domingo, 21 de noviembre de 2021

ECONOMÍA SANA CON CRECIMIENTO Y DESARROLLO

 Comentario 22/11/2021


ECONOMÍA SANA CON CRECIMIENTO Y DESARROLLO

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/ 

Si la producción y el consumo actuales de la humanidad están causando el deterioro del medio ambiente y el agotamiento de recursos no renovables, como la evidencia científica indica, en los estudios sobre el cambio climático, sobre el medio ambiente y en el cada vez mayor número de especies animales y vegetales en vía de extinción, así como de muchos minerales, deberíamos modificar nuestro modelo de consumo de bienes o servicios, el de crecimiento y el de desarrollo actuales por un sustituto que no produzca estos dañinos efectos. Esto que parece enunciarse tan simplemente, es un problema de alto costo, complejidad y dificultad, veamos:

Puede afirmarse que prácticamente casi toda la producción y el consumo del hombre de bienes o de servicios se ve cruzada por el empleo en su generación de productos contaminantes del medio ambiente con afectación a la huella de carbono, como sucede con el uso del carbón o del petróleo y sus respectivos derivados y la utilización de algunos gases combustibles o calóricos, y, en ocasiones, por químicos o agroquímicos de otros orígenes, pero también contaminantes del medio ambiente o destructores de recursos no renovables, comenzando por el empleo de energías cuyo origen es, precisamente, el carbón o el petróleo, en la gran mayoría de los países. Esto significa que hay que ampliar el consumo de energías no contaminantes como las eólicas, las solares o las de combustión de hidrógeno, entre otras, por ejemplo. Sin embargo, aún no es posible esta solución de energías limpias a gran escala para sustituir las fuentes actuales de energía contaminantes, es demasiado costoso, complejo y requiere de avanzados conocimientos científicos. Estas soluciones, como son hoy, se volverían inaccesibles para el público en general y para muchos países en particular.

Lo cual significa que estamos en una verdadera encrucijada, sabemos el daño que a la vida y al medio ambiente le hace el consumo de las energías o productos contaminantes, sin embargo, no tenemos por ahora y por muchos años una solución alternativa eficiente, y de costo accesible para las comunidades. Es decir, sabemos el daño que hacemos, y a pesar de eso, no podemos remediarlo fácil o rápidamente. Igual podríamos afirmar en el caso de otras producciones y consumos corrientes para la vida humana, pero en la misma forma contaminantes. 

La COP 26, o sea la conferencia sobre el cambio climático, celebrada en Glasgow en los pasados días, ahondó en el examen de estos problemas, encontrando compromiso de los países en algunas soluciones parciales, las cuales serán lentas y de efectos quizás tardíos, como afirman muchos ambientalistas. Demasiados “cabos” sobre el cambio climático y la destrucción de recursos no renovables quedaron sueltos, todavía y pendientes de decisión política y financiación apropiada, como ayuda especialmente para los países pobres en su propio proceso de cambio climático. Hay que decir también que los legítimos intereses ambientales y de preservación de la vida se ven fuertemente impedidos en su accionar por influencias parcializadas de poderes económicos o políticos contrarios, con mucha fuerza y capacidad, tanto de gobiernos y partidos políticos, como de empresas y sectores de opinión.

Ahora, el uso de energías limpias o productos y servicios no contaminantes o no destructores de la naturaleza significaría modificar todos los sistemas de producción y consumo adoptados por la humanidad a través de varios siglos, cosa realmente difícil e impensable en sus consecuencias. Aparentemente sería como dar un salto atrás en el desarrollo, el modo de vida, el consumo y el progreso de las comunidades, es, figurativamente, como volver al consumo de sólo lo que la naturaleza nos brinde como nos lo brinde, sin causarle ninguna transformación, como si fuéramos recolectores en el campo en la antigüedad, cosa que no nos cabría en nuestra mente. 

Pensemos que deseáramos, por ejemplo, emplear sólo vehículos de transporte no contaminantes, con lo cual habría que reconvertir o sustituir todos los actuales que usan combustibles contaminantes a su versión no contaminante, la humanidad no tendría el dinero, el conocimiento y la capacidad suficiente para hacer esto en breve término. Tendría que surgir una ingeniería reversa muy potente, accesible y eficaz, que hoy no existe, para lograr transformar los vehículos actuales contaminantes en no contaminantes, para no tener que destruir todo el parque de transporte actual, hecho también imposible de pensar. En la conferencia de Glasgow, lo más que se pudo acordar es el compromiso inicial de algunos gobiernos de dejar de producir vehículos de transporte contaminantes a partir de unos años más tarde, 2035 a 2040 y en adelante, aproximadamente. Y esta decisión no es de todos los países ni de todos los productores de vehículos terrestres, fluviales y aéreos. ¿Cuándo y en qué forma sería una decisión y aplicación universal?

Piense cada lector en cuántos obstáculos habrá que superar para convencer a toda la humanidad, con sus empresas, gobiernos e instituciones de volcarse hacia economías limpias (producción y consumo de bienes y/o servicios), es un proceso demasiado complicado y posiblemente un camino lleno de “espinas y abrojos”. Ahora, sin la voluntad política, empresarial y ciudadana mancomunadas, este objetivo estará muy lejano. 

Además, estas ingenierías reversas aplicables a todo tipo de producción, servicios y consumos actuales para que no sean contaminantes, por ahora no existen en el mundo, por lo cual estamos abocados a un proceso de corrección gradual y paulatino a través de muchos años para poder pellizcar siquiera el tamaño del reto de esta solución de tener un mundo sin contaminación, pero sí con crecimiento y desarrollo suficientes para generar progreso y bienestar para toda la humanidad. Sin embargo, como afirma la sabiduría milenaria china, “hasta el camino más largo comienza con el primer paso”. Comencemos a poner nuestro granito de arena con una conciencia más decidida y actuante concentrada en la protección del medio ambiente y de la naturaleza más que en privilegiar nuestro estándar de vida actual, lleno de contaminación y destrucción, del único hábitat que tenemos, la tierra donde vivimos.


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