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domingo, 29 de septiembre de 2024

PETRO CONTRA COLOMBIA

 Comentario 30/09/2024


PETRO CONTRA COLOMBIA

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Con todo tipo de diatribas y epítetos altisonantes, el presidente Petro ha venido descalificando, desconociendo o menospreciando la importancia de determinados sectores, instituciones o personajes del país, como parte de su campaña para crearles una opinión pública desfavorable y, en contraste, resaltar los supuestos logros de su gobierno. De tal manera que, por comparación, brillen los segundos y se opaquen los primeros, sin sustentar con pruebas, cifras, hechos y realidades las bondades de sus políticas o realizaciones. Veamos algunos ejemplos, sin pretender agotar su larga lista de menciones y mencionados:

- A la clase política tradicional la descalifica diciendo que siempre ha hecho trampa y le ha mentido al país, siendo él mismo un curtido político con más de treinta años de vida pública, sobre el cual la evidencia demuestra que su mitomanía es desbordada. Miente en sus alocuciones y discursos, imaginando verdades que no existen y hechos que no son. Están a la vista, por ejemplo, las innumerables acusaciones por delitos cometidos en su campaña política, tales como la violación de las normas electorales, hoy investigadas por el Consejo Nacional Electoral y que el presidente Petro niega. También niega la responsabilidad de su gobierno en los chanchullos y actos de corrupción descubiertos en diferentes frentes de su administración, como son el lío de los carrotanques en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, y los delitos de fraude, coimas y dineros corruptos para comprar favores en el Congreso con el fin de pasar sus iniciativas, citando el ejemplo más reconocido, ya que compromete a funcionarios del más alto nivel de su gobierno.

- Frente a los órganos de la justicia y sus integrantes, tales como jueces y magistrados, a quienes descalifica cada vez que sus conceptos o fallos no lo favorecen y a quienes, también, trata de presionar con manifestaciones, marchas y arengas en contra de su independencia y majestad. La más reciente pelea es contra las Cortes, específicamente en este momento frente a la Corte Constitucional, de la cual se espera un fallo de constitucionalidad sobre la recién aprobada reforma pensional, que adolece de serios vicios de trámite.

- De otro lado, la descalificación del Consejo Nacional Electoral en cuanto a su competencia para investigar las cuentas de la campaña de Gustavo Petro o la desautorización anticipada de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes del Congreso, en su facultad para investigarlo a él directamente, no sólo a su campaña. Siempre aduce que lo quieren tumbar y dar un golpe blando y que él tiene un fuero especial e integral que lo aleja de cualquier acusación e investigación en su calidad de presidente, lo cual no es cierto. Petro puede ser investigado y acusado como cualquier otro ciudadano por los organismos competentes, siguiendo los procedimientos de ley.

- En el mismo sentido, se refiere a los miembros del Congreso, en tanto y en cuanto sus reformas e iniciativas se encuentran “varadas” algunas, no aprobadas otras, no gozan de buena aceptación o se pretenden modificar con relación a lo presentado por el gobierno. Casi que el pensamiento del gobierno Petro es “quien no está conmigo, está contra mí”, con lo cual descalifica y agrede a los miembros de corrientes opositoras o contrarias a sus tesis e iniciativas en el Congreso.

- La última pelea casada con el Congreso es por la aprobación de un mega presupuesto ($523 billones), desfinanciado y mal estructurado, y por la nueva reforma tributaria, a la que llama, eufemísticamente, la ley de financiamiento para cuñar faltantes del presupuesto. Si no es como él solicita, el Congreso no está haciendo bien su labor. Ya el Congreso, por cierto, rechazó el monto del presupuesto presentado.

- Para los medios de comunicación que no le rinden pleitesía, diciendo la verdad de los hechos, no faltan los insultos y ofensas de todo tipo, diciéndoles que están vendidos a las oligarquías y a la clase política corrupta. Habla del periodismo “Mossad” (central de inteligencia israelí) o a las periodistas las llama “las muñecas de la mafia” contratadas a sueldo y al servicio de poderes oscuros. Casi todos los días descalifica a un medio o periodista, quienes, en su opinión, deben seguir en forma sumisa y con aplausos la política, la gestión y la divulgación del gobierno. No admite la libertad de prensa y la crítica de los periodistas y columnistas independientes, cuando lo corrigen o cuestionan.

- A los empresarios los rechaza y los trata de élite codiciosa, los menosprecia en su labor y en sus realizaciones, no se integra con ellos para buscar sinergias porque lo único que quiere es imponer su pensamiento y voluntad, no es amigo, por lo tanto, de los consensos. Sin embargo, tanto con los empresarios como con la clase política, si bien los descalifica, pretende hacer con ellos un acuerdo nacional de voluntades para avanzar en el progreso del país. Palo y garrote continuamente, pero para apuntalar sus planes de gobierno sí son necesarios.

- A quienes gritan “fuera Petro”, los llama asesinos, evidenciando su falta de tolerancia a la crítica de los que no aprecian como convenientes para el país su estilo y las realizaciones de gobierno.

Ese es el presidente Petro, autocrático, impositivo, imperativo y casi dictatorial, es él contra el resto de las instituciones de Colombia, con lo cual acrecienta la incertidumbre y la desconfianza en ciudadanos y empresarios. ¿En qué manos y mente estamos?

domingo, 13 de agosto de 2023

DEMOCRACIA Y GOBIERNO

 Comentario 14/08/2023

 

DEMOCRACIA Y GOBIERNO

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Winston Churchill, se desempeñó como primer ministro del Reino Unido de 1940 a 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, fue un político, militar, escritor y estadista británico, ganador del Premio Nobel de Literatura, un pintor prolífico y uno de los políticos con más años de servicio en la historia británica. Una de sus muchas y maduras reflexiones, después de conocer los horrores de la guerra y de los malos gobiernos de los regímenes totalitarios, comunistas y fascistas, así como un sin número de dictadores monárquicos o autoproclamados, afirmó: “La democracia es el menos malo de los sistemas políticos”. Y, agregamos nosotros, pero está amenazado.

Connatural a las democracias modernas suele existir el modelo económico capitalista, la separación de poderes, las elecciones libres y abiertas, el respeto por los valores y principios individuales, así como la propiedad privada y la libertad de empresa e inversión, educación, régimen de vida, creencias políticas y religiosas. Las democracias albergan pensamientos filosóficos y políticos de todas las gamas, desde la derecha a la izquierda pasando por el centro y un sinnúmero de matices, y esto es en sí mismo una idea poderosa, ya que permite la alternancia de modelos de pensamiento y estilos de gobierno en el libre juego electoral.

Sin embargo, en los últimos años la democracia se ha visto atacada por gobiernos autoritarios y autocráticos, los cuales, luego de la elección popular, se arropan en esos principios, pero actúan en formas más cercanas a las dictaduras de derecha o de izquierda que como verdaderos gobiernos demócratas, con la sindéresis necesaria para actuar en favor todos los ciudadanos, con prescindencia de sus convicciones individuales, para ejecutar programas de crecimiento y desarrollo sociales, económicos y ambientales de beneficio común. En estas circunstancias, los principios democráticos se ven realmente lesionados, ya que, suele ocurrir, que los ciudadanos afectos al gobierno propenden por un cambio del modelo liberal hacia visiones menos democráticas. Pero hay otro “cáncer” que afecta severamente la estabilidad política y democrática de los países, por los malos gobiernos autoritarios, los que son, además y frecuentemente, corruptos, clientelistas, politiqueros y demagogos.

Ahora, lo peor puede suceder cuando estos dos sesgos antidemocráticos se combinan en el mismo gobernante. Como afirma el Doctor Armando Estrada Villa en uno de sus importantes artículos, al comentar sobre estos temas: “Los dictadores o autócratas actuales simulan ser de verdad demócratas y, por ello, normas y procesos como la constitución, la separación de poderes, la celebración de elecciones y el funcionamiento de pesos y contrapesos continúan aparentemente vigentes. Y es que, en forma tenue y suave, poco a poco, van reformando la constitución, ajustándola a sus intereses hasta privarla de significado y atributos. Para satisfacer sus aspiraciones se apoderan de los órganos de control, hostilizan, amedrentan, desprestigian y arrestan a líderes de la oposición y subvierten para su beneficio las reglas de juego propias de la democracia”. (Declive de la democracia, El Colombiano 9/07/2023).

Pues bien, el gobierno de Gustavo Petro es el clásico ejemplo de ambos problemas: por una lado, es autocrático y autoritario y quiere abogarse los poderes de las otras ramas del poder público y, por el otro, es populista, demagogo y clientelista, con miles de promesas vacías, con uso de la burocracia oficial para el pago de favores políticos a sus áulicos y con empleo del gasto público direccionado para comprar partidarios con todo tipo de subsidios, sin el desarrollo de verdaderas inversiones en infraestructura, conocimiento, tecnología e innovación que potencien las capacidades del país para subir en niveles sustantivos en su crecimiento, en su desarrollo, en su producción, en la generación de oportunidades y de mejores formas para lograr escenarios de igualdad y equidad. Nos quedamos en el peor de los mundos.

Pero, si esto fuera poco, ahora resulta su gobierno envuelto en serios líos de financiación de su campaña política, con violación de las normas electorales y con muchos indicios de asuntos ilegales, entre sus colaboradores de campaña o de gobierno, según las recientes declaraciones e indicios suministrados por Armando Benedetti y por su propio hijo Nicolás Petro, y revelados por la Fiscalía en audiencias públicas diversas. Los temas rayan con lo penal, no sólo con lo electoral o lo político.

Todo lo cual pone en tela de juicio la legitimidad de su gobierno, la aprobación de sus planes y programas, la credibilidad de su dirección y liderazgo y, por supuesto, su gobernabilidad. Aunque los temas son de competencia de los órganos de justicia y las demás instituciones de la democracia quienes deben actuar (Cortes, Fiscalía, Procuraduría, Congreso, Sistema Electoral) para resolver tamañas acusaciones y actuaciones, es todo el pueblo colombiano quien sentirá el remezón de un gobierno, de por sí débil en sus decisiones y tortuoso en sus ejecuciones, con señalamientos de credibilidad política desde los inicios de su campaña. Baste recordar las grabaciones de Petro con sus asesores Sebastián Guanumen, Armando Benedetti, Roy Barreras y tres expertos extranjeros de extrañas conductas, con la decisión de “destruir” las campañas de sus contradictores políticos, porque había que ganar a como diera lugar, aunque se movieran las “líneas éticas”.

Muy grave para el país tener un nuevo proceso de falta de legitimidad y legalidad, como ocurrió en el gobierno de Samper, esto afectará todos los ámbitos del funcionamiento del país por el revuelo político, judicial, de credibilidad, de legitimidad y de gobernabilidad, con todas sus consecuencias. Aunque la economía seguirá su camino, pues los empresarios lo que saben hacer es empresas y los ciudadanos deben seguir sus vidas, no cabe duda de que afectará la relación Gobierno con las empresas, los partidos políticos, la ciudadanía y las organizaciones civiles. Y vienen las elecciones regionales del 29 de octubre, donde, casi seguro, se convertirán en una sanción ejemplar, moral y política, para el autoproclamado Gobierno del Cambio y su grupo político, el Pacto Histórico.

lunes, 13 de marzo de 2023

¿SE ACABA LA DEMOCRACIA?

 Comentario 13/03/2023

¿SE ACABA LA DEMOCRACIA?

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En los últimos años se han presentado dos fenómenos complementarios: por un lado, demasiados gobiernos autocráticos[1], autoritarios o dictatoriales y, por el otro, una gran sensación de desencanto con la democracia. Es decir, el mundo está viviendo una fuerte crisis democrática, actualmente hay más países retrocediendo y cayendo en fuertes autoritarismos de derecha o de izquierda.

La democracia es un modelo de gobierno en el cual el poder decisorio en materia económica, política y social recae nominalmente sobre la población, mediante mecanismos legítimos de participación en la toma de decisiones políticas. En principio, en un esquema democrático, la dirección que toma un determinado territorio o país es establecida por medio de las mayorías sociales existentes en la población, siempre que no haya fuerzas oscuras nacionales y/o extranjeras que desvíen o condicionen la libre decisión de los ciudadanos. Se emplea dicho poder para elegir a los representantes y conformar sus instituciones. Esas representaciones populares pueden originarse por medio de votaciones en diferentes formas, en elecciones territoriales y nacionales para la integración de los diversos órganos de representación o el uso de mecanismos como el referéndum para decidir sobre una temática en particular.

La democracia, entonces, puede ser entendida como una doctrina política y como una forma de organización social, entre muchas otras de sus características distintivas. Se habla, por consiguiente, de democracia participativa y representativa: La democracia participativa considera una forma directa de otorgar a los ciudadanos los mecanismos para ejercer poder político. En cambio, las democracias representativas o indirectas se caracterizan por otorgar, mediante el voto, el poder político a representantes electos. Habitualmente esos representantes públicos serán quienes, en adelante, se encargarán de la tarea de la administración del Estado y del gobierno.

Ahora, la democracia no está exenta de problemas, y, como afirmaba Winston Churchill: “la democracia es la peor forma de gobierno si se exceptúan las demás que se han ensayado.” Con esta forma metafórica de expresión quería significar que todos los modelos políticos y económicos tienen cosas buenas y malas, pero que, sin dudas, el que menos problemas tiene, sin dejar de tenerlos, es la democracia. En nuestra opinión, las connotaciones negativas de la democracia no son por el modelo en sí mismo, sino por el aprovechamiento desviado que la clase política hace de su aplicación, especialmente con inclinaciones tales como el populismo, el nacionalismo, la autocracia o las propias dictaduras disfrazadas de democracias. Todo lo cual se acompaña, frecuentemente, con males difíciles de erradicar, tales como la burocracia, el nepotismo, la corrupción y el clientelismo. Como se observa estos no son problemas originados por el modelo democrático, sino por algunos gobernantes y prueba de ello es que existen democracias muy maduras, estructuradas, respetadas y acatadas, las cuales no están contagiadas de las descritas “enfermedades”, independientemente de si provienen de orientaciones políticas de derecha, de izquierda o de centro.

Además, si los anteriores fenómenos negativos se contagian de ideas totalitarias, la democracia y sus instituciones quedan claramente en peligro. El problema se complica aún más si las instituciones (Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Órganos de Control) son débiles y no gozan de buen reconocimiento, como en el caso del Congreso de Colombia con muy baja favorabilidad en los ciudadanos por sus líos de corrupción, ineficiencia y malas prácticas (menos del 40% de intención favorable). Si le sumamos a ese escenario una complejidad adicional como la falta de partidos políticos idóneos, fuertes, reconocidos y con autenticidad en sus principios y actuación, no “veletas” que cambian la dirección de su conducta al son de las mayores prebendas, beneficios, cargos, proyectos y presupuestos, como son la gran mayoría de partidos en Colombia.

Al presentar uno de sus recientes libros “El liberalismo y sus desencantos”, el profesor Francis Fukuyama (Connotado politólogo y académico estadounidense, autor de muchos libros “El fin de la Historia” y “El último hombre”, entre ellos), se refiere de dos maneras al caso de Latinoamérica sobre el desencanto con la democracia liberal, sus causas y consecuencias. “En América Latina está el populismo que hoy identifica a un buen número de gobiernos de izquierda, algunos de los cuales no necesariamente gobiernan para todos, sino para privilegiar a sus partidarios, casos como Argentina, Venezuela y Nicaragua. De hecho, la mayor amenaza que enfrenta el liberalismo en esta parte del mundo viene de la izquierda progresista, que no acepta posiciones ni creencias distintas a las que plantea, porque supuestamente representa la voluntad popular. Lejos de ser tolerante o incluyente, denuncia a quienes piensan distinto, busca concentrar el poder y muestra rasgos totalitarios”. En otra de sus reflexiones afirma que esas tendencias populistas y totalitarias no sólo afectan las democracias, sino que también atizan la polarización en entre los ciudadanos, para concluir: “Lamentablemente, lo que uno ve en este ambiente de polarización en Latinoamérica es una derecha que no quiere renunciar a ninguno de sus privilegios y una izquierda que quiere destruir todo lo que venía de antes. No basta con sacudir el problema, es necesario arreglarlo. Ahondar los problemas o crear unos nuevos no soluciona nada y puede debilitar todavía más el concepto de la democracia liberal” (El Tiempo, domingo 5 de febrero de 2023).

Para muestra el botón de lo que hoy sucede en Colombia: populismo, autoritarismo, estatismo y, como consecuencia, mayor polarización y desencanto con los partidos políticos, las instituciones, el gobierno y la democracia misma. Jamás debemos atribuirle a la democracia abierta y participativa los males de sus gobernantes y menos condenarla al desencanto y a la transformación por otros modelos de gobierno radicales, autocráticos y sólo ideológicos. Exijamos a nuestros gobernantes, políticas y gestión de estado en beneficio de todos los ciudadanos y del progreso amplio de la comunidad y no les permitamos la imposición de su ideología, cualquiera que ella sea. Si no es así, acabaremos por rechazar la democracia liberal como forma de gobierno y sociedad, no debemos olvidar las sabias palabras de Winston Churchill, hay modelos mucho peores.

 



[1] Una autocracia es un modelo de gobierno y de gobernantes que buscan concentrar el poder en una sola figura (a veces divinizada).

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