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martes, 19 de mayo de 2026

LA ESTABILIDAD POLÍTICA Y LA GOBERNABILIDAD

 Comentario 19/05/2026

 

LA ESTABILIDAD POLÍTICA Y LA GOBERNABILIDAD

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En los últimos años, las conductas políticas del país han cambiado, lo cual ha generado un escenario de polarización, de inestabilidad y de falta de gobernabilidad, debido, principalmente, a la debilidad del ideario político de los partidos tradicionales, la aparición de nuevos intereses de movimientos populistas y la insuficiente coordinación del ejecutivo ante un legislativo y judicial independientes, como consagra la constitución. Sin embargo, el legislativo y el judicial hoy tienen gran participación en los temas políticos, no sólo en el hacer de las leyes y en el juzgar sobre su constitucionalidad, respectivamente.

Por su parte, el gobierno de Petro ha radicalizado sus posiciones de izquierda y ha querido imponerlas con un sinnúmero de decretos y reformas, pero con el uso de estrategias clientelistas a base de mermelada y con un marcado autoritarismo, y con múltiples acusaciones de corrupción alrededor de su gobierno y de sus relacionados. Más allá de los votos de las elecciones parlamentarias y presidenciales para formar acuerdos de gobernabilidad, han podido influir la actitud política independiente de los partidos y el pertinaz ambiente de polarización en el Congreso.

Si, además, analizamos la confrontación política cotidiana (izquierdas, derechas y centros), en medio del supuesto acomodamiento de un proceso de paz, el cual ha dejado como resultados elementos de duda en materia de impunidad e ilegalidad para algunos, todo lo cual atiza aún más la intensa polarización, con sus consecuencias de choque y confrontación en diversos escenarios, generando una muy fuerte rivalidad política, también sobre los temas del día a día. Existen, además, por parte del gobierno de Petro, fuertes ataques al modelo económico, político y social prevaleciente sobre la libertad de mercado y de empresa, la propiedad privada, los intercambios económicos y políticos con otros países, las relaciones del Estado y el sector privado para que sean equilibradas y transparentes, y la intervención ecuánime del Estado para garantizar el bienestar social y la seguridad ciudadana. Petro es esencialmente intervencionista, estatista y autoritario.

A la confrontación, por razones ideológicas o partidistas, se han sumado las tensiones por la demanda de condiciones más justas en materia social y por mayores oportunidades de acceso al crecimiento y al desarrollo económico en toda la geografía del país. Esto, que es un legítimo derecho y aspiración, se debería lograr paulatinamente con mayor y mejor crecimiento de la demanda y de la inversión para favorecer el progreso de toda la economía con beneficio para todos los ciudadanos.

Ahora, la demanda y la inversión no son actos sólo racionales de las personas; en ellos influyen decididamente las percepciones de estabilidad y seguridad sobre la dinámica del país y sobre su modelo económico, político y social. Si los consumidores se sienten ante un escenario que continuamente da señales de inestabilidad, se protegerán aplazando o disminuyendo su consumo. Si los inversionistas, además, dudan sobre la permanencia del modelo económico o de las normas que los rigen, se retraerán poco a poco de sus inversiones y de su avance en proyectos y desarrollos.

El período electoral vuelve más frágiles la estabilidad y la gobernabilidad del país, y, si no se canaliza adecuadamente, las confrontaciones políticas se convertirán en verdaderas rivalidades y la pugnacidad se acrecentará. Por lo cual se requiere un manejo prudente, transparente y ecuánime por parte del gobierno en las relaciones interinstitucionales con los partidos políticos, con los movimientos sociales, con los propios candidatos y con las demás fuerzas vivas, o, de lo contrario, la afectación podría salirse de cauce, con consecuencias mayores. Flaco favor le hace al proceso electoral la intervención en política del gobierno Petro, con favorecimiento a un candidato de su preferencia, para darle continuidad a su plan de gobierno.

Desafortunada y adicionalmente, los movimientos políticos que acompañan al Pacto Histórico, liderado por el presidente Petro, están proponiendo una asamblea nacional constituyente que reforme la Constitución de 1991, que ha sido una fuente equilibrada de concordia nacional, luego del amplio consenso político que se tuvo para aprobarla. El Pacto Histórico ha planteado cambios profundos a la Constitución de 1991, orientados a reforzar el carácter social del Estado, ampliar la participación ciudadana y garantizar derechos colectivos, especialmente en materia de tierra, medio ambiente y justicia social. Pero según su ideario se buscará la configuración de un modelo de estatización de muchas de las actividades económicas y sociales, todo lo cual es francamente inconveniente para el país y su progreso.

Luego de las elecciones, es necesario que el país regrese a una senda de estabilidad política y de gobernabilidad, si no se quiere generar una incertidumbre creciente que anule lo ganado en los diferentes frentes económicos y sociales. Un ambiente de seguridad y de credibilidad en el modelo económico y político del país, en sus reglas de juego y en los que lo gobiernan, como el contenido en la Constitución de 1991, es el mejor escenario para realizar las transformaciones sociales y económicas que el país y sus ciudadanos merecen. Un voto de confianza en Colombia, su Constitución, sus instituciones, su modelo económico, político y social sería una buena señal para el país en estas elecciones.

 

martes, 25 de noviembre de 2025

EL PAÍS QUE NOS ESPERA EN EL 2026

 Comentario 25/11/2025

 

EL PAÍS QUE NOS ESPERA EN EL 2026

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

El 2026 va a ser un año tortuoso en Colombia, dados los siguientes factores: el período electoral, la polarización política enconada, el incierto cambio de gobierno, las políticas de EE. UU. y su rechazo a la inmigración de ciudadanos latinoamericanos, las recurrentes alteraciones del orden geopolítico mundial, el conflicto armado con los narcoterroristas, entre otros.

Colombia, a semejanza de otros países, ha aprendido a independizar la evolución económica y la política, al punto que podríamos afirmar que lo económico, aunque aún insuficiente, marcha razonablemente bien, pero lo político ha polarizado y radicalizado el país en bandos petristas y no petristas, sin fórmula de conciliación o acuerdo. De hecho, lo político ha ejercido una influencia nociva en lo económico debido al rechazo del sector privado y al estatismo económico que han ejercido el presidente Gustavo Petro y sus correligionarios.

Sin embargo, aunque la política esté enrarecida, la gran pregunta es: ¿Cómo inyectarle optimismo al próximo año? Veamos, mencionando algunos comentarios puntuales, en lo económico y en lo político:


Temas económicos

La economía ha demostrado resiliencia frente al ambiente político y con el esfuerzo denodado de los empresarios y las instituciones por defender la democracia y la palanca de desarrollo y crecimiento que genera lo privado para todo el país.

Sin embargo, el ambiente económico se puede ver afectado por el proceso electoral en marcha, donde se enfrentarán, finalmente, dos tendencias ideológicas contrarias. De hecho, la sensación de incertidumbre es el rasgo característico en el mundo empresarial. Es un momento de “pesimismo de la razón en lo político y optimismo de la voluntad en lo económico”.

Esperemos que en el año 2025 y, el sucesor, el 2026, podamos tener logros económicos y sociales significativos que todavía se presentarán como los éxitos del gobierno Petro para justificar la continuidad de su proyecto político en el poder.

Quien sea el nuevo presidente y su tendencia política, alivianará las tensiones de incertidumbre y desconfianza o, por el contrario, las radicalizará mucho más. Para el 2026, los empresarios deben continuar manteniendo a flote la economía y, si el cambio de gobierno es favorable, integrarse con él.

Por ahora, estamos en una época de proselitismo político del gobierno actual: con ausencia de norte y con pura ideología, en vez de pragmatismo para gobernar hasta agosto del 2026.

Vamos a tener tantos problemas acumulados para el año entrante (salud, energía, servicios públicos, pensiones, déficit fiscal, etc.) que lo que el país necesita son dirigentes y miembros del nuevo gobierno que logren solucionar, desde el origen, los problemas; por lo tanto, debemos ser asertivos al elegir el próximo gobierno.


Temas políticos

En el escenario político, continuaremos con las relaciones pugnaces de Petro con Trump y con las tensiones en Venezuela y sus conflictos internos y externos.

En el tema político hay desánimo y desconfianza por el discurso polarizante del gobierno y los problemas reales de corrupción, impunidad, ineficiencia, inseguridad, y con las reformas que quiere impulsar y que el país no necesita en la forma planteada. El público sabe que el modelo actual del cambio de Petro se agotó y que hay que pensar en una nueva Colombia con nueva dirigencia no extremista. Hay que evitar en el Congreso el clientelismo, con la mermelada provista por el gobierno para que lo apoyen, al estilo de muchos gobiernos.

Lo primero que hay que resolver es la definición de candidatos únicos y programas y planes de gobierno estructurados y compartidos. La derecha debe hacer una narrativa “sexy” y evitar los caudillismos, para darle respuestas reales y viables a cada una de las dificultades del país.

Si los movimientos no izquierdistas quieren defender: democracia, libertades, educación, constitución e instituciones, no deben pensar en solo la presidencia, sino también en el Congreso. En Colombia no es dable pensar en que se va a imponer, con las nuevas elecciones, la continuidad de un modelo autocrático como el de Gustavo Petro o como los de EE. UU.-Trump o Argentina-Milei o en El Salvador-Bukele, por ejemplo.

En el 2022, Colombia quería cambio, “no más de lo mismo”; el cambio del Pacto Histórico se quemó, ¿qué se va a proponer ahora? Sin cartas bien jugadas, el 32% de favorabilidad que posee la izquierda puede volver a ganar. Si la centro-derecha no se integra en unos pocos candidatos, se autodestruyen; tener cerca de cien aspirantes a la Casa de Nariño es casi que ridículo e inverosímil.

En el cambio de gobierno hay que definir el qué y el cómo se lleva a cabo el nuevo plan de gobierno; frecuentemente lo que falla es el cómo. En Colombia tenemos instituciones muy fuertes que defienden la democracia y la Constitución, frente a conductas de algunos candidatos y partidos que quieren pasarlas por alto, según su conveniencia.

Hay que confiar en el futuro, mantener la esperanza y ser pragmáticos y empáticos con el candidato que elijan los movimientos antipetristas. Las soluciones pasan por disponer de justicia, igualdad, inversión y oportunidades para todos. Hay que inyectarle optimismo al 2026.

martes, 18 de noviembre de 2025

EL CNE Y LAS CAMPAÑAS PRESIDENCIALES

 Comentario 18/11/2025

 

EL CNE Y LAS CAMPAÑAS PRESIDENCIALES

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

El Consejo Nacional Electoral Colombiano (CNE) es la institución que vigila y dirige las elecciones del país, incluyendo la identidad de la ciudadanía y de los partidos políticos y sus movimientos; sus funciones van más allá del conteo de votos y de determinar un ganador.

En la Constitución de 1991 se estipuló la creación de la Organización Electoral, que está conformada por el Consejo Nacional Electoral (CNE), por la Registraduría Nacional del Estado Civil y por otras dependencias de esta última.

Según lo consignado en el artículo 120 de la Carta Magna, la Organización Electoral “tiene a su cargo las elecciones, su dirección y vigilancia, así como lo relativo a la identidad de las personas”.

Así las cosas, el CNE es el ente encargado de hacer los escrutinios oficiales tras una elección, así como de vigilar e imponer sanciones sobre irregularidades en procesos electorales.

Los presidentes de la Corte Constitucional, del Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia son los encargados de elegir al registrador nacional del estado civil, con un periodo de 4 años y puede ser reelegido una vez.

Igualmente sucede con los nueve integrantes del Consejo Nacional Electoral, que son elegidos por el Congreso de la República. Los miembros no deben haber sido parte de directorios políticos en los dos años anteriores, tampoco ser elegidos en corporaciones populares, ni deben ser cónyuge de ningún consejero de Estado que pueda intervenir en la elección.

En las reuniones que puede realizar el Consejo Nacional Electoral (CNE), la forma de deliberar será la de la mitad más uno. Esto, tomando en cuenta que las decisiones deberán ser acogidas por las dos terceras partes que lo componen.

Está conformado por nueve magistrados que son elegidos por el Congreso. Esa elección se hace mediante el sistema de cifra repartidora.

“Los miembros del CNE serán servidores públicos de dedicación exclusiva y tendrán las mismas calidades, inhabilidades, incompatibilidades y derechos de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia”, se explica en el artículo 264 de la Constitución.

¿Qué funciones cumple el Consejo Nacional Electoral?

Las funciones del Consejo Nacional Electoral están definidas en el artículo 265 de la Constitución.

  • Salvaguardar los derechos al sufragio es una de las funciones más importantes del CNE en Colombia. Pero este cuenta con una serie de funciones, como el recuento de votos con su respectiva inspección para los distintos procesos electorales de la República; y elegir delegados para que en cada circunscripción electoral efectúen los escrutinios pertinentes.
  • Otra tarea trascendental es que debe “velar por el cumplimiento de las normas sobre partidos y movimientos políticos y de las disposiciones sobre publicidad y encuestas de opinión política, por los derechos de la oposición y de las minorías, y por el desarrollo de los procesos electorales en condiciones de plenas garantías”.

Esta segunda tarea ha permitido que el CNE estudie la campaña electoral del presidente Gustavo Petro y de los miembros de su organización (gerente, auditor, interventor) que condujeron la gestión de la misma, para encontrar los abusos de violación de topes electorales, dineros de dudoso origen, gastos o ingresos no registrados y exabruptos como los de Nicolás Petro (su hijo no criado) en las campañas del Atlántico del país y lo sucedido con su hermano, Juan Fernando Petro, con el pacto de la Picota, en la búsqueda de apoyo para la campaña de Petro por parte de los narcotraficantes presos. Recordar, además, el “tarimazo” en Medellín con esos delincuentes y la intervención de la congresista Isabel Zuleta. Todas estas investigaciones están en firme, pero se tropiezan con la Comisión de Acusaciones del Congreso, que es el organismo llamado a juzgar al presidente, la cual, en la práctica, ni juzga ni sanciona, por eso algunos la llaman la comisión de absoluciones.

Como se observa, el papel del CNE como “custodio” de los procesos electorales, así como su vigilancia sobre los partidos políticos y sus actuaciones, son roles indispensables para garantizar los procesos democráticos transparentes y limpios, tanto los que ya pasaron como los que están por venir.

domingo, 17 de marzo de 2024

ELECCIONES 2026

 Comentario 18/03/2024

 

ELECCIONES 2026

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En agosto del 2022 fue elegido Gustavo Petro como nuevo presidente de la república de Colombia para gobernar hasta el año 2026, sin embargo y a sólo un año y medio de iniciar su mandato ya está hablando de ganar y de fraude electoral en las elecciones de ese año. En efecto, en declaraciones hechas en Pasto, recientemente abordó temas tales como los que se mencionan a continuación. Hemos separado sus afirmaciones como sentencias breves para examinarlas individualmente y luego poder integrarlas:

  1. Viene radicalizando su discurso en torno a las instituciones, se ha referido en varias oportunidades al sistema electoral colombiano, dado que el tema se ha convertido en su centro de atención, sugiriendo que la democracia colombiana podría permitir fraudes u otras injusticias en elecciones.
  2. Tenemos una enorme vulnerabilidad en nuestro sistema electoral, que es proclive al fraude y, por tanto, un enorme peligro para la democracia”.
  3. Y en una escandalosa declaración, el mandatario comparó el sistema electoral colombiano con el venezolano: “Es muchísimo peor el colombiano”.
  4. Aseguró que algo “extraño” ocurre en la Registraduría y se refirió a las empresas que apoyan este proceso, en particular a Thomas Greg & Sons.
  5. En 2026 tenemos que volver a ganar”, dijo Petro, dando golpes en el atril, ante comunidades de Nariño. Dijo que iba a salir de la Casa de Nariño, pero porque “no le gusta ni cinco”.
  6. Pero ojo, ahí llega la fuerza progresista a profundizar la democratización de Colombia, la posibilidad de la paz. Ahí no podemos retroceder ni un paso, no podemos cometer ese error”, agregó, pidiendo un triunfo “contundente”.
  7. Y reiteró: “La oligarquía no saca a Petro del Gobierno porque lo eligió el pueblo y va a volver a elegir. Y no se puede equivocar”.
  8. Finalmente, pidió “profundizar la democracia”, al mismo tiempo que, desde el poder, se propone por lo menos dejar sucesor en la Casa de Nariño en público.

 

No pueden ser más elocuentes estas declaraciones, ya que no son insinuaciones veladas, son afirmaciones directas sobre lo que está en su mente y en su convicción sobre el 2026.

Sea lo primero es decir que crea un escenario de fraude electoral y de deslegitimación de las autoridades electorales, situación que le conviene en el momento actual y en el momento futuro. En el presente porque las cuentas de su campaña electoral del 2022, que están siendo sometidas a escrutinio por la transgresión de las normas electorales, en contravención del artículo 109 de la Constitución que prohíbe la violación de los topes máximos de financiación de las campañas, hecho que será sancionado con la pérdida de la investidura o del cargo. El Código Penal también tipificó los delitos de “financiación de Campañas electorales con fuentes prohibidas”, “violación de los topes o límites de gastos en las campañas electorales” y “omisión de información de aportantes”.

Hacia el futuro le conviene a Petro el escenario de fraude en el 2026 porque si no gana esas elecciones el progresismo, como es previsible dados los enormes “yerros” e ineficacia del gobierno Petro y sus ministros para gobernar, el escenario de dolo será conveniente a los intereses del pacto histórico para justificarse ante sus huestes y electores.

Crear desconfianza sobre las empresas que intervienen en el proceso electoral, como con la firma Thomas Greg & Sons, también le conviene porque deslegitima su participación y el resultado de la elección. No le hace mucho eco el hecho de que él fue elegido presidente por las mismas instituciones que hoy condena, ¿por qué no lo hizo en el momento de sus anteriores elecciones de senado, alcaldía y presidencia?

Las últimas afirmaciones se refieren a la continuidad del progresismo para profundizar la democratización de Colombia y la posibilidad de la paz, cuando Colombia es, de acuerdo con su constitución y su ordenamiento jurídico, un país democrático, participativo y representativo, y, además, cuando la paz es una conquista del Estado que obliga a todos los gobiernos. Estos temas no se pueden adjudicar como ideales del progresismo y lejos de los demás pensamientos políticos, son materias de incumbencia nacional y comunitaria, no de partido o de grupo.

Como también hay que afirmar que al término de su mandato la voluntad política de los ciudadanos tomará las decisiones, vía elecciones, sobre quién sucederá a Gustavo Petro, así como a los demás dignatarios del gobierno o del congreso, respectivamente. Esta no es una decisión de las oligarquías. Afirmación que sólo termina por exacerbar el odio de clases y la confrontación armada en un país necesitado y anhelante de la paz total, sí, pero no como él la concibe a punta de dádivas y beneficios a los maleantes de todos los pelambres, sin respetar la verdad, las víctimas, los territorios, la auténtica reconciliación, la reparación, la no repetición y la no concesión de amnistías o indultos a troche y moche.

En consecuencia, el presidente, metido a fondo en las elecciones presidenciales de 2026, antes de cumplir dos años gobernando al país, cuestiona el sistema electoral colombiano, mina la credibilidad de las autoridades electorales, previene a la población anticipando un fraude en gran escala y concluye pidiendo que se reelija el progresismo. Nada más lejano a la realidad y las conveniencias del país.

Estamos avisados quienes no compartimos los modelos políticos socialistas, estatistas, autocráticos, demagógicos, nacionalistas y populistas de la izquierda radical. Su punto de mira son las elecciones del 2026, por cualquier vía que les convenga, aunque afecte las instituciones, la democracia y la estabilidad del país.

Con tanta intervención del presidente en las elecciones del 2026, se volvió un activista político y un jefe de debate del progresismo, más que un garante de elecciones libres y transparentes para todos los ciudadanos y corrientes de opinión, ¿esa actuación si es leal y legal?

lunes, 20 de junio de 2022

EL SOCIALISMO CAPITALISTA

Comentario 21/06/2022

 

EL SOCIALISMO CAPITALISTA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Terminadas las elecciones a la Presidencia de la República surgen una serie de lecciones, reflexiones e inquietudes en las cuales vale la pena detenerse, vemos algunas:

1.    La democracia tiene plena vigencia, con cerca de 22.6 millones de votos, alrededor de un 58% del censo electoral, demuestra, por un lado, su validez como modelo político y por el otro, que las diferencias en los enfoques políticos sobre el Estado, sus instituciones, sus leyes y sus ciudadanos pueden tramitarse dentro de la democracia, sin necesidad de ejercer violencia, persecución o coacción a los demás ciudadanos que no comparten las mismas opiniones. El cántico de los ganadores del día de ayer sobre el “sí se pudo”, así lo demuestra.

2.    La democracia debe traducirse en libertad de acción y de opinión, sin sectarismos, odios, ni venganzas, como lo pregonó el candidato y ahora próximo presidente, Gustavo Petro, con dos de sus principales afirmaciones en el discurso de la victoria:

·         “A partir de hoy, Colombia cambia, no es un cambio para vengarnos. El cambio consiste en dejar los odios y el sectarismo atrás”.

·         “No vamos a utilizar el poder para destruir al oponente. La oposición será siempre bienvenida en el palacio de Nariño para dialogar sobre los problemas de Colombia”

En la práctica estaban en juego dos visiones de país con dos enfoques políticos diferentes: El de la izquierda, liderado por Petro, quien representa un modelo de gobierno estatista, totalitario, intervencionista frente a la economía privada, asistencialista en la solución de los problemas sociales a partir del criterio de redistribución de la riqueza, autocrático en la concentración de mando y la decisión del Estado, es decir un modelo de socialista. El otro enfoque es el de la derecha, liderado por Hernández, democrático y capitalista, con libertad privada, fundamentalmente basado en la economía de mercado, la inversión y la propiedad privadas, para la generación de las soluciones y oportunidades sociales y económicas a partir del crecimiento y el desarrollo.

Tenemos que reconocer también que las votaciones de ayer fueron una mezcla de racionalidad como también de mucha de emocionalidad. Hubo tantos votos a favor de…, de quienes estaban convencidos por un candidato y sus ideas, pero también hubo demasiados votos en contra de…, de aquellos que primordialmente rechazaban la otra opinión y el candidato, más que defender la suya propia. ¿Cuántos votos son de cuáles?, nunca lo sabremos, pero esto es una realidad incontrovertible.

Vamos a reflexionar ahora sobre los principales argumentos expuestos en su discurso de la victoria por el nuevo presidente Gustavo Petro, algunos de los cuales resultan contradictorios con los postulados que sostuvo durante su campaña, veamos:

1.    Lo primero es volver a Colombia una potencia mundial de la vida y el amor: principios filosóficos los cuales deseamos desarrollar, en mi opinión, todos los colombianos. Es la verdadera condición para vivir con mayor plenitud (“sabroso”).

2.    Tres principios básicos:

·         Unidad: bajo la búsqueda de un gran acuerdo nacional para construir la paz y a las reformas para vivir mejor. Habrá que ver cómo será esto, nos recuerda la famosa propuesta del Doctor Álvaro Gómez Hurtado, asesinado vilmente, sobre el “acuerdo sobre lo fundamental”, por encima de los partidos y las diferencias sociales.

·         Justicia social: en la búsqueda de mayor equidad e igualdad, creo que es una legítima aspiración de toda la ciudadanía.

·         Justicia ambiental: para proteger la naturaleza, evitando la economía extractivista, fomentando el cuidado de los recursos naturales, especialmente la Amazonía, y estimulando el uso de energías limpias y la producción agrícola. Colombia debe ser líder mundial frente al cambio climático. Plantea relaciones con Estados Unidos que consideran que ellos producen toneladas de CO2 y los países amazónicos la absorben. Especial mención merece su rechazo a la economía extractivista (petróleo y carbón), frente a las cuales suspenderá los procesos de exploración y explotación hacia el futuro, especial rechazo al fracking.

3.    Desarrollo económico capitalista: advierte que, aunque no lo adora, es necesario primero crecer y producir para poder redistribuir, y que esta consigna la debe entender todo el progresismo latinoamericano. ¿Será un socialismo capitalista?

4.    Sobre la producción agrícola, hará una reforma agraria que permita redistribuir el uso de la tierra, buscando un cambio estructural en el modelo económico, “democratizando la propiedad de la tierra”, según afirma.

5.    Sobre la oposición, espero que sea dura, pero bienvenida si es para hablar sobre los problemas de Colombia. De hecho, espera llamar al expresidente Uribe, quien para él representa la oposición.

6.    Sobre la expropiación declaró que no será así y que respetará la propiedad privada.

7.    Sobre las relaciones con los demás países indicó que no excluirá a nadie, es decir, que procurará mantener relaciones con todo tipo de naciones. El delicado caso de Venezuela merecerá su especial atención.

8.    Sobre los procesos de paz, espera tener una solución pacífica de los conflictos y que las armas vuelvan a ser sólo propiedad del Estado.

El tono del discurso es conciliador y propende por tender puentes para buscar consensos, superando la polarización y las malas prácticas de la campaña política. Frente a estos nuevos planteamientos, habrá que darle un compás de espera al nuevo gobernante y a quienes sean sus funcionarios y ministros para ver la realidad de su gobierno.  Muchas de sus promesas asistencialistas, presentadas durante la campaña, como son, por ejemplo, el empleo por cuenta del Estado, pensiones para los mayores que no la alcancen, las rentas mínimas y los demás subsidios en educación y pobreza, etc., son propuestas populistas, que parten de una supuesta reforma tributaria pagada por las 4.000 personas más ricas de Colombia para recaudar $ 50 billones adicionales por año, lo cual es casi que imposible.

Muchas de las reformas del programa de Petro requieren aprobación por el Congreso donde no tiene mayorías y el establecimiento de acuerdos con la clase política tradicional de los partidos de centro o derecha, está por verse, dadas las diferencias ideológicas marcadas y lo “agreste” del trato a la oposición, a quien se proponía destruir en la campaña.


lunes, 6 de junio de 2022

LOS HUEVITOS DE URIBE

 Comentario 06/06/2022

 

LOS HUEVITOS DE URIBE

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
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Entendiendo muy bien su misión como candidatos, las campañas de Rodolfo Hernández y de Gustavo Petro, con identidades y pensamientos políticos diferentes, han enfilado sus baterías a muy diversos tópicos de la vida nacional, pero parece haber uno que los une profundamente y es el rechazo a Uribe, al Uribismo, al Centro Democrático y, además, su odio visceral a todo lo que signifique el pasado que le permitió construir al país los dos gobiernos del Presidente Uribe, único presidente elegido en la primera vuelta de sus dos campañas electorales, caracterizadas por la retoma del territorio contra la guerrilla, el combate al narcotráfico y al terrorismo, la desmovilización de las AUC, la inversión social y la reactivación económica. Sin embargo, también hay que decir que, lamentablemente, persisten en su mandato muchas acusaciones de falsos positivos. Ahora, por fortuna, las personas pasan, pero las ideas, si son valiosas, se conservan en el tiempo, y se perpetúan en su efecto. Muchos individuos y grupos sociales o políticos pueden rechazar a este expresidente por ser de una ideología política diferente, sin embargo, su realización fue notable e importante para el país, como lo mencionaremos a continuación.

Álvaro Uribe Vélez, quien concita amores y odios, para unos o para otros, fundamentó su presidencia en tres principios básicos, que el público a través de los años ha denominado los huevitos de Uribe, veamos:

1.    Seguridad democrática

La seguridad democrática era una acción necesaria e imperiosa, dado que la guerrilla se había tomado varios de los territorios del país, con las secuelas de extorsión, secuestro y asesinato a todo tipo de personas y miembros del ejército y, como consecuencia, la ciudadanía, en su conjunto, había perdido la confianza en el país, en sus autoridades y también la seguridad y tranquilidad necesarias para desarrollar sus actividades privadas, empresariales o familiares. El país iba rumbo a la parálisis por temor a sufrir, en carne propia, el severo ataque de la guerrilla a las instituciones, a las regiones y a las municipalidades. El principio de Uribe era la retoma del control territorial por parte del Estado, pero sin llegar a atentar contra las propias instituciones democráticas: mantener la democracia, la libertad y las instituciones con plena vigencia era necesario en medio de la ofensiva para retomar el territorio.

Si bien el proceso de paz de la administración Santos desmovilizó a cerca de trece mil hombres, lamentablemente ahora estamos siendo atacados, en muchos frentes de la geografía, por movimientos tales como ELN, las disidencias de las FARC y los grupos armados organizados, de todos los tipos y peligrosidades, gentes con afán de riqueza, control territorial y en muchos casos control o influencia política nacional o regional, fortalecidos por refugiarse en las fronteras del vecino país de Venezuela. Hoy en el país parecería ser necesaria una nueva versión de la seguridad democrática de Uribe, en el contenido más amplio del combate al delito, al narcotráfico y a la corrupción que están atadas a los fenómenos de violencia de todo tipo.

2.    Confianza inversionista

Sin confianza y seguridad no se desarrollan las condiciones idóneas, necesarias e imprescindibles para que la inversión, privada, pública, nacional o extranjera, se pueda expandir a lo largo de la geografía nacional y de todos los sectores económicos. Parte de la confianza inversionista es la seguridad jurídica y la estabilidad de las instituciones, de la constitución, de las normas legales y fiscales y la validez de los contratos y permisos de operación ya firmados u obtenidos. Esto fue claro para el presidente Uribe y así lo procuró para el país con muy buenos resultados.

Singularmente, en esta campaña electoral a la presidencia de la República, algunos de los temas y propuestas ponen en riesgo dichas condiciones de estabilidad, lo cual podría causar parálisis o desánimo de la inversión, con consecuencias muy negativas para la generación de empleo y de nuevas oportunidades. Ahuyentamos a los empresarios e inversionistas, en vez de atraerlos para que apoyen con su inversión y su actividad empresarial, el crecimiento, el desarrollo, la innovación, las exportaciones, la modernidad y la generación de nuevas alternativas de mejoramiento en el nivel y la calidad de vida de toda la comunidad. ¿De dónde saldrán los recursos que, vía impuestos, los candidatos dicen necesitar para realizar la tan cacareada inversión social y el tren de subsidios, con marcado acento asistencialista y populista, que quieren establecer?

3.    Cohesión social

Por supuesto que la cohesión social era una profunda convicción del presidente Uribe, para significar la necesaria unión de las personas y de las instituciones alrededor de propósitos comunes y especialmente de la inversión social y el combate al narcotráfico, por un lado, pero, por el otro, a la pobreza, con esfuerzos notables en los programas de salud, educación, vivienda, apoyo al campo, protección a la niñez y a los adultos mayores, entre otras que él emprendió. Aunque han pasado 12 años de la salida del poder de este mandatario, en el año 2010, ahora parece necesaria la aplicación de los mismos principios de cohesión social, y las mismas orientaciones presupuestales, con las mismas prioridades nacionales.

Aunque los candidatos actuales, Hernández y Petro, el legado de Uribe lo quieren mostrar como inconveniente para el país por razones de la campaña partidista, los principios que el expresidente afirmó en su gobierno, están tan vigentes, hoy como ayer, y requieren prioridad en su atención, si bien no se reconozca su origen o sus logros pasados. Con la violencia, la polarización y la radicalización de la población, se derrumba la seguridad democrática, se ahuyenta la confianza inversionista y se disgrega la cohesión social. La elección de estos contenidos, aunque se les denomine diferente, no es difícil de comprender y menos de ejecutar.

domingo, 15 de mayo de 2022

LOS DEL CENTRO

 Comentario 16/05/2022

 

LOS DEL CENTRO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
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En las economías democráticas existen tradicionalmente dos grandes visiones políticas sobre cómo desarrollar los países, hacer crecer las economías y afrontar los problemas sociales para mejorar el bienestar y la equidad. Una visión, la cual siempre se la ha llamado de derecha, propende por el capitalismo democrático (liberalismo económico) como enfoque político, económico y social, visión, según la cual, es el sector privado el llamado a tener el liderazgo económico y mantener la iniciativa privada como el pilar del desarrollo de los mercados, con el apoyo del Estado en lo que es de interés nacional como son los temas de mayor trascendencia, tales como la salud,  la educación, la vivienda, la infraestructura, la seguridad, entre otros, así como también en las relaciones exteriores o en el acompañamiento y atención social a las poblaciones vulnerables. Por supuesto, ante todo se refiere a un Estado democrático, con elecciones populares libres, separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y sujeción a la constitución, a las leyes y a los tratados que nos obliguen internacionalmente.

En el otro extremo, siempre se ha hablado de las corrientes de la izquierda, como aquellas que propenden por la mayor o la total intervención del Estado en la conducción de los asuntos de la economía para superar los problemas de equidad en las oportunidades y en las circunstancias de la pobreza, relegando el papel del sector privado al direccionamiento que el Estado establezca. Este modelo es conocido como el del socialismo, que en algunos casos se desarrolla en escenarios democráticos, bajo la figura de la socialdemocracia movimiento con pensamiento social pero no estatista, pero, en otros casos, se convierten en gobiernos autocráticos, con limitación a las libertades individuales, fuerte intervencionismo estatal en la economía, partidos únicos y hegemonía en el poder, bajo el llamado socialismo de estado. Y, ¿dónde queda el centro?

En la práctica, es difícil saberlo, puesto que no existe una definición única y cada uno que lo plantea parece tener una aproximación diferente, lo que algunos llaman matices. En principio podríamos decir que no es el capitalismo democrático puro o el socialismo de estado puro, es como una mezcla de ambos, lo cual lo hace difícil de entender. De hecho, algunos autores dicen que “el centro no existe” y quien trata de ir por el centro, no logra ni lo mejor de un modelo ni lo mejor del otro y posiblemente se queda en el peor de los mundos. Se dice entonces, que el centro propende por “tanto Estado como se requiera, pero tanta libertad de mercados como sea posible”. Equilibrio difícil de lograr pues, generalmente, se es lo uno o lo otro, pero no los dos a la vez, la casuística del caso a caso para gobernar es un horror, a veces sí y a veces no, ¿entonces?

Es claro que, para las elecciones presidenciales del 2022, estamos al frente de tres grandes corrientes de opinión. Por un lado, los partidos con orientación de defensa de las libertades y de la iniciativa privada, representados por colectividades como el Centro Democrático, Cambio Radical, el partido Conservador, el partido Liberal, para citar los más representativos y genéricamente denominados como la derecha o la centroderecha. En el otro extremo se aglutinan, alrededor de la Colombia Humana de Petro, la antigua Unión Patriótica, el Polo Democrático, los Verdes y el partido Comunista, con apoyos como el EPL y los comunes (FARC) y con los dos adeptos “nuevos” que llegan allí después de estar en todo tipo de corrientes políticas, Roy Barreras y Armando Benedetti, son veletas que “giran” con el viento.

¿Y dónde queda el centro en Colombia? Pues bien, por algún motivo, en el país varios movimientos y precandidatos han hablado del centro como su visión y su posición política, para afrontar las nuevas elecciones. El llamado Centro Esperanza, por ejemplo, conformado por figuras tales como Humberto de la Calle, Sergio Fajardo, Angélica Lozano, Angela Robledo, Jorge Robledo, Juan Fernando Cristo, Juan Manuel Galán, Iván Marulanda y otros. Curiosamente, de entrada, todos parecen estar de acuerdo en el llamado centro, pero ninguno acierta decir qué es o en qué consiste o cómo se diferencia de los partidos de la derecha o de la izquierda, partidos estos últimos que son tratados por los del centro como males para la sociedad.  Pues bien, las diferencias ideológicas e históricas entre los miembros de ese grupo autollamado de Centro han sido marcadas y muchos de ellos se han comportado a través de los años como grandes oponentes entre sí. Pero, la política es dinámica, según afirman los propios políticos para justificarse. Algo no sorprendente es que el Centro Esperanza en Colombia se ha ido diluyendo y poco a poco desaparecerá de esta contienda política. El tal vez sí, tal vez no o sólo tal vez no ha convencido.

Aunque las elecciones del 29 de mayo ya están cerca, se haría un gran bien al electorado, por parte de todos los candidatos a la presidencia, diferenciar cuál es la ideología que ellos quieren representar y cómo se contrasta con las demás corrientes, además por qué es mejor o más conveniente para el país, con la sustentación de sus programas de gobierno. Pero, como siempre, lo más importante no es sólo que lo expongan con claridad, es que indiquen cómo lo van a lograr y qué efectos va a producir en el progreso, el bienestar y en las condiciones de paz, seguridad y convivencia de la nación. Los graves problemas socioeconómicos del país requieren una visión clara sobre cómo y dónde se quiere llegar, qué soluciones se van a implementar y cómo se van a financiar. Este no es un asunto de coaliciones y grupos políticos solamente, es un asunto de convicciones, programas y proyectos puestos en acción.

domingo, 27 de marzo de 2022

DE LA POLARIZACIÓN A LA RADICALIZACIÓN

 Comentario 28/03/2022

 

DE LA POLARIZACIÓN A LA RADICALIZACIÓN

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
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Después de la votación del pasado 13 de marzo por las tres coaliciones que se formaron en el país alrededor de las llamadas ideas de izquierda con el Pacto Histórico, liderado en la votación por Gustavo Petro, las autodenominadas de centro, lideradas por Sergio Fajardo, y las clasificadas como de derecha, del llamado Equipo por Colombia, lideradas por Federico Gutiérrez, entra en la recta final la elección presidencial, con la presencia, además, de candidatos independientes tales como, entre otros, Rodolfo Hernández, calificado como de derecha, e Ingrid Betancourt ubicada en el centro, aunque separada de ese grupo.

La votación por Sergio Fajardo fue tan pobre, aún por sus coterráneos de Antioquia, que se da por descontado que su opción de llegar a la segunda vuelta es ninguna. Los votos de su grupo político, una mezcla rara de matices de muchos colores políticos, algunos bastante radicales o con pasados comprometedores con las derechas o las izquierdas, terminarán alinderándose de esa manera y buscarán cobijo entre los seguidores de Gutiérrez o de Petro, respectivamente, sin que se sepa aún cuántos de ellos para cada bando.

Tampoco es dable pensar que Hernández y Betancourt, aunque sigan en la carrera presidencial, pasarán a segunda vuelta, no tienen la fuerza o la organización política de los otros dos, para levantar el vuelo de los votantes, ya decididos por una de las dos figuras de Fico y Petro, o de los que no participaron en esta consulta y que lo harán en la primera o segunda vuelta. La suerte parece estar echada en favor de la derecha y de la izquierda y los votantes tendrán que replantear su posición para reafirmarla en favor de alguno de los dos últimos o para decidirse si aún no tenían en la mente una decisión formada, un voto en blanco o un no voto. En fin, todo parece indicar que se aproxima una dura batalla por las fuerzas de la izquierda y las de la derecha por conquistar el favor de los votantes y de esta manera imponerse en la primera o en la segunda vuelta, esta última como la más probable para esa decisión. Es decir, no es previsible tampoco que alguien gane en la primera vuelta más del 50% de los votos válidos para proclamarse como presidente. Esto se irá a la segunda vuelta, en forma casi completamente segura.

Según los conteos iniciales, si nos basamos en la composición del Senado, los escaños de la izquierda sumarían cerca de 40, incluidos los cinco votos de los Comunes que por el acuerdo de paz tienen gratuitamente derecho a esas curules. Los votos de la derecha parecen ser hasta ahora alrededor de 50, incluidos el Partido Conservador, el Centro Democrático, Cambio Radical, la U, la Coalición Mira y Colombia Justa y Libre. De acuerdo con los anteriores resultados, en principio, el país estuvo más de acuerdo con la tradición democrática y de libertad individual y de empresa de la derecha, que con la autocracia y el autoritarismo estatal al estilo petrista. Falta ver qué camino toma el partido liberal con 15 curules, después de la ofensa de Francia Márquez al expresidente Cesar Gaviria, aunque, muy probablemente no se irán en bloque para uno u otro sector, de derecha o de izquierda, habrá de los unos y de los otros, por sus respectivas orientaciones. Aun siendo liberales, le juegan más a la institucionalidad democrática que al totalitarismo. Claro que en materia política todo está por verse, todo se negocia y todo se compra o se vende, según los intereses y las prebendas, como generalmente lo hemos visto.

Ojalá la campaña y las “contiendas” electorales que siguen sean de altura, con argumentos viables, posibles y convenientes para el país y no con promesas vacías, mentiras o engaños, con palabras milagrosas como la democratización en contrario sentido de la expropiación de los bienes y derechos de los ciudadanos, para favorecer supuestamente a simpatizantes políticos con simulados argumentos tales como la equidad, la justicia o la igualdad.

Lamentablemente, tememos pensar que será una campaña llena de polarización, la misma que viene desde el gobierno Santos con los acuerdos de paz. Y aún más enconada y radical con relación a los modelos económico, político y social que cada candidato defiende y representa. Veremos posiciones tajantes, no negociables, de principios políticos de derecha y de izquierda. Nada está escrito en términos de la orientación final de los votantes. Hay cansancio con los gobiernos de derecha, por su insuficiente solución de los problemas nacionales de los últimos años, aún en medio de las vicisitudes como la pandemia, pero hay evidente temor por los extremos de un gobierno de izquierda, luego de oír los exabruptos que Petro propone, cuál de ellos más descabellado y alejado de la realidad: ¿el de cesar la economía petrolera, cerrar la economía del país, apropiarse de las pensiones privadas, más gasto asistencialista con incremento de impuestos, expropiaciones de los bienes de capital o de las propiedades raíces, etc.?. No es sino mirar los ejemplos de Venezuela, Nicaragua y Argentina y el camino que parece ha tomado Chile, donde el éxodo de capitales hacia el exterior ya llega a US$50.000 millones de dólares, según los medios de la banca internacional y las calificadoras de riesgo, y este último gobierno apenas comienza.

Si alguien aún está indeciso, con las anteriores razones, lo invitemos a ejercer un voto útil por la democracia, las instituciones, la división de poderes, la libertad de inversión privada, la propiedad individual y los derechos de los ciudadanos. Vuelva su voto para la primera y segunda vuelta una defensa de esos valores. Rechace el autoritarismo, el estatismo, la expropiación y la restricción a las libertades privadas que pregona la izquierda petrista.

lunes, 13 de septiembre de 2021

LA DESCONFIANZA

 Comentario 13/09/2021

 

LA DESCONFIANZA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
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Es muy triste ver cómo cada vez creemos menos, si bien estamos en un país caracterizado por una democracia pluralista, con instituciones estructuradas y en funcionamiento y un gobierno elegido por mandato popular. Sin embargo, la incredulidad en los anteriores factores es mayor a cada momento, como lo demuestran las encuestas de opinión, que frecuentemente hacen diferentes agencias de investigación.

En particular, los jóvenes manifiestan gran desconfianza en las promesas del gobierno, el Congreso, los organismos de justicia y especialmente en los partidos políticos y aún en los diferentes credos y organismos religiosos.

Veamos, por ejemplo, cuál es su pensamiento con relación a las elecciones, como mecanismo democrático por excelencia para expresar la opinión ciudadana y elegir dignatarios a los diferentes cargos públicos. Esta evidencia surge de las anteriores elecciones (2018) y se proyecta como una sombra para las del 2022.


Publicación de El Tiempo 21 de agosto, 2021

La primera pregunta es si votó, frente a lo cual se observa que sólo el 56% de los jóvenes con derecho a votar y edad inferior a los 25 años, lo hicieron. Esto se contrasta con los demás rangos de edad (mayores de 25 años en adelante) en los cuales los votantes ascendieron a más del 75% de quienes tenían derecho a votar.

Ahora, cuando se le pregunta a la población joven si está satisfecha con la democracia, como muy satisfecha se manifiesta sólo el 14.1% y entre indiferente y muy insatisfecha el resto, el 85.9%.

En cuanto a las convicciones políticas de los jóvenes, el 15% se manifiesta en la izquierda, cerca del 20% en la derecha y el 41% en el centro, con un notorio 24% aproximadamente que no sabe o no responde. En otras encuestas recientes, los jóvenes, especialmente, reafirman no creer en los partidos políticos ni en las instituciones del Estado, sus convicciones no obedecen tampoco a la identificación con personas o grupos políticos, más bien con ideas, rasgos o tendencias políticas, como conceptos.

Muy preocupante para el país que esta incredulidad y desconfianza esté presentándose especialmente en los jóvenes que son los llamados a relevar con caras nuevas las instituciones y los escenarios futuros de desenvolvimiento político, económico y social del país. Es casi como decir que los “siguientes corredores” no quieren tomar los “testigos” que les entregarán sus antecesores en la “carrera de relevos”, para defender la democracia, sus instituciones, sus valores y su sociedad.

En nuestra opinión, la credibilidad y la confianza se han perdido por las actuaciones de la mayoría de la clase política, por su falta de coherencia, de integridad y de transparencia, donde participan también, y por desgracia, los correligionarios de cada partido que se han convertido en corruptos, en verdaderas sanguijuelas del presupuesto público, sin ningún compromiso real por las regiones y sus ciudadanos, ni por los valores de la democracia y su división de poderes. Su función es obtener su propio beneficio a como dé lugar y, para ello, se rodean mutuamente de privilegios y prebendas que el resto de los ciudadanos no tienen y no pueden alcanzar, a los habitantes del común sólo nos toca, según la posición de esos políticos, la tarea de pagar los impuestos y contribuciones y votar cuando corresponde.

Pero, además, las rencillas politiqueras en que continuamente se mantienen los miembros de los partidos, donde no se defiende una visión de país para encontrar sus soluciones urgentes y necesarias, cada vez más aleja a los partidos de la sociedad, y, como hemos visto, de los jóvenes en particular. No es gratuito que los partidos políticos y el Congreso de la República tengan las más altas opiniones negativas o desfavorables en la opinión pública, más del 80% de rechazo.

La responsabilidad de los partidos en la conducción del Estado y sus instituciones no se puede ni menospreciar ni volverse poco trascendental, no es algo ligero y pasajero, es real, actuante y primordial. Requiere conocimiento, compromiso y vocación sincera de servicio para el país y sus ciudadanos, independientemente de su color político. Y, si los relevos no quieren recibir la “posta” de la democracia ni de los partidos, “la carrera” muy probablemente terminará mal.

lunes, 5 de julio de 2021

¿DÓNDE ESTÁ LA BOLITA?

 Comentario 05/07/2021

¿DÓNDE ESTÁ LA BOLITA?

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
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A través de los años la estructura institucional del país se ha ido desdibujando, desde la división de poderes en las tres ramas, el ejecutivo (Gobierno), el legislativo (Congreso) y el judicial (Cortes), para transformarse en un país fundamentalmente concentrado en la acción de la presidencia. Aclaremos primero algunos términos de conocimiento general:

Los países de todo el mundo tienen sistemas de gobierno; algunos son gobernados por un presidente o un jefe de estado, mientras que otros son gobernados por el parlamento. Además de un buen número de diferencias entre un sistema parlamentario y un gobierno presidencial, la principal diferencia es el hecho de que en un gobierno parlamentario el primer ministro es el que tiene los poderes gobernantes, mientras que un presidente tiene el poder superior en un sistema de gobierno presidencial.

Una forma presidencial es un sistema de gobierno republicano y democrático dirigido por un jefe de gobierno, generalmente llamado presidente. Este jefe de gobierno dirige un poder ejecutivo que es independiente del poder legislativo y del judicial. En un estado democrático, el presidente suele ser un ciudadano electo, el cual, si bien no es responsable del poder legislativo, si puede ser destituido por el Congreso mediante un juicio político. Un estado dirigido por un presidente es la forma de gobierno más popular en la gran mayoría de los países. El presidencialismo o sistema presidencial, en consecuencia, es una forma de gobierno en la cual la Constitución establece una división de poderes entre el poder Ejecutivo, el poder Legislativo y el poder Judicial, como es el caso de Colombia.

El presidente es la cabeza del órgano que ostenta el poder ejecutivo, mientras que el poder legislativo lo suele concentrar el congreso, sin perjuicio de las facultades que en materia legislativa posea el presidente. Un país presidencialista, por lo tanto, es aquel en el cual el presidente actúa como líder de la nación, llevando su iniciativa de gobierno al congreso o a las cortes, según corresponda. Pues bien, en Colombia, país presidencialista por excelencia, pareciera que el Congreso y los partidos políticos que lo integran, no existieran. ¿Ha visto alguien presente el Congreso, o los llamados líderes políticos del mismo, con una actitud de liderazgo, de acción, de opinión, o al menos de contradicción, en los graves hechos y secuelas económicas y sociales para toda la comunidad originados en la pandemia, en el paro nacional, o en la compleja crisis económica que ha conducido al 40% de la población a situaciones de pobreza? Es como si no existieran. ¿Será por eso por lo que su opinión desfavorable es del 87% y la favorable, de sólo el 7%, según las últimas encuestas de opinión?

Los políticos del país, lo único que hacen es exigirle al gobierno nacional presupuestos y obras de su interés regional y electoral, o más subsidios y subvenciones, para repartirlos a diestra y siniestra, sin consideración alguna por la grave crisis del déficit fiscal y endeudamiento público por la que atraviesan las finanzas públicas. Pedir y pedir, parece que es lo que mejor saben hacer, o hacer juicios políticos a los ministros del gobierno, cada vez que les parece que el funcionario no es de su especial agrado.

Según el artículo 114 de la Constitución política, le corresponde al Congreso de la República de Colombia, integrado por el Senado y la Cámara de Representantes, reformar la propia Constitución, hacer las leyes y ejercer control político sobre el gobierno y la administración. Por lo tanto, el Congreso de la República debería ser el foro, por excelencia, para abocar los grandes temas nacionales en su estudio, sus alternativas de solución, su financiación, su prioridad, y la aprobación o rechazo de las iniciativas de carácter gubernamental o parlamentario que traten de impulsarlas o regularlas.

El Congreso en total está conformado por 108 Senadores y 171 Representantes, con un costo de más de 30 millones por parlamentario al mes, sin contar con el propio funcionamiento del Congreso en sus dos cámaras. Esto no se compadece, por un lado, con la situación económica del país y, por el otro, por la baja “productividad” en términos reales de lo que el Congreso le aporta al país. No es el número de leyes lo que cuenta, es la calidad, la pertinencia, la aplicabilidad, la rigurosa conformidad con la constitución, el impacto real que ocasionan y la vigilancia de la disponibilidad real de recursos para llevarlas a cabo. Es hora de que el Congreso y sus congresistas -pocos se pueden excluir, para no generalizar- le entreguen al país y su ciudadanía la verdadera solución a los problemas, sin más burocracia, ni gasto público desbocado o favorecimientos individuales o para sus áulicos partidistas. Además, que la ciudadanía les exija y les condicione sus votos a sus reales acciones y obras, no a sus discursos y habladurías. Afortunadamente existen algunas veedurías ciudadanas y en particular, actualmente el "Observatorio Legislativo" de la Universidad Nacional de Colombia y el programa "Congreso Visible" de la Universidad de los Andes le hacen seguimiento al Congreso de la República.

La bolita de las responsabilidades públicas es tanto del ejecutivo, como del legislativo y el judicial, pero a veces no vemos la bolita jugando en la cancha del Congreso con la intensidad, decisión, dirección y compromiso con el país como debería ser. (Ni hablar del poder judicial, tampoco, que detiene todos los procesos y toma decisiones con interés político, más que constitucional). ¿Será por eso por lo que, salvo la elección de presidente, las votaciones parlamentarias tienen muy bajo nivel de votos?, es evidente que la gente poco le cree a los congresistas y a la clase política.

Señores congresistas, pongan a jugar la bolita en la cancha de los intereses del país, no de sus intereses personales y electoreros, y propónganse a hacer los goles que el país requiere, manteniendo la solidaridad, la justicia y la equidad para todos los ciudadanos, pero garantizando la sostenibilidad del país. Veamos cómo mueve la bolita el Congreso de la República ahora que los integrantes del paro nacional van a presentar su pliego de peticiones convertido en 9 proyectos de ley en la legislatura que comienza el 20 de julio próximo.

martes, 13 de abril de 2021

POPULISMO Y PROGRESISMO

 Comentario 12/04/2021

 

POPULISMO Y PROGRESISMO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
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Cada mes que pasa se entra con mayor intensidad en el escenario electoral del próximo año, período en el cual habrá elecciones de congreso y presidencia, de hecho, las decisiones que hoy se toman en aspectos políticos, económicos y sociales, desde ahora consultan el interés individual de los partidos o de los potenciales candidatos frente a las futuras elecciones. Ya no se mide con la objetividad del contenido de lo que se decide o propone, sino con la conveniencia desde el punto de vista electoral, todo lo cual complejiza las decisiones, porque entramos en una etapa más emocional que racional al juzgar y al hacer en todos los órganos del poder público y en los distintos actores que se mueven en ellos. Aunque los comicios se ven lejanos por el ciudadano de a pie, sin embargo, desde ahora empieza un gran peligro electoral, el llamado populismo. El interés es el voto útil y mi elección, no importa cómo le vaya al país.

El populismo apela al pueblo para construir su poder, entendiendo al pueblo como las clases sociales menos favorecidas y sin privilegios económicos o políticos. Suele basar su estructura en la denuncia constante de “los males” que encarnan las clases privilegiadas, es decir, en generar odio de clases, como si las personas de mejor posición o progreso fueran las culpables de los males de otros.

Los líderes populistas, por lo tanto, se presentan como redentores de los humildes (Robin Hoods). El término populismo, en consecuencia, hace referencia a las medidas políticas que no buscan el bienestar o el progreso de un país, sino que tratan de conseguir la aceptación de los votantes sin importar las consecuencias.

El populismo es efectista, busca resultados inmediatos, resonantes y notorios, que se convierten en un espejismo lleno de complacencias para los más débiles, sin embargo, los platos rotos vienen más tarde. Muy fácil ofrecer una renta básica para las personas con mayor vulnerabilidad, pero las cuentas no cuadrarán porque el Estado no dispone de recursos para semejantes erogaciones novedosas, halagadoras y adicionales, de por vida y para todas las generaciones actuales y por venir.

En Colombia el 90% del presupuesto público prácticamente ya está asignado a gastos sociales y de funcionamiento. Si, por ejemplo, el presupuesto público establece que hay una destinación para la educación del 35% del aforo disponible, estos recursos no pueden dedicarse a la llamada renta básica prometida durante la campaña. En la práctica, salud, pensiones, educación, deuda pública, servicio de la deuda y gastos de funcionamiento incluido el de defensa, comprometen el presupuesto público de una manera casi que inflexible.

Además, lo que caracteriza a los gobiernos populistas, desafortunada y frecuentemente, es la politiquería y la corrupción, dos malos enemigos de la eficiencia del sector público, los cuales se convierten en gastos desbordados, burocracia, despilfarro, ineficacia en la ejecución de las obras, mal gobierno, compromisos con los grupos de su interés o con los partidos de su conveniencia y no con los ciudadanos en general o con los grandes intereses del país.

Frente a estas duras realidades, escuchar tantas voces electoreras y promeseras de lo que no se podrá cumplir, es un ejercicio político lleno de engaños para las personas poco avisadas, lo cual, en general y lamentablemente, es la cultura de nuestra población. Los oídos se dejan halagar fácilmente con esas mágicas soluciones, las cuales cautivan votos incautos, mal informados o con esperanzas infundadas, si bien, elección tras elección, de nuevo se quedan en el vacío.

Todo esto conforma el llamado populismo, prometer lo que no tiene asidero, ni financiero, ni legal, ni funcional, ni posibilidad de ejecución. Latinoamérica está llena de ejemplos del cáncer del populismo en los últimos años: los Kitchner en Argentina, Chaves y Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua, Lula en Brasil, Correa en Ecuador y Mujica en Uruguay, y así por muchos lugares. Sin embargo, el populismo no es una característica únicamente de la izquierda, puede existir en cualquier tipo de ideología política, pero es más notorio, frecuente y recurrente en las ideologías de izquierda.

Los populismos frecuentemente se autodenominan progresismos y se acompañan de nacionalismos, es decir, se explota el sentimiento nacional para encubrir los daños populistas cuando estos ya son inevitables. Además, en ocasiones se invoca también el enemigo externo como el causante de los males, como ocurre en Venezuela frente a Colombia, donde se afirma que los colombianos somos la causa de los reveses del pueblo venezolano, que horror y que malévola afirmación, pero así se cacarea continuamente. Ahora, si se juntan el populismo, la politiquería, el nacionalismo malsano y la corrupción, estamos al frente de la catástrofe total de un país, su economía, sus instituciones, su desarrollo social y el progreso de sus comunidades.

lunes, 22 de marzo de 2021

¿PETRO PRESIDENTE?

Comentario 23/03/2021

¿PETRO PRESIDENTE?

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
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En acalorada entrevista concedida a la periodista Vicky Dávila por el candidato Gustavo Petro para la revista Semana del 17 de marzo del 2021, realizó una serie de afirmaciones con el tono de advertencias si llega a la Presidencia en el año 2022. Vamos a examinarlas tomando el texto como lo pronunció, sin embargo, dividiendo las temáticamente para poderlas abordar en forma independiente, así (entre comillas sus afirmaciones):

1. Lo primero que dijo fue que “todos tendrían que pagar impuestos en su totalidad porque las excepciones son corrupción”. Además, al hablar de los empresarios privados, afirma: “En un Gobierno progresista[1], que paguen los impuestos y compitan. Y dejen de tener un Estado arrodillado ante ellos”.

Como es bien sabido, el Estado atraviesa por una seria encrucijada fiscal y de endeudamiento interno y externo que rebasan las posibilidades de las exhaustas arcas del tesoro nacional. Se tramitan las reformas fiscales y tributarias en este momento para subsanar, en lo posible, los déficits, o mitigar sus impactos inmediatos, transfiriendo a las vigencias futuras parte de los impactos que ha dejado la atención de la pandemia por más de $40 billones en todos los frentes que ha causado tan exigente, imprevista y crítica situación de salud y de restricciones a la actividad productiva, y las consecuencias que ha dejado en todos los niveles de la sociedad.

Tiene razón el señor Petro al esperar que “todos” paguen impuestos, evitando, en lo posible y en lo razonable, las exenciones y exclusiones de todo tipo, ya que en Colombia sólo 3.810.347 ciudadanos y 549.757 empresas pagan impuesto de renta, frente a una población económicamente activa de cerca de 25 millones de habitantes y de 6.000.000 de empresas productivas que se estima tiene el país. En la práctica, cerca de 5.000 empresas pagan casi el 90% del impuesto de renta que se recauda en Colombia, el sistema impositivo “le carga la mano” a las empresas y descuida a las personas como potenciales pagadores de impuestos. El nivel de evasión, elusión y exclusión de las personas para el pago de impuestos de renta es enorme.

Petro llama las excepciones “corrupción”, y mucho puede haber de ese terrible mal que nos carcome, sin embargo, hay una gran parte de población de bajos ingresos o en informalidad laboral que no paga y no debería pagar impuestos, por sus, efectivamente, bajos ingresos, sin desconocer que hay personas que laboran de una manera informal o en pequeñas empresas, que también reciben grandes sumas de dinero por las que deberían aportar a las necesidades del país, pero esta cultura o este nivel de control no se ha logrado, aunque, cada vez más el cerco se cerrará para lograr que todo el que tenga unos ingresos determinados, también contribuya a las necesidades del país a través de los impuestos, independientemente de la denominación o la clasificación de su actividad productiva, ya que el Estado somos todos y nos sirve a todos.

2. “Vivimos en un país que es el cuarto más desigual del mundo. Los hombres más ricos de América no hacen nada por corregir eso, sino que día tras día devoran más y más. No es el producto de su trabajo”. Y más adelante afirma: “El fondo es que vivimos en un país profundamente desigual y que esa desigualdad ha sido causada por los herederos del esclavismo, que consideran que su país es su hacienda particular y que tienen un derecho hereditario y divino de usufructuarlo, sin darle espacio a la gente. Y la gente queda condenada a la miseria”

No es un secreto para nadie el fenómeno de la desigualdad, frente a lo cual a través del Estado, por un lado, se generan soluciones, pero también esos que Petro llama “los más ricos de América”, generan inversión, desarrollo y empleo, porque, como dice el refrán popular, “la plata no está dando en los árboles”, hay que trabajar duro para poder conseguirla, y si esos empresarios lo han logrado y lo están logrando, lo que hay es que felicitarlos y estimularlos para que sigan invirtiendo en el país y en sus soluciones, para su beneficio, por supuesto, pero a través de sus impuestos y sus empleos e inversiones, para el beneficios de los demás. Hay que considerar también que los empresarios privados con sus programas de responsabilidad social empresarial realizan grandes acciones de beneficio comunitario a través de asociaciones, corporaciones o fundaciones creadas para tal fin.

La afirmación de que día tras día devoran más y más y que no es producto de su trabajo, no es cierta y genera odio de clases, los ricos y los pobres confrontados por la política, produciendo un sentimiento de rechazo y resentimiento en contra de los empresarios, cuando, en realidad, son ellos los que pueden hacer crecer y desarrollar el país y generar el bienestar de sus habitantes, en general. Por el contrario, los países centrados en el intervencionismo del Estado y con gobiernos autocráticos y populistas frecuentemente han demostrado sus graves efectos en el crecimiento de la pobreza y en el saqueo de los países que han gobernado.

3. “Yo no soy ingenuo. Me estás preguntando por personas que se han enriquecido con el Estado. Usan su dinero para cooptar al Estado. Y el Estado está es para proteger a los más débiles”.

De nuevo el problema de la corrupción y la connivencia de funcionarios del Estado y algunos empresarios de dudosa conducta quienes, efectivamente, sí esquilman las arcas del Estado, es decir, de todos los ciudadanos; estos son un puñado de empresarios, funcionarios y políticos que han hecho toda la vida grandes fortunas por cuenta del Estado, vaya para ellos todo el peso de la ley, pero la generalización sobre que todos los empresarios se han enriquecido con el Estado, es, de nuevo, muy grave y genera discriminación y odio entre los ciudadanos y los empresarios y, por supuesto, mayor polarización del país.

4. “Cuando la banca está creciendo, pero la economía real se está destruyendo, es que la banca está chupando el circuito real de Colombia. Eso es perverso. Eso es destructivo. ¿Cómo se corrige eso? Con la banca pública”.

El rechazo de la izquierda radical por el sistema financiero y bancario es inveterado, para estos ciudadanos la banca es sinónimo de explotación de la comunidad, sin apreciar que el banquero gana porque le sirve a la comunidad, canalizando recursos de quien dispone de ahorros, transformándolos en créditos para actividades personales, familiares, productivas o de inversión a todo tipo de ciudadanos y empresas.

El negocio bancario es complejo y por excelencia riesgoso, exige grandes sumas de capital para su operación y por lo tanto requiere de inversionistas con capital suficiente, sentido de riesgo, criterio y olfato para los negocios, lo cual es bueno para el país. Los banqueros privados y públicos compiten entre sí, día a día, y como resultado de esa competencia los ahorradores y deudores tiene cada vez mejores servicios, avanzada tecnología y un sustancial apoyo para sus actividades, a tarifas competitivas.

No cabe duda que el país requiere también su banca pública para que canalice los recursos a sectores deprimidos o de bajo acceso donde el banquero privado poco estará presente, como es obvio. El concepto de Petro sobre los banqueros ahonda las diferencias y la polarización y, de nuevo, la odiosa distinción sobre que los pobres lo son por los ricos y los banqueros. Durante la pandemia los bancos del país también han visto disminuidas sus ganancias en más de un 50% y, sin embargo, han sido el gran apoyo del gobierno para canalizar los subsidios por la pandemia. Uno de los aspectos que ayuda a superar niveles de subdesarrollo es la bancarización de la población y esto se logra con la banca, no contra la banca. En Colombia ya el 80% de los colombianos tienen al menos un producto bancario, especialmente ahorros.

5. Mientras tanto, insistió en que “el 80% del empleo en el país lo producen la pequeña y la mediana empresa, pero que no reciben ayudas del Gobierno”.

Es cierto que la mayoría del empleo del país se genera en los micro, pequeños y medianos negocios y en el Estado como gran empleador, lo que no hace sentido es que afirma que el Estado no les ha suministrado ayudas, pues los programas de garantías del Fondo Nacional de Garantías, los de crédito subsidiado, el apoyo a la nómina y los de canalización de la demanda a “compre colombiano” han sido determinantes de la recuperación paulatina de la economía y el bienestar de los ciudadanos durante la pandemia. Sin contar en esta descripción con otros frentes de subsidios del Estado a la salud, las pensiones, el adulto mayor, la educación, el apoyo a poblaciones vulnerables, etc., que ya tienen carácter permanente.

6. Aseguró que “hará cambios sustanciales en el sistema pensional, de tal suerte que la mayor parte de la población que gana hasta cuatro salarios mínimos cotice en un el fondo público como Colpensiones. Los demás, la menor cantidad de ciudadanos, si quieren, pueden ir a los privados”. “La pensión es un derecho, no es un negocio como vender Postobón”.

Este es otro aspecto en el cual la izquierda radical “mete sus dientes”, considerando que las pensiones son un derecho que debe ser administrado y fuertemente subsidiado por el Estado, como ocurre hoy con las pensiones a cargo de Colpensiones y, además, que hay sectores de empleados del Estado que deben tener fuertes privilegios en sus pensiones, las cuales son pagadas por todos los colombianos, sin mérito ninguno, en mi opinión, distinto a que son empleados de algún organismo del Estado.

La construcción de una solución para la vida de retiro es un deber de todo trabajador durante su vida laboral en todas partes del mundo, sin embargo, para la izquierda es un derecho adquirido, lo que en la práctica es un subsidio que unos trabajadores, que pagan impuestos y forman su propia pensión, en la práctica le conceden a otros trabajadores que gozan de la pensión sin merecimiento ni sentido de equidad. Distinto es el caso de los programas del tipo adulto mayor o los BEPS (beneficios económicos periódicos) que administra el Gobierno para poblaciones verdaderamente vulnerables. ¿Quién va a pagar las pensiones que el candidato a presidente Petro espera que se les conceda como derecho al grueso de la población?

7. “Yo no tengo la intención de perseguir a nadie. Si esos empresarios, en especial Sarmiento –a quien estudié muy bien por Odebrecht–, dejan de ordeñar al Estado y se dedican, de acuerdo con el plan de desarrollo que proponemos, a lo que nosotros consideramos, serían loables en un sistema económico. ¿Les vamos a quitar los bancos? No. Pero los bancos no pueden ser un sistema para chupar la economía real”.

Una precisión puntual es que la familia Sarmiento ha sido exonerada de cargos en el caso de Odebrecht, la segunda es que, como todos los de la izquierda, Petro quiere ejercer un grave dirigismo desde el Estado para el sector privado, eso de que “se dedican, de acuerdo al plan de desarrollo que proponemos, a lo que nosotros consideramos, serían loables en un sistema económico”, lo que hace es inhibir la iniciativa privada, restringir la libertad de empresa y crear camarillas directoras de la economía privada desde el gobierno, lo cual es una frecuente fuente de corrupción. Desaparecería la palabra privado del mundo empresarial de los particulares, gravísimo.

8. “No. Yo no odio. Ni siquiera a quienes me torturaron. A quienes amenazaron a mis hijos. Nunca me he puesto a perseguir ni a mis perseguidores”.

Los orígenes guerrilleros de Gustavo Petro, su discurso cargado de lucha de clases, de restricciones a las libertades privadas, de dirigismo estatal y de un régimen de privilegios en favor de sus intereses políticos y de sus camarillas, muestran la verdadera cara de sus ambiciones y prepotencia: sus rasgos son de izquierda radical, sectarismo, autocracia y menos democracia, populismo y nacionalismo malsanos, socialismo de Estado y polarización agresiva contra las demás corrientes de pensamiento.

Estamos a tiempo, pensemos bien en qué necesita y le conviene al país, y en lo que nos podría llegar en el 2022 hacia adelante.



[1]Progresista es el nombre que los miembros de la izquierda radical se dan a sí mismos, ya no socialista, menos comunista o marxista-leninista.

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