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martes, 21 de julio de 2026

EL FRACASO DE LAS NACIONES

 Comentario 21/06/2026

 

EL FRACASO DE LAS NACIONES

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

Para 1950, tomado como punto de referencia, Corea del Sur era más pobre que casi todos los países latinoamericanos; hoy es una potencia tecnológica reconocida a nivel mundial. En contraste, América Latina en 1950 tenía:

  • PIB per cápita muy superior al coreano (Argentina y Uruguay estaban entre los más ricos del mundo).
  • Mayor urbanización y base industrial inicial importante (México, Brasil, Argentina).
  • Sin embargo, estructuras productivas dependientes de materias primas y poca diversificación.

La clave del progreso extraordinario de Corea del Sur desde 1950 se explica por una combinación de políticas estatales coherentes, industrialización orientada a la exportación, fuerte énfasis en la educación y una coordinación estrecha entre el Estado, las empresas y la academia.

Corea del Sur logró una convergencia económica con países desarrollados, así:

  • PIB per cápita cercano al de países europeos desarrollados.
  • Líder global en semiconductores, automóviles, electrónica, construcción naval y robótica.
  • Empresas como Samsung, Hyundai, LG son actores globales.
  • Educación altamente competitiva, fuerte inversión en Investigación y Desarrollo (I+D).
  • Distribución del ingreso más equitativa que la mayoría de los países latinoamericanos.

Todo lo anterior nos debe invitar a la reflexión sobre qué tanto pueden ser exitosos los países o qué tanto su desenvolvimiento los puede conducir al fracaso. Las naciones no fracasan por falta de recursos naturales, por condiciones geográficas adversas o por supuestas diferencias culturales. Fracasan, ante todo, por la calidad de sus instituciones y las rivalidades políticas (polarización y pugnacidad). Cuando las reglas del juego político y económico se diseñan para beneficiar a unos pocos (grupos económicos, sociales o políticos) a costa de la mayoría, el resultado es un círculo vicioso de pobreza, confrontación, desigualdad y estancamiento.

Las instituciones que concentran el poder y permiten que élites políticas, sociales o económicas capturen la riqueza generan incentivos perversos. En estos sistemas, innovar es riesgoso, invertir es inútil y prosperar es casi imposible sin conexiones políticas. La ciudadanía pierde confianza, la economía se vuelve ineficiente y el Estado se transforma en un mecanismo de extracción, no de desarrollo.

Por el contrario, las instituciones que distribuyen el poder, protegen los derechos de propiedad, garantizan la competencia y permiten que la ciudadanía participe en las decisiones colectivas son las más exitosas. Estas instituciones fomentan la creatividad, la movilidad social (progreso y bienestar) y la inversión de largo plazo. No prometen perfección, pero sí crean las condiciones para que la sociedad avance.

El fracaso nacional ocurre cuando las instituciones excluyentes se consolidan y se vuelven difíciles de desmontar. Los grupos de poder que se benefician del sistema tramitan reformas a su favor, temen perder privilegios y perpetúan estructuras que impiden el progreso. Así, la historia de muchas naciones es el relato de cómo grupos poderosos (económicos, políticos o sociales), quienes moldean el Estado para su beneficio —incluso si eso significa sacrificar el bienestar colectivo—, han conducido al fracaso de sus naciones.

En última instancia, las naciones fracasan porque el poder se concentra y se usa para excluir, no para construir. Y prosperan cuando el poder se distribuye (descentralización y autonomías regionales, con competencias y recursos), no cuando se centraliza. Así, el desarrollo no es un accidente: es el resultado de instituciones que permiten que la mayoría participe, innove y se beneficie del crecimiento. En consecuencia, el fracaso de las naciones no es un accidente histórico ni un efecto inevitable de la geografía o la cultura.

En el caso colombiano, las causas profundas se encuentran en la estructura y evolución de sus instituciones y sus grupos de poder, quienes durante largos periodos han funcionado de manera concentrada, centralizada y excluyente, favoreciendo a grupos reducidos y limitando las oportunidades de la mayoría. Esta dinámica, lejos de ser abstracta, se manifiesta en la vida cotidiana: desigualdad persistente, baja movilidad social, economías regionales atrapadas en ciclos de violencia y un Estado que avanza, pero de forma desigual y fragmentada.

Colombia no fracasa por falta de recursos ni por carencias culturales. Fracasa allí donde el poder se usa para excluir y donde la ciudadanía y las regiones quedan atrapadas en estructuras que limitan su potencial. Colombia prosperará en la medida en que logre construir instituciones verdaderamente representativas, capaces de integrar territorios, distribuir oportunidades (no centralizarlas) y romper los círculos de desigualdad que han marcado su historia.

Colombia se ha caracterizado a lo largo de los años por:

  • Instituciones que excluyen más de lo que integran: poderes centralizados y concentrados.
  • Territorios desconectados del Estado: no hay visión nacional de región, ni autonomía en sus competencias y decisiones.
  • La economía atrapada entre la informalidad y la captura de beneficios para unos pocos.
  • El círculo vicioso de la desigualdad: el progreso desigual de los territorios y la concentración de la riqueza impiden superar las brechas de la desigualdad.

¿Por qué Colombia no ha fracasado del todo?

Colombia es un caso híbrido: no es un Estado fallido, pero tampoco es un Estado plenamente exitoso. Su resiliencia institucional —modelo democrático, instituciones independientes, elecciones regulares, prensa relativamente libre, banca sólida, ciudades innovadoras— convive con fallas estructurales profundas. Esta dualidad explica por qué el país progresa, pero lo hace de manera desigual, lenta y con retrocesos frecuentes.

Colombia prosperará a niveles superiores de crecimiento y desarrollo si y solo si logra construir instituciones verdaderamente democráticas, representativas, eficientes, descentralizadas y no corruptas, capaces de integrar territorios, pero con visión de país y de región, no solo de país. Si, además, logra distribuir oportunidades y romper los círculos de desigualdad que abaten muchas regiones de su geografía.

 

sábado, 9 de septiembre de 2023

LA SOLEDAD DEL PODER

 Comentario 23/10/2023

 

LA SOLEDAD DEL PODER

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Se comenta a menudo cómo cambian las personas cuando están en el poder, tanto que existe un adagio popular: “si quieres conocer a una persona, dale poder”. Poder, dinero, progreso, prestigio, reconocimiento, admiración y respeto suelen ser ambiciosas metas del ser humano en diferentes etapas de la vida, pero especialmente en su juventud y en su madurez, ya que, en la vejez, muchas de las veleidades de esas características suelen transformarse en necesidades de paz, salud, compañía y bienestar.

Además, las personas esperan que, precisamente, el poder les genere dinero, progreso, prestigio, reconocimiento, admiración y respeto, lo cual frecuentemente es así, pero no necesariamente es siempre así. Sin embargo, el dinero, el poder y el prestigio son, casi siempre, temporales, provisionales o efímeros.  Suele hablarse del triángulo del poder cuyos tres vértices son prestigio, poder y dinero. Su dinámica se basa en reflexiones tales como: "El poder genera dinero", "El dinero genera prestigio" y "El prestigio genera poder" con lo cual se cierra un círculo. Se supone que cada elemento del triángulo retroalimenta al siguiente, lo que crea la posibilidad a cada variable de incrementarse. Pero este circuito es limitado en el tiempo, llega el momento en que se rompe, en alguna forma.

Por supuesto, hay maneras diferentes de tener dinero para obtener prestigio y poder, hay personas que gozan de un gran reconocimiento y notoriedad sin ser personas que directamente tengan poder. El prestigio puede expresarse en muchas formas según donde se origine, si es de carácter político, institucional, profesional, por labor social, deportiva, académica, cultural, etc. y, en general, lo acompañan la influencia y el acatamiento. En cualquiera de sus formas (dinero, prestigio, etc.) la ambición de el poder es una de las metas más comunes en el ser humano. Algo que a nivel político se ve mucho más claramente, sobre todo porque los gobiernos son la parte más visible de la sociedad, así que sus prácticas están más a la vista de todos, especialmente el presidente de una nación.

Y es en el campo político al cual queremos referirnos, porque en él se mezclan ideologías, ambiciones, fenómenos de corrupción, de clientelismo, de gobierno y de oposición, de interacción con otras ramas del poder público y de reacciones del pueblo gobernado favorables o desfavorables, como también de influencias nacionales y extrajeras, buenas y malas, en un período de tiempo dispuesto para examinar, para decidir y para ejecutar una labor de gobierno. Nos referimos, por supuesto al gobierno de Gustavo Petro, sometido a todas las circunstancias anteriormente descritas.

En política frecuentemente se afirma que: “El primer año es del gobierno, el segundo del congreso, el tercero de la incertidumbre y el cuarto, de la influencia de la nueva campaña política y sus participantes”. Aunque el nuevo mandatario solo asumirá el poder después de las elecciones generales, que se celebrarán a finales del cuarto año del gobierno anterior o antes si se convocan en forma anticipada, la campaña electoral para un nuevo gobierno suele tener una gran influencia en el gobierno de turno, dado el nivel de la controversia política y electoral. Precisamente, alrededor de esas circunstancias que rodean a un presidente, dado que sólo el primer año suele estar bajo el control pleno del gobernante, se llega a hablar de la “soledad del poder”.

La soledad del poder es un tema que ha sido abordado por diversos autores, desde la literatura hasta la política. Se trata de la sensación de aislamiento, incomunicación y angustia que experimentan algunos gobernantes o líderes cuando tienen que enfrentar decisiones difíciles que afectan a la sociedad o a su gobierno y, con frecuencia, más al término de su período de gobierno. La soledad del poder implica la necesidad de una gran madurez política del gobernante que la padece, por la falta de apoyo, por un lado, y por la conciencia de las consecuencias de los actos propios, por el otro. Ahora, qué ocurre si un gobernante, como Gustavo Petro, ni siquiera tiene el control del primer año, dado que son tantos los sobresaltos, que es más el tiempo que se dedica a defenderse o atacar a sus opositores que a gobernar y con frecuentes e inexplicadas ausencias e incumplimientos. Hay hechos muy notorios que demuestran este aserto:

Comencemos por este último capítulo, sus continuas sus ausencias sin motivo, razón o explicación conocidos: 85 ausencias comprobadas hasta ahora, con rumores sobre inhabilidades o incapacidades o situaciones de salud mentales o físicas que pueden afectar sus capacidades y competencias. Existen muchas dudas sobre si la conducta del presidente obedece a algún tipo de enfermedad física o sicológica y que eventualmente ésta lo inhabilite para el ejercicio de su cargo; de hecho, varios partidos políticos solicitan que certifique con la opinión de un consejo médico calificado su estado de salud, a lo cual él se niega.

  • Los cambios de funcionarios se han vuelto frecuentes (ministros y viceministros) cerca de 50 cambios en lo corrido en sólo un año de gobierno. Inestabilidad en su “nómina de jugadores titulares” con cargos que rotan mucho o que no se llenan y que son sensibles a toda la comunidad.
  • Ideas a “troche y moche”, en forma desordenada, irracional o excesiva, sin tener en cuenta las consecuencias o las normas.
  • Proyectos de cambio a través de las reformas planteadas (salud, laboral, pensiones y política) con consecuencias negativas para el país, los cuales quiere imponer y, por lo mismo, son fruto de gran controversia nacional.
  • El proceso de la paz total lleno de incertidumbre y de “ires y venires”, con afectación a la seguridad y convivencia ciudadana en muchas regiones del país. Negociación con delincuentes, no sólo con insurgentes. Se recuerda el pacto de la Picota y la idea de negociar con narcos y grupos de delincuencia organizada.
  • Relaciones muy accidentadas con los partidos políticos, los alcaldes y los gobernadores.
  • Funcionarios cercanos con investigaciones sobre temas de mucha gravedad.
  • Las actuaciones de los miembros de su familia, como Nicolás Petro y su exesposa, y sus consecuencias en la campaña electoral del año pasado por violación de topes y origen de los recursos.
  • Relaciones internacionales llenas de sobresaltos con países vecinos y aliados.
  • Intervencionismo en diferentes sectores privados (energía, minería, café, petróleo, etc.).
  • Políticas sobre medio ambiente, energía e hidrocarburos que no consultan el horizonte de largo plazo del país, sus capacidades, reservas y necesidades. Pura política, poca sindéresis sobre los temas y con cambios de opinión al ritmo de los acontecimientos. Digamos etc., para no alargarnos.

La soledad del poder debe ser muy dura cuando ni siquiera durante el primer año de gobierno, la buena ventura ha acompañado al presidente Gustavo Petro y su gobierno.


jueves, 18 de mayo de 2023

LOS ROLES DE LOS ESTADOS DEMOCRÁTICOS

 Comentario 29/05/2023

 

LOS ROLES DE LOS ESTADOS DEMOCRÁTICOS

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Aunque no existe una definición única, en general se acepta que el Estado es una forma de organización política de una comunidad (los ciudadanos de una nación) que viven en un territorio determinado (su geografía), y están sometidos a una constitución (las leyes que los rigen), a unos los órganos de gobierno (el poder público), y a unas instituciones que ejercen poder para organizar la población y el territorio.

Normalmente, en los Estados modernos, existen tres poderes diferenciados: legislativo, ejecutivo y judicial, así: Poder legislativo: Encargado de elaborar las leyes que rigen el Estado; Poder ejecutivo: Es el encargado de administrar el Estado. En un régimen presidencialista este poder lo ejerce el presidente, quien es elegido democráticamente a través del voto popular. En un régimen parlamentario, lo ejerce un primer ministro que preside el gobierno, el cual se forma según los acuerdos entre los partidos; y finalmente, el Poder judicial: Encargado de administrar la justicia y hacer cumplir la ley.

Estos tres poderes deben ser independientes entre sí. De esta forma, un poder no controla a los otros, aunque sí puede vigilarlos e interactuar con ellos en forma armónica para el beneficio de toda la comunidad. Asimismo, se les puede diferenciar por los distintos encargos que deben cumplir, pues el Estado tiene la función de legislar (elaborar leyes), ejecutar (llevar a cabo la administración estatal) y enjuiciar (a través del poder judicial).

Ahora, lo más importante de un Estado es su relación con la sociedad, la cual está imbuida de las conductas políticas de los gobernantes de turno, es decir, no todos los gobiernos se relacionan de igual manera con los ciudadanos, su propiedad privada, sus derechos y deberes y sus actividades económicas. Además, el concepto de propiedad y el de la libertad para ejercer iniciativas privadas son determinantes para entender el tipo de sociedad de cada nación.

También, la función del Estado, como un todo, puede, en sí misma, tener una orientación, desde un Estado plenamente liberal hacia un Estado social de derecho, como es Colombia actualmente, y luego de la constitución de 1991. El rol del Estado Social de Derecho en Colombia propende no sólo por la igualdad de derechos y deberes para todos, sino, además, por suprimir la desigualdad social. Con el término ‘social’ se señala que la acción del Estado debe dirigirse a garantizar a los ciudadanos condiciones de vida dignas, en todo lo posible. Es decir, con este concepto se resalta que la voluntad de la Constituyente de 1991 en torno al Estado no se reduce a exigir que no interfiera o recorte las libertades de las personas, sino que también exige que el mismo se proponga contrarrestar las desigualdades sociales existentes y a ofrecerle a todos las oportunidades necesarias para desarrollar sus aptitudes y para superar los apremios materiales. Sus propósitos poseen mayor alcance y tienen en cuenta, entre otros, fomentar la prosperidad general, asegurar la eficacia de las normas, derechos y deberes estipulados en la Constitución, permitir la intervención de todos en las determinaciones que repercuten en ellos a través de la opinión y el voto, e incidir, por lo tanto, en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación, para garantizar el ejercicio de un orden justo.

Para esto, el Estado Social de Derecho en Colombia dispone de facultades de participación en la economía, las cuales deben estar enfocadas a conseguir los propósitos generales del Estado y los objetivos específicos de la intervención económica enunciados fundamentalmente en el artículo 334 de la Constitución de “asegurar que todas las personas, en particular las de menores ingresos, tengan acceso efectivo a los bienes y servicios básicos” (art. 334 de la C.P., inc. 2°).

El alcance del principio de Estado Social de Derecho en Colombia respecto de la relación entre las autoridades y las personas individualmente consideradas es bastante amplio, y se ve reforzado por los principios fundamentales de la dignidad humana, el trabajo, la solidaridad (art. 1° de la C.P.) y la igualdad (art. 13 de la C.P.). De hecho, los rubros de mayor peso en el presupuesto público de Colombia son salud, educación, la protección y el bienestar social, los cuales representan un poco más del 60% de las erogaciones. Si se excluye el servicio de la deuda, este porcentaje sería de cerca del 80%. Entendido el concepto de Estado social de derecho, como promotor del bienestar para todos los ciudadanos, sin embargo, la profundidad de su intervención en los intereses privados varía de grado y orientación en dos ámbitos diferentes:

Por un lado, en materia de propiedad, desde una propiedad individual hasta una propiedad que busca ser colectiva. Por supuesto, y por definición, la propiedad colectiva busca ser más social, solidaria y más igualitaria, que la propiedad exclusivamente individual. Si bien la constitución colombiana proclama que, de todas maneras, la propiedad privada, siendo privada, tiene una función social y por eso está sometida a gravámenes de diferente tipo y a regímenes de aprobación o licencia previas para su uso y disfrute, en muchos casos. Además, en situaciones en las cuales razones de utilidad pública o interés social resulten en conflicto, el interés privado deberá ceder al interés público o social. Este límite de la propiedad privada presupone que exista una ley previa que defina los motivos de utilidad pública o de interés social. De allí, que ciertos proyectos privados tengan que consultar un rasero público social, económico, ambiental o comunitario, para poderse ejecutar.

Por otro lado, la participación del Estado en el desenvolvimiento económico del país puede ser de una característica muy interventora y ejecutora, por sí misma, o de una condición más supervisora de la actividad privada para evitar los exceso y abusos de las empresas e intereses monopólicos, oligopólicos o dominantes. La orientación, entonces, de los Estados democráticos según su inclinación constitucional o la específica intención política de sus gobernantes variará desde una orientación social-democrática hasta una orientación capitalista-democrática.

No hablamos de Estados comunistas donde hay restricción a las libertades civiles ni de los Estados exclusivamente neoliberales, ni tampoco de corrientes políticas tales como: liberalismo, conservatismo, progresismo, anarquismo, fascismo o comunismo, entre otros grados y matices que puedan existir. Estos últimos son ideologías que los gobernantes llevan a su estilo de gobierno, aún dentro de una misma constitución.

En general, el intervencionismo de Estado, con gobiernos que tratan de ser injerencistas, limita la iniciativa privada y termina por anular la competencia y la competitividad empresarial, al concentrar muchas actividades en cabeza del Estado, con los problemas de corrupción, ineficiencia y politiquería que los suele acompañar, restándole oportunidad a los particulares para realizar su labor de progreso y bienestar.

sábado, 25 de septiembre de 2021

EL VACÍO DE PODER

 Comentario 27/09/2021

 

EL VACÍO DE PODER

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En los países latinoamericanos existe la tendencia a generar vacíos de poder, especialmente en épocas preelectorales, dado que los viejos copartidarios se alejan del actual gobernante para quedar con las manos sin ataduras y poder presentar sus opiniones y propuestas sin las reservas que pudo haber dejado la actuación del gobierno anterior.

Y, el gobernante, a su vez, debe generar la efectiva independencia de las tendencias y eventos electorales, porque, de lo contrario, los hechos de gobierno, el desarrollo de iniciativas o la promoción de nuevas leyes pueden ser vistos como tendenciosos y favorecedores de sus correligionarios y opuestos a los contradictores, frecuentemente con violación de códigos o normas que prohíben estas actuaciones y las sancionan, entre ellas las llamadas leyes de garantías.

Generalmente, en época electoral, se congelan ciertos gastos del presupuesto o la iniciativa de nuevas contrataciones o de campañas de promoción y publicidad de proyectos o ejecuciones gubernamentales. La oposición enfila baterías para cuestionar cada acto de gobierno que consideran de intervención en política electoral y favorecimiento de los candidatos y las ideas de su corriente política.

En esas circunstancias, lo que puede ocurrir es una especie de vacío de poder, real o imaginaria, si el gobernante no se "amarra los calzones” y deja de lado el momento electoral para enfocarse decididamente en terminar su obra de gobierno. Simplemente, esto no es una conducta fácil por estar cerca el término de su mandato y verse sometido a todo tipo de críticas, no en vano este período se ha llamado “con el sol a la espalda”, para significar que ya viene el ocaso de un gobierno, un poco en el sentido de que ya su turno terminó.

Sin embargo, lo peor que debe hacer un gobernante es abandonar su programa de gobierno dadas las circunstancias diferentes que atraviesa y, en ocasiones, las circunstancias difíciles de ese último año de mandato. Eso es, precisamente, el vacío de poder es como si viviéramos en la sombra, pero con el sol de frente, porque el país y sus soluciones no se pueden aplazar hasta que pase el período electoral, con toda su fanfarria de promesas y, muchas veces, con profundos vacíos de soluciones reales, sólo promesas, que suenan lindas y redentoras, pero que no consultan las realidades y las capacidades que el país y sus presupuestos tienen.

Lo frecuente es que los políticos con pretensiones electorales lanzan todo tipo de propuestas, sin indicar ni el cómo las van a realizar, con cuáles recursos y con qué duración en su ejecución y cumplimiento. Palabras llenas de vacío, pero convincentes ante las necesidades de la población, la cual, ingenuamente, y, a pesar de que la historia les demuestra que los cumplimientos son muy pocos, siguen creyendo en los candidatos y más en los que hábilmente, dicen y predican lo que el pueblo quiere oír.

Así, por acción del gobernante y sus colaboradores o por las actuaciones de la clase política, sobreviene un vacío real de poder en la decisión o en la gestión. Con frecuencia escuchamos que ya como viene el último año del gobierno de turno, hay que aplazar las iniciativas en curso y ni hablar de las que apenas están en los inicios de su trámite.

Ahora, se aducen restricciones legales, inconveniencias políticas o cualquier otra excusa para aplazar las decisiones y las acciones. Se indica que no son sólo las ataduras que se derivan del cumplimiento de las leyes, sino también de los presupuestos que se agotan y los tiempos que se achican, así como la escasa voluntad de los funcionarios por permanecer en el gobierno hasta su último día, los cuales, generalmente buscan otros refugios alternativos en forma pronta, sobre todo si tienen aspiraciones políticas y electorales.

Si el gobernante no se para al frente del país y de sus compromisos para cumplirlos, o, al menos, avanzarlos, puede pasar un largo período de tiempo sin ejecuciones o realizaciones significativas. Así las cosas, se puede volver a un período de parálisis.

Pero si a lo anterior sumamos el primer año del gobierno siguiente, el cual apenas entra a “afinar los instrumentos y el grupo de músicos”, de nuevo podemos tener otro vacío de poder en la ejecución de las obras que el país requiere.  Todo nuevo gobierno, normalmente, tiene que “formar” equipo de gobierno en el propio ejecutivo, en el legislativo y en el poder judicial, sintonizando tiempos y prioridades, aprobaciones y avances, para poder empezar a ejecutar lo que se propone.

Es de suma importancia que el gobierno que está de salida termine lo mejor posible su labor, y, el que está de llegada, no se demore en la ejecución de su programa de gobierno, que en ese momento debería estar completamente definido, de tal manera que el país se gane, entre los gobiernos salientes y entrantes, hasta dos años de ejecución.

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