lunes, 7 de diciembre de 2020

LA COQUITA

 Comentario 07/12/2020

LA COQUITA

Por: Carlos Alberto Mejía C.

Ingeniero Industrial y Administrativo.

 

El año 2020 se recordará como uno de los más difíciles en la historia reciente, de hecho, la revista time acaba de calificarlos como uno de los peores años en la historia de la humanidad. Se han presentado todo tipo de adversidades por condiciones climáticas, de guerras de origen político, religioso o territorial, de hambrunas, de desplazamientos humanos, de pandemias y endemias, de racismo y discriminación, de persecuciones políticas o ideológicas, de populismos o nacionalismos malsanos, de pobreza y desempleo como consecuencia del covid, de graves problemas de salud, de negocios quebrados o en muy mala situación de solvencia y solidez, de mercados cerrados, de falta de cosechas, de parálisis en la demanda de muchos bienes o servicios, especialmente de las materias primas y los productos primarios, de presupuestos agotados, problemas con la continuidad de los servicios públicos, especialmente en la educación, en fin, la lista es como interminable y cada país tiene su propia versión de lo difícil de año.

En Colombia en el último término estamos sumando, además, graves problemas de inundaciones, afectación por huracanes, pérdida de cosechas, fuerte desempleo, flujos migratorios venezolanos, problemas con las vías y el transporte por el mal estado de las carreteras o las escasas redes ferroviarias, y los consabidos problemas de guerrillas, deterioro del orden público, altos índices de violencia, trata de personas, narcotráfico y bandas criminales, sin olvidar las explotaciones ilegales de minas y canteras y la destrucción de boques y fuentes de agua.

Alguien podrá pensar, y tiene la razón, que la mayoría de esos problemas han existido desde muchos años atrás, pero cuando todo se presentan simultáneamente y con tanta fuerza, crean una sinergia entre ellos que multiplica su impacto negativo y destructor.  Es así como los niveles de vida y la calidad de vida se deterioran, de hecho, se estima que, de 2 a 4 millones de personas de la clase media, de los aproximadamente 30 millones que existen en Colombia, se “rodarán” a escenarios de pobreza, capitulo donde habíamos ganado una gran recuperación en los últimos diez años. Posiblemente, se tardará varios años el país para que estas personas y sus familias restablezcan su posición anterior de bienestar de vida y capacidad de compra.

De hecho, se estima que el proceso de recuperación económica, en general, podrá tomarse hasta el año 2025 para restablecerse a los niveles anteriores a la pandemia del Covid 19. En algunos aspectos, el proceso tomará más tiempo y aún hasta una década para su normalización.

¿Qué sigue?, en nuestra opinión, lo que estamos viendo hoy, “la coquita”, con lo cual queremos decir que todas las personas, gremios, productores, negociantes, actividades sociales de todo tipo, instituciones, etc. verán al Gobierno como su fuente de solución con los recursos del Estado. Sin embargo, el Estado no dispone de fondos y capacidades infinitos para poder ayudar en tantos frentes.

De hecho, el Estado desbordará este año los límites del déficit fiscal hasta el 9.48% del PIB, cifra impensable en la época pre pandemia, y llegaremos a niveles de endeudamiento del gobierno cercanos al 70% del PIB, también nunca visto en el desempeño de nuestro país. Aun así, ese esfuerzo no será suficiente para atender la ingente demanda de recursos para superar las más variadas dificultades.

Lo malo es que este déficit fiscal y el endeudamiento hay que pagarlos a punta de impuestos y contribuciones que no se sabe de dónde van a salir, primero, por la propia situación económica y social, y segundo, porque el ciudadano colombiano es muy mal pagador de impuestos. Baste mencionar que el 95% del impuesto de renta que se recauda lo pagan las grandes empresas y el resto, las pequeñas y medianas y los ciudadanos. Si no fuera por el IVA, los ciudadanos prácticamente no pagarían impuestos

¿Qué hacer?, necesariamente ser rigurosamente selectivos para canalizar los escasos recursos del Estado a sectores sociales y económicos prioritarios y comprender que no podemos llenar la “coquita” que saca todo el que tenga dificultades en sus actividades, esperando que el Estado se la llene.  Por esa vía terminaríamos socializando las pérdidas y privatizando las ganancias, de los sectores que poco a poco se recuperen. Prioridades como la infraestructura y la vivienda hacen un gran sentido en la generación de nuevos puestos de trabajo, pero se requiere actuar rápido y en forma contundente.

Lo segundo, son los grandes esfuerzos mancomunados y solidarios de los sectores privados, bajo la comprensión, de nuevo, que “la unión hace la fuerza”. No es mucho pedirle al sector privado que ayude a estimular la demanda con ofertas y facilidades de especial significación para los consumidores, como ya está sucediendo.

Y, por supuesto, lo tercero y quizás lo más importante, son los esfuerzos individuales, personales o familiares, para recuperar la confianza, restablecer gradualmente el consumo y el ahorro y poner todo su empeño en que el país se recupere, cada uno desde su “trinchera”, pero todos “disparando” para el mismo lado. Hoy más que nunca parece ser conveniente que “colombiano compre colombiano”, y que los productores del país se esmeren por ofrecer lo mejor de su calidad, variedad y precios.

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