Comentario 09/05/2022
¿PROGRESISMO
O CONTINUISMO?
Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/
Inexorablemente
los días pasan y nos acercamos al momento de la verdad con la primera vuelta
presidencial el 29 de mayo, donde saldrán elegidos los dos candidatos y sus
respectivos nominados a la vicepresidencia que pasarán a la segunda vuelta,
para definir el 19 de junio quienes ocuparán finalmente los respectivos cargos
a partir del 7 de agosto del presente año.
De
acuerdo con las evidencias de las recientes encuestas, las tendencias se
confirman día a día en el progreso de Fico Gutiérrez y su vice Rodrigo Lara,
por el lado de la derecha, tanto como en el estancamiento de Gustavo Petro y su
fórmula Francia Márquez, por el lado de la izquierda. Los de centro poco a poco
han desaparecido y, como era previsible, se han refundido en los dos extremos,
ante la fortaleza de esos movimientos.
Probablemente
las cartas ya están echadas, es decir, los programas, las propuestas, los
enfoques, las prioridades, dentro de los modelos económicos, políticos y
sociales que cada campaña representa, ya están sobre la mesa, y no hay vuelta
atrás, aunque en Colombia en materia política siempre hay sorpresas.
En
un país fuertemente polarizado entre esas mismas tendencias, de derecha o de
izquierda, la confrontación política es más dura, porque no hay punto de
encuentro entre esas corrientes de opinión y de acción, y, según la elección
del 13 de marzo, con la representación dividida y particionada para el
Congreso, entre muchos grupos, ninguno de ellos con mayorías decisorias, se
avecina un período de gobierno negociado con los congresistas de los diferentes
movimientos, para buscar las mayorías que permitan avanzar en los proyectos e
iniciativas que se presenten al Congreso, para el grupo que sea elegido al
primer cargo ejecutivo oficial del país.
Para
las presidenciales, las diferencias de enfoque y de principios entre esos dos
candidatos principales, Petro de la izquierda y Fico de la derecha, son tan
abismales que estamos hablando de dos países distintos, con resultados
económicos, políticos y sociales muy diferentes. Basémonos en la experiencia
para calificarlas.
Para
mencionar algunos casos en Latinoamérica, las economías estatistas,
centralizadas y autocráticas de izquierda han sido un fracaso en toda la
región, basta mirar algunos de los vecinos, como Argentina, Venezuela,
Nicaragua o Cuba. Por el contrario, las economías abiertas a la inversión y a
la propiedad privada, sin intervencionismo estatal, han generado resultados muy
importantes como en Costa Rica, Panamá, la propia Colombia y hasta la llegada
de los movimientos socialistas, lo ha sido Chile, como modelo de progreso
social y económico.
Los
primeros países citados hicieron un cambio de su estructura económica, política
y social, desde un estado democrático, con economía y propiedad privadas, y con
división de poderes y hay que ver lo mal que les ha ido. Una experiencia que
nos debe quedar en la mente.
Los
segundos países, por el contrario, han tenido progreso, libertades, inversión
pública y privada y democracia, con mejoramiento paulatino de sus niveles de
vida y cada vez mejor calidad en sus condiciones de bienestar. Hay problemas
por superar y oportunidades por realizar, claro, pero se van logrando
progresivamente.
El
modelo de Petro, claramente socialista y autocrático, autocalificado como el
progresismo, conduce, además, a que los ciudadanos esperen, especialmente
los más pobres, el estado de bienestar por cuenta de “los más ricos", a
quienes se les impondrán cargas fiscales excesivas para subsidiar a los demás,
a través de un gobierno intervencionista en la actividad pública nacional,
regional y local y en la privada en todos los sectores de la economía. Pura lucha
de clases. Con este enfoque político de subsidios habrá ciudadanos zánganos y
otros productivos.
Ni
hablar sobre lo que piensa este sector político petrista en relación con los
intermediarios del sistema financiero, los conciben como chupasangres y no como
factores de desarrollo, sin embargo, los necesitan para que irriguen crédito en
todos los sectores de la economía y, además, que paguen grandes impuestos.
Pero
los problemas del modelo económico, político y social de Petro no terminan
allí, él quiere cerrar la economía, acabar con la economía petrolera,
apropiarse de las pensiones privadas, acabar con la independencia del Banco de
la República, revisar los Tratados de libre comercio, estatizar los servicios
que antes se privatizaron y así sucesivamente, un verdadero caos económico,
político y social. Muchos años de retroceso, no de progreso.
En
consecuencia, lo que no debe cambiar en la orientación de Colombia es el modelo
económico, político y social que ya tenemos, el cual ha imperado desde hace
muchos años, buscando, eso sí, superar cada vez más las limitaciones en su
desarrollo, con nuevas oportunidades para beneficio de todos y especialmente en
favor de los más pobres a partir de su educación y la capacitación para el
trabajo, con el apoyo del Estado y con un plan de servicios y cobertura social
en salud, vivienda, bienestar, recreación, deporte, pensiones para los más
vulnerables sin volverlo un esquema asistencialista y sin crear dependencia de
los más pobres por los subsidios, anulando su capacidad y autonomía.
Actualmente estos rubros comprometen buena parte del presupuesto nacional.
El
crecimiento y el desarrollo económicos les permitirán a todos los ciudadanos
capitalizar sus propias oportunidades y favorecer condiciones de mayor equidad.
Si a esto se le llama continuismo y es liderado por Fico Gutiérrez,
bienvenido.
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