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domingo, 22 de septiembre de 2024

BIENESTAR Y CULTURA CIUDADANA

 Comentario 23/09/2024

 

BIENESTAR Y CULTURA CIUDADANA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

No sólo es importante el lugar donde vivimos, sino la calidad de vida con que lo hacemos. Es decir, todos aspiramos a tener una vida de prosperidad y bienestar apropiados. Fuera de las necesidades básicas de alimentación, educación, vestido, salud, recreación, seguridad, etc., a las cuales todos tenemos derecho y aspiramos, se suma necesariamente el concepto de bienestar y el de cultura ciudadana, ya que ambas conductas interactúan mutuamente: mientras más cultura, mayor nivel de bienestar tendremos y viceversa.

La cultura ciudadana es el conjunto de valores y conductas que los individuos acatamos, respetamos y ejecutamos en nuestra vida cotidiana para el manejo de las relaciones con la comunidad donde vivimos. La conducta ciudadana es fundamental para el buen funcionamiento de una sociedad; se trata de cómo nos relacionamos con los demás en el ámbito público y cómo cumplimos con nuestras responsabilidades como miembros de una comunidad.

Para ser ciudadanos responsables y comprometidos, es crucial inculcar ciertos valores desde la infancia. Algunos ejemplos de actitudes ciudadanas incluyen:

- Cumplimiento y acatamiento de las leyes, normas, facultades y restricciones que forman parte de nuestra cotidianidad. Es fundamental conocer nuestros derechos y obligaciones.

- Defender la identidad: Conocer nuestro origen nos ayuda a construir una identidad y desarrollar un sentido de pertenencia.

- Participación activa: Un buen ciudadano se involucra en cuestiones sociales y busca mejorar su entorno.

- Defensa de la ética: Diferenciar lo correcto de lo incorrecto y priorizar valores éticos comunes, con respeto por los demás y sus derechos y obligaciones.

- Protección del bien público: Siempre debemos buscar el bien común por encima del beneficio individual.

- Protección de los bienes públicos: Defensa de la infraestructura de la ciudad que está dispuesta para el servicio de todos.

Estas actitudes se adquieren desde temprana edad, principalmente en el seno familiar y en la escuela. Es un proceso continuo de formación que nos permite ser ciudadanos conscientes y comprometidos con nuestra comunidad. En resumen, la conducta ciudadana implica respetar las leyes, tener consideración por los derechos de los demás y contribuir al bienestar general.

Veamos un buen ejemplo: en Medellín se destaca la cultura general de sus ciudadanos en el respeto y buen trato con los demás, por las normas de convivencia, por los bienes públicos, pero en forma destacada por la Cultura Metro, que es un concepto fundamental relacionado con el sistema de transporte masivo y la forma en que este se integra con la ciudad y sus habitantes.

La Cultura Metro es el resultado del modelo de gestión social, educativo y cultural que el Metro de Medellín ha construido y consolidado a lo largo de los años. Se ha entregado a la ciudad como un conjunto de valores, actitudes y comportamientos que buscan mejorar la calidad de vida de los habitantes del Valle de Aburrá en el uso del transporte masivo, con lo cual la ciudad ha ganado eficiencia y eficacia en los desplazamientos y calidad de vida en el empleo de estos.

Este modelo puede ser adoptado, total o parcialmente, por otras ciudades e instituciones que deseen construir una nueva cultura ciudadana. Incluye aspectos como la convivencia en armonía, el respeto por las normas básicas de uso de los bienes públicos, la solidaridad y el cuidado del sistema de transporte.

Desde 1988, el Metro de Medellín se propuso generar una nueva cultura en los habitantes del Valle de Aburrá. Esto implicó no solo ofrecer un servicio de transporte eficiente, sino también fomentar relaciones de confianza con la comunidad.

Algunos aspectos clave de la Cultura Metro incluyen:

- Educación y sensibilización: Se promueve la conciencia sobre el uso responsable del transporte público y la importancia de cuidar las instalaciones.

- Convivencia ciudadana: Se fomenta el buen comportamiento, el respeto mutuo y la solidaridad entre los usuarios.

- Movilidad sostenible: El Metro busca aplicar principios de sostenibilidad, como el uso de energías limpias y la promoción del transporte público.

- Programas culturales: Se realizan actividades culturales y artísticas en las estaciones para enriquecer la experiencia de los usuarios.

- Como parte de la Cultura Metro, el Tren de la Cultura es un proyecto que impacta a más de 18,000 usuarios diarios. En él, los viajeros pueden disfrutar de una exposición literaria con textos e ilustraciones inspirados en medios de transporte presentes en la literatura.

En resumen, la Cultura Metro va más allá de ser simplemente un sistema de transporte; es una filosofía que busca transformar la relación de la ciudadanía con su entorno y promover valores positivos en la comunidad. Al igual que esta Cultura Metro, se pueden fomentar otras en diferentes ambientes y escenarios, por ejemplo, colegios, teatros, iglesias, estadios deportivos, medios de transporte urbanos, la contaminación ambiental por ruido o suciedad, etc., haciendo con ello ciudades más amigables y habitables.

La buena cultura y costumbres son una decisión de los ciudadanos y sus gobernantes. No escapan a ninguna relación de grupos de personas; es su facultad asumirlas y practicarlas. Por lo tanto, es una acción de voluntad, conciencia, decisión, disciplina y educación fomentar una buena cultura y con ella lograr un mayor y mejor bienestar. La labor de la buena cultura y costumbres empieza por el hogar y la escuela, pero debe continuar con toda la comunidad y sus autoridades para lograr niveles superiores de bienestar.

 

sábado, 29 de octubre de 2022

LA CORRUPCIÓN

 Comentario 31/10/2022

 

LA CORRUPCIÓN

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Cuando la Procuraduría habla de más de $50 billones como el estimativo del dinero que mueve anualmente la corrupción en Colombia, estamos, sin duda, al frente de un monstruo de mil cabezas. No pasa un día sin que veamos o escuchemos sobre hechos de corrupción en las noticias que divulgan los medios de comunicación. La ambición del dinero fácil se ha vuelto el modo de vida de personas codiciosas, sin sentido de comunidad o sin valores éticos o morales acendrados.

Lo grave en Colombia es que ya no hay en quien creer, prácticamente todos los organismos del Estado (ejecutivo, legislativo, judicial, organismos de investigación y de control, Fuerzas Militares y de Policía, etc.) y los partidos políticos, han sido señalados en algún momento por hechos de corrupción. Funcionarios venales parece ser una “producción” de lo más frondosa en Colombia. Sin embargo, el problema no es en el sector público solamente, en el sector privado hay empresas y personas que están fuertemente comprometidas también en la corrupción. No importa dónde se origine, es corrupción, aquí vale el dicho de “¿quién peca más?, ¿el que peca por la paga o el que paga por pecar?”, tanto los funcionarios públicos como los privados, en connivencia unos con otros, que son proclives a estos delitos, todos son corruptos, no unos menos y otros más.

Ni hablar, como complemento, de lo que sucede en muchas de las campañas políticas de los últimos años y en las diversas elecciones para cargos públicos, acompañadas, varias de ellas, de verdaderas maquinarias de corrupción, de coimas en dinero o en especie y de lavado de activos. ¿Qué tal el caso de Odebrecht hace algunos años?, con muy pocos sancionados, donde también se salpicaba al presidente Santos, para citar un solo ejemplo ¿Otro elefante que no se vio, como en el proceso 8.000 de Samper?

Parte del pesimismo que ha acompañado el país en los últimos meses no se origina sólo en el escepticismo frente al gobierno de Petro, a la evolución económica desfavorable en su mandato y a su proceso de paz total que estará lleno de más impunidad con beneficios, también está fuertemente influenciado por el rechazo a la corrupción rampante y descarada y a la falta de credibilidad en la Justicia, llamada a ser el faro moral de la Nación, pero también comprometida en corrupción, como fue el caso, por ejemplo, del “cartel de la toga”, donde los magistrados vendían sentencias por el pago de suculentas coimas, ¡qué horror!, y estos son nuestros máximos jueces.

Valga resaltar, por el contrario, las valerosas campañas que han emprendido recientemente algunos organismos como la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría para atacar estos males, las cuales, en forma lenta pero progresiva, están produciendo denuncias y detenidos.

Como consecuencia de la corrupción, hay una cultura truculenta en el país por la afectación al patrimonio público, ya son famosos los carteles de corruptos en temas tales como: alimentos para los niños, las pensiones, la salud, la contratación de obras públicas, los impuestos, las regalías, etc. Además, el fenómeno de corrupción se ha replicado en todo tipo de regiones y ciudades, no importando su tamaño.

Ahora, ¿cómo combatir la corrupción?, ¿existe algún antídoto?, por supuesto que sí y es el reencuentro con los valores morales, éticos y ciudadanos, donde lo público debe ser sagrado, por el bienestar de toda la comunidad. Quien atente contra los recursos de la comunidad, por acción u omisión, debería merecer las máximas sanciones penales y el mayor rechazo social, dándole al corrupto el trato de “paria” de la comunidad.

Si los valores de honestidad e integridad fueran una norma de conducta para los funcionarios, los políticos, los empresarios y la comunidad en general, el problema de la corrupción se minimizaría, aunque, lamentablemente, siempre existirán corruptos, pero cada vez más censurados, combatidos y condenados por las autoridades y la propia sociedad.

Subrayemos esto último, si la comunidad acepta como “líderes de acción y de opinión” a los grandes corruptos, y los trata como notables y dignos de ser imitados, habrá más razones para seguir el ejemplo de los que ya lo hicieron, esta es parte de la cultura de lo ajeno como el camino fácil, socialmente no siempre la censuramos, pareciera ser que en algunos sectores se aplaudiera el “éxito” de la corrupción como uno de los grandes logros a seguir.

Además, tan dañina es la corrupción en los contratos como en el manejo del propio gobierno. Cuando el gobierno de turno hace componendas burocráticas o presupuestales para favorecer sus proyectos en el Congreso, de alguna manera también hay corrupción y lesión a la ética y la transparencia públicas. Con ello, se violan los principios políticos y los idearios de gobernantes y partidos que han sido presentados a la comunidad como modelos para ser elegidos como dignatarios del gobierno, como congresistas, como miembros del sector judicial o como funcionarios de organismos de control. Hace algunos años en el país se acuñó el término de untar la “mermelada en toda la tostada”, para significar la corrupción rampante en todo tipo de organismos del Estado y de éstos con algunos miembros del sector privado o con expertos en corrupción y contratos, como Emilio Tapia y su combo, quienes han figurado en los hechos de corrupción más notables de país por muchos años, y siguen apareciendo.

¿Cómo van a ser las relaciones entre el ejecutivo y el Congreso sin que medie la “mermelada? Las primeras de cambio del Gobierno Petro demuestran que habrá más tostada y más mermelada, con algunos partidos de gobierno que han vendido su ideario por beneficios, contratos, cargos y prebendas.

Esta no es una experiencia nueva para el país, se ha vivido antes, y por lo tanto debemos desconfiar en esa clase política, en esos funcionarios públicos y judiciales y en los congresistas que acepten y comprometan su actuación, su inteligencia y su voluntad en el cumplimiento fiel de sus funciones, pero bajo la expectativa de mermelada y no por el bien del país, para superar sus problemas y mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos. No en vano el Congreso y la clase política gozan, hasta ahora, de la peor calificación en términos de favorabilidad, credibilidad y aceptación por parte de la comunidad, como lo evidencian todas las encuestas. Señores miembros del Estado y de los partidos políticos es hora de cambiar esta percepción, con grandeza y con nobleza.

Como afirmaba el exprocurador Fernando Carrillo “La ética renace o el país se derrumba”. Es claro que el antídoto para la corrupción es la honestidad y la integridad, ¿será mucho pedir a nuestros empresarios, a los dirigentes políticos, a los funcionarios públicos, a los judiciales y a los ciudadanos esta conducta? Veremos…… y, con ello sabremos, si el país está cambiando o seguimos en “más de lo mismo” en términos de corrupción.

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