Comentario 16/03/2026
EN
DEFENSA DE LA DEMOCRACIA
Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/
La
democracia surge de un acuerdo social de los ciudadanos a partir del cual se
atribuye la titularidad del poder a todos los habitantes, quienes son
considerados como libres e iguales, para definir la organización de sus
instituciones en su propio Estado mediante mecanismos de participación directa
—es decir, los ciudadanos por sí mismos— o indirecta —nombrando sus
representantes—, lo cual les confiere legitimidad para sus decisiones
relacionadas con el contrato social; o sea, con los deberes y derechos de la
población y con la forma de organización del propio Estado, con el fin de
asegurar la libertad y la convivencia pacíficas, todo lo cual se plasma en su
constitución política. De la esencia de la democracia es, por lo tanto, el
control de sus representantes y sus decisiones por parte de los propios
ciudadanos que los eligen o a través de sus órganos de justicia que se espera
sean impolutos y transparentes.
Pues
bien, la democracia como concepto y realidad está perdiendo cada vez más
legitimidad y vigencia en la mente, especialmente, de la población joven,
quienes manifiestan un desencanto con la misma, expresado en su muy poca
voluntad de participar en los eventos democráticos de sus respectivas naciones
(elecciones o votaciones de corporaciones, gobernantes y representantes,
referendos y plebiscitos, etc.), como también por el poco interés en los
asuntos públicos y políticos de sus países.
En
diferentes encuestas recientes, hechas en diversos países, el apoyo a la
democracia se desdibuja para llegar a niveles de favorabilidad descendentes
frente a otros sistemas, con cifras aún por debajo del 50 % de los
participantes en las encuestas, y con crecimiento en otras formas de
organización y representación social de tipo esencialmente autoritarias y
totalitarias, lentamente crecientes hasta casi el 20 % de los encuestados. Y
con un extraño, pero significativo, “da lo mismo” cercano al 30 %. Es decir,
entre los que no sienten apego por el modelo democrático y a los que les da lo
mismo, son tantos como los que sí la reconocen.
Para
citar un caso de nuestro país, el papel de Gustavo Petro en la democracia
colombiana es profundamente ambivalente: por un lado, ha ampliado la
representación política de sectores históricamente excluidos; pero, por otro
lado, su estilo autoritario y autocrático ha aumentado las tensiones con las
demás instituciones. Su continua confrontación con el Congreso y las Cortes,
con el sector privado y su discurso de lucha de clases, además de su uso
intensivo de redes sociales, han aumentado la polarización y puesto a prueba
los contrapesos democráticos, todo lo cual ha conducido a un mayor desencanto
con la democracia.
Las
razones de este desencanto ciudadano, si bien no son completamente explícitas,
giran en torno a temas tales como los siguientes:
- Pérdida
de credibilidad en la clase política. En este tema quedan considerados los partidos
políticos y los propios gobernantes, los cuales se han desdibujado en la
mente de los ciudadanos para considerarlos como poco o nada
representativos en muchos casos o con débil representatividad, en general.
A todo lo cual no han ayudado mucho los malos gobiernos, los populistas y
demagógicos y los corruptos y clientelistas, los cuales parecen ser un mal
común en varios de nuestros países.
- Desencanto
por la corrupción.
Para muchos de los ciudadanos, los gobernantes no son transparentes ni
honestos y llegan al poder solo para beneficiarse de los recursos
públicos, privilegiar a sus camarillas políticas o ejercer actos de
nepotismo, con grandes beneficios para familiares y amigos. Las continuas
denuncias de corrupción afianzan esta percepción de los ciudadanos.
- Poco
reconocimiento a las instituciones. Las instituciones, tanto como los propios elegidos
como representantes de las mismas, según muchas opiniones, están poco
comprometidas con la real solución de los problemas nacionales. Durante
las campañas, grandes promesas; durante el gobierno, enormes desencantos.
Hay amplios y graves rechazos a la democracia porque se identifica con el
populismo, la demagogia y, en ocasiones, con nacionalismos perniciosos que
no son auténticos; son consignas de campaña, nada más.
- Falta
de oportunidades.
Esta es una de las críticas más comunes: la democracia no está generando
nuevas posibilidades; hay demasiadas situaciones donde los ciudadanos
asocian la concentración de la riqueza y la poca generación de nuevas
oportunidades, sea que estén verdaderamente relacionadas o que en la mente
de muchas personas lo estén.
- Desigualdad
e inequidad. Este
es uno de los aspectos de mayor preocupación; se le está asociando a la
democracia el problema de la inequidad, lo cual conduce a muchas personas
a una desilusión con los postulados democráticos sobre la igualdad de
derechos para todos. En sí misma, la democracia no conduce a la
desigualdad; sin embargo, una aplicación de la democracia con fuerte
corrupción o privilegios para unos pocos sí refuerza esta idea y esta
realidad. Cabe recordar que en países donde no hay democracia también
existen la desigualdad y la pobreza.
Muy
preocupante, por consiguiente, que exista tanto desencanto y tan poco fervor
por el modelo democrático, y que los gobernantes y las instituciones, con sus
actuaciones alejadas de sus compromisos por solucionar en forma eficaz los
problemas de la comunidad —no solo con discursos—, conduzcan a agudizar este
pensamiento. En mi opinión, el problema no está en el modelo democrático en sí
mismo, pero sí en los líderes y dirigentes, y en la clase política
especialmente. Además, en la falta de sanción eficaz de los abusos de los
gobernantes no probos por medio de la justicia, por un lado, pero por medio de
los pocos votos, por el otro.
Quienes
no han vivido gobiernos totalitarios o autoritarios no se han dado cuenta de
que los factores que les causan preocupación con la democracia o desgano por
este modelo de contrato social se agudizan y se profundizan aún más mientras
menos democráticos y más totalitarios son los países. Sepamos ejercer nuestro
voto con conciencia de la defensa de la democracia para las próximas elecciones
de 2026 en Colombia, exaltando con nuestro voto a los buenos gobernantes y
sancionando a los que consideramos que no le permiten florecer.