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lunes, 14 de septiembre de 2026

EL DISCURSO DE MARCO RUBIO

 Comentario 14/09/2026

 

  

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

La visita del secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, a Colombia, realizada el 8 de septiembre de 2026, tuvo un propósito estratégico y multidimensional, centrado en la seguridad, el comercio y el apoyo tras la emergencia nacional (incendios y terremoto). En síntesis, Rubio vino a reforzar la alianza bilateral Colombia-EE. UU. en un momento crítico para Colombia, con énfasis en tres ejes:

  1. Seguridad y lucha contra el narcoterrorismo
  2. Relaciones comerciales y discusión sobre aranceles
  3. Apoyo estadounidense a la recuperación tras el terremoto del 10 de agosto

Es, prácticamente, el relanzamiento de las estrechas relaciones que por muchos años han tenido, en forma estratégica, las dos naciones, las cuales fueron gravemente deterioradas por la visión ideológica, no pragmática, del gobierno de Gustavo Petro frente a EE. UU.

Estuvimos a punto de perder la relación de aliados estratégicos que con el bipartidismo norteamericano habíamos construido. Esto hubiera lesionado fuertemente las exportaciones colombianas a ese país (principal socio comercial y de inversión extranjera), la seguridad en Colombia por el apoyo en la inteligencia, en la logística y en el armamento norteamericano, la inversión extranjera directa de ese país y el acceso a la banca multilateral. Afortunadamente, ahora estas relaciones se reconstruyen.

Para los Estados Unidos, la presencia en Colombia de grupos armados, autollamados guerrilleros, y los grupos de la delincuencia común, dedicados ambos al narcotráfico, son una amenaza a su seguridad nacional y, además, las tendencias políticas de los gobiernos de izquierda son consideradas un peligro para desestabilizar la economía, la armonía social y política de los países en Latinoamérica, como afirmaba el secretario de Estado Marco Rubio el 16 de julio de 2026, durante la Cumbre Internacional contra el Terrorismo de Extrema Izquierda celebrada en Washington D. C., cuyo pensamiento más explícito no puede ser, veamos:

«La violencia de la izquierda no es una “protesta”. Es una revuelta de lo peor contra lo mejor. Es la pataleta de los débiles, los mediocres y los cobardes contra los fuertes, los capaces y los buenos.

Son aquellos que no saben construir, crear ni lograr nada grande… y por eso deciden vengarse del mundo destruyendo lo que otros levantaron con esfuerzo, talento y visión. Eso es el izquierdismo radical en su esencia más pura. Da igual la etiqueta del momento: anticapitalista, antiimperialista, comunista, anarquista, marxista, “progresista” o “activista climático”. El ADN es siempre el mismo:

·         Es resentimiento venenoso disfrazado de “justicia social”.

·         Es envidia podrida maquillada de “igualdad”.

·         Es odio a la excelencia envuelto en banderas de “liberación”.

·         Su único talento es destruir.

·         Su única alegría es ensuciar lo hermoso.

·         Su único objetivo es arrastrar todo hacia abajo para que nadie brille más que su propia mediocridad.

A través de la violencia, el terror y la cancelación buscan imponer su fealdad espiritual sobre la sociedad. No es idealismo. No es utopía. Es nihilismo puro con sonrisa moralista. El viejo dogma se equivocó: esto no viene de gente que sueña con un mundo mejor, sino de gente que no soporta que el mundo sea mejor sin ellos. Y ya estamos hartos. La civilización no se defiende pidiendo perdón. Se defiende nombrando al enemigo por su nombre». Marco Rubio.

Las pruebas de la influencia de los gobiernos de izquierda radical en Latinoamérica son palpables: Cuba desde los años 60 con los Castro, Bolivia antes de Rodrigo Paz, Venezuela desde Hugo Chávez, Argentina antes de Milei y todos los demás que han querido hacer coqueteos con la izquierda radical.

Como es el caso de Colombia y el anterior presidente Gustavo Petro, gobierno en el cual se afectaron gravemente las finanzas públicas (déficit fiscal y endeudamiento), se paralizó la inversión extranjera, no se realizó ningún crecimiento de la infraestructura productiva, se afectó el empleo con el incremento populista del Salario Mínimo Legal, se dividió al país con su ideología, fue sectario con sectores de la población, fomentó el odio de clases, descalificó al sector privado, desbordó la contratación estatal con 900.000 órdenes de prestación de servicios, tuvo un criterio revanchista con sus opositores y no fomentó ninguna política de unidad nacional. Sus políticas afectaron severamente el sector de hidrocarburos y el energético. Su proyecto de la “paz total”, a más de ser un fracaso, permitió el fortalecimiento de los grupos guerrilleros y narcotraficantes, con un debilitamiento de la fuerza pública hecho adrede. Todas estas, entre otras acciones y decisiones, ya el país las padece y lo afectarán por muchos años.

Ahora le tocará comenzar a remediar sus negativos efectos al presidente Abelardo de la Espriella y su vicepresidente José Manuel Restrepo, con el concurso de todas las fuerzas vivas del país. Les deseamos el mayor de los éxitos, aunque el “foso” del que parten es muy profundo.