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lunes, 29 de septiembre de 2025

LAS JUGADAS

Comentario 29/09/2025

 

LAS JUGADAS

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Ante la carencia de realizaciones eficientes y eficaces que demuestren las bondades de su gobierno, Gustavo Petro, durante su mandato, ha urdido varias jugadas perversas a través de múltiples decretos y decisiones. Vamos por partes:

  • Aunque el presidente no debe participar en política, lo primero que hay que anotar es la agitación política preelectoral de las votaciones presidenciales del 2026 en favor del Pacto Histórico, so pretexto de defender sus iniciativas. Petro ya está en campaña electoral con toda la propaganda (medios escritos, discursos e intervenciones en TV) con gastos del presupuesto público. Vamos a tener propaganda a manos llenas y agravios y amenazas sin ton ni son para los opositores. ¿Podrá la Procuraduría o la Comisión de Acusaciones del Congreso tomar cartas en el asunto?
  • El gobierno de Petro ya enfiló todas sus baterías para amedrentar al Congreso y a sus congresistas diciéndoles que si votan negativamente a sus iniciativas estarán de espaldas al pueblo y que no serán reelegidos en unas futuras votaciones, que serán “revocados” porque nadie votará por ellos. Se refiere a las elecciones congresionales del 2026. La intimidación al Congreso y a las Cortes es un hecho frecuente en el gobierno de Gustavo Petro, ya que, si actúan en forma contraria a sus intereses, le están dando un “golpe blando”.
  • Cualquiera sea la decisión del Congreso a favor o en contra de sus iniciativas, el gobierno tendrá argumentos para, si el voto es negativo, atacar a la oligarquía, la clase política y el Congreso de oponerse a los derechos del pueblo trabajador. Si el voto es positivo, tendrá toda la argumentación para decir que su gobierno, como defensor del pueblo, es quien “pelea” por sus derechos frente a los ricos, que el Congreso hizo un simple trámite y que no podía estar de espaldas al pueblo. Los méritos, en todo caso, serán para el gobierno de Gustavo Petro y así está planeado.
  • El manejo del presupuesto público está desfinanciado para acelerar el gasto con mayor endeudamiento en favor de sus intereses políticos. Ni el plan de desarrollo ni los distintos presupuestos están balanceados. Los analistas autorizados coinciden en que el desfase del presupuesto es de aproximadamente 50 billones o más.
  • Un enconado rechazo del presidente Petro por el Consejo Nacional Electoral (CNE) ha caracterizado la relación entre la institución electoral y el primer mandatario, quien afirma rotundamente que el Consejo no tiene facultad de investigarlo a él ni mucho menos acusarlo formalmente por las irregularidades que presuntamente se presentaron en su campaña contra las normas electorales, si las hubiere, lo cual es, precisamente, la materia de investigación actual de ese órgano electoral, con ponencia favorable para la acusación. Se está investigando su campaña a la presidencia, no a él; a él lo debe investigar la Comisión de Acusaciones y el Congreso.
  • Las implicaciones, que Petro desconoce, de su campaña electoral con Nicolás Petro, su hijo, y de Juan Fernando Petro, su hermano, con el pacto de la Picota, son de extrema gravedad, pero él ha puesto toda su maquinaria para desconocerlas.
  • El rechazo al sector privado por todos los medios, desconociendo su aporte al desarrollo y al crecimiento del país, es evidente. Su visión de país es estatizar todas las actividades que le convengan a sus intereses como la salud y las pensiones, por ejemplo. La enorme carga ideológica de izquierda radical contra el sector privado ha sido una constante en su gobierno.
  • El ataque a sectores como la minería (petróleo y carbón) o a la construcción, como también a los sectores de manufactura, automotriz, educación y movilidad, por citar los principales. La incertidumbre legal, las cargas impositivas y las contribuciones por determinados conceptos han sido los mecanismos favoritos de castigo a estos sectores. Y han servido también para ahuyentar la inversión nacional y extranjera.
  • El acercamiento y la defensa de Petro con Venezuela, donde actúa el Cártel de los Soles liderado por Maduro, que ha sido calificado por los jueces norteamericanos como terrorista y narcotraficante, es inconveniente a todas luces para Colombia. Baste mencionar que Estados Unidos ha ofrecido una recompensa de $US 50.000.000 de dólares por Maduro y ha situado una importante flota armada cerca de las costas de Venezuela para perseguir el narcotráfico.
  • El lío de la Paz Total en que comprometió Petro al país ha sido un rotundo fracaso y solo ha servido para fortalecer los grupos armados, expandir el cultivo de cocaína y favorecer a los movimientos insurgentes, quienes han distribuido sus acciones y atentados por todas las regiones del país.
  • La no atención oportuna de los problemas como el eléctrico en la Costa Norte del país ha conducido al agravamiento de las crisis y a un estado de apagón para el próximo año, con consecuencias incalculables.
  • Sus continuos intentos de sacar por decreto lo que no le aprueba el Congreso han conducido al deterioro de las relaciones del Ejecutivo con el Legislativo.
  • El incesante cambio de ministros y asesores no le da estabilidad al país y conduce a nuevos factores de incertidumbre, la cual es el pensamiento fundamental de los ciudadanos.

Como estos, son muchos los temas que podríamos endilgar como jugadas de Gustavo Petro.


domingo, 6 de octubre de 2024

INCERTIDUMBRE Y DESCONFIANZA

 Comentario 07/10/2024

 

INCERTIDUMBRE Y DESCONFIANZA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

El debilitamiento de la economía y de las finanzas públicas se suma a los sentimientos y convicciones de desconfianza en el gobierno y de fuerte incertidumbre sobre el futuro, lo cual se traduce en un escenario poco propicio para la inversión y el crecimiento, así como para la generación de progreso y bienestar. Vamos por partes:

Debilitamiento de la economía: De crecimientos del PIB del 10.3% en 2021 y del 7.3% en 2022, pasamos a un 0.6% en 2023 y para este año un magro 1.5% de acuerdo con la evidencia del primer semestre. El déficit externo continúa elevado hacia el 3% del PIB, a pesar de la parálisis en seco de las importaciones del país. Colombia ha registrado en el período 2021 a 2024 el promedio de déficit gemelos (externo y fiscal) más elevado de las últimas tres décadas y ello explica por qué nuestra deuda soberana continúa en grado especulativo y con castigos en el pago de la tasa de interés de la financiación externa que conseguimos en cerca de 3% más. El desempleo de nuevo bordea el 10% y la informalidad supera el 56% de la población productiva. La caída en la inversión privada es indudable; en 2022 cayó 5.1% y para 2023, 24.8%. La evidencia demuestra, además, que este 2024 no será mejor.

Deterioro de las finanzas públicas: Las finanzas públicas no levantan cabeza; el déficit fiscal está cerca del 5.5% del PIB y la deuda pública ya es cercana al 65% del PIB, ambos valores con una tendencia regresiva y con presiones de gasto que se traducen en demanda por más impuestos y nuevas reformas tributarias. A esto se suma el deterioro de Ecopetrol, con una pérdida de valor de sus acciones en la bolsa de Colombia y en Nueva York de más del 50%; en Colombia tuvimos precios de esas acciones de $5.000/acción, llegando ahora a sólo $1.800/acción. Las perspectivas son sombrías por la política anti-exploración y explotación de combustibles fósiles y el lento tránsito a energías limpias impulsado por el gobierno de Gustavo Petro.

Desconfianza en el gobierno: Las numerosas reformas que quiere tramitar el gobierno, tales como la pensional, la laboral, la de salud y la política, todas con sesgo ideológico de izquierda radical, crean un clima de desconfianza y la continua pregunta de hacia dónde va este gobierno, qué pretende y cómo lo va a imponer, dado su talante autocrático e imperativo, con su ataque permanente al sector privado. El reciente Congreso de Fenalco en Cartagena fue una muestra palpable de la posición de los afiliados e invitados, ya que fue unánime sobre la desconfianza en el gobierno Petro y su rechazo al estilo desafiante, sectario, discriminatorio y de rechazo por el sector privado y sus ejecutorias.

Incertidumbre frente al futuro: La manifestación corriente de todas las conversaciones empresariales y de personas con actividad productiva es de incertidumbre frente al futuro. Se ven demasiados nubarrones o no se perciben señales promisorias que eleven la confianza y despejen el panorama para la inversión, el progreso y el crecimiento. Se prevén crecimientos de la economía muy lejos de nuestro potencial de crecimiento de alrededor del 4%. Si a esto se suman las preocupaciones por el futuro de la seguridad y por el mal trasegar del proceso de la paz total del presidente Petro, con zonas del país en verdadero conflicto y falta de presencia del Estado y sus instituciones, así como de órganos de seguridad, la preocupación se acrecienta y la incertidumbre se arraiga.

Las preocupaciones internas que llevan a los sentimientos de incertidumbre y desconfianza se suman a un entorno mundial amenazante con fenómenos como la polarización enconada en todo tipo de regiones, las confrontaciones políticas, étnicas, religiosas o territoriales y las guerras entre viejos y nuevos enemigos. No cabe duda de que son verdaderos motivos para preocuparse.

En Colombia, hay suficientes argumentos para decir que el estilo del gobierno actual atiza la confrontación ideológica y, por esta vía, eleva la incertidumbre y la desconfianza, agudiza el rechazo por el sector privado y crea mayor incertidumbre con el interés de modificaciones profundas, estatizantes y totalitarias, con sus reformas de todo tipo. Esto tampoco ayuda a tener la sindéresis necesaria para afrontar con cabeza fría y en armonía del gobierno y el sector privado los desafiantes escenarios que atravesamos.

Ya es frecuente oír hablar también a todo tipo de públicos que el gobierno Petro, quien ya recorre el tercer año de su ejercicio democrático constitucional, ya está con “el sol a la espalda” y, por lo tanto, hay que esperar que termine su gobierno para que “otros y nuevos aires” refresquen el escenario político, económico y social del país y de nuevo se pueda restablecer la confianza, la seguridad, la certidumbre y un nuevo enfoque de gobierno. Esto es, que no aparezca en el horizonte el diablillo de la reelección por alguna vía o la continuidad de Petro, que algunos de sus correligionarios ya salen a pregonar.

domingo, 7 de abril de 2024

CRECE LA INCERTIDUMBRE

 Comentario 08/04/2024

 

CRECE LA INCERTIDUMBRE

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Cuando no tenemos certeza sobre lo que ocurrirá en un futuro con un acontecimiento esperado, sea de ocurrencia cierta o incierta, hablamos de incertidumbre, es decir, la falta de certidumbre sobre lo que va o puede suceder. Las decisiones empresariales, privadas y gubernamentales, pasan siempre por reflexionar sobre el grado de incertidumbre que rodea la respectiva decisión, sea para expedir una resolución o una norma, ejecutar una acción, para realizar un proyecto o para ejecutar un programa. La incertidumbre en un país surge de diferentes factores como son y específicamente en el caso de Colombia:

·         El entorno político y social

En este caso está en cuestionamiento la estabilidad regulatoria y la sindéresis de las decisiones políticas del gobierno nacional o regional, quien debe obrar primero dentro de la constitución y segundo con miras al logro del bien común. Las tendencias ideológicas tanto como las programáticas, influyen decididamente en la incertidumbre, o sea, el tono, el discurso y la orientación de cada gobierno si es de corte totalitario, estatista o autocrático, por un lado, o liberal, respetuoso de la propiedad y el ejercicio privado y con decisiones que consultan la división de poderes y las instituciones del país, por el otro. El primer escenario genera grandes temores por el estatismo y el intervencionismo de Estado, las segundas, generan mayores niveles de confianza y certidumbre, por el respeto a la actividad privada. Pues bien, en Colombia el entorno político está enrarecido pues se tiene un gobierno de corte totalitario, estatista y autocrático, el de Gustavo Petro, que no ha querido gobernar con una buena gestión y en colaboración con otros partidos y con el sector privado, por el contrario, su enfoque es de formas dogmáticas e ideológicas, lo cual ha contribuido a la polarización política tan acendrada que jamás la ha tenido el país.

El gobierno no ha hecho buenas relaciones ni con el congreso y las demás instituciones del Estado, ni con los demás partidos políticos, como tampoco con Cámaras de Comercio, ONGs, asociaciones y corporaciones ni con los gremios. Su talante autoritario y sectario se han impuesto frente a la potencial armonía y colaboración.

El destino de las reformas sociales del gobierno, sometidas a la consideración del Congreso, está por verse y muchos otros proyectos y programas aún no cogen vuelo, no por su oportunidad sino por su agresivo y desafiante contenido; el lema de “el gobierno del Cambio” se ha llevado a un desafiante extremo.

El gobierno en sí mismo es un caos, es como si a propósito se fomentara el desorden, la falta de decisión, de acción y de oportunidad en la gestión, frecuentemente llega tarde. Es extraño cómo aún con un abultado presupuesto no se gestiona una acción de gobierno llena de obras y realizaciones. Es un gobierno que tiende a la confrontación, al desafío y a la pendencia, con expresiones insultantes, desafiantes y ofensivas. La estabilidad de sus ministros y funcionarios se caracteriza por una acelerada rotación e improvisación. Los cargos no se nombran por merecimiento e idoneidad sino por amiguismos y preferencias, muchos favores políticos por obras, acciones o decisiones del pasado a favor de su actividad política se saldan por parte del gobierno Petro con uso del presupuesto público, especialmente en la carrera diplomática. La agitación social ha sido una constante, aún promovida por el propio gobierno que trata de sacar sus “huestes” a la calle para movilizar la ciudadanía con consignas sociales y programáticas, de un corte ideológico que favorece el odio de clases y la confrontación de sectores diversos de la comunidad que tienen diferentes enfoques políticos y estilos de vida. Además, la paz total es un proceso que no ha cuajado y por el contrario son cada día más y mayores los frentes de violencia en la geografía nacional.

Para todos los sectores de la economía, sus ONG, sus organizaciones y sus gremios lo que todo esto significa es mayor incertidumbre política y, por supuesto, con sus implicaciones económicas, porque como se dice popularmente “nadie sabe dónde va a parar ese globo (el gobierno)”

·         El entorno macroeconómico.

Como es obvio, las buenas condiciones macroeconómicas prevalecientes, presentes o esperadas, favorecen el desenvolvimiento de los niveles de incertidumbre a la baja y en contrario sentido, cuando la macroeconomía se deteriora la incertidumbre se exacerba ante la percepción de mayores niveles de riesgo. Pues bien, la economía colombiana está atravesando un escenario de desaceleración económica con caída de la inversión privada e insuficiente inversión pública. Ya hay varios sectores decrecientes como la industria, el comercio, los bienes de consumo durable, la construcción de obras civiles, la vivienda, y algunos sectores agropecuarios, entre otras actividades económicas también golpeadas.

De hecho, la inversión interna privada bruta pasó del 19.1% del PIB en el 2020 al 12.9 % esperado para el 2024 (o menos), esta abultada caída será la causante de mayores niveles de pobreza y falta de actividades productivas que alivien la cifra de desempleo que ya se eleva al 10.7%. El efecto contra cíclico de mayores inversiones del Estado no se ha dejado sentir, no se sabe estructural o ideológicamente qué sucede con la decisión de inversión del Gobierno Nacional.

Como afirma el FMI en reciente artículo publicada en EL Tiempo, 2 de abril de 2024, al referirse a la caída de la inversión en Colombia y en otros países de Latinoamérica:

§  Por un lado, destaca que en Colombia la caída de la inversión ha sido mayor que lo que ha ocurrido en Chile, México, Brasil y Perú, puesto que todos los países han sentido el rigor de las condiciones adversas de la macroeconomía y la geopolítica mundiales.

§  Por el otro, al referirse específicamente a Colombia, afirma: “Si bien los resultados confirman el impacto negativo en la inversión del país del endurecimiento de las políticas monetarias para control de la inflación, también sugieren que la incertidumbre política ha jugado un papel importante en el caso de Colombia”.

En síntesis, los dos tipos de impactos, el político y social, por un lado, y el macroeconómico, por el otro, están afectando los niveles de incertidumbre en Colombia y por consiguiente la inversión privada, con sus consecuencias en el empleo, el desarrollo y el crecimiento del país. La dinámica de la economía es muy sensible a las percepciones de las personas y de los empresarios, frecuentemente decimos que “cada cual es dueño de su miedo”, cuando las señales muestran nubarrones, los mecanismos racionales y emocionales de conducta humanas llevan a reacciones de prudencia o abandono de la decisión o la inversión, para no elevar aún más los niveles de riesgo e incertidumbre. Gobierno Petro “póngase las pilas”, hay que crear condiciones para la certidumbre y para facilitar las decisiones de inversión, no alejar a los inversores con actitudes y acciones que afectan sus intereses privados desde el punto de vista de la ideología radical de izquierda del gobierno nacional.

 

sábado, 4 de febrero de 2023

EL PESIMISMO FRENTE A LAS POLÍTICAS DEL GOBIERNO PETRO

 Comentario 06/02/2023

 

EL PESIMISMO FRENTE A LAS POLÍTICAS DEL GOBIERNO PETRO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Es claro afirmar que el mundo entero se prepara para un 2023 con tendencia a la desaceleración de las economías y algunas de ellas en franca recesión, es decir, un período en el cual hay muy bajo o negativo crecimiento económico, lo cual ocasiona parálisis en la inversión, el empleo, el consumo, el ahorro y, por supuesto, grandes dosis de incertidumbre y angustia. Lo mismo, se está sintiendo en Colombia, donde el Banco de la República y las agencias de investigación económica ajustan sus expectativas de crecimiento del PIB a menos del 2%, acompañado de un nivel de inflación el cual, aunque será descendente con relación al 2022, será todavía muy alto, entre el 8 y el 10%. Este fenómeno de bajo o negativo crecimiento con alta inflación se conoce en economía como estanflación. Fenómeno que afectará a unos sectores económicos más que a otros, pero todos lo sentirán, lo malo, es que el señor invierno que nos acompaña, si se prolonga algunos meses más, acabará por empeorar las cosas, especialmente en alimentos, cosechas, transporte e infraestructura. Así mismo, la inflación, las tasas de interés y la devaluación, así como la carga de nuevos impuestos, el aumento del salario mínimo y la indexación psicológica de los consumidores, continuarán sintiéndose en un alto costo de vida.

Sin embargo, la incertidumbre que ya se siente en Colombia está acompañada por dos sensaciones muy desafortunadas para la economía y las expectativas: por un lado, desconfianza y por el otro, temor. Desconfianza en las nuevas políticas que propone e impone el gobierno de Gustavo Petro, ya que no se consideran, por un amplio sector ciudadano y de instituciones diversas nacionales e internacionales, como oportunas, viables, financiables o ejecutables. Por otro lado, se experimenta, por esos mismos u otros agentes que se sienten afectados, gran temor por lo que puede venir con dichas políticas o por cómo los puede afectar a ellos, sus familias, sus ocupaciones o sus empresas.

Los anuncios del nuevo gobierno salen a troche y moche, sin preparación ni evaluación sobre sus implicaciones y complejidades de implementación. Con contradicciones, afirmaciones, reafirmaciones y contra vías, aún de los propios miembros del gobierno, de los de su partido el Pacto Histórico y sus propios coequiperos de la coalición de gobierno pertenecientes a otras vertientes políticas, todos aspirantes a cargos, presupuestos y beneficios, lo cual incentiva más la incertidumbre, el temor y la desconfianza. Veamos algunas (son demasiadas) de las afirmaciones, propuestas, o planteamientos hasta ahora realizados, aún sin definir ni precisar en sus contenidos, sus alcances y sus consecuencias de todas las naturalezas. Algunos son pronunciamientos de Petro y otros, de sus ministros:

Comencemos por el discurso en la ONU en septiembre pasado, en el cual su tono no fue de propuesta o planteamiento para reflexionar y actuar, sino con desafío, regaño y amenaza, bajo el planteamiento central de que la “Guerra contra las drogas ha fracasado”, cargándole la culpa a los demás países, cuando somos los mayores productores y exportadores de cocaína. De hecho, Petro se ha negado en diversas formas con palabras sinuosas a combatir el narcotráfico. Ya quiere total permisividad con los cultivos ilícitos de pequeños productores y ver cuando el Estado puede ayudarlos a transformar sus fuentes de ingresos, con apoyo integral del propio Estado. Esto, mirado a simple vista es loable, pero conducirá a que más campesinos y personas quieran tener cultivos ilícitos pequeños ya que no serán combatidos y además les darán beneficios.

Con una ideología política estatizadora en muchos frentes de la economía, al mejor estilo socialista, al interior del país ha empleado los siguientes conceptos, también con tono airado y, generalmente, mesiánico. No son propuestas o afirmaciones que se vean como convenientes, no buscan cohesión ciudadana sino impacto político, simplemente son desafiantes, llenas de ideología, más que de verdaderas políticas de Estado para el bienestar y progreso de todos los ciudadanos:

  •  
  • “Tenemos un enemigo interno (se refiere a las leyes y las instituciones)”.
  • Anuncios anti-exploración y explotación del petróleo, el gas y el carbón, cuando Colombia aporta sólo el 0.37% de los gases de efecto invernadero del planeta y la actividad petrolera aporta menos del 1% de las emisiones del país, según afirmó Francisco José Lloreda presidente de la Asociación Colombiana de Petróleo (LR 23/01/2023).
  • “Si el mundo consume el carbón de Colombia la humanidad perecería”, afirma Petro. “Hay que descarbonizar el capitalismo y volver al poder planificador de las naciones, al estilo de los países socialistas”, como lo afirmó en Davos, Suiza.
  • “Hay que decrecer la economía para preservar el medio ambiente”.
  • La paz total con todo tipo de delincuentes, primeras líneas, narcotraficantes y guerrilleros, sin ser claro el sometimiento a la justicia, la no repetición y la reparación a las víctimas. Es un homenaje a la delincuencia y a la impunidad, contraria a todas las víctimas, a la justicia penal y a las instituciones democráticas que nos rigen.
  • Asambleas vinculantes para el plan nacional de desarrollo sin consultar las competencias, capacidades, prioridades y disponibilidades de los recursos públicos y sus compromisos. Un verdadero árbol de navidad populista con todos los pedidos de necesidades o anhelos insatisfechos.
  • Reforma tributaria enderezada a subir las tasas de tributación de personas y empresas, pero totalmente inoportuna ante el escenario económico que se avecina.
  • Anuncios tan descabellados como el de utilizar los fondos de ahorro de los ciudadanos en los Fondos de Pensiones para financiar obras de infraestructura a través de Colpensiones. O la creación de un sistema de pilares donde prácticamente el 97% de los ciudadanos dependerían del Estado para formar una pensión en el propio Colpensiones, lo cual conduciría a la desaparición de los Fondos Privados de Pensiones quienes son los grandes financiadores del propio Estado con sus inversiones en TES.
  • Modificaciones al sistema de salud, para depender de un sistema público, con desaparición del papel de las EPS como aseguradoras de la salud, minimizando su importancia y su contribución a la calidad de la salud en el país, frente a lo cual las encuestas de opinión muestran la alta favorabilidad que el sistema actual de salud tiene, al cual habrá que mejorarlo, pero no acabarlo y sustituirlo por algo totalmente estatal.
  • Modificaciones al sistema de contratación laboral, etc., entre otros, con contenidos populistas.

Algunas son ilusionantes promesas, sin estructuración ni financiación definida aún:

  • Pensión para los que no tienen pensión.
  • Tierra para los campesinos (3.000.000 de hectáreas). No expropiación, pero sí reforma rural con las mejores tierras.
  • Rebaja en las tarifas de energía con intervención del sector eléctrico.
  • Libertad para las primeras líneas quienes serán voceros o gestores de paz, cuya definición aún no se conoce.
  • 100.000 jóvenes con pago de un millón mensual como gestores de paz (¿parecido a los comandos en otros países radicales?)
  • Control del mercado cambiario y controles de precios para combatir la inflación.
  • Congelamiento de peajes con afectación a la estructura de los contratos de los constructores de las vías e inestabilidad jurídica de los mismos.
  • Educación superior gratuita en todos los establecimientos.
  • Invitación a las calles para defender las reformas del cambio de Petro, azuzando la confrontación política y por esa vía, la eventual agresión física de unos ciudadanos frente a otros que no comulgan con sus ideas. Poco de concordia, mucho de desafío y descalificación de los contrarios, cuando él ganó con un 51% de los votos y debe gobernar para todos los ciudadanos.

Con estos anuncios no puede ser menor la sensación de desconfianza, temor, incertidumbre e inseguridad, todo lo cual le pone más “pique” al desafiante año económico que se avecina. A más del efecto de pérdida de dinámica económica en todo el mundo, en Colombia tenemos el efecto Petro, obstinado por concentrar más poder e injerencia del Estado en toda la economía, adobado con su estilo de corte autocrático, autoritario e imperativo. Con razón las encuestas de opinión muestran una respuesta desfavorable sobre las expectativas para el 2023 por parte de los ciudadanos: es el pesimismo frente a la recesión, con un “conductor” en la presidencia desconcertante. Todos los días habla de cosas diferentes, es inacabable, aunque en realidad poco profundo, y en muchas ocasiones, con cartas ocultas o de doble contenido. Hasta se atrevió a emplear un espacio televisivo para un discurso político a los ciudadanos colombianos el 24 de diciembre pasado, fecha para el encuentro familiar y el sosiego.

 

 

 

 

 

 

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