestimulando a la fuerza pública y permitiendo el avance de narcotraficantes y narcocultivos, sembrando odio de clases y con un énfasis socialista, nacionalista y populista. Ni hablar de sus relaciones con el Cartel de los Soles en Venezuela.

sábado, 25 de febrero de 2023

EL TOTALITARISMO DE PETRO

 Comentario 27/03/2023

 

EL TOTALITARISMO DE PETRO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

El totalitarismo[1] es un sistema de gobierno y una práctica política cuyo principio fundamental es el ejercicio absoluto y sin restricciones del poder por parte del Estado de una nación. Restringe severamente las libertades individuales y construye un modelo de sociedad homogéneo, implacable y coercitivo. El totalitarismo suele transformarse en verdaderas dictaduras. Puede entenderse como un método de organización del Estado en el cual se administra de manera rigurosa sus cuatro componentes: territorio, población, justicia y poderes públicos. En este contexto, no existe oposición posible y absolutamente todo se somete a los designios del partido gobernante. Obviamente, aunque se respete la elección popular como sinónimo de democracia, es tal la coerción que el libre juego de los partidos o de la oposición se vuelve un tema frecuentemente complejo.

El término nació en el periodo de entreguerras en el seno de los fascismos para definir el régimen político que querían construir en oposición al Estado liberal, bajo el lema «Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado», decía Benito Mussolini (1883-1945) cuando hablaba del Estado totalitario; a su vez, el líder nazi Joseph Goebbels afirmó en 1933: «Nuestro partido ha aspirado siempre al Estado totalitario... la meta de la revolución [nacional-socialista] tiene que ser un Estado totalitario que penetre en todas las esferas de la vida pública».

Pues bien, el presidente Petro, a más de su ideología de izquierda radical, exhibe un talante autoritario y dictatorial, bastante intervencionista e imperativo, lo cual no favorece la concordia necesaria para el buen gobierno. De hecho, debe recordarse que él ganó por un número pequeño de votos (50,4% Petro, 47,3% Hernández), sin embargo, su compromiso debería ser gobernar para todos los ciudadanos, sean de su color político o contrarios a sus motivaciones ideológicas. Él fue elegido para gobernar y es lógico que lo haga con los principios que defendió durante su campaña, entendiendo que su mandato no es de grupo político sino de Estado y nación, donde deben ocupar un lugar todos los colombianos.

Veamos algunos de los eventos recientes de su actuación imperativa, cada vez más cercana a volverse totalitaria bajo el principio acuñado por Benito Mussolini sobre que el Estado lo es todo y bajo la idea de tener el mayor control político de los asuntos económicos, políticos, sociales del país y el mayor control de los recursos del Estado, impidiendo que el sector privado intervenga en su manejo. Algunos de ellos son:

  • Intervención en asuntos políticos o judiciales internos de otros países, como ha hecho con temas de Venezuela, Chile o Perú, por ejemplo, donde sus afirmaciones favorecen conductas ideológicas o políticas, sin respeto por la sagrada conducta de la no intervención en los asuntos internos de otros países.
  • Imponer al mundo un cambio frente al combate al narcotráfico, como si el país fuera la verdad revelada en esta materia, sin considerar la complejidad de los problemas que causa y bajo la premisa de regularizar el uso de las drogas.
  • Tratar de imponer en la ONU sus criterios como los únicos válidos y merecedores de reconocimiento y aplicación.
  • Su intención es la de modificar sistemas de alto contenido social, con un criterio asistencialista, estatista y populista, con decisión y acción por parte del Estado y lejos del sector privado, como lo pretende hacer con las reformas a la salud y a las pensiones, las cuales hoy funcionan bastante bien y producen importantes beneficios a los ciudadanos, aunque sean susceptibles de mejoramiento, modernización o actualización.
  • De hecho, sus anunciadas reformas, lo que pretenden, en el fondo, es la estatización de la decisión y la acción de muchos sectores y actividades de la economía para pasar a ser influenciados por su política autoritaria e intervencionista (totalitaria).
  • En materia de exploración y explotación de hidrocarburos su posición consulta criterios ideológicos, pero va en contravía de los intereses y necesidades del país para lograr un tránsito apropiado hacia energías limpias, lo cual es una compleja solución que compromete tiempo e inversión.
  • En el tema del medio ambiente tiene una obsesión por la defensa del entorno natural a ultranza, sin medir que la ciencia y la tecnología cada vez más permiten el uso de los recursos naturales, su protección y renovación, evitando su afectación permanente y el efecto invernadero que produce el cambio climático.
  • La paz total es un concepto loable, por sí mismo no admite discusión como tema de interés nacional, sin embargo, la paz a cualquier costo (concesiones, prebendas, rebajas de penas y no calificación de delitos para las negociaciones) nunca será bienvenida, ni perdurable, y puede volverse la fuente de nuevas violencias. La negociación con grupos criminales para obtener su desarme, a partir de otorgarles beneficios jurídicos y la no aplicación de conductas penales o el no combatirlos por las fuerzas policiales y militares hará proliferar el concepto de “Ser pillo paga”.
  • Cambiar las reglas de la extradición para buscar beneficios para el país con los dineros de los narcotraficantes tampoco es un principio sano, prácticamente es el famoso “interés, ¿cuánto valéis?”
  • La intención de liberar los participantes en las manifestaciones sociales y a guerrilleros detenidos y condenados, acusados de graves afectaciones a los bienes públicos y privados, a los propios ciudadanos y a la economía, es una clara intromisión en el campo de la justicia.
  • El nombramiento de personas no vinculadas con la carrera diplomática en cargos de esta especificación en el exterior parece más un pago de favores políticos que acciones de buen gobierno.
  • Su influencia con el direccionamiento de políticas o con el señalamiento de sus dirigentes en gremios y asociaciones privadas del país es una clara injerencia del Estado en lo privado.
  • Su tendencia al control de precios en sectores diversos de la economía tales como productos agrícolas, gasolina, energía y agua potable, etc., lo cual distorsiona los sistemas de producción y su continuidad futura, especialmente las nuevas inversiones privadas en los diferentes sectores por la sensación de falta de seguridad jurídica y el peligro de las estatizaciones.
  • La creación de un registro nacional de ingresos para acceso a información de todas las personas.
  • Para corroborar lo dicho, su propuesta del nuevo plan de desarrollo, así como en las reformas, contienen un sin número de solicitudes de facultades al presidente para tomar decisiones y acciones (legislar) por fuera del control político del Congreso o de la supervisión de las Cortes. Con ello, la presidencia se volvería un superpoder.

En fin, en la forma en que vamos, tendremos un Petro con rasgos totalitarios, con su talante dogmático, imperativo y dominante, para lo cual se ha armado de una coalición de partidos políticos en el congreso, dispuestos a aprobar todo lo que su gobierno pretende a cambio de la famosa “mermelada”, pasando por encima de la opinión de los ciudadanos, el ordenamiento jurídico y el marco institucional del país.

Aunque el presidente Petro manifieste que su mandato durará cuatro años, lo que está haciendo tendrá su influencia y la de su grupo político o sus aliados “lentejistas” por muchos años. Pobre Colombia con el totalitarismo de Petro y su obstinación para gobernar a todos los colombianos con su ideología de izquierda radical y no con buen gobierno y políticas públicas convenientes para todos los ciudadanos.



[1] Fuente: https://concepto.de/totalitarismo/#ixzz7spQDvAdQ

sábado, 5 de junio de 2021

LA DEMOCRACIA Y EL TOTALITARISMO

 Comentario 07/06/2021

 

LA DEMOCRACIA Y EL TOTALITARISMO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Los países latinoamericanos han sido amenazados durante muchos años por los anhelos totalitaristas de las izquierdas radicales de corte socialista que se originaron en la revolución comunista de Cuba en los años 60 y siguientes. Desde ese país, donde se enquistó una camarilla de líderes comunistas, se lanzó una ofensiva en todo Centro y Sudamérica para transportar la filosofía totalitaria que los acompaña y que ha sido la causa del retraso manifiesto de ellos mismos y de países como Nicaragua o Venezuela que han querido abrazar esas mismas ideas. Para ello, intentaron de todo: desestabilizar las democracias, tumbar los gobiernos, ejercer subversión con movimientos guerrilleros, fomento a la lucha de clases, reformas para cambiar las estructuras de los Estados democráticos, infiltración en los gobiernos y en las organizaciones públicas, persecución a contrarios ideológicos, etc., etc., etc. Son muchas las cosas que han sucedido, en realidad, durante estos años.

Sin embargo, no son cosa del pasado, siguen sucediendo y las estamos viendo con los actos vandálicos de los últimos días, donde una protesta pacífica y legítima por las condiciones de falta de oportunidad y de pobreza derivadas de la pandemia, los violentos la transformaron en el más desafiante problema de orden público, con el cual se pretende descarrilar la vida democrática, las instituciones, el estado de derecho y los órganos de gobierno, detrás de la agenda política de una izquierda subversiva y radical, apoyada por fuerzas oscuras del exterior de tipo socialista y comunista. Es increíble ver cómo unos pocos violentos ponen en jaque a una sociedad completa, porque no son hechos aislados ni circunstanciales, son acciones programadas, coordinadas, entrenadas, financiadas y ejecutadas en forma certera contra el orden establecido y la ciudadanía inerme. Nunca el caos y la destrucción han sido generadoras de progreso y bienestar, sin embargo, ellos dicen no estar dispuestos a dialogar, sólo negociar, lo que quieren es imponer sus criterios y opiniones según su conveniencia, no importa qué suceda con el resto del país y lo que pase con las finanzas públicas agotadas y exhaustas por la pandemia, el cierre, la parálisis y ahora sin reforma tributaria a la vista.

Están acabando con las actividades comerciales y productivas, con el trabajo vinculado e independiente, el abastecimiento, la movilización, la atención de la salud, los servicios del Estado, las actividades deportivas, científicas y culturales, entre muchas otras más y ni hablar del trato a los policías que cumplen con su deber y mandato. Pero, además acusando al país de persecución a los indefensos manifestantes ante los organismos humanitarios mundiales, que les creen y comen de sus cuentos, porque son correligionarios en el pensamiento extremista. Detrás de esto está de nuevo el socialismo comunista internacional y el narcotráfico que pesca en río revuelto y por eso cofinancia el movimiento. Y hay mucho dinero en juego para pagar el desafío. Así las cosas, ahora habrá que llorar por Colombia también.

¿Y de qué ideas socialistas estamos hablando? De gobiernos únicos, con partidos únicos y con poder centralizado y omnímodo, concentrado en una camarilla privilegiada de gobierno, quienes acumulan todo el poder ejecutivo, legislativo y judicial bajo su dirección y mando, es decir, no hay división real de poderes ni oportunidad de ejercer ninguna oposición. Quien se atreve a ejercerla es claramente reprimido de manera agresiva y en ocasiones violenta, tanto que en esos países algunos prefieren cambiar su lugar de residencia y vivir más bien en el exterior para evitar a toda costa que sus libertades sean limitadas o, por la vía de la exacción o de la expropiación, se afecten sus patrimonios y empresas, sin motivo ni razón distinto a haber tenido éxito en sus vidas y de ser considerados como “responsables” de subvencionar a los demás, según el pensamiento socialista.

Pero esto es sólo el comienzo, se suman a esos hechos la falta de libertad de prensa, el dirigismo del Estado en toda la economía y en muchas ocasiones la extinción de la propiedad sobre bienes y haberes o la persecución de los negocios privados, hasta que desaparece la iniciativa privada y surge la injerencia estatal en todas las actividades productivas y en los servicios que se vuelven altamente ineficientes porque el Estado no es un buen administrador por la corrupción y las presiones e intereses políticos y politiqueros. Los beneficios son para la clase dirigente, no para todos los trabajadores y el resto de la población, quienes a partir de ese momento van a sufrir fenómenos de desarraigo por tener opiniones diferentes, de desabastecimiento de bienes o servicios, de corrupción a todo dar para la camarilla gobernante, de concentración y control del gasto público y, por otro lado, de pérdida de libertades individuales y familiares.

En el Estado todopoderoso, que ellos quieren encarnar, dicen que para defender al pueblo hay que distribuir la riqueza y lo que hacen, en realidad, es distribuir más pobreza, al perseguir al empresariado que es quien puede crear riqueza generando empleo, desarrollo, progreso y verdadera distribución de oportunidades con sus actividades productivas, sus inversiones y su liderazgo, a más de su visión empresarial y comunitaria, con beneficios para toda la sociedad, en forma directa o indirecta.

Las lecciones que nos acaba de dar el Ecuador al alejarse de los modelos de izquierda radical y del llamado progresismo de Correa, quien, durante cerca de 12 años, por sí o por sus lacayos, quiso imponer sus criterios regresivos a la sociedad y al empresariado ecuatoriano, son una prueba cierta de cómo una comunidad reacciona y quiere alejarse de ese mal llamado socialismo, el que, en la práctica, suele convertirse en un totalitarismo.

Desafortunadamente, las circunstancias mundiales y locales, fuertemente deterioradas por los graves fenómenos ocasionados por el Covid 19, no nos pueden llevar a pensar que hay que cambiar el modelo económico, político y social que nos rige, desde la constitución del 91. El deterioro económico y social ocasionado por la pandemia se ha ensañado con todo tipo de países desarrollados y en vías de desarrollo, lo que hay que combatir es la pandemia, no el modelo de país. Superada la pandemia por la “inmunidad del rebaño” se podrá restablecer plenamente la economía y las actividades productivas y ciudadanas y con esto se retomarán unas nuevas fuentes de oportunidad.

Es muy duro lo que estamos atravesando, y particularmente quedarán muchas familias en condición vulnerable y muy debilitadas las finanzas públicas nacionales, departamentales y locales por los menores recaudos de impuestos y contribuciones y por el esfuerzo de apoyar a la población y a las empresas con subsidios y auxilios de diversas naturalezas, en los casos más apremiantes. Sin embargo, no es el totalitarismo el que nos ayudará a superar, en el tiempo, las secuelas que la pandemia nos dejará. Por el contrario, un Estado democrático donde conviven la iniciativa privada con la estatal, nos generará muchas más oportunidades.

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