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sábado, 20 de septiembre de 2025

RIQUEZA VERSUS PROSPERIDAD

 Comentario 22/09/2025

 

RIQUEZA VERSUS PROSPERIDAD

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Empecemos por decir que crecer en prosperidad es diferente a crecer en ingresos, pero sin un mínimo de ingresos no hay prosperidad. Por prosperidad vamos a entender tres características básicas de vida:

  • Vida saludable.
  • Esperanza y calidad de vida.
  • Participación con otros.

Es necesario tener esas características para ser prósperos y centrarnos en valores de vida diferentes del dinero, como son:

  • La familia.
  • Las amistades.
  • El sentido de pertenencia.
  • Sentido de comunidad.
  • La identidad propia.
  • Significado de vida.
  • Propósito de vida.
  • Integridad personal.
  • El consumo corriente y durable.

Todo ello sin afectar los recursos que disponemos o el medio ambiente, frente a lo cual tenemos una visión moral que cumplir consigo mismos, con los demás y con los que nos siguen.

Tener cosas ayuda a soportar el nivel social de las personas. Tener dinero es sinónimo de estatus social; no tener el mínimo necesario es “pobreza” o ausencia de bienestar, aunque las personas pobres también pueden ser felices.

¿Dónde está la diferencia? Los países más ricos no necesariamente son los más felices. El concepto de felicidad es diferente para cada persona según el entorno donde vive y la sociedad en la que participa. Hay una relación entre la manera de ser y pensar, y el bienestar de cada individuo. Muchas veces tener más es solo haber acumulado más bienes o dinero; quizás nos da más estatus social, pero no más felicidad. Personas aún con muchos recursos y posesiones se sienten infelices y aún tienden al suicidio. La felicidad parece tener más que ver con nuestra actitud de vida, creencias y valores que con nuestras posesiones. De hecho, hay personas que han entregado sus riquezas para servir a la comunidad y así han encontrado su felicidad.

¿Pero qué motiva o mueve el progreso social y personal? Los ingresos son necesarios, pero no son suficientes para la prosperidad. La esperanza de vida mejora con el ingreso, pero llega un momento en que más ingresos no agregan más esperanza de vida ni más felicidad. Inclusive hay países con menores ingresos que tienen mejor esperanza de vida que otros de mayores ingresos.

 

lunes, 12 de febrero de 2024

PROSPERIDAD Y FELICIDAD

 Comentario 12/02/2024

 

PROSPERIDAD Y FELICIDAD

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En un interesante libro del autor británico Tim Jackson, denominado “PROPSPERITY WITHOUT GROWTH”, se hacen reflexiones sobre el concepto de prosperidad y cómo éste no está determinado únicamente por el crecimiento económico y el tamaño del PIB per cápita de los países. El texto está fundamentado en estudios científicos poblacionales realizados en diferentes países con condiciones distintas de ingreso por habitante, edades, escenarios de vida, crecimiento económico, educación y bienestar social, éste último, proporcionado por los Estados.

Lo primero que hace es discutir el término prosperidad, cómo se entiende en los países más diversos, para encontrar que la prosperidad no es un concepto universal ni único, su interpretación depende de la cultura y las costumbres y, por supuesto, del entorno de cada país el cual puede verse afectado por el delito, el narcotráfico, la corrupción, la violencia de todo tipo, los grupos de poder, etc., como también por el orden, la cultura ciudadana cívica, las buenas costumbres, los valores humanísticos, los niveles educativos, etc. Sus estudios le permiten concluir que puede ser más próspero alguien que se eduque que alguien que simplemente tiene mucho dinero. Aquí entran a jugar conceptos subjetivos asociados a la prosperidad tales como: felicidad, bienestar, calidad de vida, ingresos, utilidad, seguridad, plenitud, satisfacción de vida, familia y amigos, entre otros. Encuentra el profesor Jackson, por consiguiente, que existe una gran correlación entre la felicidad y el bienestar de vida, pero no así entre la misma felicidad y los ingresos per cápita.

Hay sociedades con menor ingreso per cápita que se manifiestan muy felices, como es el caso de Colombia, calificado como uno de los países más felices del mundo, a pesar de que los ingresos por habitante están muy lejos de los países más desarrollados. De hecho, hay países de bajo ingreso por habitante y de bajo crecimiento económico cuyos ciudadanos afirman vivir muy felices, pero en este caso se refieren más a la satisfacción de vida que al ingreso, la seguridad o la utilidad.

La prosperidad y el bienestar son conceptos bien diferentes en la mente de las personas cuando se tratan de asociar con el ingreso. Obviamente se requiere un mínimo de ingresos para tener bienestar y para sentir prosperidad, sin embargo, crecer en ingresos no necesariamente se traduce en más felicidad, de hecho, las personas de altos ingresos se manifiestan tan felices como otros de menos ingresos, pero en muchas ocasiones más infelices que los demás.

A diferencia del ingreso, como el causante del bienestar de vida y de la felicidad, el profesor Jackson asocia estas últimas sensaciones con tres conceptos relevantes en general:

 

  1. Vida saludable: es decir condiciones de vida razonables en cuanto alimentación, salud, recreación, deporte, placeres sanos, buen dormir y medio ambiente.
  2. La esperanza de vida: aunque reconoce que hay factores genéticos involucrados, especifica que las sociedades que logran mayor esperanza de vida intrínsecamente demuestran mayores niveles de tranquilidad, relaciones sociales pacíficas y armónicas y, por supuesto, costumbres de vida sanas.
  3. Participación en la comunidad: este factor lo considera indispensable para el bienestar, tener algún tipo de relación con otros miembros de la comunidad, en forma estable y participativa, cualquiera que sea la naturaleza de esa relación. Advierte que una de las causas de mayor infelicidad y enfermedades físicas y mentales es justamente la soledad y el aislamiento.

Lamenta el profesor Jackson que lo que en realidad nos interesa, lo estemos traduciendo en consumo más que en bienestar. Los factores de familia, amistad, sentido de comunidad, sentido de pertenencia, estatus social, propósito de vida, identidad, entre otros, nuestra sociedad de consumo trata de rodearlos de bienes y propiedades para poderlos disfrutar, lo cual no debe ser así. Éstos son valores por sí mismos, no por lo que el resto de la sociedad piense de ellos o haga con ellos. Por ejemplo, el sentido de familia frecuentemente está más arraigado en familias aún de menores ingresos que en familias de altos ingresos, donde, en muchos casos, justamente los ingresos se han vuelto el origen y la causa de la división familiar. En otro caso, por ejemplo, nuestra sociedad le da valor al estatus social que se logra con la acumulación de bienes, pero esto no necesariamente nos hace mejores personas o personas con más bienestar de vida o satisfacción de vida.

En síntesis, se afirma que tener dinero es sinónimo de estatus social, no tenerlo es considerado pobreza o ausencia de bienestar, aunque las personas pobres muchas veces se ven muy felices. Sin embargo, hay una relación entre la manera de ser, de tener, de pensar y de obrar y el bienestar de cada individuo, numerosas veces tener más no es sentirse mejor, es sólo haber acumulado más bienes o dinero, lo cual quizás nos proporcione más estatus social, pero no necesariamente más felicidad. En ocasiones, personas, aún con más recursos y posesiones, se sienten infelices y algunos, lamentablemente tienden al suicidio físico o mental (separarse de la comunidad o de la familia y amigos).

La felicidad no es ausencia de problemas, es la habilidad para tratar con ellos y resolverlos o mitigarlos de manera satisfactoria y a tiempo. La felicidad, en consecuencia, parece tener más que ver con nuestra actitud de vida y nuestras creencias y valores positivos, que con nuestras posesiones. De hecho, hay muchas personas en la historia que han entregado sus bienes para servir a los demás y así han encontrado la felicidad y, en algunos casos, la santidad. En cambio, hay muchos que son islas de prosperidad y océanos de infelicidad. Si esto es así, ¿qué nos motiva, entonces, al progreso social o personal mediante el dinero?

En la práctica, los ingresos son necesarios, pero no son suficientes para garantizar la prosperidad o para apuntalar la felicidad. La esperanza de vida, en general, mejora con el ingreso, pero llega un momento en el que más ingreso no agrega más esperanza de vida. Inclusive hay países de menores ingresos que tienen mejor esperanza de vida que otros de mayores ingresos.

Nuestra felicidad, bienestar y progreso depende más de nosotros mismos y de nuestra adecuada relación con los demás, que de los bienes y el dinero que tengamos o de lo que otros piensen de nosotros. Ojalá estos valores se inculquen desde la niñez a los ciudadanos colombianos, para lo cual las familias y los centros de educación tienen mucho que decir.

 

sábado, 31 de julio de 2021

PROSPERIDAD SIN CRECIMIENTO

 Comentario 02/08/2021

 

PROSPERIDAD SIN CRECIMIENTO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En un interesante libro del autor británico Tim Jackson, denominado “PROSPERITY WITHOUT GROWTH”, se hacen reflexiones sobre el concepto de prosperidad y cómo no está determinada únicamente por el crecimiento económico y el tamaño del PIB per cápita de los países. El texto está fundamentado en estudios científicos poblacionales realizados en diferentes países con condiciones distintas de ingreso por habitante, edades, escenarios de vida, crecimiento económico, educación y bienestar social proporcionado por los Estados.

Lo primero que hace es discutir el término prosperidad, cómo se entiende, para encontrar que la prosperidad no es un concepto universal ni único, cuya interpretación depende de la cultura y costumbres y del entorno de cada país: puede ser más próspero alguien que se eduque y progrese que alguien que simplemente tiene mucho dinero. Aquí entran a jugar conceptos tales como: felicidad, bienestar, calidad de vida, ingresos, opulencia, utilidad, seguridad, plenitud, satisfacción de vida, entre otros, encontrando que existe una gran correlación entre la felicidad y el bienestar de vida, pero no así entre la misma felicidad y los ingresos per cápita.

Hay sociedades con menor ingreso per cápita que se manifiestan muy felices, como es el caso de Colombia, calificado como uno de los países más felices del mundo, sin embargo, muy lejos de los ingresos por habitante de los países más desarrollados. De hecho, hay países de bajo ingreso por habitante y de bajo crecimiento económico cuyos ciudadanos afirman vivir muy felices, pero en este caso se refieren más a la satisfacción de vida que al ingreso, la opulencia, la seguridad o la utilidad.

La prosperidad y el bienestar son conceptos bien diferentes en la mente de las personas cuando se tratan de asociar con el ingreso. Obviamente se requiere un mínimo de ingreso para tener bienestar y para sentir prosperidad, sin embargo, crecer en ingresos no necesariamente se traduce en más felicidad, de hecho, las personas de altos ingresos se manifiestan tan felices como otros de menos ingresos, pero en muchas ocasiones más infelices que los demás.

A diferencia del ingreso como el causante del bienestar de vida y la felicidad, el profesor Jackson lo asocia con tres conceptos relevantes en general:

  1. Vida saludable: es decir condiciones de vida razonables en cuanto alimentación, salud, recreación, deporte, placeres sanos, buen dormir y medio ambiente.
  2. La esperanza de vida: aunque reconoce que hay factores genéticos involucrados, especifica que las sociedades que logran mayor esperanza de vida intrínsecamente demuestran mayores niveles de tranquilidad, relaciones sociales pacíficas y armónicas y de costumbres de vida sanas.
  3. Participación en la comunidad: este factor lo considera indispensable para el bienestar, tener algún tipo de relación con otros miembros de la comunidad, en forma estable y participativa, cualquiera que sea la naturaleza de esa relación. Advierte que una de las causas de mayor infelicidad y enfermedades físicas y mentales es justamente la soledad y el aislamiento.

Lamenta que lo que en realidad nos interesa, lo estemos traduciendo en consumo más que en bienestar, los factores de familia, amistad, sentido de comunidad, sentido de pertenencia, estatus social, propósito de vida, identidad, entre otros, nuestra sociedad de consumo trata de rodearlos de bienes y propiedades para poderlos disfrutar, lo cual no debe ser así. Estos son valores por sí mismos, no por lo que el resto de la sociedad piense de ellos o haga con ellos. Por ejemplo, el sentido de familia está muy arraigado en familias aún de menores ingresos más que en familias de altos ingresos, donde, en muchos casos, justamente los ingresos se han vuelto el origen y la causa de la división familiar. En otro caso, por ejemplo, nuestra sociedad le da valor al estatus social que se logra con la acumulación de bienes, pero esto no necesariamente nos hace mejores personas o personas con más bienestar de vida o satisfacción de vida.

En síntesis, afirma, tener dinero es sinónimo de estatus social, no tenerlo es considerado pobreza o ausencia de bienestar, aunque las personas pobres muchas veces se ven muy felices. Sin embargo, hay una relación entre la manera de ser, de tener, de pensar y de obrar y el bienestar de cada individuo, muchas veces tener más no es sentirse mejor, es sólo haber acumulado más bienes o dinero, lo cual quizás nos proporcione más estatus social, pero no necesariamente más felicidad. Muchas personas, aún con más recursos y posesiones, se sienten infelices y algunos, lamentablemente tienden al suicidio físico o mental (separarse de la comunidad).

La felicidad, en consecuencia, parece tener más que ver con nuestra actitud de vida y nuestras creencias y valores positivos, que con nuestras posesiones. De hecho, hay muchas personas en la historia que han entregado sus bienes para servir a los demás y así han encontrado la felicidad y, en algunos casos, la santidad. En cambio, hay muchos que son islas de prosperidad y océanos de infelicidad.

Si esto es así, ¿qué nos motiva, entonces, al progreso social o personal mediante el dinero? En la práctica, los ingresos son necesarios, pero no son suficientes para garantizar la prosperidad o para apuntalar la felicidad. La esperanza de vida mejora con el ingreso, pero llega un momento en el que más ingreso no agrega más esperanza de vida, por ejemplo. Inclusive hay países de menores ingresos que tienen mejor esperanza de vida que otros de mayores ingresos. Nuestra felicidad, bienestar y progreso está más en nosotros mismos y nuestra adecuada relación con los demás, que de los bienes y dinero que tengamos o en lo que otros piensen de nosotros.

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