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lunes, 3 de agosto de 2026

BIEN IDOS EL POPULISMO Y EL PROGRESISMO

 Comentario 03/08/2026

 

BIEN IDOS EL POPULISMO Y EL PROGRESISMO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Se avecina el cambio de gobierno, con la despedida del primer mandato presidencial de la izquierda radical en Colombia, representado por el presidente Gustavo Petro, su partido, el Pacto Histórico, y todas las autollamadas organizaciones sociales que lo han acompañado, en realidad más políticas que sociales.

Este gobierno fue en su elección, inclusive, favorecido con la opinión de personas de centro y derecha, bajo la idea de que el país debería conocer un mandato de izquierda y su énfasis social y anticorrupción: “hay que darle una oportunidad a la izquierda”, era lo que se afirmaba. Así que, en la elección de Gustavo Petro, quien, aunque no fue elegido por una mayoría abrumadora de votos, ganó en forma democrática.

Se comenzó con un gobierno con ministros y funcionarios de organismos y empresas del Estado con varios orígenes políticos, en la idea de una gran pluralidad nacional. Sin embargo, esta idea se abandonó rápidamente, para hacer un cambio drástico hacia personas que eran líderes de izquierda, algunos de ellos, claramente desconocidos por las grandes mayorías del país. El país recibió con interés la presencia de gente nueva y desconocida, bajo la expectativa de lo nuevo, lo distinto y, posiblemente, esperaba encontrar personas sin ninguno de los resabios de la clase política tradicional, menos en materia de corrupción. Nadie censura el origen de estas personas, sus etnias o sus convicciones políticas; sin embargo, muchos fueron criticados por su falta de conocimiento y experiencia previa.

La condición de los ministros y funcionarios, salvo algunas excepcionales singularidades, fue desastrosa, demasiados funcionarios llenos de intereses individuales, francamente corruptos y en muchas ocasiones, ineptos; de allí la enorme rotación del gabinete de Gustavo Petro y demás funcionarios públicos, todo lo cual salió caro en términos del logro de un gobierno eficiente y eficaz, enfocado en la solución real de los problemas y con clara decisión de combatir la corrupción. Se afirmaba, en su momento, que el Consejo de ministros era una “jaula” llena de tropiezos, zancadillas, golpes bajos, contradicciones de unos y otros, ataques a diestra y siniestra, etc. En consecuencia, las ejecutorias positivas del gobierno Petro se cuentan en los dedos de la mano y, las negativas, por montones.

Si sumamos a la ineficiencia de estos funcionarios su marcada ideologización por imponer los enfoques políticos, económicos y sociales de la izquierda, tales como la estatización de muchas funciones, la minimización de la empresa privada y el sector empresarial, la nula participación en el gobierno de diversos sectores de opinión como fuentes de mejoramiento y progreso, entre otros factores de mala administración y de una corrupción que brotaba por todas partes. Se radicalizó la administración del Estado, con una gran centralización de funciones y decisiones en Bogotá, minimizando la importancia y el concierto con las regiones y sus soluciones; hubo concentración de poder, minimizando la independencia y la coordinación con las demás instituciones (Cortes, Congreso y Organismos de Control).

Fuera del fenómeno de corrupción y mal gobierno, la no atención oportuna y asertiva de algunos temas de orden nacional ha causado serios reveses y difíciles problemas cuya solución tardará años y, en algunos casos, generaciones, como son los principales que se enumeran a continuación, entendiendo que su origen pudo no ser en el gobierno Petro, pero que su solución fue mal atendida en este mandato, así:

  • Los reveses y los laberintos de la paz total y sus consecuencias en la extensión de los narco cultivos y el narcotráfico. La seguridad, además, se perdió en amplias extensiones de la geografía.
  • Los gravísimos problemas en el sector salud y la famosa insuficiencia en la Unidad de Pago por Capitación (UPC), no corregida, adrede, por su ministro de Salud “estrella” Guillermo Alfonso Jaramillo, por razones ideológicas.
  • Los problemas originados en los sectores de hidrocarburos (especialmente, carbón, petróleo y gas), que han ocasionado un retroceso en la exploración, explotación y comercialización de estos energéticos, por razones ideológicas sobre el cambio climático.
  • La corrupción rampante en muchos de los órganos de gobierno con compromiso de familiares, amigos, relacionados, clase política, funcionarios del Congreso y del propio Gobierno.
  • El déficit fiscal y el endeudamiento público desbordados, por exceso de gasto para “premiar” a sus favorecedores, fenómeno que ha desquiciado las finanzas públicas, con sus consecuencias negativas en la persistente inflación, la revaluación del peso y las altas tasas de interés. De hecho, el riesgo país se ha elevado en este gobierno, conduciendo a recursos cada vez más caros para el financiamiento del Estado.
  • El alza desmesurada en el salario mínimo legal vigente, que desbordó todos los presupuestos y es un estímulo para la inflación que soportan las empresas y las familias.
  • La creación de cargos públicos y las órdenes de prestación de servicios que han ayudado a profundizar el déficit fiscal y el endeudamiento público.
  • Los autodenominados progresismos de izquierda, como el Pacto Histórico en Colombia, son populistas y frecuentemente se acompañan de nacionalismos, es decir, se explota el sentimiento nacional para encubrir los daños que causan a la economía, a las instituciones y a la sociedad, especialmente cuando estos ya son inevitables; así nos ha ocurrido con el gobierno de Gustavo Petro en Colombia.

Tenemos suficientes razones para concluir que el mandato que termina no ha sido afortunado para el país, y colegir, entonces, que “bien idos el populismo y el progresismo de Gustavo Petro y su grupo político, el Pacto Histórico”.

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