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lunes, 4 de mayo de 2026

¿Y AHORA QUÉ SIGUE?

 Comentario 04/05/2026

 

¿Y AHORA QUÉ SIGUE?

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En el gobierno de Gustavo Petro, para 2026, las proyecciones oficiales y del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) advierten que el déficit fiscal será de cerca del 6-7 % del PIB y la deuda podría mantenerse en una senda insostenible de más del 65 % del PIB si no se corrigen los desequilibrios y el exceso de gasto público. Como contraste y comparación, en el año 2015 —diez años antes— el déficit fiscal era del 3 % del PIB y el endeudamiento público del 45,1 % del PIB. La evolución es creciente y dramáticamente preocupante.

El duro camino que enfrenta la administración que suceda al malhadado gobierno de Gustavo Petro pasa por la asignación de recursos escasos ante necesidades diversas que exceden con mucho las disponibilidades, donde la determinación de prioridades y destinaciones es, en esencia, un asunto complejo. De antemano, puede afirmarse que ninguna necesidad podrá ser satisfecha completamente y que todas son importantes, convenientes y, en algunos casos, inaplazables. Examinemos los porqués para entender las razones y motivaciones que deben acompañar, en nuestra opinión, este proceso de decisión.

La realidad financiera y presupuestal de Colombia está muy apretada y, en la mayoría de los casos, atada a compromisos inflexibles e inmodificables. Típicamente, el presupuesto del Estado colombiano se aplica en los siguientes rubros:

Categoría

Descripción

Participación típica (Funcionamiento)

Gasto social (transferencias)

Salud (UPC), educación (SGP), pensiones, subsidios y programas sociales.

70 % – 80 %

Nómina estatal

Salarios de empleados públicos, prestaciones y aportes patronales.

12 % – 18 %

Gastos administrativos

Bienes y servicios, arrendamientos y operación de entidades.

8 % – 12 %

En consecuencia, entre el 70 % y 80 % del gasto de funcionamiento del Presupuesto General de la Nación (PGN) es gasto social y transferencias, mientras que entre el 20 % y 30 % corresponde a nómina estatal y gastos administrativos, que es de donde se puede recortar más, sin perjuicio de volver más eficientes los gastos sociales actuales y evitar la corrupción. Por supuesto, hay sectores estratégicos que requieren más apoyo del Estado, como la salud, la educación, la ciencia, el sector agropecuario para la suficiencia alimentaria, el combate al narcotráfico y la seguridad.

En términos de financiación, estamos ante un desfinanciamiento que el CARF ha estimado en cerca de $45$-$50$ billones de pesos, lo cual nos deja un gran dilema: ¿cómo financiamos el faltante o dónde recortamos para adaptarnos a los recursos disponibles? Profundizar el gasto público y aumentar el déficit fiscal no es una buena idea por sus efectos negativos en la inflación y en la solvencia de las finanzas públicas, salvo que los precios del petróleo ayuden. Además, mientras más nos endeudemos, más fuerte será el cargo por el servicio de la deuda, que dentro del PGN ya representa alrededor del 22 % del total. Como consecuencia, la calificación crediticia de Colombia ha disminuido hasta el grado especulativo; perdimos el grado de inversión, lo cual encarece el financiamiento externo y aleja la inversión.

También debe considerarse que las turbulencias globales influyen en la deuda: las guerras comerciales (USA-China), la debilidad de países emergentes, la inestabilidad política, las amenazas bélicas, las fluctuaciones de materias primas y el cambio climático. Por desgracia, enfrentamos también una preocupante invasión de cultivos de coca y la inestabilidad en un proceso de paz que no muestra las ventajas pretendidas y deja nubarrones de preocupación por la impunidad de los actores.

Colombia tiene el reto de simplificar los gastos del Estado, que representan cerca del 30 % del PIB. En medio de esto, hay una confrontación ideológica: la izquierda busca profundizar el gasto y la estatización, mientras que la derecha propende por un Estado pequeño pero eficiente para dar espacio al sector privado. Lo recomendable, por supuesto, es lo segundo.

lunes, 20 de abril de 2026

LA INCLUSIÓN FINANCIERA

Comentario 20/04/2026

 

LA INCLUSIÓN FINANCIERA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

La inclusión financiera es el acceso y uso efectivo de productos y servicios financieros —tales como cuentas de ahorro, créditos, seguros, pagos digitales y mecanismos de inversión— ofrecidos en forma responsable, sostenible y asequible por distintos establecimientos de crédito y depósito. No se trata solo de abrir una cuenta: implica participar activamente en el sistema financiero para mejorar la calidad de vida. La inclusión financiera, en consecuencia, significa que todas las personas —sin importar ingresos, género o ubicación— puedan acceder y usar servicios financieros formales de manera segura, accesible y útil. Es una de las claves para reducir la pobreza, impulsar el emprendimiento y mejorar el bienestar económico.

La evidencia internacional y regional muestra que la inclusión financiera es un determinante clave del desarrollo económico y social. Cuando más personas y empresas acceden y usan servicios financieros formales, aumentan la productividad, la inversión, la resiliencia para afrontar dificultades y la reducción de la pobreza.

¿Por qué la inclusión financiera impulsa el desarrollo?

Esto ocurre por varias razones:

  1. Reduce la pobreza y la vulnerabilidad:
    • Facilita el ahorro seguro.
    • Permite enfrentar emergencias sin recurrir a préstamos informales.
    • Mejora la capacidad de planificación financiera de los hogares.

 

  1. Impulsa el emprendimiento y la productividad:

El acceso a crédito, seguros y pagos digitales permite que microempresas y pymes:

    • Inviertan en maquinaria o inventarios.
    • Formalicen operaciones.
    • Crezcan y generen empleo.

 

  1. Aumenta la eficiencia económica:

Los pagos digitales reducen costos de transacción, aumentan la transparencia y mejoran la recaudación fiscal.

 

  1. Promueve igualdad y equidad territorial:

La inclusión financiera reduce brechas:

    • De género.
    • Rurales–urbanas.
    • Entre sectores formales e informales.

 

Evidencia reciente: el caso de Colombia

Colombia es un ejemplo claro de cómo la inclusión financiera acompaña el desarrollo económico:

  • En 2023, el 94,6 % de los adultos tenía al menos un producto financiero formal, un aumento significativo frente a años anteriores. Entre 2012 y 2023, el acceso a productos financieros pasó del 67,2 % al 94,6 % de los adultos.
  • Esto equivale a 36,1 millones de adultos con acceso a productos financieros transaccionales, de ahorro o de crédito.
  • El crecimiento de depósitos de bajo monto y billeteras digitales fue notable, con 4,1 millones de nuevos usuarios en un solo año.

Como se observa, Colombia posee un alto índice de inclusión financiera, especialmente logrado en los últimos 10 a 15 años. Estos avances están alineados con políticas públicas, con la innovación de las Fintech (plataformas tecnológicas de servicios financieros) y con la regulación moderna, y han sido fruto de esfuerzos tanto privados como públicos.

¿Cómo se conecta la inclusión financiera con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)?

La inclusión financiera contribuye directamente a varios ODS:

ODS a los que contribuye la inclusión financiera

Contribución

1. Fin de la pobreza

Ahorro, crédito y seguros reducen la vulnerabilidad.

5. Igualdad de género

Mayor acceso de mujeres a servicios financieros.

8. Trabajo decente y crecimiento económico

Impulsa emprendimientos y productividad.

9. Industria e innovación

Fomenta ecosistemas Fintech y pagos digitales.

10. Reducción de desigualdades

Cierra brechas territoriales y sociales.

 

Conclusión

La inclusión financiera es un factor de desarrollo y de progreso. No es un fin en sí mismo, sino un habilitador que potencia el crecimiento económico, la equidad social y la resiliencia de los sectores productivos, sean empresas o personas. Los países con mayor inclusión financiera tienden a tener economías más dinámicas, sociedades más estables y menor pobreza.


martes, 24 de marzo de 2026

¿POR QUÉ TANTA CORRUPCIÓN Y POR QUÉ SU ACEPTACIÓN?

 Comentario 24/03/2026

 

¿POR QUÉ TANTA CORRUPCIÓN Y POR QUÉ SU ACEPTACIÓN?

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Sin duda alguna, la corrupción es uno de los males más extendidos en el mundo entero, tanto en el sector público como en el privado, el social y aun el religioso o en la relación entre ellos. Existe y hay registros de este fenómeno en todo tipo de sociedades y en todas las civilizaciones; endémicamente, es un mal que casi podría decirse que forma parte de la naturaleza humana y de las costumbres del hombre desde los inicios de su historia.

Las formas de corrupción varían, pero las más comunes son el uso ilegítimo de información privilegiada, el tráfico de influencias, el patrocinio indebido, los sobornos, las extorsiones, los fraudes, la malversación, la prevaricación, el caciquismo, el compadrazgo, el nepotismo, la impunidad y la autocracia.

La corrupción puede ser en el gobierno o en la clase política y se refiere al mal uso del poder público para conseguir una ventaja ilegítima, generalmente de forma secreta y privada. Todos los tipos de gobierno son susceptibles de corrupción política. Una situación de corrupción política sin restricciones se conoce como cleptocracia, término que significa literalmente "gobierno de ladrones" (el Carrusel de la Contratación en Bogotá, por ejemplo). Pero también puede ser privada, donde se presentan, en menor grado, pero con singular importancia, los mismos males descritos (Interbolsa, para citar un solo caso muy conocido).

El análisis periodístico citado por El Nuevo Siglo señala que algunas estimaciones elevan el costo total de la corrupción en Colombia a cerca de $50 billones de pesos anuales; es decir, un 10% aproximadamente del presupuesto público del año 2026. Estas cifras incluyen no solo pérdidas directas, sino también pérdidas originadas en:

  • Sobrecostos en contratación.
  • Ineficiencias estructurales de los órganos de gobierno.
  • Proyectos inconclusos.
  • Captura institucional: actores poderosos que controlan instituciones o personas para sacar beneficios.
  • Impactos que condicionan los programas de bienestar social.

La corrupción facilita a menudo otro tipo de hechos criminales como el narcotráfico, el lavado de dinero y la prostitución, aunque no se restringe a estos crímenes organizados. El término opuesto a la corrupción es la transparencia. Por esta razón, se puede hablar del nivel de corrupción o del de transparencia de un Estado, de una empresa o, en general, de un conjunto de organizaciones del sector estatal, privado, social o religioso.

Pero ¿puede pensarse que la corrupción simplemente existe y por ello hay que aceptarla y convivir con ella? ¿Y que, por ende, estamos sometidos a ella por siempre y para siempre?

En muchas sociedades (regiones, ciudades, estados o naciones), al reconocer los perniciosos efectos de la corrupción, se han creado todo tipo de mecanismos anticorrupción; entre otros, mencionaremos los siguientes: autoridades para combatirla, códigos para sancionarla, penas para castigarla y sanciones políticas o sociales para rechazarla. Sin embargo, parece ser que nada de esto funciona cabalmente; son paliativos que no curan de raíz el mal y sus secuelas. Por momentos parece ganarse la batalla, pero el germen está ahí, listo para desarrollarse de nuevo en los lugares y con los hechos más inesperados.

A nuestro juicio, el problema, más que de controles y sanciones y sin perjuicio de disponer de ellas, es un problema sociológico, cultural y de formación. Decimos sociológico porque parece ser parte ya de nuestra conducta el aceptar, permitir o participar en la corrupción como un hecho tolerado, tolerable y cotidiano, donde “todos participan”. Hablamos de cultura porque la corrupción se ha incorporado a la manera de ser y de pensar, considerándose socialmente aceptada y hasta casi necesaria. Y nos referimos a que es un problema de formación porque no recibimos durante nuestra educación una ilustración sobre el problema, su génesis, sus consecuencias, sus soluciones y la necesaria participación de todos en su terminación.

No me cabe duda decir que más formación sobre la corrupción, sus males y consecuencias, el cómo combatirla y cómo volverla socialmente censurable (no solo penalmente) harían mucho en favor de ir, paulatinamente, modificando la cultura y las costumbres, de tal manera que, finalmente, tendríamos lo que sociológicamente sería una conducta rechazada en todas las capas sociales y en todos los sectores de la actividad humana.

Esta formación empieza en el hogar, pero pasa por fomentarse también en nuestros colegios y universidades y debe continuar, además, con las organizaciones sociales y comunitarias, las empresas y las municipalidades, así como con los gobiernos y las entidades que ejercen labores de liderazgo y dirección en cada ciudad y región.

¿Será posible pensar en un mundo sin corrupción? ¡Qué bueno fuera, al menos para las nuevas generaciones, darles esa oportunidad!

 

lunes, 9 de marzo de 2026

EL ESTADO EFICIENTE

 Comentario 09/03/2026

 

EL ESTADO EFICIENTE

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En 2025, el déficit fiscal de Colombia se ubicó entre el 7,1% y el 7,6% del PIB, uno de los más altos en la historia reciente, mientras que la deuda pública cerró alrededor del 62% del PIB. Para 2026, las proyecciones oficiales y del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) advierten que el déficit seguirá elevado (cerca del 6-7% del PIB) y la deuda podría mantenerse en una senda insostenible de más del 65% del PIB si no se corrigen los desequilibrios y el exceso de gasto público. Como contraste y comparación, en el año 2015, diez años antes, el déficit fiscal era del 3% del PIB y el endeudamiento público del 45,1% del PIB. La evolución es creciente y dramáticamente preocupante.

Además de la debilidad del Estado colombiano por su déficit fiscal y el alto endeudamiento, Colombia también presenta una gran debilidad en su sector externo. Se refiere al saldo de las relaciones de Colombia con el exterior en su balanza de importaciones y exportaciones de bienes, servicios y capitales que ingresan o salen del país, con un deterioro marcado en 2025 cuando alcanzó su peor nivel en más de medio siglo: un déficit de US$ 16.377 millones.

Concentremos la atención en el Estado colombiano, que se encuentra en una gran encrucijada fiscal como fruto del alto endeudamiento externo, del déficit presupuestal y del compromiso de las vigencias futuras que hemos heredado de gobiernos anteriores y del actual gobierno.

Los cálculos más recientes indican que el presupuesto nacional está desfinanciado en más de 40 a 50 billones de pesos; o sea, cerca de 4 a 5 reformas tributarias. Nos estamos quedando no solo con la olla raspada, financiada con más endeudamiento —lo que nos conducirá a la olla quebrada—, a todo lo cual ha contribuido una corrupción rampante y voraz de alguna parte de la clase política, de funcionarios del Gobierno, de las Cortes y de aun el sector empresarial en connivencia con los funcionarios públicos.

En Colombia, el resultado del sector privado es positivo y el del sector externo es un poco negativo, pero el del sector público es fuertemente negativo por su déficit fiscal y su endeudamiento público. Es decir, el sector público colombiano es como un remolino que se traga lo que pase por sus vecindades, conduciendo a un bajo crecimiento económico y, en ocasiones, a un negativo crecimiento en toda la economía como conjunto. Como consecuencia, si queremos realmente crecer en forma sostenible, es necesario solventar el sector público.

¿Cómo se hace esto? No es solo a punta de tributos; es con mayor eficiencia y productividad en el gasto público del Estado, sin derroches ni excesos, con un buen sistema tributario y con una muy buena asignación del gasto estatal en sectores prioritarios de carácter social o de desarrollo económico que impacten de manera sensible al crecimiento económico, tales como la infraestructura, la ciencia y la tecnología, la educación, el apoyo a sectores productivos estratégicos y generadores de inversión, de tal manera que mejoren la competitividad y que se fomenten las exportaciones y la innovación. Para hacer esto se requiere corregir el rumbo hacia la legalidad, el empresariado y la equidad, de tal manera que, al apoyar el crecimiento económico, se generen oportunidades para todos.

Para que haya desarrollo social debe haber crecimiento económico. No es posible tener buenas soluciones sociales si no se genera una dinámica económica significativa, tal que se traduzca en oportunidades reales para la ejecución de actividades productivas y la generación de bienestar para más personas cada vez. O sea, que hay que apostarle al crecimiento para generar más ocupación productiva (no necesariamente empleo formal, pero sí alternativas de actividad económica), y con ello más desarrollo y más progreso.

Sin embargo, se vuelve prioritario sanear el problema fiscal o, de lo contrario, no habrá crecimiento económico, para lo cual hay que combatir el despilfarro y la corrupción, que son, sin lugar a dudas, los mayores cánceres de la economía colombiana. Ahora, la contraprestación a las reformas tributarias es la mayor eficiencia del Estado. Es muy claro que el país debe repensar la estructura del Estado. Es increíble la cantidad de agencias, ministerios, departamentos y órganos del poder público que existen en Colombia por el lado del Gobierno Nacional. Pero, por el lado de la justicia, hoy tenemos, por ejemplo, un costoso y variado surtido de organismos nacionales de justicia (sin mencionar los municipales): la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado, el Consejo Superior de la Judicatura, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría y, a pesar de todo, hay impunidad y corrupción por todas partes.

Necesitamos un Estado eficiente —es decir, el que haga las cosas bien— y un Estado eficaz —es decir, el que las haga en el tiempo y con los costos menores posibles—. ¿Podremos pensar en desligar del gobierno (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) el imperativo de imponer su ideología política y más bien lograr gobiernos comprometidos con el progreso y desarrollo del país, ¿independientemente de su ideología?

lunes, 9 de febrero de 2026

LAS VISIONES POLÍTICAS

 Comentario 09/02/2026

 

LAS VISIONES POLÍTICAS

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Existen diversas visiones políticas que interactúan en los gobiernos democráticos, generando corrientes de opinión sobre el rol del Estado y el del sector privado, el papel del Gobierno, el de las instituciones, las prioridades sobre la seguridad, los valores ciudadanos y la distribución de la riqueza. Las controversias entre opositores y favorecedores de cada una de las corrientes de opinión enriquecen el acontecer de los países si no se llega al radicalismo, la ideologización y la polarización. Cuando esto último ocurre, la radicalización puede inducir fenómenos de violencia política o de confrontación que le impiden al país avanzar.

En los países democráticos, teóricamente, hay tres enfoques políticos genéricamente denominados de centro, de derecha y de izquierda, y un sinnúmero de matices entre ellos. Veamos qué pretende cada uno.

En síntesis:

La derecha defiende el orden social, la propiedad privada y un Estado limitado; la izquierda busca la igualdad y la equidad mediante un Estado más intervencionista y redistributivo; el centro procura consensos, equilibrio y una economía mixta, privada y pública.

Las diferencias políticas claves son, en resumen:

La Derecha:

  • Visión del Estado: Debe ser limitado en lo económico, centrado en garantizar seguridad y orden.
  • Economía: Promueve el libre mercado y la iniciativa privada, con mínima intervención estatal y reducción del gasto público.
  • Valores: Conservadurismo para que los cambios y transformaciones sean graduales; defensa de la propiedad privada, la familia tradicional, la autoridad y el nacionalismo.
  • Distribución de riqueza: Basada en el esfuerzo individual; la desigualdad se considera parte natural de la vida social y, en los casos de vulnerabilidad, debe ser apoyada en su superación por el Estado. Pregona que hay igualdad de oportunidades para todos y que el desarrollo y el crecimiento son los que permiten la existencia de esas oportunidades.

La Izquierda:

  • Visión del Estado: Intervencionista, con políticas públicas para redistribuir la riqueza y corregir desigualdades históricas.
  • Economía: El Estado puede ser dueño o regulador de los medios de producción en la búsqueda de un sistema más equitativo.
  • Valores: Justicia social, igualdad, progresismo, derechos colectivos y políticas medioambientales.
  • Distribución de riqueza: Equitativa, bajo la idea de que todos los individuos son iguales y deben tener acceso a iguales oportunidades.

El Centro:

  • Visión del Estado: No es un dogma fijo, sino una postura pragmática que busca consensos y moderación.
  • Economía: Promueve una economía mixta, combinando mercado con regulación estatal.
  • Valores: Respeto a la democracia, pluralismo y cohesión social. Rechaza populismos y extremismos.
  • Distribución de riqueza: Garantiza acceso a servicios públicos y oportunidades, pero evita redistribuciones radicales.

Comparación rápida

Aspecto

Derecha

Izquierda

Centro

Papel del Estado

Limitado, garante de orden

Intervencionista, redistribuidor

Moderado, busca equilibrio

Economía

Libre mercado

Regulada, estatal

Mixta

Valores

Conservadurismo, tradición

Igualdad, justicia social

Pluralismo, consenso

Distribución de riqueza

Según esfuerzo individual

Equitativa

Oportunidades sin redistribución extrema

 

La Constitución de 1991 abrió el camino a múltiples partidos, lo que hace que estas etiquetas sean más referenciales que absolutas; existen muchos matices y orientaciones. Pero, ¿qué ocurre cuando se avecina la época electoral con las elecciones de Congreso y presidenciales en este 2026 y existe un sinnúmero de partidos políticos y de candidatos, tanto para el Congreso como para la presidencia? Todo es confusión y caos; la majestad de los partidos políticos se perdió y la identidad de sus programas se desdibujó. Vale más la imagen del candidato que el programa del partido al cual pertenece. Demasiadas figuras independientes que representan sus propias opiniones y aspiraciones sin un verdadero marco ideológico y un enfoque pragmático de gobierno.

La polarización se acrecienta y las rivalidades políticas se alejan de los consensos que deberían guiar las prioridades del país y de sus ciudadanos. El 2026, por lo tanto, será un año de confusión política, de dimes y diretes, durante todo el periodo preelectoral, así como después de la decantación de candidaturas y de la elección de los que sean elegidos como candidatos a la presidencia. Hay demasiada rivalidad y, en ese caso, “los árboles no nos dejarán ver el bosque”. Las prioridades nacionales se desdibujan por los afanes entre los contradictores, cada uno queriendo destruir al otro e imponer su pensamiento. Énfasis en argumentos en contra del otro y no en programas y proyectos a favor del país.

lunes, 26 de enero de 2026

¿EL PESO COLOMBIANO UNA MONEDA FUERTE?

 Comentario 26/01/2026


 ¿EL PESO COLOMBIANO UNA MONEDA FUERTE?

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Desde un valor del dólar de $5.061,21 pesos por dólar el 5 de noviembre de 2022, el valor de la divisa estadounidense ha descendido hasta un precio de $3.630,33 por dólar el 23 de enero de 2026, una variación decreciente de 28,27 %, con una marcada tendencia al descenso dada la fuerte avalancha de dólares que se prevé llegará al país este y los próximos años. Con esta sola evidencia podríamos afirmar que el peso colombiano se volvió una moneda fuerte frente al dólar; es decir, el peso viene ganando valor y el dólar, por consiguiente, viene perdiendo valor.

¿Qué motiva esta conducta? Si el peso colombiano no es una divisa que tenga reconocimiento como moneda de cambio en el ámbito internacional o siquiera regional; es decir, el peso colombiano nunca ha sido una moneda fuerte frente al resto de monedas del mundo. De hecho, como muchas otras naciones, requerimos de reservas en dólares americanos para poder realizar transacciones de bienes, servicios y capitales con otros países.

Veamos algunas razones que explican esta conducta, entendiendo que el dólar, como cualquier otra “mercancía”, deriva su precio del libre juego de la oferta y la demanda; es decir, si hay demasiados dólares en el mercado, el precio del dólar baja y si, por el contrario, el dólar escasea, el precio sube. La conclusión, obvia, es que debemos afirmar que, en esencia, hay demasiados dólares en el mercado colombiano que explican la conducta de su precio descendente. ¿Cómo se evidencia?:

 

1. La tendencia del dólar a nivel mundial.

Esta primera razón es de origen externo e incontrolable para las autoridades cambiarias y monetarias en Colombia. En efecto, el segundo mandato del presidente Donald Trump se ha caracterizado por su interés en devaluar la moneda norteamericana para ganar competitividad frente a otras monedas del mundo. Si el dólar pierde valor a nivel mundial, hay más propensión del resto del mundo en consumir productos norteamericanos y de los propios ciudadanos estadounidenses en consumir más de su país y no importar de otras latitudes. Así que se ha presentado una devaluación del dólar a nivel mundial, lo cual explica en parte por qué el dólar en Colombia pierde valor frente al peso.

2. Las tasas de interés en USA.

El peso de la economía norteamericana es tan grande que la conducta de sus tasas de interés internas afecta a otros países. En efecto, si por razones diversas las tasas en USA bajan, el flujo de dólares emigra a otros países buscando mejores retornos para sus inversiones. Un relativo éxito en el control de la inflación interna en Estados Unidos permite que las autoridades de la Fed (Banco Central) reduzcan las tasas de interés de referencia y alienten la salida de dólares, afectando la relación del dólar frente a las demás monedas por mayor oferta de divisas en los respectivos mercados.

3. La IED y la inversión de portafolio.

Las inversiones de otros países en Colombia, bien sea como inversión extranjera directa (IED) en diferentes rubros y sectores de la economía colombiana o la inversión hecha por inversionistas temporales en diferentes activos de inversión en el país, afectan también la oferta de divisas en el mercado colombiano, presionando su precio a la baja. Valga decir que, en 2025, por razones de riesgo político y rebaja en las calificaciones de riesgo del país, estas inversiones no han sido muy dinámicas y han presentado caídas con relación a los años previos.

4. Las remesas de los ciudadanos colombianos en el exterior.

Este sí ha sido un factor muy dinámico. Las remesas enviadas por colombianos al país han alcanzado máximos históricos y hoy superan los USD 13.000 millones anuales, convirtiéndose en una de las principales fuentes de divisas de Colombia. En 2024 y 2025 marcaron récords, y para 2026 las estimaciones apuntan a un nuevo aumento.

5. La repatriación de dólares de colombianos invertidos en el exterior.

Igual que las remesas de los colombianos residentes en el exterior, si se produce una repatriación de dólares desde el exterior hacia Colombia, se amplía la oferta de divisas y el precio por dólar tiende a caer. Si, como es la intención del actual gobierno, se traen las inversiones realizadas por los fondos de pensiones del país en el exterior, el dólar caerá. Las inversiones de estos fondos en el exterior se hacen por sanas y prudentes razones de mejorar la rentabilidad y disminuir el riesgo, dada la diversificación de esas inversiones. Según datos recientes, los fondos privados de pensiones de Colombia tienen invertido en el exterior cerca del 50 % del ahorro pensional, equivalente a aproximadamente 261 billones de pesos. Esta suma, convertida a dólares y repatriada al país, derrumbará por completo la cotización del dólar frente al peso y afectará gravemente a los sectores exportadores (café, flores, frutas, carbón, confecciones, etc.) y a los propios ahorradores de dichos fondos de pensiones. Todo lo cual sucederá, si sucede, por las afugias fiscales creadas por el actual gobierno con el presupuesto público.

6. La monetización de divisas del Estado colombiano.

El gobierno colombiano es un gran demandante de crédito externo que se monetiza en el país, afectando la oferta de divisas y presionando al dólar a la baja. En efecto, el último suceso de esta historia acaba de ocurrir con la emisión de bonos globales por US$ 4.950 millones, una suma tan grande que automáticamente desplomó el dólar en los últimos días.

7. El narcotráfico.

No es menos cierto también que la economía colombiana está fuertemente permeada por divisas generadas por el narcotráfico. La mejor estimación reciente indica que el narcotráfico equivale aproximadamente al 4 % del PIB de Colombia, según análisis económicos citados en 2024-2025. Esto significa que la economía ilegal de la cocaína mueve más recursos que varios sectores formales del país y supera ampliamente a actividades como el café o partes de la industria manufacturera. Es claro entender que esta economía ilegal, convertida en divisas que ingresan al país, automáticamente amplía la oferta de dólares y su precio unitario, creando una fuerte presión a la baja del precio de cada dólar.

Como se aprecia, hay muchas razones que explican la conducta decreciente del precio del dólar en Colombia y el proceso de revaluación de su moneda, ninguna de las cuales se traduce en que el peso ($) sea una moneda fuerte frente a las divisas de los demás países debido a un fortalecimiento estructural de la economía colombiana.

 

martes, 25 de noviembre de 2025

EL PAÍS QUE NOS ESPERA EN EL 2026

 Comentario 25/11/2025

 

EL PAÍS QUE NOS ESPERA EN EL 2026

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

El 2026 va a ser un año tortuoso en Colombia, dados los siguientes factores: el período electoral, la polarización política enconada, el incierto cambio de gobierno, las políticas de EE. UU. y su rechazo a la inmigración de ciudadanos latinoamericanos, las recurrentes alteraciones del orden geopolítico mundial, el conflicto armado con los narcoterroristas, entre otros.

Colombia, a semejanza de otros países, ha aprendido a independizar la evolución económica y la política, al punto que podríamos afirmar que lo económico, aunque aún insuficiente, marcha razonablemente bien, pero lo político ha polarizado y radicalizado el país en bandos petristas y no petristas, sin fórmula de conciliación o acuerdo. De hecho, lo político ha ejercido una influencia nociva en lo económico debido al rechazo del sector privado y al estatismo económico que han ejercido el presidente Gustavo Petro y sus correligionarios.

Sin embargo, aunque la política esté enrarecida, la gran pregunta es: ¿Cómo inyectarle optimismo al próximo año? Veamos, mencionando algunos comentarios puntuales, en lo económico y en lo político:


Temas económicos

La economía ha demostrado resiliencia frente al ambiente político y con el esfuerzo denodado de los empresarios y las instituciones por defender la democracia y la palanca de desarrollo y crecimiento que genera lo privado para todo el país.

Sin embargo, el ambiente económico se puede ver afectado por el proceso electoral en marcha, donde se enfrentarán, finalmente, dos tendencias ideológicas contrarias. De hecho, la sensación de incertidumbre es el rasgo característico en el mundo empresarial. Es un momento de “pesimismo de la razón en lo político y optimismo de la voluntad en lo económico”.

Esperemos que en el año 2025 y, el sucesor, el 2026, podamos tener logros económicos y sociales significativos que todavía se presentarán como los éxitos del gobierno Petro para justificar la continuidad de su proyecto político en el poder.

Quien sea el nuevo presidente y su tendencia política, alivianará las tensiones de incertidumbre y desconfianza o, por el contrario, las radicalizará mucho más. Para el 2026, los empresarios deben continuar manteniendo a flote la economía y, si el cambio de gobierno es favorable, integrarse con él.

Por ahora, estamos en una época de proselitismo político del gobierno actual: con ausencia de norte y con pura ideología, en vez de pragmatismo para gobernar hasta agosto del 2026.

Vamos a tener tantos problemas acumulados para el año entrante (salud, energía, servicios públicos, pensiones, déficit fiscal, etc.) que lo que el país necesita son dirigentes y miembros del nuevo gobierno que logren solucionar, desde el origen, los problemas; por lo tanto, debemos ser asertivos al elegir el próximo gobierno.


Temas políticos

En el escenario político, continuaremos con las relaciones pugnaces de Petro con Trump y con las tensiones en Venezuela y sus conflictos internos y externos.

En el tema político hay desánimo y desconfianza por el discurso polarizante del gobierno y los problemas reales de corrupción, impunidad, ineficiencia, inseguridad, y con las reformas que quiere impulsar y que el país no necesita en la forma planteada. El público sabe que el modelo actual del cambio de Petro se agotó y que hay que pensar en una nueva Colombia con nueva dirigencia no extremista. Hay que evitar en el Congreso el clientelismo, con la mermelada provista por el gobierno para que lo apoyen, al estilo de muchos gobiernos.

Lo primero que hay que resolver es la definición de candidatos únicos y programas y planes de gobierno estructurados y compartidos. La derecha debe hacer una narrativa “sexy” y evitar los caudillismos, para darle respuestas reales y viables a cada una de las dificultades del país.

Si los movimientos no izquierdistas quieren defender: democracia, libertades, educación, constitución e instituciones, no deben pensar en solo la presidencia, sino también en el Congreso. En Colombia no es dable pensar en que se va a imponer, con las nuevas elecciones, la continuidad de un modelo autocrático como el de Gustavo Petro o como los de EE. UU.-Trump o Argentina-Milei o en El Salvador-Bukele, por ejemplo.

En el 2022, Colombia quería cambio, “no más de lo mismo”; el cambio del Pacto Histórico se quemó, ¿qué se va a proponer ahora? Sin cartas bien jugadas, el 32% de favorabilidad que posee la izquierda puede volver a ganar. Si la centro-derecha no se integra en unos pocos candidatos, se autodestruyen; tener cerca de cien aspirantes a la Casa de Nariño es casi que ridículo e inverosímil.

En el cambio de gobierno hay que definir el qué y el cómo se lleva a cabo el nuevo plan de gobierno; frecuentemente lo que falla es el cómo. En Colombia tenemos instituciones muy fuertes que defienden la democracia y la Constitución, frente a conductas de algunos candidatos y partidos que quieren pasarlas por alto, según su conveniencia.

Hay que confiar en el futuro, mantener la esperanza y ser pragmáticos y empáticos con el candidato que elijan los movimientos antipetristas. Las soluciones pasan por disponer de justicia, igualdad, inversión y oportunidades para todos. Hay que inyectarle optimismo al 2026.

EL SECTOR PRIVADO Y EL DESARROLLO DEL PAÍS

  Comentario 11/08/2026   EL SECTOR PRIVADO Y EL DESARROLLO DEL PAÍS   Por: Carlos Alberto Mejía C. Ingeniero Industrial y Administ...