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lunes, 27 de abril de 2026

LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

 Comentario 27/04/2026

 

LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Una de las discusiones más enconadas entre los partidos políticos, los gobiernos, las ONG, las instituciones multilaterales, los empresarios y, en general, la ciudadanía, es el tema de la distribución de la riqueza como método idóneo para superar la pobreza. Los argumentos van y vienen, especialmente en las épocas preelectorales, donde se agitan las banderas de la equidad, la igualdad y el bien común como necesidades urgentes e incuestionables. Vamos por partes:

Es cierto que un problema de pobreza persistentemente alto crea condiciones de desigualdad e inequidad insufribles; por ello, todos los países hacen ingentes esfuerzos para superarlo y conducirlo, al menos, a niveles más razonables, ya que es imposible pensar o intentar que desaparezca totalmente. Esto se hace tanto por razones de equidad con los menos favorecidos —para generarles mejores condiciones de vida y acceso a oportunidades productivas— como por conveniencia para toda la comunidad, la cual, de otra forma, deberá subsidiarlos y tratarlos como si fueran un “peso muerto” de personas no productivas.

Sin embargo, siempre existirán personas más pobres y otras más adineradas; inclusive, aunque parezca increíble, hay personas que prefieren ser subsidiadas. Como está ocurriendo en muchos países —por ejemplo, EE. UU.—, los apoyos gubernamentales han llevado a muchos ciudadanos a preferir vivir del subsidio que trabajar para obtener un mejor ingreso y mayor bienestar.

Es una extraña mentalidad, pero así ocurre y no tiene más explicación que la vida muelle, la desidia, la pereza y el conformismo. Por eso será, entre muchas otras razones, que EE. UU. quiere limitar la inmigración: para no tener más “cargas” en una sociedad donde los que trabajan tienen que subsidiar a muchos que son vulnerables o que pretenden vivir del trabajo de los demás. Recordemos que el pago de los subsidios por pobreza o desempleo sale del erario, el cual se financia con recursos de impuestos de las personas y empresas que sí tienen una actividad productiva y que aspiran a mejorar su calidad de vida, a realizar sus sueños y a contribuir al bienestar de toda la comunidad.

Ahora bien, distribuir la riqueza por razones de equidad es nivelar a todos en una mayor pobreza, dado que quienes pagan impuestos tendrán cada vez más cargas impositivas para poder subsidiar a las crecientes masas de desempleados o a quienes realmente están en condición de vulnerabilidad. Por esta vía se ahuyentará la inversión y el deseo de permanecer en un país, dado que los impuestos de diferente naturaleza gravan severamente los ingresos familiares y empresariales, afectando la decisión de generar nuevas fuentes productoras de recursos.

Ni hablar de las empresas y sus empresarios, quienes son los verdaderos generadores del empleo, de la inversión, de la adopción de tecnologías y del mejoramiento de la productividad. Es claro, como la evidencia lo demuestra, que el mayor polo de atracción de la inversión nacional o extranjera son los bajos impuestos; en sentido contrario, entre las causas de mayor desánimo están los altos tributos, la falta de seguridad jurídica o los elevados índices de violencia, como ocurre en Colombia. Hay que agregar que, generalmente, los impuestos terminan en manos de malos gobiernos, grupos corruptos o en decisiones de despilfarro.

La única alternativa viable y conveniente es que la riqueza se reinvierta en crecimiento y desarrollo económico; por esa vía, más personas tendrán acceso a educación de calidad, actividades de mayor reto profesional y mejor remuneración. Un mayor crecimiento económico, combinado con niveles de impuestos razonables, generará más recursos para los gobiernos para solventar necesidades sociales, pero mediante la generación de oportunidades más que con la extensión de nuevos subsidios, los cuales terminan siendo perniciosos e inconvenientes.

En esta época electoral en la que estamos, se agitarán las ideas de la pobreza y de cómo superarla con dos pensamientos contrarios: los movimientos de izquierda exigirán la distribución de la riqueza como solución, con más impuestos, subsidios y subsidiados; y los movimientos de centro y derecha solicitarán la fórmula del crecimiento y el desarrollo económico como el camino racional y razonable de generar oportunidades productivas para todos.

Cada ciudadano debe tomar posición sobre qué es lo que prefiere para el gobierno y el desarrollo del país, y dónde se encuentran los mejores niveles de oportunidad, equidad, bienestar, empleo, ocupación, progreso y mejoramiento de la calidad y de los niveles de vida de sus comunidades.

sábado, 15 de julio de 2023

EL GIROSCOPIO

 Comentario 17/07/2023

 

EL GIROSCOPIO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Según la enciclopedia libre Wikipedia, el giróscopo o giroscopio (del griego σκοπέω ‘ver’ y γῦρος ‘giro’) es un dispositivo mecánico que sirve para medir, mantener o cambiar la orientación en el espacio de algún aparato o vehículo. Pues bien, vamos a aplicar este concepto al rumbo de la nación colombiana en manos del gobierno de Gustavo Petro. Evaluemos cinco elementos:

  1. 1.    Proyectos en el congreso.

A partir de una coalición burocrática de gobierno formada al inicio de su mandato con los partidos liberal, conservador y de la U, el presidente Petro, quiso introducir las llamadas reformas del cambio, un conjunto de proyectos de ley cuyo contenido se refieren a temas de salud, pensiones, laboral, tributaria, aspectos electorales, acuerdo de Escazú, el plan nacional de desarrollo, entre otras. Un verdadero arsenal de “artillería pesada” que se ha querido imponer, en forma radical e ideológica, a toda costa. Si bien hay aspectos positivos y necesarios, su trámite ha traído como consecuencia graves circunstancias:

  • Se destruyó la coalición de gobierno y los partidos que lo acompañaban se han ido a la independencia o fortalecer los de oposición que han sido Cambio Radical y el Centro Democrático. En la práctica, el gobierno se quedó sólo con los partidos de la izquierda que lo acolitaron en la votación, la cual ahora se ve resquebrajada, por ejemplo, por miembros de la alianza verde, que dicen que “no es buena sombra” arrimarse a Petro, máxime si se avecinan las elecciones regionales de alcaldes y gobernadores en octubre de este año.
  • Se ha incrementado y radicalizado la polarización ciudadana en términos que pueden perturbar las relaciones de la clase política y aún de las comunidades y de las familias.
  • El trámite de estas iniciativas se ha convertido en un tortuoso “calvario” lleno de vicisitudes, enfrentamientos y presumibles violaciones a los reglamentos que rigen para su correcta aprobación. Ya están en manos de la Procuraduría y del Consejo de Estado las demandas y pleitos respectivos, sin perjuicio de la actuación posterior de la Corte Constitucional para validar su juridicidad y legalidad.

Como consecuencia, el ambiente político sosegado, reflexivo y de colaboración armónica se ha hecho pedazos. A futuro se prevén más “golpes de espinilla y duras zancadillas”, por todos los lados. De hecho, si se examinan las iniciativas con detenimiento y cuidado en sus consecuencias presentes y futuras para el país, cada una de ellas parece un “puercoespín”, simpático pero peligrosísimo roedor por sus afiladas espinas. Petro se ha ido quedando sin aliados en los partidos ni defensores burocráticos de oficio como Roy Barreras, por ejemplo, y ha afectado la credibilidad de su gobierno y de sus “buenas” intenciones. La radicalización de su estilo y de sus políticas de gobierno es la consigna. Da miedo el discurso que pronunció en Francia ante un grupo de colombianos.

  1. 2.    La gobernabilidad.

Si por el lado del Congreso y los partidos políticos la situación se ve negro oscuro, por el lado del ambiente ciudadano, peor. Baste como ejemplo mirar la crisis política y de confianza que se tiene sobre los escándalos recientes (entre otros) de la presidencia y sus funcionarios, los nombres de Laura Sarabia, Armando Benedetti, Oscar Dávila (suicidado), Miguel Ángel del Río, Carlos Faria, Marelbys y Fabiola, etc., etc. no se borrarán de la mente de los ciudadanos informados y de los medios de comunicación, son como una sórdida y tenebrosa escena digna de la mejor película de odios, amores, envidias, codicias, intrigas y mentiras, como pocas veces vista.

  1. 3.    El proceso de la paz total.

Este es otro sartal de “anzuelos filosos” y promesas vacías, la conducta del Gobierno Petro de ser permisivo y complaciente con todo tipo de delincuentes en la búsqueda de la llamada paz total ha sido un desastre y ha dejado “indefensa” a la comunidad y a sus fuerzas militares y de policía. Hasta los decretos que le dan vida a la paz total, poseen vicios de ilegalidad y se pueden caer. Paz, por ningún lado, sometimiento tampoco y reparación de las víctimas y la no repetición, menos. Ni hablar de los “éxitos” de los combates al narcotráfico, la minería ilegal, el lavado de activos y la delincuencia común, tampoco se ven por parte alguna.

  1. 4.    4.La política anti sector privado.

Grave enfrentamiento se ha introducido en el lenguaje del presidente Petro contra los empresarios privados y los medios de comunicación, según él los empresarios son causantes de la pobreza y la falta de oportunidades para el pueblo, sin recabar en su labor de inversión, empleo, desarrollo y crecimiento para el bienestar propio, como es obvio, pero también para el beneficio de toda la comunidad, el totalitarismo y el estatismo de la ideología de izquierda extrema de Petro no lo soportan. A los empresarios los trata como arribistas. Los periodistas, además, son el “trompo de poner” del presidente, con su crítica ácida y desafiante por el cumplimiento de su misión de desvelar y divulgar las verdades sobre su gobierno.

  1. 5.    La lucha de clases.

También es delicado el enfrentamiento que Petro propone continuamente de verdadera lucha de clases, según él, los pobres son pobres, debido a que los ricos son ricos. Nada más absurdo y peligroso. Las diferencias y las desigualdades siempre han existido y existirán, pero justamente Colombia es un estado social de derecho que propende por mayor justicia, equidad y oportunidades para todos, en lo cual está comprometido, principalmente, la acción del gobierno. Como también, son demasiados los empleos, las empresas, las inversiones, las innovaciones, los desarrollos y las fundaciones de servicio social del sector privado para pensar que ellos son la causa de la pobreza. Trasladar las “culpas” o crear “amenazas” al sector privado por la inacción o la falta de efectividad del gobierno no hace sino fomentar un ambiente de desconfianza, incertidumbre e inseguridad jurídica. En contrario sentido, las obras del gobierno en cuanto ejecuciones, avances, terminación de proyectos o nuevos programas tampoco caminan o lo hacen a paso de “tortuga”.

Lamentablemente, el escenario económico está cargado de incertidumbres y tendencias regresivas, podemos atravesar un período de mucho menor crecimiento o, aún, de decrecimiento, en estas circunstancias no es bueno crear estas inseguridades y desconfianzas. ¿Será que el señor presidente Petro necesita un giroscopio para cambiar el rumbo de su gobierno, hacia un ambiente de colaboración amplio, no dogmático, y sí participativo, con todas las fuerzas vivas de la nación?, pero, parece que su talante autocrático, su ideología radical, su arrogancia, su orgullo y su egolatría no lo dejan ser el presidente de todos los colombianos.

lunes, 4 de octubre de 2021

LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

 Comentario 04/10/2021

 

LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Una de las discusiones más enconadas entre los partidos políticos, los gobiernos, las ONG, las instituciones multilaterales, los empresarios y en general la ciudadanía, es el tema de la distribución de la riqueza como método idóneo para superar la pobreza. Los argumentos van y vienen, especialmente en las épocas preelectorales, donde se agitan las banderas de la equidad, la igualdad y el bien común, como necesidades urgentes e incuestionables en los respectivos países. Vamos por partes:

Es cierto que un problema de pobreza persistentemente alto crea condiciones de desigualdad e inequidad insufribles, por lo cual todos los países hacen ingentes esfuerzos para superarlos y conducirlos, al menos, a niveles más razonables. Tanto por motivos de equidad con los pobres para generarles mejores condiciones de vida y acceso a oportunidades productivas, como por conveniencia para toda la comunidad, quien, de otra forma, deberá subsidiarlos y evitar que se vuelvan cordones de miseria y potencial inseguridad.

Sin embargo, siempre existirán personas más pobres y otras más adineradas, inclusive, aunque nos parezca increíble, hay personas que prefieren ser pobres, como está ocurriendo en los EE. UU., por ejemplo, donde los subsidios por la pandemia han llevado a muchos ciudadanos a preferir vivir del subsidio que a trabajar y tener un mejor ingreso y bienestar. En ese país, no hay muchas personas desempleadas dispuestas a trabajar y multitud de empresas declaran tener plazas de trabajo en las cuales pasan meses buscando proveerlas y no lo logran, conduciendo a la contradicción de tener que verse obligados a automatizar muchos procesos y oficios, dado que no se encuentran trabajadores para realizarlos, con lo cual se agravará más el mundo de los desempleados y el de la pobreza.

Es una extraña mentalidad, pero así es, así ocurre y no tiene más explicación que la vida muelle, la desidia, la pereza o el conformismo. Por eso es, entre muchas otras razones, que USA quiere limitar la inmigración, para no tener más “cargas” en la sociedad donde unos pocos trabajan y muchos pretenden vivir del trabajo de los demás, dado que el pago de sus subsidios por pobreza o desempleo salen del erario público quien se financia con recursos de impuestos de las personas y empresas que sí tienen una actividad productiva y quienes sí aspiran a mejorar su nivel y calidad de vida, realizar su sueños y lograr sus aspiraciones para ellos, sus familias y relacionados y para toda la comunidad, por supuesto. Lo mismo está ocurriendo en otros países.

Ahora, distribuir la riqueza por razones de equidad es nivelar a todos en mayor pobreza, dado que quienes pagan impuestos, cada vez tendrán que ser mayores en número de contribuyentes y en el valor de sus contribuciones, para poder subsidiar a las crecientes masas de desempleados, desocupados, vagos o a los realmente en condición de pobreza o vulnerabilidad.  Por esta vía se ahuyentará la inversión y el deseo de permanecer en actividades productivas en un país, dado que los impuestos de diferentes naturalezas gravan severamente los ingresos familiares y/o los empresariales y afectan el interés y la decisión de tener más, mejores o diversas actividades productivas

Ni hablar de las empresas y sus empresarios, quienes son los verdaderos generadores de empleo, de inversión, de adopción de tecnologías y de mejoramiento de la  eficiencia y la productividad, y buscan condiciones competitivas en sus países para poder ser jugadores eficaces en un mundo globalizado, y es claro, como la evidencia lo demuestra, que el mayor polo de atracción de la inversión nacional o extranjera son los bajos impuestos y, en sentido contrario, entre las causas de mayor desánimo de la inversión son los altos impuestos, los altos salarios, la falta de seguridad jurídica o los elevados índices de violencia. Hay que agregarle a esta reflexión que, generalmente, buena parte de los impuestos terminan por caer en manos de malos gobiernos o partidos avariciosos, grupos de corruptos y decisiones y acciones de despilfarro o coimas para favorecer ciertos beneficios.

La única alternativa viable, conveniente, posible y de menos contradicciones es que la riqueza se reinvierta en el crecimiento y el desarrollo económico del país y por esa vía muchas más personas tengan acceso a niveles de educación de mejor calidad, a ocupaciones de mayor reto profesional, a mejor remuneración y dispongan de acceso a la iniciativa e innovación del sector privado, con beneficios para toda la comunidad. Por supuesto, más crecimiento económico combinado con niveles de impuestos razonables, generará más recursos para los gobiernos nacionales, departamentales o municipales, para apoyar el mejoramiento del país, sus regiones y municipalidades y además para apoyar las necesidades sociales, entre ellas, la pobreza, pero con generación de oportunidades más que de nuevos o diversos subsidios o auxilios, los cuales, como hemos dichos, terminan siendo perniciosos e inconvenientes.

En esta época electoral que se avecina, se agitarán las ideas de la pobreza y el cómo superarlas, con dos pensamientos contrarios, los movimientos de izquierda exigirán la distribución de la riqueza como solución y los movimientos de centro y derecha, solicitarán la fórmula del crecimiento y el desarrollo económico, como la alternativa idónea frente a la pobreza. Cada ciudadano debe tomar posición sobre qué es lo que prefiere para el gobierno y el desarrollo del país y dónde se encuentran los mejores y mayores niveles de oportunidad, equidad, bienestar, empleo, ocupación, progreso y mejoramiento de la calidad y de los niveles de vida de todos sus ciudadanos.

domingo, 18 de julio de 2021

SOLIDARIDAD Y SOSTENIBILIDAD

 Comentario 19/07/2021

 

SOLIDARIDAD Y SOSTENIBILIDAD

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

A raíz de la pandemia, del paro nacional, los bloqueos, del deterioro de la economía nacional y mundial, del déficit fiscal, entre otros, saltan al escenario un sin número de necesidades de las más diversas naturalezas en: salud, pensiones, educación, renta básica, peajes, proceso de paz, precio de los servicios públicos, nóminas, generación de trabajo y otro interminable número de peticiones de subsidios, beneficios y aspiraciones, desde las más peculiares situaciones.

Es un “rosario” de nunca acabar, el cual, además, se mezcla con el daño que los vándalos han causado en los bienes públicos, en la infraestructura de transporte, en la banca, en el comercio y en toda la actividad productiva, cuyo principal efecto ha sido limitar la movilización de personas, alimentos, drogas, mercancías, etc., todo lo cual se traduce en un menor abastecimiento, con lo que se han elevado inevitablemente los precios de las mercancías, de los bienes y de los servicios, transformándose en un fenómeno creciente de inflación y acaparamiento. El lugar común de la ciudadanía es pedir, y en muchos casos exigir, que sea el Gobierno nacional quien subsane todas esas carencias, pero también, desafortunadamente, éste está “pasando aceite” en su funcionamiento, por agotamiento en las finanzas públicas. Es decir, el “hambre y la necesidad” se juntan con la “imposibilidad”, formando un complejo escenario.

Es cierto, sí, que se requiere mayor esfuerzo de austeridad fiscal, que se combata la corrupción, la evasión y la elusión tributaria, que se acabe el clientelismo, que se mejore la eficiencia del gasto, entre otras cosas, pero pedirle al Gobierno que genere más soluciones sociales sin darle más recursos, es prácticamente imposible. Especialmente dura ha sido la crítica al Gobierno de la clase política, por razones de política partidista y electoral debido a las elecciones del próximo año. Es necesario, entonces, hacer algunas reflexiones sobre esas necesidades y realidades, por supuesto, omitiendo muchos detalles dado su extenso contenido. Empecemos por los principales hechos actuales que nos caracterizan, sin ser los únicos y sin entrar en excesivas estadísticas:

  • Los niveles de pobreza en Colombia, con motivo de la pandemia, ya han llegado a más del 40% de la población, situación en la cual nos han repetido que muchas familias han tenido que “arrugar” su sistema de vida a niveles tales como dejar una comida de las tres diarias, y, en algunos casos, a tener una sola en todo el día. La clase media se ha visto especialmente afectada por la pandemia y el paro, con un porcentaje importante que está entrando en escenarios de pobreza.
  • El desempleo formal no desciende del 15% de la población con capacidad de trabajar, lo cual significa una carencia real de oportunidades y alternativas de un ingreso razonable para muchas personas, y, si se mira al futuro, difícil bajar este guarismo a menos del 10% en corto tiempo, como era antes de la pandemia.
  • La informalidad la vemos todos los días, en todos los lugares, en todas las calles y en todas las ciudades y poblaciones, la venta de “cualquier cosita” se ha convertido en el medio de vida y de sustento de miles de familias, ya que hoy se estima que la informalidad cobija al 60% de la población ocupada.
  • Igual que toda Latinoamérica, Colombia es un país con gran desigualdad en los ingresos y en la riqueza, como lo demuestran los índices de concentración que lo miden, para lo cual, seguramente, las personas y empresas de mejor condición económica deberían ser más solidarios en estas situaciones de pandemia, pero la verdadera redistribución de las oportunidades surge de la educación, que es la mejor manera de salir de la pobreza, más que de la distribución de la riqueza. Sin embargo, hay que resaltar que los empresarios han dado un paso al frente aceptando una nueva reforma tributaria, en trámite, que limita sus deducciones y aumenta sus impuestos en forma permanente. Un aplauso por esa solidaridad.
  • Los impuestos en Colombia representan el 19.7% del PIB, mientras en países cercanos y comparables son 22.9%, es decir, una diferencia de 3.2%, cuando la reforma tributaria del gobierno Duque pretende recaudar cerca del 1,3% del PIB.
  • Los problemas de deserción escolar por falta de recursos económicos se han agudizado en los últimos meses y el acceso a la educación virtual o a trabajos desde el hogar ha demostrado que muchas familias no disponen del internet, que sería el medio de mayor cobertura por su bajo costo, para estar vinculados con la comunidad, con acceso al conocimiento, al entretenimiento y al trabajo o a los estudios a distancia.
  • Durante la pandemia el gobierno ha destinado más de 20 billones, adicionales al gasto social corriente, en los auxilios y subvenciones para las familias de menores ingresos y ha creado nuevos elementos de subsidio, como el ingreso solidario, el subsidio a la generación de empleo, la gratuidad en educación y al mantenimiento de las nóminas, por ejemplo. De hecho, la nueva reforma tributaria está enfocada en financiar este mayor gasto y en nivelar las finanzas públicas.
  • La deuda actual del gobierno equivale al 67% del PIB, desde el 42% que debía unos años atrás, y va para 69% el próximo año, además, el déficit fiscal ya es cercano al 9% del PIB, lo cual nos ha conducido también a la pérdida del grado de inversión y a la rebaja de la calificación de riesgo país. Esto nos pondrá en un escenario de incremento en el costo del crédito externo y con limitación para su acceso y con ello se acabarán de empeorar más las cosas, o sea, la tormenta perfecta.
  • A todo lo anterior, se suman los graves problemas de violencia, corrupción, contrabando y narcotráfico que destruyen el medio ambiente o la economía nacional o los dos simultáneamente. Llegar a las regiones más apartadas y desfavorecidas por la condición de pandemia, es casi que imposible por la acción del narcotráfico y de la guerrilla.

Hay muchas otras razones, entonces, que afectan nuestro desenvolvimiento político, económico y social, pero el espacio se hace corto para exponerlas, son de suficiente peso e importancia las anteriores, ya que impactan el interés de toda la comunidad. Es fácil colegir de la descripción anterior la inminente necesidad reformar el sistema tributario colombiano. Se pretende, además, la ampliación poco a poco de la base tributaria, ya que hoy en Colombia, y para citar un problema protuberante, sólo declaran renta, 3.5 millones de declarantes personas naturales, de los cuales pagan renta solamente 1.6 millones de ciudadanos. El gobierno espera llegar paulatinamente a 7 millones de declarantes y, al menos, que crezca un poco el número de contribuyentes. Ese número en realidad es poco para el volumen de personas que sí generan ingresos razonables o superiores.

¿Si todos los que podemos no ponemos un poco de lo que hoy tenemos, quién va a apoyar a los que no tienen o a los que han perdido con la pandemia y están en condiciones de vida de verdadero apremio? Es el momento de todos poner para la solidaridad, cada cual según su capacidad y en forma progresiva, y apoyar también la sostenibilidad del país, con un Estado austero, esta es la única forma de comprar presente, futuro y estabilidad política, económica y social.

lunes, 31 de mayo de 2021

HABLEMOS DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO

 

Comentario 31/05/2021

 

HABLEMOS DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

El desconcertante paro nacional que todos los ciudadanos de Colombia estamos padeciendo, inesperado, inopinado e inconsciente, contrario a lo que se proponía de buscar mejores condiciones de vida para la población, es todo lo contrario, está causando graves consecuencias a la economía, ha radicalizado más la polarización que desde el proceso de paz padece el país, así como también la profundización en los niveles de desconfianza en las instituciones, en la desigualdad, en la desesperanza y en la pobreza.

En efecto, absurdamente, el paro se acumula a las difíciles consecuencias de la pandemia y del debilitamiento de las finanzas públicas y privadas por la parálisis de las actividades productivas, para traer como resultado desabastecimiento, acaparamiento, carestía, más desempleo, saqueos y violencia vandálica o terrorista y, por supuesto, más pobreza por falta de oportunidades. Si los negocios, las vías de comunicación, los medios de transporte, lo sitios de acopio y distribución y las ciudades en general no pueden operar, ¿de dónde creen los líderes del paro que van a salir nuevas, mejores o mayores oportunidades de empleo, de empresarismo, de educación, de desarrollo de competencias o de decisiones de inversión, expansión, crecimiento o desarrollo? Lo que tendremos es un mar de desilusión, destrucción y menor confianza con el país y sus instituciones.




Además, es curioso cómo los marchantes y/o los líderes de esas manifestaciones le reclaman y esperan que el Gobierno subsane todas las carencias, necesidades, anhelos o promesas incumplidas históricamente o las no ejecutadas por la abrumadora corrupción que se ha encargado de “desviar y desaparecer” los recursos. El Estado, como toda institución, tiene unas capacidades limitadas y más allá de ellas, por falta de dinero o de ejecución, no podrá extender su mano bondadosa a todos los “necesitados”. Además, los recursos públicos dependen de los impuestos recaudados y si no los hay en forma correlativa a los gastos, simplemente no puede haber más gastos. Nadie da lo que no tiene, así de simple.

Bien ha hecho el gobierno actual en crear una serie de subsidios, beneficios, exoneraciones transitorias, y programas para favorecer las poblaciones vulnerables, la educación, la salud, incluida la pandemia, y el bienestar de algunas zonas y sectores prioritarios. Asimismo, bien han hecho los empresarios en proponerle al Gobierno el desmonte de deducciones y exoneraciones tributarias para que se pueden recaudar más impuestos, a falta de otras reformas tributarias necesarias y prudentes, las cuales tardarán en su trámite y en su oportunidad.

Ahora, lo que no puede hacer carrera en el país es el cantar de voces irresponsables que declaran que lo que hay que hacer es una distribución de los ingresos mediante la exacción a los más pudientes para repartirlo a los más pobres, como si los primeros tuvieran la obligación de entregar lo suyo más allá de los impuestos racionales aprobados por ley, y los segundos, el derecho a recibir lo de los demás, por el sólo hecho de ser pobres o no estar ocupados. Este es el pensamiento socialista llano y simple, con el cual se han destruido sociedades y economías en nombre de los pobres, para generar riqueza en los gobernantes de una camarilla privilegiada (Ver no más algunos países de la región como ejemplo) y más pobreza en las clases menos favorecidas. La propiedad privada es, por definición, privada y no de todos o de algunos que consideran que también es de ellos, por el hecho de ser ciudadanos también. Muy grave el mensaje que se presenta en la foto siguiente del paro, remarcado en cuadrícula roja: “Si la clase obrera todo lo produce, a ella todo le pertenece”, con este pensamiento socializamos la propiedad privada.

Además, una sociedad no puede funcionar en forma adecuada, justa y equilibrada, si los ciudadanos tienen que pensar en que el fruto de su trabajo se debe repartir también con los que no trabajen y que estos últimos pueden reclamar como suyo, lo que no es fruto de su esfuerzo. Los impuestos son el elemento institucional de distribución de la riqueza desde los que contribuyen con sus rentas, hacia los que necesitan por ser vulnerables, por un lado, o hacia toda la comunidad como beneficio para su progreso y bienestar, por el otro, para lo cual el gobierno hace sus realizaciones en desarrollo y bienestar, las cuales están determinadas en la constitución. Por supuesto, hay que combatir en forma radical la cultura de la evasión, de la elusión de los impuestos y de la corrupción que es como el “deporte nacional”. En Colombia muy pocos pagamos impuestos.

Transitoriamente y debido a un estado de catástrofe sobreviniente o de circunstancias de adversidad económica y social intempestivas e insoslayables, se acude a la solidaridad de quienes más pueden para elevar moderadamente sus contribuciones impositivas con el fin de apoyar la recuperación de otros que han caído en desgracia, pero no para hacerse cargo de su vida y su manutención por siempre y para siempre. Conceptos como el de la renta básica solicitada por los marchantes del paro nacional, son inaceptables por ser imposibles de financiar por su monto y características, de una parte, y, además, de otra parte, si son recurrentes, es decir, permanentes, fomentan la holgazanería de quienes esperan el beneficio de la renta frente a los que salen a trabajar para proveérselo a ellos y a sus familias. ¿Qué pensaría quien trabaje todo el día, 48 horas por semana, para recibir un salario mínimo, si otras personas, sin ningún esfuerzo, simplemente también reciban del Gobierno el mismo salario mínimo? Hay que crear más oportunidades para todos, pero no bajo el expediente de repartir el ingreso de los demás. Este, de nuevo, es un concepto socialista: unos deben trabajar para que otros puedan vivir sin trabajar, dado que los primeros tienen que velar por los segundos.

Otro concepto que no puede hacer carrera con motivo de la situación de pobreza derivada de la pandemia, el paro y sus consecuencias, es que también hay que distribuir la riqueza, es decir el patrimonio acumulado por las personas a partir de su esfuerzo y su trabajo. De nuevo, es inaceptable el concepto socialista de que unos ganan y ahorran para que otros lo gasten. Creamos más oportunidades a partir de la educación, la inversión pública y privada, el empresarismo, el desarrollo de habilidades, la aplicación de tecnologías y la cultura del trabajo duro para poder progresar y tener bienestar, con el apoyo de todos en la sociedad, pero alejados de la idea de que unos tienen que hacer lo que los demás no hacen, para que todos puedan vivir.

domingo, 9 de mayo de 2021

CREAR MÁS POBREZA NO GENERARÁ PROGRESO

Comentario 10/05/2021

 

CREAR MÁS POBREZA NO GENERARÁ PROGRESO

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

He seguido con interés y desconcierto el llamado paro nacional y las reacciones iniciales contra la reforma tributaria frente a la cual se puso el “grito en el cielo”, por parte de los líderes del paro, los de opinión y con especial dureza los partidos políticos, y, en general, muchas personas que han participado en las marchas. Rayos y centellas cayeron sobre esa “criaturita”, llamada, en forma breve, ley de solidaridad sostenible. Esta reforma fue retirada del Congreso para buscar una sustitutiva más razonable. Y digo sustitutiva porque el Gobierno, quizás como nunca, requiere de nuevos ingresos de carácter recurrente para financiar las ingentes necesidades de gasto social, balancear las propias finanzas públicas en la situación de déficit fiscal excesivo y endeudamiento público elevado, a más de las necesidades corrientes de funcionamiento y de los demás servicios y contribuciones que el Estado hace a poblaciones vulnerables o al desarrollo y crecimiento del país.

Sin embargo, a medida que el paro avanza, salen a relucir un sin número de otras llamadas causas deshilvanadas, de las más diversas naturalezas: salud, pensiones, educación, renta básica, peajes, proceso de paz, ESMAD, ejército y fuerza pública, carga y fletes para los transportadores, no fumigación aérea, no alternancia en las escuelas, precio de los servicios públicos, más trabajo y otro sin número de peticiones de subsidios, beneficios y aspiraciones de las más peculiares situaciones, algunas de ellas de carácter local y particular.

Es un “rosario” de nunca acabar, el cual, además se mezcla con paros, daño a bienes públicos, a la infraestructura de transporte público, al amoblamiento y la infraestructura de seguridad y tránsito urbanas, a los establecimiento de comercio tales como los de la banca y sus cajeros automáticos, los supermercados y tiendas y a toda la actividad productiva, impidiendo la movilización de personas, alimentos, cosechas, medicamentos, mercancías, materias primas, suministros, equipos, etc., etc., etc., todo lo cual agravará más la situación por desabastecimiento, el encarecimiento y la incapacidad de trabajar y producir, y por esta vía, recuperar la economía del país afectada, además, por la pandemia. Los famosos bloqueos generarán más pobreza, no más progreso y quién pagará los daños, la ciudadanía.

Es cierto, sí, que se requiere mayor austeridad fiscal, que se combata la corrupción, la evasión y la elusión tributaria, que se acabe el clientelismo, que se mejore la eficiencia del gasto público, entre otras cosas, pero pedirle al Gobierno que genere más soluciones sociales sin darle más recursos, es prácticamente imposible en este momento. Vamos a hacer algunas reflexiones sobre las necesidades y las realidades que hoy atravesamos, por supuesto, sin entrar en la ampliación de los detalles sobre su extenso contenido.

Empecemos por enunciar los principales hechos que nos caracterizan, algunos de ellos de vieja data y otros, ocasionados por la pandemia, como en todos los países, sin ser los únicos y sin entrar en excesivos datos y estadísticas:

  • Los niveles de pobreza en Colombia, con motivo de la pandemia, ya han llegado a más del 40% de la población, situación en la cual nos han repetido que muchas familias han tenido que “arrugar” su sistema de vida a niveles tales como dejar una comida de las tres diarias, y, en algunos casos, a tener una sola en todo el día. La clase media se ha visto especialmente afectada por la pandemia, en ocasiones, también entrando en escenarios de pobreza.
  • El desempleo formal no desciende de alrededor del 15% de la población con capacidad de trabajar, lo cual significa una carencia real de oportunidades y alternativas de un ingreso razonable para muchas personas, y, si se mira al futuro, difícil bajar este guarismo a menos del 10% en corto tiempo, al menos, como era antes de la pandemia.
  • La informalidad la vemos todos los días, en todos los lugares, en todas las calles y en todas las ciudades y poblaciones. La venta de “cualquier cosita” se ha convertido en el medio de vida y de sustento de miles de familias, ya que hoy se estima que la informalidad cobija al 60% de la población ocupada. El sin número de “callejeros” solicitando ayuda es cada vez mayor.
  • Colombia es un país con gran desigualdad en los ingresos y en la riqueza, como lo demuestran los índices que miden estas circunstancias y seguramente las personas de mejor condición económica deberían ser más solidarios en estas situaciones de pandemia, pero la verdadera redistribución de las oportunidades surge de la educación y el trabajo que son la mejor manera de salir de la pobreza, no de la distribución de la riqueza con impuestos excesivos a unos pocos.
  • Los impuestos en Colombia representan el 19.7% del PIB, mientras en países cercanos y comparables son 22.9%, es decir, una diferencia de 3,2%, esa diferencia son justamente los mayores subsidios que requiere la población en este momento. La reforma tributaria del gobierno Duque estaba planteando un recaudo cercano al 2.5% del PIB. Hay que observar que en Colombia, menos de 3.500.000 ciudadanos pagan impuestos (¿?).
  • Los problemas de deserción escolar por falta de recursos económicos se han agudizado en los últimos meses y la circunstancia de la educación virtual o el trabajo desde el hogar ha demostrado que muchas familias no disponen de internet, que sería el medio de mayor cobertura por su bajo costo, para el acceso al conocimiento, al entretenimiento y al trabajo o estudio a distancia.
  • Durante la pandemia el gobierno ha destinado cerca de 20 billones, adicionales al gasto social corriente, en los auxilios y subvenciones para las familias de menores ingresos y ha creado nuevos elementos de subsidio, como el ingreso solidario o el subsidio a la generación de empleo y al mantenimiento de las nóminas.
  • El gobierno debe hoy el 63% del PIB, desde el 42% que debía unos años atrás, y va para 69% el próximo año, y el déficit fiscal ya es cercano al 9% del PIB, nos aproximamos también a una situación de pérdida del grado de inversión y de la calificación de riesgo país, que nos pondrá en un escenario de gran incremento en el costo del crédito externo y con limitación para su acceso, lo cual acabará de empeorar más las cosas, es decir, la tormenta perfecta.
  • A todo lo anterior, se suman los graves problemas de violencia, corrupción, contrabando y narcotráfico que destruyen el medio ambiente o la economía nacional o los dos simultáneamente. Llegar a las regiones más apartadas y desfavorecidas para generar soluciones, es casi que imposible por la acción del narcotráfico.

Hay muchas otras razones, entonces, para el malestar y el descontento de los ciudadanos que afectan nuestro desenvolvimiento político, económico y social, para entender que el paro nacional con bloqueos y daños es inoportuno, ya que nos está conduciendo a agravar la parálisis, que de por sí es violencia, con afectación del interés de toda la comunidad. La intención de los promotores del paro violento se vuelve política más que social y puede terminar con la desinstitucionalización del país. Es el momento del “todos poner” para recuperar la economía, es la mejor solidaridad, cada cual, según su oficio, su capacidad y en forma continua, y, por esta vía, apoyar también la sostenibilidad del país, es la forma de comprar presente, futuro y estabilidad política, económica y social.


martes, 9 de marzo de 2021

EL ESTALLIDO SOCIAL

 Comentario 09/03/2021

 

EL ESTALLIDO SOCIAL

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Al comentar un reciente estudio del FMI sobre las consecuencias de la pandemia, Antonio Albiñana, periodista y comentarista político español, prevé un estallido de desórdenes sociales tras la crisis sanitaria, hacia mediados de 2022: “Una pandemia pone de manifiesto las fracturas ya existentes en la sociedad, la falta de protección social, la desconfianza en las instituciones, la percepción de incompetencias o de corrupción en los gobiernos, tras lo que sube el riesgo de graves crisis políticas. Calderos de descontento social en lo que echarán sus redes populismos y fascismos de todo tipo”. El Tiempo, 28 de febrero de 2021.

Para nadie es un secreto los graves problemas de pobreza y falta de oportunidades que por décadas han tenido diferentes países en Latinoamérica, más notorios aún en época de pandemia donde buena parte de la clase media se ha rodado hacia condiciones vulnerables y aún de pobreza vergonzante. La razón no es otra que la consecuencia fundamental del bajo dinamismo y por ende el menguado crecimiento económico. En épocas de recesión desaparecen muchos empleos y oficios y, por consiguiente, los ingresos familiares disminuyen, es una clara evidencia de que la demanda agregada de bienes y servicios ha disminuido y en algunos casos ha caído en forma dramática, lo cual afecta negativamente también a las empresas y empresarios generadores de empleo.

¿Qué hay que hacer, entonces?, la respuesta es obvia, restablecer la demanda a través de la recuperación de la dinámica económica, para que ésta requiera de nuevo los empleos y las empresas que se perdieron u otras sustitutivas, retornando al nivel inicial o superior de ingreso de las familias y de mejor bienestar económico cada vez. Esta es la única fórmula válida, factible y posible.

Desafortunadamente otros piensan que no es ese el camino, que todo se soluciona si el Estado asume las riendas de la economía y se convierte en un generador formidable de subsidios a las familias que tienen fragilidad. Este es un hecho que requiere darse en forma temporal y claramente focalizada, no cabe duda de que muchas familias, tanto como muchas empresas, requieren un empujón del Estado para restablecer su actividad productiva y lucrativa luego de la pandemia. Pero, sólo con poblaciones totalmente en línea de pobreza, dichos subsidios deben prolongarse.

La pregunta clave para todos es: ¿De dónde sacará el estado dinero a “chorros” para subsidiar a todo el que tenga dificultades? Y la respuesta es contundente, el Estado no tiene más dinero que el que los propios, honestos y cumplidores de su deber, empresarios o personas naturales, le contribuyan en materia de impuestos. El Estado puede temporalmente endeudarse, pero como dice el refrán popular “no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se venza”. Finalmente, el Estado también tiene que honrar sus obligaciones pagándolas, para lo cual requerirá fatalmente más impuestos.

¿Es fácil decir “que los ricos paguen más impuestos”, pero a ver dónde están esos ricos con capacidad de darle al Estado los impuestos necesarios para que se subsidie a toda una sociedad en condiciones de progreso, bienestar y libertad? Esas personas y empresas terminarían por considerar que sus actividades productivas no valen la pena si el Estado ejerce una exacción de sus negocios o su labor productiva sobre la base de impuestos confiscatorios y, como es obvio, finalmente dejarían su actividad o la trasladarían a un país que sí les ofrezca garantías para ejercer su labor con impuestos razonables. Los países latinoamericanos se caracterizan por altas tasas impositivas, porque han buscado en los impuestos las soluciones, sin embargo, sus niveles de pobreza no han mejorado, en muchos casos con fórmulas de gobierno estatistas y populistas, han desmejorado gravemente.

En consecuencia, la única solución para los problemas económicos y sociales de una comunidad es crecer la economía, por un lado, para que más personas y familias tengan oportunidades productivas y, por el otro, para que el Estado recaude más impuestos por la mayor actividad económica, con tarifas moderadas y crecientes según ingreso, por supuesto, pero nunca confiscatorios, los cuales que se traduzcan en labor social y de desarrollo y no en clientelismo, politiquería y corrupción. No existen más soluciones.

En algunas sociedades se han ensayado cambios en los modelos políticos, económicos o sociales, sin embargo, todas han tenido que reconocer que, sin crecimiento económico, libertad empresarial y lealtad del Estado con las actividades privadas, no hay condiciones para el desarrollo económico y social.

Para no ir muy lejos, el Caso de Chile es sobrecogedor, dado que perdió su estabilidad económica y su liderazgo empresarial, con grave daño a la democracia, ahora amenazada por una reforma constitucional, donde no se sabe a qué lugar se llevará a esa nación que venía siendo ejemplar. Sinceramente no creemos que un cambio en la constitución pueda sustituir la fórmula del crecimiento económico para favorecer mayor equidad y mejores oportunidades. Como afirma Axel Kaiser, director ejecutivo de la Fundación para el Progreso en Chile, en un interesante artículo que tituló “CAOS”, publicado en La República del jueves 4 de marzo de 2021: “Y así estamos, meses después del referéndum con el caos desatado, dando cuenta de la total incompetencia de nuestra élite y con la democracia en riesgo vital”.

Debemos prepararnos para el estallido social, reforzando nuestra democracia, las instituciones, la constitución, nuestro modelo económico, político y social y no hacer oídos blandos a las ilusiones y veleidades de los socialismos populistas y nacionalistas que ya se anuncian por ahí como la mejor opción. No hay solución distinta contra la pobreza que el crecimiento económico con un enfoque de bienestar.

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