martes, 25 de noviembre de 2025

EL PAÍS QUE NOS ESPERA EN EL 2026

 Comentario 25/11/2025

 

EL PAÍS QUE NOS ESPERA EN EL 2026

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

El 2026 va a ser un año tortuoso en Colombia, dados los siguientes factores: el período electoral, la polarización política enconada, el incierto cambio de gobierno, las políticas de EE. UU. y su rechazo a la inmigración de ciudadanos latinoamericanos, las recurrentes alteraciones del orden geopolítico mundial, el conflicto armado con los narcoterroristas, entre otros.

Colombia, a semejanza de otros países, ha aprendido a independizar la evolución económica y la política, al punto que podríamos afirmar que lo económico, aunque aún insuficiente, marcha razonablemente bien, pero lo político ha polarizado y radicalizado el país en bandos petristas y no petristas, sin fórmula de conciliación o acuerdo. De hecho, lo político ha ejercido una influencia nociva en lo económico debido al rechazo del sector privado y al estatismo económico que han ejercido el presidente Gustavo Petro y sus correligionarios.

Sin embargo, aunque la política esté enrarecida, la gran pregunta es: ¿Cómo inyectarle optimismo al próximo año? Veamos, mencionando algunos comentarios puntuales, en lo económico y en lo político:


Temas económicos

La economía ha demostrado resiliencia frente al ambiente político y con el esfuerzo denodado de los empresarios y las instituciones por defender la democracia y la palanca de desarrollo y crecimiento que genera lo privado para todo el país.

Sin embargo, el ambiente económico se puede ver afectado por el proceso electoral en marcha, donde se enfrentarán, finalmente, dos tendencias ideológicas contrarias. De hecho, la sensación de incertidumbre es el rasgo característico en el mundo empresarial. Es un momento de “pesimismo de la razón en lo político y optimismo de la voluntad en lo económico”.

Esperemos que en el año 2025 y, el sucesor, el 2026, podamos tener logros económicos y sociales significativos que todavía se presentarán como los éxitos del gobierno Petro para justificar la continuidad de su proyecto político en el poder.

Quien sea el nuevo presidente y su tendencia política, alivianará las tensiones de incertidumbre y desconfianza o, por el contrario, las radicalizará mucho más. Para el 2026, los empresarios deben continuar manteniendo a flote la economía y, si el cambio de gobierno es favorable, integrarse con él.

Por ahora, estamos en una época de proselitismo político del gobierno actual: con ausencia de norte y con pura ideología, en vez de pragmatismo para gobernar hasta agosto del 2026.

Vamos a tener tantos problemas acumulados para el año entrante (salud, energía, servicios públicos, pensiones, déficit fiscal, etc.) que lo que el país necesita son dirigentes y miembros del nuevo gobierno que logren solucionar, desde el origen, los problemas; por lo tanto, debemos ser asertivos al elegir el próximo gobierno.


Temas políticos

En el escenario político, continuaremos con las relaciones pugnaces de Petro con Trump y con las tensiones en Venezuela y sus conflictos internos y externos.

En el tema político hay desánimo y desconfianza por el discurso polarizante del gobierno y los problemas reales de corrupción, impunidad, ineficiencia, inseguridad, y con las reformas que quiere impulsar y que el país no necesita en la forma planteada. El público sabe que el modelo actual del cambio de Petro se agotó y que hay que pensar en una nueva Colombia con nueva dirigencia no extremista. Hay que evitar en el Congreso el clientelismo, con la mermelada provista por el gobierno para que lo apoyen, al estilo de muchos gobiernos.

Lo primero que hay que resolver es la definición de candidatos únicos y programas y planes de gobierno estructurados y compartidos. La derecha debe hacer una narrativa “sexy” y evitar los caudillismos, para darle respuestas reales y viables a cada una de las dificultades del país.

Si los movimientos no izquierdistas quieren defender: democracia, libertades, educación, constitución e instituciones, no deben pensar en solo la presidencia, sino también en el Congreso. En Colombia no es dable pensar en que se va a imponer, con las nuevas elecciones, la continuidad de un modelo autocrático como el de Gustavo Petro o como los de EE. UU.-Trump o Argentina-Milei o en El Salvador-Bukele, por ejemplo.

En el 2022, Colombia quería cambio, “no más de lo mismo”; el cambio del Pacto Histórico se quemó, ¿qué se va a proponer ahora? Sin cartas bien jugadas, el 32% de favorabilidad que posee la izquierda puede volver a ganar. Si la centro-derecha no se integra en unos pocos candidatos, se autodestruyen; tener cerca de cien aspirantes a la Casa de Nariño es casi que ridículo e inverosímil.

En el cambio de gobierno hay que definir el qué y el cómo se lleva a cabo el nuevo plan de gobierno; frecuentemente lo que falla es el cómo. En Colombia tenemos instituciones muy fuertes que defienden la democracia y la Constitución, frente a conductas de algunos candidatos y partidos que quieren pasarlas por alto, según su conveniencia.

Hay que confiar en el futuro, mantener la esperanza y ser pragmáticos y empáticos con el candidato que elijan los movimientos antipetristas. Las soluciones pasan por disponer de justicia, igualdad, inversión y oportunidades para todos. Hay que inyectarle optimismo al 2026.

martes, 18 de noviembre de 2025

EL CNE Y LAS CAMPAÑAS PRESIDENCIALES

 Comentario 18/11/2025

 

EL CNE Y LAS CAMPAÑAS PRESIDENCIALES

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

El Consejo Nacional Electoral Colombiano (CNE) es la institución que vigila y dirige las elecciones del país, incluyendo la identidad de la ciudadanía y de los partidos políticos y sus movimientos; sus funciones van más allá del conteo de votos y de determinar un ganador.

En la Constitución de 1991 se estipuló la creación de la Organización Electoral, que está conformada por el Consejo Nacional Electoral (CNE), por la Registraduría Nacional del Estado Civil y por otras dependencias de esta última.

Según lo consignado en el artículo 120 de la Carta Magna, la Organización Electoral “tiene a su cargo las elecciones, su dirección y vigilancia, así como lo relativo a la identidad de las personas”.

Así las cosas, el CNE es el ente encargado de hacer los escrutinios oficiales tras una elección, así como de vigilar e imponer sanciones sobre irregularidades en procesos electorales.

Los presidentes de la Corte Constitucional, del Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia son los encargados de elegir al registrador nacional del estado civil, con un periodo de 4 años y puede ser reelegido una vez.

Igualmente sucede con los nueve integrantes del Consejo Nacional Electoral, que son elegidos por el Congreso de la República. Los miembros no deben haber sido parte de directorios políticos en los dos años anteriores, tampoco ser elegidos en corporaciones populares, ni deben ser cónyuge de ningún consejero de Estado que pueda intervenir en la elección.

En las reuniones que puede realizar el Consejo Nacional Electoral (CNE), la forma de deliberar será la de la mitad más uno. Esto, tomando en cuenta que las decisiones deberán ser acogidas por las dos terceras partes que lo componen.

Está conformado por nueve magistrados que son elegidos por el Congreso. Esa elección se hace mediante el sistema de cifra repartidora.

“Los miembros del CNE serán servidores públicos de dedicación exclusiva y tendrán las mismas calidades, inhabilidades, incompatibilidades y derechos de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia”, se explica en el artículo 264 de la Constitución.

¿Qué funciones cumple el Consejo Nacional Electoral?

Las funciones del Consejo Nacional Electoral están definidas en el artículo 265 de la Constitución.

  • Salvaguardar los derechos al sufragio es una de las funciones más importantes del CNE en Colombia. Pero este cuenta con una serie de funciones, como el recuento de votos con su respectiva inspección para los distintos procesos electorales de la República; y elegir delegados para que en cada circunscripción electoral efectúen los escrutinios pertinentes.
  • Otra tarea trascendental es que debe “velar por el cumplimiento de las normas sobre partidos y movimientos políticos y de las disposiciones sobre publicidad y encuestas de opinión política, por los derechos de la oposición y de las minorías, y por el desarrollo de los procesos electorales en condiciones de plenas garantías”.

Esta segunda tarea ha permitido que el CNE estudie la campaña electoral del presidente Gustavo Petro y de los miembros de su organización (gerente, auditor, interventor) que condujeron la gestión de la misma, para encontrar los abusos de violación de topes electorales, dineros de dudoso origen, gastos o ingresos no registrados y exabruptos como los de Nicolás Petro (su hijo no criado) en las campañas del Atlántico del país y lo sucedido con su hermano, Juan Fernando Petro, con el pacto de la Picota, en la búsqueda de apoyo para la campaña de Petro por parte de los narcotraficantes presos. Recordar, además, el “tarimazo” en Medellín con esos delincuentes y la intervención de la congresista Isabel Zuleta. Todas estas investigaciones están en firme, pero se tropiezan con la Comisión de Acusaciones del Congreso, que es el organismo llamado a juzgar al presidente, la cual, en la práctica, ni juzga ni sanciona, por eso algunos la llaman la comisión de absoluciones.

Como se observa, el papel del CNE como “custodio” de los procesos electorales, así como su vigilancia sobre los partidos políticos y sus actuaciones, son roles indispensables para garantizar los procesos democráticos transparentes y limpios, tanto los que ya pasaron como los que están por venir.

martes, 11 de noviembre de 2025

EL NUEVO FASCISMO

 Comentario 11/11/2025

 

EL NUEVO FASCISMO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

Para hablar desde su origen, el fascismo[1] es un movimiento político y social el cual nació en Italia de la mano de Benito Mussolini tras la finalización de la Primera Guerra Mundial. Se trata de un movimiento totalitario y nacionalista, cuya doctrina, y las similares que se desarrollaron en otros países, reciben el nombre de fascistas.

Desde 1922 hasta 1943, el citado dictador italiano se convirtió en el primer ministro de su país; fecha aquella última en la que fue depuesto y posteriormente encarcelado. Aunque en prisión estuvo muy poco tiempo, pues recibió la ayuda de la Alemania nazi para escapar de dicho lugar. No obstante, dos años después, en 1945, finalmente moriría tras ser ejecutado. Además del régimen de Mussolini en Italia, se califican como fascistas de esa misma época a la Alemania de Adolf Hitler y a la España de Francisco Franco.

El fascismo se basa en un Estado todopoderoso que dice encarnar el espíritu del pueblo. La población no debe, por lo tanto, buscar nada fuera del Estado, que está en manos de un partido único. El Estado fascista ejerce su autoridad veladamente con dádivas y halagos, pero frecuentemente, en condiciones de mayor represión, a través de la violencia, la coacción, el miedo y la propaganda, principalmente, pero no únicamente, también a través de la manipulación del sistema educativo.

El líder fascista es un caudillo que aparece por encima de los hombres comunes. Mussolini, por ejemplo, se autodenominaba como “il Duce”, que deriva del latín Dux («General»). Se trata de liderazgos mesiánicos y autoritarios, con un poder que se ejerce de manera unilateral y sin ningún tipo de consulta popular previa. Además de todo ello, hay que resaltar el hecho de que el fascismo en Italia y en otros países condujo a que se desarrollaran y promulgaran las que se dieron en llamar “leyes raciales”. Estas eran un compendio de medidas de discriminación y de persecución hacia todas aquellas personas que fueran contradictorias del gobierno fascista o tuvieran relación con el pueblo judío de cualquier origen. Dicha legislación dio lugar no solo a que se llegara a hablar de una raza italiana o alemana “puras”, por ejemplo, sino también a que se abrieran campos de concentración donde los judíos eran recluidos, sometidos a trabajos forzados, objetivos de todo tipo de torturas y abusos, e incluso millones de ellos fueron también asesinados.

En Alemania, el fascismo estaba asociado al nazismo. Este movimiento tuvo un fuerte componente racial, que promulgaba la superioridad de la raza aria y buscaba el exterminio de otras colectividades, como los judíos ya mencionados, o los gitanos y los negros. En este sentido, hay que subrayar que el nazismo propagó en el año 1935 las conocidas Leyes de Núremberg mediante las cuales no solo se les privaba a los judíos de sus derechos como ciudadanos, sino que también se les obligaba a portar una identificación como tal y a evitar relacionarse con los llamados ciudadanos arios. Pero ese solo fue el punto de partida de una persecución indiscriminada y atroz contra las personas de origen judío que fueron víctimas de torturas y asesinatos por parte de la conocida como SS, policía nazi, y que condujo a la muerte de cerca de 6 millones de judíos.

Pues, quién lo creyera, esas filosofías autocráticas, autoritarias, discriminatorias, sectarias y segregacionistas, con gran culto por la personalidad de su líder, también existen hoy, encarnadas en filosofías de socialismo de Estado o comunismo, pero con una conducta de verdadero fascismo. Baste mirar en el vecindario en los años contemporáneos, en cuanto a lo que han representado los hermanos Castro en Cuba, Chávez (ya fallecido) y Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Gustavo Petro en Colombia[2], por citar solo algunos casos cercanos, y, las que fueron en los años del siglo anterior, las dictaduras de todo tipo y los gobiernos militares de algunos países.

En realidad, son lobos con piel de oveja, que se aprovechan de condiciones de debilidad en las democracias o abusos de poder de algunos de sus gobernantes, para ser sustituidas por otros líderes que son aún más radicales. Sus argumentos exaltan el nacionalismo, la autenticidad de los valores y rasgos de un pueblo y los subliman para utilizar esos sentimientos en su propio beneficio, por supuesto, con todo tipo de incautos que “compran” tan singulares propuestas y las sienten como las grandes soluciones para sus problemas y/o la cristalización de algunos de sus “sueños”, pasando por encima de toda la comunidad y desatando corrientes de odio y persecución contra otros conciudadanos, a quienes señalan como la causa de sus dificultades, con un marcado odio de clases.

En los tiempos modernos aparecen en ciertos países y épocas movimientos del tipo neofascismo y del neonazismo, los cuales repiten actitudes de los movimientos originarios (violencia, autoritarismo y discriminación), mientras ocultan o minimizan los crímenes cometidos por esos grupos a lo largo del siglo XX, con un negacionismo a ultranza.

En Colombia se avecina un nuevo período electoral y, duele decirlo, algunos precandidatos exhiben rasgos y tendencias de corte fuertemente populista y, en algunas formas, también fascista.

 



[1] Algunas de las explicaciones de este texto se han tomado de diferentes fuentes históricas.

[2] Gustavo Petro durante su gobierno se ha caracterizado por: filosofías autocráticas, autoritarias, discriminatorias, sectarias y segregacionistas, queriendo invadir las esferas de las instituciones que no forman parte del ejecutivo, imponer sus reformas, buscar que el sector privado pierda importancia y que el actor y gestor de la economía sea el Estado, con múltiples investigaciones de fraude en su campaña electoral, desestimulando a la fuerza pública y permitiendo el avance de narcotraficantes y narcocultivos, sembrando odio de clases y con un énfasis socialista, nacionalista y populista. Ni hablar de sus relaciones con el Cartel de los Soles en Venezuela.

martes, 4 de noviembre de 2025

LOS CAMBIOS SOCIALES Y POLÍTICOS

 Comentario 04/11/2025

 

LOS CAMBIOS SOCIALES Y POLÍTICOS

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

La política mundial parece un reverbero: de un momento a otro centellea y hay llamas por algún lado, con todo tipo de conflictos de poder, políticos, religiosos, militares, territoriales, étnicos, de corrupción, de delincuencia, de ideologías contrarias, de presiones económicas, de desplazamientos humanos, de conflictos regionales, e incluso de cambios climáticos y sus consecuencias.

Incluida en todo esto está la distorsión o el refuerzo de la verdad y la objetividad que las redes sociales y las avanzadas tecnologías crean como oportunidad o como desafío.

Lo mismo está sucediendo en Latinoamérica. De hecho, en Latinoamérica, estamos afrontando tres tipos de cambios, los cuales son diferentes en su contenido y orientación, veamos:

Cambios con alto contenido social:

Se trata de verdaderas reivindicaciones de carácter social en materia de soluciones básicas de vivienda, salud, educación, pensiones y bienestar. Dependiendo de las características de cada país, la gravedad y complejidad de los problemas es diferente. Por ejemplo, en Colombia se ha logrado una razonable cobertura y calidad en la salud y la educación, pero una muy pobre cobertura en las pensiones. En Chile la cobertura en pensiones es notable, pero el porcentaje de restitución, es decir, lo que recibe quien se jubila, es tan bajo que no ofrece respaldo para una vida digna.

Así podrían mencionarse caso a caso todos los países y tendrían, unos más y otros menos, pero todos por igual, significativas necesidades en materia social. Aquí las protestas son argumentadas y deberían merecer todo el respaldo de la comunidad, siempre que se hagan por los cauces legales y por las vías pacíficas. El límite en cada país está en su voluntad política, en su capacidad económica, su menor o mayor corrupción y la eficiencia de su gasto público.

Cambios con alto contenido político:

Otro tipo de demandas son las de cambios políticos de gobierno o cambios constitucionales, los cuales, en los últimos años, por las vías electorales y según las propias constituciones y reglamentos, se han hecho para elegir nuevos gobernantes democráticamente o para modificar aspectos relacionados con la constitución política del respectivo país. Se ha acudido a referendos, plebiscitos o asambleas constituyentes como fórmulas de cambio, todas las cuales se enmarcan en el marco institucional y en forma democrática, civilizada y pacífica. Cada país es dueño de decidir su destino en términos de la constitución que lo rija y el gobierno que lo represente. Estos cambios, por supuesto, deberían ser respetados y acatados en forma pacífica.

Cambios con contenido subversivo y anárquico:

Lo que no puede ser, y se ha vuelto un hecho frecuente, es presionar cambios de tipo político, social, constitucional o institucional a partir de la violencia y el anarquismo. Los grupos de encapuchados que en forma arbitraria atentan contra los intereses de la comunidad, como: los comerciantes, los empleados, los estudiantes, los servicios de transporte, los bancarios, los de salud, los de recreación; es decir, atentan contra el funcionamiento de la comunidad y los derechos de los demás. Son simplemente un anarquismo de carácter subversivo y totalitario, que vulnera la constitución, las leyes y los intereses de los demás ciudadanos, imponiendo, bajo agendas ocultas (nacionalismo o populismos), lo que les viene en gana, con grandes costos económicos, políticos y sociales. Se afecta la estabilidad, la credibilidad, la confianza y el prestigio de una nación. Estos movimientos deben ser rechazados y sancionados por todos los ciudadanos y con toda la fuerza de la ley.

EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA

  Comentario 16/03/2026   EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA   Por: Carlos Alberto Mejía C. Ingeniero Industrial y Administrativo. https:...