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lunes, 9 de febrero de 2026

LAS VISIONES POLÍTICAS

 Comentario 09/02/2026

 

LAS VISIONES POLÍTICAS

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Existen diversas visiones políticas que interactúan en los gobiernos democráticos, generando corrientes de opinión sobre el rol del Estado y el del sector privado, el papel del Gobierno, el de las instituciones, las prioridades sobre la seguridad, los valores ciudadanos y la distribución de la riqueza. Las controversias entre opositores y favorecedores de cada una de las corrientes de opinión enriquecen el acontecer de los países si no se llega al radicalismo, la ideologización y la polarización. Cuando esto último ocurre, la radicalización puede inducir fenómenos de violencia política o de confrontación que le impiden al país avanzar.

En los países democráticos, teóricamente, hay tres enfoques políticos genéricamente denominados de centro, de derecha y de izquierda, y un sinnúmero de matices entre ellos. Veamos qué pretende cada uno.

En síntesis:

La derecha defiende el orden social, la propiedad privada y un Estado limitado; la izquierda busca la igualdad y la equidad mediante un Estado más intervencionista y redistributivo; el centro procura consensos, equilibrio y una economía mixta, privada y pública.

Las diferencias políticas claves son, en resumen:

La Derecha:

  • Visión del Estado: Debe ser limitado en lo económico, centrado en garantizar seguridad y orden.
  • Economía: Promueve el libre mercado y la iniciativa privada, con mínima intervención estatal y reducción del gasto público.
  • Valores: Conservadurismo para que los cambios y transformaciones sean graduales; defensa de la propiedad privada, la familia tradicional, la autoridad y el nacionalismo.
  • Distribución de riqueza: Basada en el esfuerzo individual; la desigualdad se considera parte natural de la vida social y, en los casos de vulnerabilidad, debe ser apoyada en su superación por el Estado. Pregona que hay igualdad de oportunidades para todos y que el desarrollo y el crecimiento son los que permiten la existencia de esas oportunidades.

La Izquierda:

  • Visión del Estado: Intervencionista, con políticas públicas para redistribuir la riqueza y corregir desigualdades históricas.
  • Economía: El Estado puede ser dueño o regulador de los medios de producción en la búsqueda de un sistema más equitativo.
  • Valores: Justicia social, igualdad, progresismo, derechos colectivos y políticas medioambientales.
  • Distribución de riqueza: Equitativa, bajo la idea de que todos los individuos son iguales y deben tener acceso a iguales oportunidades.

El Centro:

  • Visión del Estado: No es un dogma fijo, sino una postura pragmática que busca consensos y moderación.
  • Economía: Promueve una economía mixta, combinando mercado con regulación estatal.
  • Valores: Respeto a la democracia, pluralismo y cohesión social. Rechaza populismos y extremismos.
  • Distribución de riqueza: Garantiza acceso a servicios públicos y oportunidades, pero evita redistribuciones radicales.

Comparación rápida

Aspecto

Derecha

Izquierda

Centro

Papel del Estado

Limitado, garante de orden

Intervencionista, redistribuidor

Moderado, busca equilibrio

Economía

Libre mercado

Regulada, estatal

Mixta

Valores

Conservadurismo, tradición

Igualdad, justicia social

Pluralismo, consenso

Distribución de riqueza

Según esfuerzo individual

Equitativa

Oportunidades sin redistribución extrema

 

La Constitución de 1991 abrió el camino a múltiples partidos, lo que hace que estas etiquetas sean más referenciales que absolutas; existen muchos matices y orientaciones. Pero, ¿qué ocurre cuando se avecina la época electoral con las elecciones de Congreso y presidenciales en este 2026 y existe un sinnúmero de partidos políticos y de candidatos, tanto para el Congreso como para la presidencia? Todo es confusión y caos; la majestad de los partidos políticos se perdió y la identidad de sus programas se desdibujó. Vale más la imagen del candidato que el programa del partido al cual pertenece. Demasiadas figuras independientes que representan sus propias opiniones y aspiraciones sin un verdadero marco ideológico y un enfoque pragmático de gobierno.

La polarización se acrecienta y las rivalidades políticas se alejan de los consensos que deberían guiar las prioridades del país y de sus ciudadanos. El 2026, por lo tanto, será un año de confusión política, de dimes y diretes, durante todo el periodo preelectoral, así como después de la decantación de candidaturas y de la elección de los que sean elegidos como candidatos a la presidencia. Hay demasiada rivalidad y, en ese caso, “los árboles no nos dejarán ver el bosque”. Las prioridades nacionales se desdibujan por los afanes entre los contradictores, cada uno queriendo destruir al otro e imponer su pensamiento. Énfasis en argumentos en contra del otro y no en programas y proyectos a favor del país.

domingo, 19 de noviembre de 2023

¿RADICALIZACIÓN O CONCERTACIÓN?

 Comentario 20/11/2023

 

¿RADICALIZACIÓN O CONCERTACIÓN?

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Las elecciones regionales del 29 de octubre no son una sorpresa en cuanto al resultado de un giro hacia el centro o la derecha, según las votaciones que favorecieron en alcaldías y gobernaciones a personas diferentes de los candidatos del pacto histórico o de sus aliados políticos. Era evidente el desgaste del gobierno a los pocos meses de haber iniciado su mandato, por la confrontación permanente con los que no lo favorecen, con la clase empresarial o con la llamada “oligarquía”, frente a los cuales asume y pregona posiciones de lucha de clases.

Una evidencia de ese desgaste son los tropiezos continuos en su mandato, las acusaciones en muchos frentes de su campaña o de su gobierno, aún provenientes de sus propios parientes, los fracasos a nivel del congreso con sus distintas reformas, la inacción de sus ministros, la falta de ejecución presupuestal y de soluciones reales a los problemas del país, los constantes rechazos de las cortes con los actos de su gobierno por considerarlos inconstitucionales y su profunda falta de favorabilidad en las encuestas ciudadanas, la cual llega ya a más del 60% de opinión pública negativa. En Colombia, el “mar” de los arrepentidos es cada vez más ancho y profundo.

Incluso varias publicaciones internacionales (El País de España y The Economist de Gran Bretaña, por ejemplo) manifiestan su total decepción y desconcierto con el gobierno del cambio, por sus demasiadas promesas, con poca o ninguna ejecución, que se han vuelto más populismo y demagogia que verdaderos logros, en síntesis, sensación de frustración y desencanto. Más al considerar que es en realidad el primer ejercicio de un presidente verdaderamente de la izquierda en toda la vida republicana colombiana, en el cual existía una gran expectativa y hasta voces de marcada justificación sobre la necesidad de un gobierno de este talante para Colombia.

Algunos de sus seguidores afirman que “no lo han dejado gobernar”, que él sí puede, pero la realidad es que nadie ha hecho nada por obstaculizar su gobierno, distinto de oponerse democráticamente a sus ideas en los foros públicos, en el congreso, en las asambleas o en los consejos. En reiteradas ocasiones el sector privado le ha ofrecido su colaboración armónica, pero sólo ha recibido como respuesta oídos sordos y desplantes de todo tipo, incluidas sus constantes ausencias e incumplimientos y las dudas sobre su capacidad y lucidez para gobernar, por problemas de dependencia de algún tipo de sustancia psicoactiva. Él, por su parte, lo niega y no permite que un consejo médico independiente lo examine, para certificar su idoneidad, lo cual le pone más “sal a la herida”. En la práctica, con lo visto hasta ahora, hay una verdadera incapacidad o falta de destreza para gobernar por él mismo, por sus ministros y sus representantes en todos los campos, sólo arengas, sólo amenazas y titubeos, con poca efectividad y sin ninguna contundencia.

Sí son, por el contrario, una verdadera sorpresa los resultados electorales regionales del 29 de octubre, en cuanto a la contundencia de estos, especialmente en algunas de las ciudades capitales y en los departamentos principales. Es evidente el descontento, el desencanto y la sensación de “engaño” con las promesas de cambio del presidente Petro y de sus áulicos. Hasta la propia vicepresidenta, Francia Márquez, manifiesta su total desconcierto por prometer todo lo que no han cumplido, ni aún para su propio terruño donde se proponía dotarlo de condiciones de vida más dignas y todavía no lo ha logrado. Sin embargo, afirma que tiene el corazón bien puesto en lo prometido, pero que se siente “cansada y frustrada” por no haberlo logrado, y, para los ciudadanos, no basta decir, que apenas está comenzando. Prometer gobernar con acierto es una cosa, hacerlo con verdadero concierto es otra muy distinta.

Ahora, la pregunta es: ¿qué sigue ahora? El gobierno de Petro, que ya está desacreditado y goza de poco respaldo, seguir jugando a la compra de votos favorables en el congreso para pasar sus iniciativas y reformas a punta de “mermelada”, con el “convencimiento” de uno a uno de los congresistas, pasando por encima de las estructuras de los partidos políticos que han salido fortalecidos luego de las elecciones del 29 de octubre, es un desgaste y un error mayúsculo.

En esencia, lo que nos preguntamos hoy es si Petro se radicalizará en sus posturas de izquierda recalcitrante o si aceptará una apertura mental para concertar un programa de gobierno y reformas realistas para el país, sin el énfasis totalitario, estatista y autocrático que él ha querido ponerles a sus actos de gobierno. Muchas veces el presidente Petro habla de acuerdos nacionales, pero sin verdadera apertura a las opiniones diversas, sólo considerando sus paradigmas, parámetros y estilos, como si fueran “palabra de Dios”.

Si reconocemos el talante egocéntrico de Gustavo Petro, sabemos que no querrá dar el brazo a torcer, sin importar el costo, inclusive se volverá más radical y dogmático, en nuestra opinión. No le importará tampoco qué suceda con el país, sus carencias y sus necesidades, dado que la economía y las instituciones colombianas han demostrado su fortaleza como para no derrumbarse, pero sí para afectarse por la actitud regresiva de su gobierno y por la falta de aplicación eficaz del gasto público, ya lo vemos en el bajo crecimiento de la economía y en la caída de la demanda y la inversión privadas.

Tememos que aún nos quedan tres años del “mandato del cambio”, en la "potencia mundial de la vida", donde la paz y la seguridad son escasas, hoy desbordadas y fuera de control, con un exceso de narcotráfico y delincuencia, y un gobierno radical, desprestigiado e ineficaz. Espero estar equivocado, sólo el tiempo lo dirá. Lo cierto es que el país está aprendiendo muy rápido sobre el estilo de gobierno de la izquierda y sus consecuencias.

domingo, 16 de abril de 2023

¿NOS INTERESA LA POLÍTICA O LA ECONOMÍA?

 Comentario 17/04/2023

 

¿NOS INTERESA LA POLÍTICA O LA ECONOMÍA?

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Una cosa es hacer política y otra, muy distinta, entenderla, para poder decidir sobre ella, comprender las acciones de los políticos y anticipar sus consecuencias. Entre nuestros ciudadanos es frecuente que exista apatía, rechazo o menosprecio por la política, dado que la clase política goza de muy poca credibilidad y reconocimiento, de hecho, el pensamiento dominante es que ellos sólo buscan nuestros votos y luego nada que ver con los ciudadanos. La política y los políticos, en su generalidad, se perciben como algo turbio, poco transparente, sinuoso (cambian como veletas) y frecuentemente son participantes activos de la corrupción y del clientelismo. Y no es para menos, son tantas las circunstancias y tantos los involucrados de todo tipo de vertientes o subvertientes políticas en este tipo de conductas que es casi que osado creer en ellos. Colombia hoy tiene cerca de 30 partidos políticos (increíble, ¿verdad?), que son más bien maquinarias electorales, más que centros de pensamiento y desarrollo político, ciudadano o comunitario.  La idea es ganar el aval de un partido vigente para luego buscar los votos y hacerse elegir y, posteriormente, disfrutar las mieles del poder y de la politiquería.

No es extraño, entonces, que los ciudadanos no deseen, en general, inmiscuirse en política y que los pocos que lo hagan no sepan a profundidad y con convicción cuáles son: el ideario político y los programas de gobierno de su respetivo partido, cuáles son sus trayectorias y logros en favor de la ciudadanía y qué reconocimiento los rodea como fuentes de transparencia e idoneidad, o de anticorrupción y de anti-clientelismo. Los políticos, por supuesto, saben decir lo que a los ciudadanos les gustaría escuchar, hacen proclamas y promesas de campaña, sin medir su viabilidad de ejecución y de financiación, como tampoco su pertinacia y oportunidad. Sólo les interesa que sus palabras sean convincentes y cautivadoras de los ciudadanos, puesto que, terminada la campaña, nada volverán a saber esos votantes sobre las supuestas convicciones que motivaron su voto y la respuesta real de sus políticos de turno.

Sin embargo, la cultura ciudadana sobre la política poco a poco va cambiando y hoy tenemos más ciudadanos interesados en entenderla, si bien no en formar parte de grupos carnetizados de adeptos a un candidato o partido. La política, por definición, es el proceso de comprender lo que la ciudadanía necesita, determinar las mejores oportunidades y capacidades y cómo volverlas realidades en favor del progreso y bienestar de la comunidad, lo cual se ejecuta a través de los diferentes cargos, instituciones y funciones del Estado.

Ahora, política y economía vienen juntas, son dos caras de la misma moneda, dado que los políticos con sus decisiones y acciones en el Estado (Ejecutivo, Legislativo o Judicial) determinan o impactan significativamente la economía. De hecho, hay una ciencia, la economía política, que busca establecer qué se debe hacer, cómo hacerlo y para quién hacerlo con el fin de atender las necesidades y expectativas de la sociedad. Su estudio aborda las relaciones entre personas, empresas y gobiernos procurando su progreso y bienestar. La economía, así como la política, desde el punto de vista del Estado, pretende el control o la dirección sobre los recursos, los territorios y las poblaciones. Así las cosas, las soluciones que la economía provee tienen limitaciones, bien sea en las decisiones políticas, en las leyes o los reglamentos, en la financiación disponible y su correcta administración, ajena a las prácticas de corrupción, clientelismo y derroche. Si los ciudadanos poco se quieren relacionar con la política, sí deberían hacerlo, entonces, con la economía, pues afectará directamente su bolsillo y su calidad de vida. Por ejemplo, existen, genéricamente hablando, modelos diferentes sobre los tipos de economía política que suelen desarrollarse en Estados democráticos, los describiremos brevemente para recabar sobre la importancia de su conocimiento y seguimiento. Valga decir primero que no todos se usan simultáneamente por un gobierno que tenga vocación de aplicarlos, depende de las circunstancias de cada país, veamos:

Los gobiernos de corte más de centro suelen concentrar su atención en:

  • Privatización de sectores estratégicos de la economía.
  • Disminución de impuestos para fomentar el crecimiento y por esta vía el empleo. 
  • No protección del mercado y/o la producción interna con aranceles o limitaciones de importaciones (salvo sectores estratégicos) para favorecer a los consumidores e impulsar el mejoramiento de la competitividad propia y simultáneamente combatir la inflación.
  • Flexibilización laboral para ampliar la movilidad laboral y ajustarse a las nuevas tecnologías y modalidades de negocios.
  • Desregulación de precios tanto como sea posible.
  • Desregulación del sistema financiero.
  • Apertura a capitales extranjeros y libre circulación de divisas sin restricción al tipo de cambio.
  • Políticas de expansión monetaria para favorecer el crecimiento y las bajas tasas de interés, y para apoyar la inversión y el desarrollo,
  • Endeudamiento estatal y déficit fiscal moderados.
  • Reducción del Estado.
  • Concentración en sectores con ventaja competitiva singular.
  • Subsidios sólo los estrictamente necesarios.

Por el contrario, los gobiernos progresistas (de izquierda) suelen tener como ejes:

  • El Estado como el mayor gestor y promotor de la economía: todos los sectores y actividades de interés prioritario para el país se pretende que lleguen a sus manos.
  • El Estado como mayor empleador.
  • La redistribución de la riqueza mediante subsidios, a través de impuestos o de reformas tales como la agraria.
  • Intervención en sectores o actividades económicas para regularlas con criterios políticos.
  • Restricciones o limitaciones a la inversión nacional o extranjera.
  • Las estatizaciones de empresas que consideran claves.
  • Frecuentemente con control regulatorio sobre las divisas extranjeras.
  • Mayores impuestos o retenciones selectivos por actividades y tamaños de negocios.
  • Política de proteccionismo económico y de sustitución de las importaciones (aranceles y prohibiciones)
  • Ayudas sociales por doquier como subsidios, beneficios o apoyos directos.
  • Programas de controles de precios (“precios cuidados”).
  • Políticas laborales con amplios beneficios al sector trabajador y fuerte impacto para los empleadores.
  • Fuertes controles a efectos en medio ambiente. 

Como se aprecia, los modelos de pensamiento político y la economía política pueden conducir a un país a muy distintos resultados, en este sentido, todos los ciudadanos deberíamos estar interesados en conocer de la política o al menos estar muy enterados de sus consecuencias en la economía, para tomar decisión y acción sobre ellas.

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