Comentario 09/03/2026
EL
ESTADO EFICIENTE
Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/
En
2025, el déficit fiscal de Colombia se ubicó entre el 7,1% y el 7,6% del PIB,
uno de los más altos en la historia reciente, mientras que la deuda pública
cerró alrededor del 62% del PIB. Para 2026, las proyecciones oficiales y del
Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) advierten que el déficit seguirá
elevado (cerca del 6-7% del PIB) y la deuda podría mantenerse en una senda
insostenible de más del 65% del PIB si no se corrigen los desequilibrios y el
exceso de gasto público. Como contraste y comparación, en el año 2015, diez
años antes, el déficit fiscal era del 3% del PIB y el endeudamiento público del
45,1% del PIB. La evolución es creciente y dramáticamente preocupante.
Además
de la debilidad del Estado colombiano por su déficit fiscal y el alto
endeudamiento, Colombia también presenta una gran debilidad en su sector
externo. Se refiere al saldo de las relaciones de Colombia con el exterior en
su balanza de importaciones y exportaciones de bienes, servicios y capitales
que ingresan o salen del país, con un deterioro marcado en 2025 cuando alcanzó
su peor nivel en más de medio siglo: un déficit de US$ 16.377 millones.
Concentremos
la atención en el Estado colombiano, que se encuentra en una gran encrucijada
fiscal como fruto del alto endeudamiento externo, del déficit presupuestal y
del compromiso de las vigencias futuras que hemos heredado de gobiernos
anteriores y del actual gobierno.
Los
cálculos más recientes indican que el presupuesto nacional está desfinanciado
en más de 40 a 50 billones de pesos; o sea, cerca de 4 a 5 reformas
tributarias. Nos estamos quedando no solo con la olla raspada, financiada
con más endeudamiento —lo que nos conducirá a la olla quebrada—, a todo lo cual
ha contribuido una corrupción rampante y voraz de alguna parte de la clase
política, de funcionarios del Gobierno, de las Cortes y de aun el sector
empresarial en connivencia con los funcionarios públicos.
En
Colombia, el resultado del sector privado es positivo y el del sector externo
es un poco negativo, pero el del sector público es fuertemente negativo por su
déficit fiscal y su endeudamiento público. Es decir, el sector público
colombiano es como un remolino que se traga lo que pase por sus vecindades,
conduciendo a un bajo crecimiento económico y, en ocasiones, a un negativo
crecimiento en toda la economía como conjunto. Como consecuencia, si queremos
realmente crecer en forma sostenible, es necesario solventar el sector público.
¿Cómo
se hace esto? No es solo a punta de tributos; es con mayor eficiencia y
productividad en el gasto público del Estado, sin derroches ni excesos, con un
buen sistema tributario y con una muy buena asignación del gasto estatal en
sectores prioritarios de carácter social o de desarrollo económico que impacten
de manera sensible al crecimiento económico, tales como la infraestructura, la
ciencia y la tecnología, la educación, el apoyo a sectores productivos
estratégicos y generadores de inversión, de tal manera que mejoren la
competitividad y que se fomenten las exportaciones y la innovación. Para hacer
esto se requiere corregir el rumbo hacia la legalidad, el empresariado y la
equidad, de tal manera que, al apoyar el crecimiento económico, se generen oportunidades
para todos.
Para
que haya desarrollo social debe haber crecimiento económico. No es posible
tener buenas soluciones sociales si no se genera una dinámica económica
significativa, tal que se traduzca en oportunidades reales para la ejecución de
actividades productivas y la generación de bienestar para más personas cada
vez. O sea, que hay que apostarle al crecimiento para generar más ocupación
productiva (no necesariamente empleo formal, pero sí alternativas de actividad
económica), y con ello más desarrollo y más progreso.
Sin
embargo, se vuelve prioritario sanear el problema fiscal o, de lo contrario, no
habrá crecimiento económico, para lo cual hay que combatir el despilfarro y la
corrupción, que son, sin lugar a dudas, los mayores cánceres de la economía
colombiana. Ahora, la contraprestación a las reformas tributarias es la mayor
eficiencia del Estado. Es muy claro que el país debe repensar la estructura del
Estado. Es increíble la cantidad de agencias, ministerios, departamentos y
órganos del poder público que existen en Colombia por el lado del Gobierno
Nacional. Pero, por el lado de la justicia, hoy tenemos, por ejemplo, un
costoso y variado surtido de organismos nacionales de justicia (sin mencionar
los municipales): la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, el
Consejo de Estado, el Consejo Superior de la Judicatura, la Jurisdicción
Especial para la Paz (JEP), la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría y, a
pesar de todo, hay impunidad y corrupción por todas partes.
Necesitamos
un Estado eficiente —es decir, el que haga las cosas bien— y un Estado eficaz
—es decir, el que las haga en el tiempo y con los costos menores posibles—.
¿Podremos pensar en desligar del gobierno (Ejecutivo, Legislativo y Judicial)
el imperativo de imponer su ideología política y más bien lograr gobiernos
comprometidos con el progreso y desarrollo del país, ¿independientemente de su
ideología?
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