Comentario 23/08/2021
EL
NEOPAPISMO
Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/
Desde
que Cristo pronunció las palabras “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré
mi Iglesia”, refiriéndose al apóstol Pedro, a quien encomendó también las
“llaves del cielo” y además la misión de “apacentar[1] sus corderos y sus
ovejas”, se instituyó la figura del papado o “gobernante” de los fieles
cristianos y, más precisamente, de los católicos. El papa es el obispo de Roma
y, como tal, recibe la consideración de ser la cabeza visible de la Iglesia
Católica y del Colegio Episcopal, además del título de soberano en el Estado de
la Ciudad del Vaticano.
La
misión de los papas es la de acrecentar el reino de Dios, mediante la
evangelización de los fieles, a partir del acto del bautismo propio de la
religión católica, con la cual se establece la sumisión a las leyes de Dios y a
los designios del papa, quien tiene la potestad de declarar dogmas religiosos.
Esta última es su facultad más controversial, ya que implica la llamada
infalibilidad papal, por la cual, conforme al dogma católico, el pontífice está
exento de cometer errores en materias de fe, religión y moral, ya que se
considera que habla ex cathedra, es decir, que no se equivoca cuando se expresa
sobre los temas de la ley de Dios.
Pues
bien, tan importante figura y misión, a través de los siglos se desfiguró para
tener en algunos de los Papas de Roma verdaderos Reyes, con poder
político y militar, afán de posesiones y dominios, territorios propios, grandes
riquezas, influencias en muchos otros reinos, imponentes ejércitos
conquistadores, propios o constituidos con mercenarios a su servicio, con lo
cual su papel se transformó en ser más de la “tierra que del cielo”, para su
propio gozo y beneficio. Hay historias de algunos Papas que verdaderamente
horrorizan y escandalizan por sus matanzas, afán de riquezas y conquistas,
poder e influencias políticas, vidas sexuales desenfrenadas, y por toda la
maldad que pueda imaginarse.
En ocasiones, se transformó la dignidad del papa, como jefe religioso, a ser un aguerrido jefe político, pero se usó la religión como excusa para los más terribles actos de persecución, como fue la época de los tribunales de la Inquisición, frente a los cuales muchos hombres murieron por orden de la Santa Madre Iglesia, prácticamente todo el que pensara u obrara diferente a los dogmas de la Iglesia era perseguido y torturado, y posteriormente asesinado, en el nombre de Dios. Esto retrasó el avance científico y la difusión del conocimiento, se convirtió en la época del oscurantismo y terminó por alejar a muchos pueblos de la fe católica, acogiendo otras creencias y pensamientos.
La
Iglesia de Roma fue, entonces, rica y poderosa, aún sigue siendo ambas cosas,
aunque predique lo contrario: la fe, el amor al prójimo, la humildad, la moral
y las bienaventuranzas. No quiero decir con esto que no haga un significativo
aporte a la difusión de la fe católica y al servicio de las comunidades,
simplemente que no todo en la Iglesia ha dejado de ser como era. Hay sacerdotes
y religiosos o religiosas que son verdaderos Santos, dignos de ser acompañados
en vida y venerados luego de su muerte. Pero hay otros que, si bien predican
los principios religiosos, poco hacen para practicarlos.
Los
papas de Roma en los últimos años han vuelto al redil del evangelio de Cristo y
han dejado su papel de guerreros y conquistadores de las cosas mundanas, para
ser, de nuevo, evangelizadores de la fe cristiana en la mayoría de los casos.
Prácticamente los papas del siglo XIX y del siglo XX tienen unas vidas
meritorias y ejemplares, me refiero a Pio XI y XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan
Pablo I y II y Benedicto XVI.
El
actual papa Francisco con una mezcla de jefe religioso e influenciador político
muy de corte socialista (progresista) como veremos a continuación. No
discutiremos sus enseñanzas religiosas, en las cuales, como se ha dicho, se
considera infalible. Pero sí su activismo político, veamos el caso a partir de
algunas de sus reflexiones, por citar sólo algunas, una de ellas en la última
encíclica que se titula ‘Fratelli tutti’ (Hermanos todos), el pontífice
arremetió contra el capitalismo y el dogma neoliberal de la actualidad, van
algunas de sus afirmaciones (Portafolio 6/10/2020):
- “El desarrollo no debe orientarse a la acumulación creciente de unos pocos (...) el derecho de algunos a la libertad de empresa no puede estar por encima de los derechos de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres, ni tampoco del respeto al medio ambiente”. Y junto con esto, habló del rol del empresario, al apuntar que “tendrían que orientarse al desarrollo de las demás personas y a la superación de la miseria, especialmente a través de la creación de fuentes de trabajo diversificadas”.
Por
otro lado, en recientes declaraciones a raíz de las efemérides del texto
bíblico de la multiplicación de los panes y de los peces, comentó: (El Tiempo
01 de agosto 2021)
- “El verdadero milagro no es la multiplicación, que produce vanidad y poder, sino el compartir, que aumenta el amor. Nosotros tratamos de acumular y aumentar lo que tenemos; Jesús, en cambio, pide dar, disminuir. Nos encanta añadir, nos gustan las adiciones; a Jesús le gustan las sustracciones, quitar algo para dárselo a los demás”.
Podemos
estar de acuerdo o no con las afirmaciones anteriores del Papa Francisco, ese
no es el punto de discusión de este comentario, el problema es el tinte
político de sus aseveraciones, de claro contenido socialista, redistributivo,
colectivista e igualitario, las cuales pueden ocasionar reacciones políticas
más que religiosas y con ello, de nuevo, la Iglesia de Roma vuelve a buscar una
influencia política en el mundo, pero, sabemos por las experiencias pasadas de
muchos papas, que Religión + Política es una difícil y explosiva mezcla.
Esto es el NEOPAPISMO, con los peligros que conlleva el alejamiento de la Iglesia de su orientación espiritual, de la promoción de la fe y del apoyo a las creencias de sus fieles, versus a sus opositores o contradictores políticos. Creo que no es bueno que la Iglesia trate de asumir un papel de líder político a nivel mundial, de nuevo se vuelve más de la “tierra que el cielo” y puede perder muchas “batallas” y fieles.
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