lunes, 17 de agosto de 2020

¿LLEGARON PARA QUEDARSE?

 Comentario 17/08/2020

¿LLEGARON PARA QUEDARSE?

Por: Carlos Alberto Mejía Cañas
Ingeniero Industrial y Administrativo
Http:/reflexiones-de-cam.blogspot.com

 

El refranero popular nos ha enseñado que “VACA LADRONA NO OLVIDA EL PORTILLO”, cuyo significado más aceptado es que quien comete algo atrevido en forma premeditada, tiene la tendencia cometerlo de nuevo. Por supuesto hay muchos otros significados que se han dado a través de los usos en diferentes países o lugares, como en los sitios de ordeño, por ejemplo, donde se aprecia que la vaca a la que se le ha acabado su cuido, pasa su cabeza para el cuido de su vecina a ver si puede comer más. O, en otros países, se interpreta como que lo que ha sucedido repetidas veces, tiende a volver a repetirse. Este último es el significado con el cual lo usaremos en este comentario.

Surge la pregunta de si algunos hechos acontecidos en razón a la pandemia del Covid 19 permanecerán o continuarán hacia el futuro, transformándose en una nueva forma de conducta de la comunidad, las empresas y las familias.  Frente a esa pregunta están las tres concebidas respuestas de: claro que continuará, probablemente o tal vez sí y la última, vaca ladrona no olvida el portillo, es decir, que todo volverá a la normalidad una vez superada la pandemia.

Lo primero que hay que decir es que la superación de la pandemia es un hecho incierto y la “clarividencia” de los científicos, los hombres políticos y los simples ciudadanos no logran avizorar cuándo y cómo sucederá este feliz suceso. Hay indicios, rasgos, tendencias, pero también posiciones como que conviviremos con el virus por varios años o que, poco a poco, con vacunas, tratamientos y prevención sanitaria se irá extinguiendo. En la medida en que el virus se perpetúe, algunas nuevas conductas como los cuidados higiénicos, el distanciamiento social y el uso de geles desinfectantes, jabones, alcoholes, lavado de manos y tapabocas, se volverán parte de la cultura y costumbres de una manera permanente o, al menos, existirán por años.

Sin embargo, existen otros cambios significativos, algunos de los cuales tendrán un singular y profundo impacto en las conductas, en las costumbres y unos imprevisibles impactos económicos de muchas magnitudes y en muy diferentes direcciones. Mencionemos algunos de esos hechos, sin pretender una lista exhaustiva o total de los mimos y avizorar cuál puede ser el impacto económico de su continuidad:

1.    Nuevo modelo de economía empresarial: con la pandemia y sus consecuencias, entre las empresas, unas emergieron y se reinventaron, las demás, no sobrevivieron y ya no estarán. La enseñanza es clara, las empresas hacia el futuro tendrán que adquirir competencias y capacidades que las hagan resilientes[1] y flexibles ante cambios intempestivos en su mercado o sus condiciones de desenvolvimiento.

2.    La relación cliente - proveedor va a cambiar significativamente, desde una alta densidad de ventas presenciales a ventas virtuales. El valor de lo virtual, a distancia y a domicilio sobrepasará los beneficios de la compra en sitio.

3.    El modelo de teletrabajo llegó para quedarse, con un alto impacto en el trabajador y su adaptación sicológica, familiar y funcional a este tipo de prestación de servicios, tanto como las implicaciones empresariales en espacios ocupados, equipamiento, tecnologías, comunicaciones, seguridades y en su relación con los empleados.

4.    El autocuidado en la salud, en lo personal, familiar y comunitario y sus consecuencias, son acciones que también llegaron para quedarse, seguramente la prevención y protección serán de mayor preocupación para todas las edades y condiciones.

5.    Durante la pandemia hemos experimentado un menor consumo de casi todo, no sólo por la parálisis, sino por una conciencia diferente sobre lo que realmente usamos y necesitamos, salvo los días sin IVA, cuya finalidad es rescatar la actividad económica y para el público una oportunidad, hoy consumimos menos. El impacto en los consumos, los sistemas de financiación y pago y la actividad económica se hará sentir. ¿Bueno o malo?, se verá a medida que el tiempo decante las circunstancias y veamos cómo quedamos realmente.

6.    Las relaciones cercanas con familiares, amigos y relacionados, podrán llegar a afectarse hacia el futuro y probablemente podrán ser ni tan cercanas ni tan lejanas, pero, con seguridad, serán diferentes.

7.    Los criterios y conceptos en aspectos políticos y sociales serán distintos, mucho se ha visto en términos de desempleo, desigualdades, transformación de los oficios, replanteamiento de las empresas y en las propias conductas sociales, como para pensar lo mismo, ¿cómo cambiaremos?, también está por verse.

8.    Además, la conciencia sobre los problemas sociales, de distribución de la riqueza y de la generación de oportunidades, tendrán un impacto sobre las prioridades y la asignación de los recursos a nivel de los gobiernos locales, regionales y nacionales. Si ésto afianzara también la cultura anticorrupción, qué gran logro sería. Evitar la corrupción es una gran fuente de generación de recursos para otras prioridades.

9.    La cultura del distanciamiento social para la protección común, el “yo me cuido, tú te cuidas y así, todos nos cuidamos” puede ser una cultura que trascienda a muchos ámbitos y se cumpla en muchas situaciones.

10. Finalmente, el rol de los gobiernos tendrá que considerar la sostenibilidad, tanto como el crecimiento, como criterios de economía social, a veces freno y a veces acelerador, pero con mayor equilibrio, guardar en vacas gordas, porque pueden llegar momentos de vacas flacas y ya vemos que vaca ladrona no olvida el portillo.

Estas son sólo unas cortas reflexiones, con seguridad en cada lugar de la geografía habrá muchas más, según las particulares condiciones que han atravesado.



[1] La palabra resiliencia se refiere a la capacidad de sobreponerse a momentos críticos y adaptarse, luego de experimentar alguna situación inusual e inesperada

lunes, 10 de agosto de 2020

¿PROGRESISTAS?

Comentario 10/08/2020

¿PROGRESISTAS[1]?

Por: Carlos Alberto Mejía Cañas
Ingeniero Industrial y Administrativo
Http:/reflexiones-de-cam.blogspot.com

 

La confrontación política entre las ideas de derecha, izquierda o centro es normal en todas las épocas de la humanidad y en todo tipo de países, los de economías liberales y democráticas con más apertura de pensamiento y los de economías más centralizadas y autocráticas, con más limitaciones en su análisis y discusión, por que frecuentemente corresponden a partidos únicos y autoritarios.

Existen todas las gamas y tendencias, “colores y sabores”, para decirlo de alguna manera simple, en esto del pensamiento político, su controversia y su aplicación al progreso y bienestar de las naciones y sus pueblos, con modelos económicos, de gobierno y de relaciones entre el Estado y lo privado, de diversos alcances, contenidos y logros. De hecho, en muchos países se ha hablado también de la tercera vía, para significar que no es izquierda o derecha y de la social democracia para indicar que se toman conceptos de un lado y del otro, con un enfoque más de tipo social, pero de respeto democrático.

La Real Academia de la lengua Española (RAE) define el término socialismo como: « Un Sistema de organización social y económica basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes». El socialismo implica, por lo tanto, una planificación y una organización colectiva consciente de la vida social y económica. ​ No obstante, hay muchos tipos de socialismos, con mayor o menor énfasis en unas u otras cosas, tal que no existe una definición única que los englobe a todos, siendo la propiedad social el elemento de pensamiento más común compartido por sus diversas formas,​ cuyo objetivo, hipotéticamente, es sortear las ineficiencias y las crisis tradicionalmente asociadas con la acumulación de capital y el sistema de ganancias en el capitalismo.

Por su parte, la socialdemocracia es un tipo de corriente o ideología política y económica que busca establecer el socialismo por medio de reformas gradualistas o apoyando las intervenciones económicas y sociales que intentan promover la justicia social dentro del marco de la economía capitalista y un régimen político que implica el compromiso con la democracia representativa para generar un estado de bienestar.

Sin embargo, en los últimos años los partidos de izquierda más radicales se han autodenominado los progresistas, es decir, teóricamente los partidarios del progreso y del avance en el bienestar. Como contraste, comúnmente se considera que estas corrientes aglutinan fuerzas opuestas al conservadurismo en lo cultural y al neoliberalismo en lo económico. Es decir, y en contraste, los defensores del neoliberalismo apoyan una amplia liberalización de la economía, el libre comercio en general y una drástica reducción del gasto público y de la intervención del Estado en la economía en favor del sector privado, que pasaría a desempeñar algunas de las competencias tradicionalmente asumidas por el Estado. ​ Más concretamente, ese sector privado, conformado principalmente por consumidores y empresarios, sería, en el caso de estos últimos, quienes podrían pasar a desempeñar roles que en determinados países asume y financia el Estado con impuestos del contribuyente.

Pero examinemos esa auto calificación de progresistas a la luz de lo que realmente proponen estos movimientos, ellos se denominan a sí mismos como modernos y solidarios, como si otros no lo fueran o no pudieran serlo también. Su pensamiento político, no necesariamente respaldado por su actuar como gobernantes, es lo que podemos ver en países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, para mencionar sólo los vecinos más cercanos en la región.

El ideario de los progresistas incluye, como definición, los siguientes elementos, según se afirma en los textos sobre su pensamiento político, sin que las actuaciones los avalen como ejecución práctica:

Orientados, en general, hacia el desarrollo de un estado del bienestar, la defensa de los derechos civiles, la participación ciudadana y cierta redistribución de la riqueza. ​ En este sentido, el progresismo defiende, en líneas generales, más igualdad económica y social, así como también lo que consideran más avances o progresos en materia sociocultural.

Por otra parte, los progresistas persiguen principalmente la libertad personal, muchas veces privilegiándola sobre la libertad económica de mercado; por ello, fomentan reformas en lo social, lo económico, lo político y lo institucional, con lo cual pretenden profundizar en la libertad del individuo para ampliar sus capacidades dentro de la sociedad.

De esta manera, en lo socioeconómico, el progresismo propone que el Estado o la misma sociedad generen condiciones que permitan a las personas superar la desigualdad social a través de procesos de inclusión social financiados por el Estado. El progresismo tomó forma hipotéticamente como tendencia política de las luchas contemporáneas por los derechos civiles y políticos que dieron vida a movimientos sociales como la igualdad de género, el ecologismo, el laicismo y la sexodiversidad, entre otros, dónde sí se ha evidenciado su influencia.

Sin embargo, viendo sus actuaciones como gobernantes, tenemos que preguntarnos si son verdaderamente progresistas, o, por el contrario, su actuación conduce a un real retroceso de la sociedad y habría que llamarlos, en contrario sentido, los “regresistas o retrasistas”. Estas palabras, no forman parte del diccionario de la RAE, pero hablan por sí solas y describen lo que realmente se logra en los gobiernos con esta orientación: más pobreza, menos desarrollo, perdida de democracia y más privilegios para las camarillas que los lideran. En la práctica lo que generan es retraso social y un regreso al pasado. Bien lejos de la realidad este concepto de la modernidad y la solidaridad que los de ideologías progresistas pregonan, con su autoproclamación como progresistas.



[1] Algunas de las ideas de este texto son tomadas de fuentes como Wikipedia, la RAE y páginas de diversos centros de investigación que pueden encontrase en la web.

martes, 21 de julio de 2020

¿DISTRIBUIR EL INGRESO O LAS OPORTUNIDADES?

 Comentario 21/07/2020

 

¿DISTRIBUIR EL INGRESO O LAS OPORTUNIDADES?

Por: Carlos Alberto Mejía Cañas
Ingeniero Industrial y Administrativo
Http:/reflexiones-de-cam.blogspot.com

No son fáciles los momentos que atraviesan todos los países en razón de la pandemia del Covid 19 y sus consecuencias en la salud y el bienestar de las personas, ya que ha afectado también severamente la estructura económica de toda la comunidad, a más, por supuesto, de la grave alteración en la vida social y familiar. Los fenómenos de cuarentena, que han conducido a períodos de suspensión de actividades productivas de la gran mayoría de ciudadanos y negocios, han causado una destrucción de empresas y empleos/ocupaciones sin igual, y los que aún mantienen su actividad, en general, han sido golpeados en su estabilidad, su sostenibilidad, su crecimiento y su desarrollo. Ni hablar de sus pérdidas y las mermas en su rentabilidad o con la generación de verdaderas destrucciones patrimoniales.

Como consecuencia, el proceso de recuperación será lento, tortuosos y costoso: por un lado, la salud de todos dependerá de ganar inmunidad frente al virus a partir de la aplicación de vacunas convenientemente y científicamente desarrolladas, las cuales, por ahora, si bien se afirma que hay avances prometedores, son todavía una ilusión lejana. Se requieren muchas pruebas y chequeos para su puesta en marcha y luego vendrá el problema de la distribución y aplicación en todo el mundo y en todas las personas (gigantesca y compleja tarea). Esta será una “batalla” entre los Estados y los distintos Gobiernos por adquirir derechos de uso suficientes, oportunos y masivos. Ya hay países reservándose los derechos futuros para su aplicación primigenia en sus ciudadanos, y …. los demás, ¿cuándo? “Las uvas están verdes en este campo”[1], como dicen las fábulas de Esopo, todavía hay mucho camino por recorrer y por aprender y nadie tiene el éxito garantizado.

Por otro lado, está el problema social, de bienestar y económico de las familias y las empresas que han tenido dificultades insuperables durante la pandemia, reflejadas en pérdida de su ocupación productiva, por el lado de las personas, o en incapacidad de operación, por el lado de los negocios, así como en la inactividad de muchas organizaciones sociales, colectivas o comunitarias. Aquí tenemos problemas económicos, humanos, sociales, familiares y comunitarios de extrema gravedad, al punto que diferentes agencias de investigación económica nos hablan de la “década perdida” en cuento al retroceso social que podríamos tener, llegando a hablar de hasta 5 millones de pobres para Colombia y más de 150.000 empresas fallidas como resultado de la pandemia, con paso atrás en muchos años de esfuerzos, programas, realizaciones y proyectos ejecutados para superar los niveles de pobreza o crear y mantener las empresas.

Complejo problema, desde dos puntos de vista que son sinérgicamente difíciles de abordar, la cantidad y el origen de los recursos para destinar a la solución, por una parte, y el orden de prioridades, por la otra. En cuanto al origen de los recursos es evidente que se requiere una combinación de acciones del sector privado y del sector público, veamos:

El privado haciendo un enorme esfuerzo por mantener su actividad productiva acudiendo a lo mejor de sus capacidades y reservas, creyendo en el país y confiando en su recuperación, paulatina y tortuosa, sí, pero certera también. No es meramente casual que Colombia haya mantenido estándares de crecimiento económico (PIB) moderados pero permanentes durante los últimos decenios, como fruto de su mercado interno y su importante clase media. La campaña de consumir colombiano es un buen mensaje para que todos “rememos” hacia el mismo lado. El empresario y el consumidor son un binomio invaluable en las circunstancias de hoy.

Por su parte, el Estado, tendrá que jugársela con una variopinta mezcla de fuentes de recursos, como los que surgen de sus aprovechamientos y rendimientos, el endeudamiento, los impuestos y contribuciones, la venta de algunos bienes y la necesaria contracción del tamaño del su organización y funcionamiento para aplicarlo a las prioridades sociales y empresariales que decida apoyar. En materia de impuestos no habrá mucho espacio, pues ya se venían reduciendo para estimular el crecimiento privado y la generación de empleo formal, más los días sin IVA, entre otras acciones, como los subsidios a sectores vulnerables y las facilidades para el mantenimiento de la nómina o con líneas de crédito (o soporte a las garantías) para sectores productivos específicos.  Sin embargo, en circunstancias como la actual, suelen ser los Gobiernos quienes generan el impulso inicial a la economía para su despegue, con la puesta en marcha o la profundización en obras de desarrollo significativas, las cuales motivan al sector privado también a invertir y buscar oportunidades.

Simplemente son tantos los necesitados de ayuda que los recursos del Estado, por más que se intenten “alargar”, siempre se quedarán cortos. De allí la necesaria combinación de esfuerzos públicos y privados para afianzar la recuperación económica y social. Si “las uvas están verdes” en materia de salud, apenas son semilla en materia económica. Mucho será el esfuerzo y el tiempo que tardará la real recuperación de la economía del país en todos sus frentes, lamentando desde ahora que será inevitable tener un “valle de los caídos”, pues algunos negocios o actividades difícilmente se recuperarán.

En esencia, lo que se debe y quiere hacer es generar nuevas oportunidades para todos, de tal manera que más personas y negocios puedan establecer o restablecer su actividad económica. Esto es distinto a lo que piden los líderes de la izquierda del país que solicitan distribuir los ingresos, a los cuáles habría que preguntarles ¿los ingresos de quiénes?, en estas circunstancias. Eso nos conduciría al proverbio chino de “dale a un hombre un pez y comerá un día, enséñale a pescar y comerá toda la vida”. Hay que “enseñar a pescar, no simplemente dar pescados”.

Creemos oportunidades, no habituemos al país y a sus gentes a recibir subsidios del Estado, salvo en poblaciones muy vulnerables y en forma temporal, ni pensar en una renta básica para 9 millones de ciudadanos o algo por el estilo, como lo propone la izquierda política, esto los convertiría en proclives dependientes y en muchos casos en un “peso muerto” para la sociedad. Es mejor tener oportunidades de conocimiento, ocupación, empresarismo, iniciativa y decisión individuales a depender del Estado y, por esta vía, depender también de una clase política, frecuentemente corrupta, para mantener los subsidios.



[1] “Las uvas están verdes” se refiere a lo que anhelamos y aún no hemos alcanzado o a lo que definitivamente no podemos alcanzar, según las fábulas de Esopo.

¿ESTADOS NACIONALES O ESTADOS GLOBALES?

Comentario 21/07/2020

¿ESTADOS NACIONALES O ESTADOS GLOBALES?

Por: Carlos Alberto Mejía Cañas
Ingeniero Industrial y Administrativo
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Después de la segunda guerra mundial y ante la destrucción humana, económica, social, de infraestructura y de institucionalidad originada en los desastres del conflicto, el mundo reaccionó en forma comunitaria para crear organismos de carácter multilateral, que apoyaran la reconstrucción. De allí surgieron, en primer lugar, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y, posteriormente, se crearon también, entre otros, la Organización Mundial de Comercio, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, la Asociación Internacional de Fomento y la Corporación Financiera Internacional. Algunos de estos organismos se han transformado en otros a través de los años.

Ante todo, había que evitar una gran depresión de la economía mundial y favorecer las condiciones de reconstrucción de la base instalada de los países participantes en la guerra, así como desarrollar un gran mercado mundial, donde los distintos Estados pudieran vender y comprar diferentes productos o servicios y de esta manera complementar sus capacidades y especialidades: "Precisamos de grandes mercados por todo el mundo, donde comprar y vender". William L. Clayton, el Secretario de Estado para asuntos económicos fue una de las distintas personalidades influyentes en Estados Unidos en darse cuenta de este punto. EEUU favoreció el llamado Plan Marshall para la reconstrucción europea, quien, además, se veía como un mercado natural para sus productos. Se apoyó también la reconstrucción de Alemania y Japón como grandes motores de la economía y el comercio mundiales.

Como se aprecia, fueron las soluciones globales y no la acción individual de las naciones la que permitió recuperar al mundo de tamaña destrucción. Como consecuencia, se crearon posteriormente en diferentes regiones acuerdos de comercio para favorecer el desarrollo regional, como sucedió en el Asia Pacífico, en la Unión Europea, en Latinoamérica, y así sucesivamente.

De hecho, el Secretario General de la ONU, António Guterres, ha insistido en la importancia del multilateralismo como pieza fundamental para afrontar los desafíos mundiales, el progreso en el mantenimiento de la paz y la seguridad, la protección de los derechos humanos y la promoción del desarrollo sostenible, como los ejes básicos del trabajo de la ONU.

Él mismo explica cómo en la última década, desafortunadamente, se han agravado diversos conflictos, se ha incrementado la desigualdad, se ha propagado la intolerancia, ha proliferado el proteccionismo, continúa la discriminación de las mujeres y se ha acelerado el cambio climático. “Necesitamos abordar estos problemas unidos y con valentía para encaminar al mundo hacia un futuro mejor”, remarca Guterres.

Lo que estamos viendo en los últimos años es un preocupante desplome del multilateralismo y la globalización. Estamos pasando, de nuevo, de Estados Globales a Estados Nacionales, donde nos encerramos en nosotros mismos, como el “perro que se muerde a sí mismo la cola”, destruyendo la construcción, que con tanto esfuerzo se había estructurado, del concepto de mundo global.

Especial daño ha hecho el presidente de los Estados Unidos con su “América primero y para los americanos”, que ha sido el lema de su gobierno, quien se ha dedicado a atacar el multilateralismo y el comercio mundial, con un fallido discurso proteccionista, el cual ahora nos tiene al frente de una guerra comercial de las proporciones de esos gigantes que son el propio Estados Unidos y la China. Su radical posición de no apoyar las iniciativas mundiales (OMS, OMC, Tratados sobre armas nucleares, Acuerdos de paz con países asiáticos y del medio oriente, sobre el cambio climático, etc.), en supuesta defensa del interés norteamericano, al final está desbaratando lo que se había tejido con gran esfuerzo y paciencia por la comunidad mundial. El desprestigio mundial del Gobierno Trump es generalizado, por sus campañas de nacionalismo, proteccionismo, racismo, antinmigración y anti multilateralismo, con consecuencias insospechados en el presente y hacia el futuro y en el liderazgo mundial de esa importantísima nación.

Cómo es posible que ante la pandemia mundial donde se deberían aunar esfuerzos para combatirla y superarla, se asuma la ridícula posición de “sálvese quien pueda”, generando una insolidaridad brutal con los países más débiles. Por ese camino, ¿a dónde vamos a llegar?

Afortunadamente hay pensamientos diferentes en el mundo, como acaba de ocurrir con la creación de un Fondo de Reconstrucción de los estragos de la pandemia en Europa por más de 800.000 millones de dólares, orientados hacia contribuciones a fondo perdido en causas solidarias de carácter social y préstamos para desarrollo y reactivación de las economías. Todo lo cual ha sido liderado hábilmente por mentes privilegiadas como las de Angela Merkel de Alemania y Emmanuel Macron de Francia. Hay casos semejantes que vale la pena mencionar como los líderes de Canadá, Nueva Zelanda, Australia, y otros, de gran relevancia en sus regiones.

Es una lección para toda la humanidad, podemos tener estados Globales sin dejar de ser Nacionales, apoyando las instituciones multilaterales y los esfuerzos globales, pero eso sí con más acción y menos política. Si los líderes mundiales se concentran en conjuntamente apoyarse para resolver los problemas mundiales y dejar de imponer sus políticas e ideologías individuales, mucho ganaría el mundo en armonía y poco a poco se alejaría la rivalidad y la confrontación, superando el imperialismo que está a flor de piel en las grandes potencias.

No puede ser que mientras el mundo se enfrenta a los históricos problemas de pobreza, subdesarrollo y falta de oportunidades, a los cuales se ha sumado la crisis sanitaria del Covid 19, la prioridad de los países sea el proteccionismo, disfrazado de un nacionalismo, que impone abrazar las banderas del aislacionismo y del unilateralismo a nivel mundial. Estamos dando muchos pasos atrás en términos de progreso y desarrollo, ¡qué lástima¡

lunes, 13 de julio de 2020

LA VIVENCIA RUSA

 Comentario 13/07/2020

LA VIVENCIA RUSA

 

Por: Carlos Alberto Mejía Cañas
Ingeniero Industrial y Administrativo
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El pueblo ruso avaló, recientemente, un referendo que modifica sustancialmente su constitución en muchos aspectos diferentes, sin embargo, de destacar tres específicos: se concede al presidente Vladimir Putin[1] la facultad de permanecer en el cargo por varios períodos más (hasta el 2036), dando continuidad a un largo período de mandato, se lo faculta a tomar decisiones sobre todas las demás ramas del poder público y se le da prevalencia a la ley rusa por encima de las normas y acuerdos mundiales.

Muchos medios de comunicación internacionales han censurado dichas elecciones y reformas, no sólo por haberse hecho en condiciones poco democráticas (se habla de canalización de votos, rifas, regalos, métodos de votación atípicos y duración de las votaciones ampliamente favorables para Putin), tanto como por el haber “anulado” prácticamente a la oposición. Claramente, Putin fue erigido como un dictador constitucional con todos los poderes a su cargo y las más amplias facultades para gobernar a su antojo, en un país de corte comunista, nacionalista y guerrerista.

Internamente, los ciudadanos rusos, estarán al frente de la continuidad de un gobierno de camarilla, autocrático, imperativo, expansionista, militarista y dictatorial, el cual, como todos los gobiernos de corte socialista, terminará favoreciendo, en grado sumo, un grupo elite de poder, con detrimento de las facultades democráticas, de la libertad de expresión y con arbitrariedad en favor de los intereses del Estado y de su omnímodo Presidente.

Es bien conocido el afán de expansión de la Rusia de Putin con la anexión de territorios y la presencia física dominante en varias geografías del medio oriente y Asia Central, especialmente. En efecto, en el año 2015, la República de Crimea y la ciudad de Sebastopol fueron escindidas de Ucrania por una serie de procesos político militares e integrados a la Federación de Rusia en forma de dos sujetos federales: la República de Crimea y la ciudad federal de Sebastopol.

Valga decir que el emblemático presidente es ampliamente reconocido y admirado por la ciudadanía rusa por haber recuperado la majestad de Rusia luego del desmoronamiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), lo cual es un hecho indiscutible. Además, levantó el carácter y la dominancia de Rusia en la región y su influencia política y militar[2], más que económica, en sus aliados en el mundo, principalmente sus vecinos. Sin embargo, no puede considerarse un país pleno de libertades ciudadanas.

Además, Putin representa dos valores adicionales en la población rusa: el culto a la su personalidad masculina, al cual se le aprecia como un modelo varonil ideal (y al parecer singularmente admirado y deseado por las féminas), lleno de mando y liderazgo autoritario, como también el acrecentamiento del sentimiento nacionalista de un pueblo que se considera superior y que es notable en la historia de la humanidad, particularmente por su influencia en la segunda guerra mundial, los avances científicos, la inmensa cultura y por la conquista del espacio.

La economía de Rusia[3] es de ingresos medios y altos con una población aproximada de 150 millones de habitantes y un desempleo de sólo el 6,1% de la población económicamente activa, sus características actuales provienen en buena medida de las grandes reformas de apertura de la década de 1990, cuando se privatizó la mayor parte de la industria y la agricultura rusas, aunque el Estado mantiene la propiedad en áreas estratégicas de la economía, especialmente en sectores relacionados con defensa y la energía.

Su economía depende esencialmente del petróleo, los minerales, la agricultura, la energía y la venta de armas avanzadas, con buenos ingresos especialmente en los años de alza en las materias primas. Por sus recursos naturales y su extensión es considerado uno de los países más ricos del mundo. Sin embargo, se ha producido una gran brecha en la desigualdad social, con 110 personas controlando el 35% de los activos financieros en poder de la población rusa y unas fugas de capital significativas, valoradas en 880.000 millones de dólares. A esto se suman el mal endémico en el país de la corrupción generalizada y el envejecimiento de la población desde la década de 1990.

Debido a la extensión del mandato de Putin es previsible la perpetuación de la influencia rusa en el mundo, con mayor intensidad, para expandir y profundizar sus ideas políticas sobre el socialismo y el comunismo de Estado y sus ideas militaristas de carácter expansionista y guerrerista.

La experiencia de los países latinoamericanos que han abrazado las ideas socialistas y han patrocinado estados de carácter comunista, han sido un fracaso económico, político y social de gran magnitud y con consecuencias lamentables para las respectivas sociedades. Casos como el de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Argentina y la propia experiencia rusa, invitan a reflexionar sobre la conveniencia de aceptar un modelo económico de socialismo de estado, con la concentración del poder y de la riqueza en camarillas políticas o económicas privilegiadas y con la pérdida de libertades personales, sociales, empresariales y democráticas.



[1] Vladímir Vladímirovich Putin  nació en LeningradoUnión Soviética, el 7 de octubre de 1952,  es un político, abogado y ex agente de la KGB. Es el actual presidente de la Federación Rusa desde 2012, cargo ejercido anteriormente entre 1999 y 2008 lo que lo convierte en el funcionario que más tiempo ha estado en ese cargo desde la ruptura de la URSS.

[2] Es notorio que la influencia de Rusia es más de carácter político y militar, a diferencia de la China cuya influencia es más económica y comercial, ambos países bastante imperialistas y de corte comunista.

[3] Tomado de Wikipedia.

¿EN QUÉ NOS EQUIVOCAMOS?

Comentario 13/07/2020

¿EN QUÉ NOS EQUIVOCAMOS?

 

Por: Carlos Alberto Mejía Cañas
Ingeniero Industrial y Administrativo
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Dos variables se han vuelto críticas y agobiantes durante el transcurso de la pandemia del Covid 19: la salud de la población y la salud de la economía. Examinemos un poco estas conductas en el caso colombiano:

La salud de la población debido a la pandemia:

La evolución de la pandemia ha sido diferente para los distintos países por condiciones médicas, de normas y protocolos de cuidado, de cuarentena, de capacidad económica, de la composición de la pirámide poblacional, de la infraestructura de unidades de cuidado intensivo, de políticas de las autoridades y de la cultura de autocuidado de las personas, entre otras razones. Veamos las cifras:


Estos datos, como es obvio, cambian todos los días, sin embargo, de ellos podemos extraer algunas conclusiones:

·         Dado el tamaño de su población, a Colombia le ha ido bien, hasta ahora, en el número de afectados, al no encontrase entre los diez primeros casos en el mundo.

·         La tasa de mortalidad en Colombia ha sido del 3.5% de los contagiados, si bien en el promedio de los Top 10 de los más afectados, es del 4.7%.

·         Miradas estas dos situaciones, tenemos que afirmar que se ha hecho una buena labor gubernamental y ciudadana en términos de la pandemia, aunque en Colombia, todavía no se ha llegado al pico, según la opinión de los exertos.

La salud de la economía debido a la pandemia:

Es innegable que todas las economías del mundo se han visto afectadas por la pandemia, tanto en el sector privado, como en el sector oficial, generando problemas tales como altos endeudamientos, grandes déficits ficales, comerciales y de balanza de pagos, mayor número personas de la población en situación de pobreza, cierre de muchos negocios y mayores tasas de desempleo.

Referidos a esta última cifra, el desempleo, la situación de Colombia es muy perturbadora en su comparación con otros países, como lo muestra el siguiente gráfico, publicado en el periódico Portafolio del día 7 de Julio 2020:


Es claro deducir del gráfico que la peor parte en términos de empleo la está soportando Colombia, pues su tasa de desocupación, que venía creciendo lentamente desde el último año, se disparó en el momento de la pandemia a niveles insospechados, sin contar con lo que puede estar ocurriendo en la actividad productiva informal, donde la situación de falta de ocupación también está creciendo por la ausencia de oportunidades y de falta de dinámica económica. La comparación nos deja muy mal parados aún con vecinos semejantes en Latinoamérica, ni hablar con EEUU y la Unión Europea.

Recordemos, además, que cerca del 60 % de la población ocupada en Colombia es informal. Hay conceptos tan desfavorables como los de la OCDE (organización para la cooperación económica y el desarrollo), el llamado club de las buenas prácticas, donde se estima que uno de los países vinculados peor afectados con la desocupación es Colombia, debido a la fragilidad de su estructura productiva.

Surge entonces la pregunta, ¿qué nos pasó?, o ¿qué nos está pasando?, ¿se nos fue la mano en el cuidado de la salud en razón de la pandemia?, cuya curva de crecimiento no ha cesado y cuyo pico se prevé para el mes de agosto. Nos está costando más caro de la cuenta el coronavirus, ¿por qué? En mi opinión, y con base en esta experiencia, no es posible para nuestro país un cierre prolongado y general de la economía, sólo puede hacerse de manera focalizada y sectorial, con las debidas normas en materia de protocolos y conducta ciudadana, social, comunitaria y empresarial.


lunes, 6 de julio de 2020

TERRITORIO, TIEMPO Y ENEMIGO

Comentario 06/07/2020

TERRITORIO, TIEMPO Y ENEMIGO

 

Por: Carlos Alberto Mejía Cañas
Ingeniero Industrial y Administrativo
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En las operaciones militares de defensa de la soberanía y del orden público, parte del éxito de las mismas está en el estudio previo y cuidadoso de tres factores que interactúan sinérgicamente para favorecer el desempeño de las fuerzas y lo acertado de los planes y de los ataques, son precisamente: el territorio, el tiempo y el enemigo.

·         Territorio: En el concepto territorio se habla de la geografía y sus características, donde se realizarán las operaciones. No es lo mismo un terreno fangoso que seco, uno plano que montañoso, un terreno despejado de vegetación que uno tupido de selva, con accidentes geográficos o con llanura, con altura elevada o a nivel del mar, etc.

Cada una de esas circunstancias se analiza cuidadosamente, y en muchos casos las operaciones se anticipan o se aplazan para buscar el territorio adecuado. Existen en la historia varios sucesos de guerras famosas donde estos elementos fueron determinantes, por lo cual influyeron en forma sensible en la capacidad militar del atacante, permitiendo superar al rival, en esos casos el territorio influyó decididamente en el éxito en las batallas. Por ejemplo, la defensa en lo escarpado de las montañas o en la facilidad de las llanuras.

·         Tiempo: No es menos cierto este hecho, cuando se habla de las condiciones del tiempo, nos referimos no a la época en que se desarrolla el combate, sino al tiempo atmosférico, el clima. Como es obvio, condiciones de lluvia, nieve, calor extremo, noche o día, por ejemplo, también son determinantes de situaciones más favorables o menos convenientes para realizar las operaciones militares. Batallas se han ganado o perdido por condiciones diversas en la dirección del viento o en los oleajes, en las tormentas o en las anegaciones, en el caudal y profundidad de los ríos, altas o bajas temperaturas, piso resbaladizo o fango, todo lo cual depende del clima atmosférico.

·         Enemigo: Así mismo, el estudio cuidadoso del enemigo y sus características, no sólo su número, sino también su equipamiento, su entrenamiento, su disposición en el terreno, la composición de las fuerzas por tipo de arma, su historia de éxitos o fracasos en batallas pasadas, etc., son elementos de análisis y reflexión minuciosos para determinar los planes de ataque, su momento, lugar y armas a emplear.

Grandes guerras se han ganado no por el número de efectivos que participan, sino por la capacidad, entrenamiento y estrategia de los combatientes, inclusive ejércitos pequeños han derrotado a los grandes y poderosos enemigos, lo cual ha demostrado que no sólo es la fuerza, también es la imaginación, la creatividad y la motivación, para concebir estrategias y tácticas adecuadas al terreno, el tiempo y el enemigo.

Todo lo anterior, sin embargo, se acompaña del elemento sorpresa, como también en la voluntad y el espíritu de lucha (la moral de las tropas) de los participantes, y, por supuesto, del mando adecuado. Los grandes generales de la historia fundamentaban más sus éxitos militares en su estrategia que en su fuerza.

Ahora, qué ocurre cuando el enemigo es un virus de las características del Covid 19, que ha atacado a la humanidad en todos los territorios, todos los climas, todas las naciones y todas las razas, sin distingo de edades y condiciones de vida, prácticamente sin distinción alguna. Estamos ante un enemigo formidable.

Las autoridades en cada país han intentado de todo: soluciones médicas, hospitalarias, medicinas y tratamientos, confinamiento, distanciamiento social, cierre de medios de transporte, limitación al comercio (salvo lo relacionado con productos higiénicos, medicinas y alimentos), cierre de fronteras, de importaciones y exportaciones, limitación en los servicios del Estado, normas, reglamentos, exigencia de protocolos, aperturas limitadas y sectoriales, zonas de mayor y menor restricción, protección a los adultos mayores con total restricción de su salida o desplazamiento, cancelación de todo tipo de actos, competencias, grupos sociales, deportivos, culturales, etc., etc.

Es decir, contra ese enemigo “fantástico”, que ni siquiera vemos o conocemos, sólo lo tenemos en nuestras mentes por la convicción sobre su peligrosidad, su capacidad eficaz y rápida de contagio, la gravedad en la afectación, en muchos de los contagiados, y por sus catastróficos síntomas y consecuencias en toda la sociedad, tanto económicas como de salud pública. Contra ese “enemigo” hemos empleado todas nuestras mejores “armas”, en todos los terrenos y tiempos, sin embargo, cada día se expande más y más.

Parece que dependemos de una “vacuna” (que serán nuestras nuevas balas) aún desconocida y apenas en investigación y desarrollo, a la cual le faltan muchos sucesos de prueba exitosa, para nivelar la cancha de la guerra contra ese temible enemigo, el que, además, con sus mutaciones genéticas, se hace cada vez más fuerte.

Hasta ahora, nos está ganando las batallas, con una gran destrucción económica, social, empresarial, humana y familiar. Esperemos que al final no nos gane la guerra, todo depende de nuestro autocuidado, que parece ser la única arma eficaz.


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