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domingo, 27 de junio de 2021

EL PAPEL DE LA ACADEMIA

 Comentario 28/06/2021

 

EL PAPEL DE LA ACADEMIA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En diferentes programas de opinión, rectores de distintas ciudades y tipos de centros de educación superior del país, plantean que la academia cumple o puede cumplir un papel importante tanto en la mediación, como en proponer ideas para las soluciones de la grave problemática nacional, especialmente en lo relacionado con los jóvenes y sus sentimientos de desconfianza, desesperanza, miedo, rabia y a la frustración frente a su futuro.

Efectivamente las recientes encuestas de opinión muestran cómo la población joven siente una profunda desconfianza en las instituciones tradicionales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial, Contraloría, Fiscalía, Procuraduría, Defensoría, etc.), a diferencia de la credibilidad y la confianza que hoy sí sienten en instituciones tales como las universidades, las redes sociales y la iglesia, por ejemplo. Es increíble ver cómo creen los jóvenes en las propias redes sociales, plagadas, como se sabe, tanto de información real como de desinformación, falsa información, o información sesgada, tendenciosa o malintencionada.

Los jóvenes dicen encontrar en las universidades un espacio donde se les tiene en cuenta, con libertad, sin presiones y sin amenazas a su integridad. Justamente varios de los rectores los avalaron con sus afirmaciones, de disposición al diálogo abierto, la capacidad de escucha y el sentido de solidaridad con los propios jóvenes.

Sin embargo, todavía no existe un plan o programa de propuestas de soluciones concretas, viables y ejecutables en el corto plazo para apoyar la problemática de los jóvenes, especialmente en sus ocupaciones productivas. Dado que, además, no es lo mismo un joven estudiando su carrera técnica, tecnológica o profesional a uno que está sin empleo y desocupado en la calle, ese sí viendo los días correr, los problemas agrandarse, la falta de oportunidades, la angustia por demostrar y demostrarse sus competencias y capacidades prácticas en la vida de trabajo y, lamentablemente, en muchos casos el acecho de la pobreza y la desesperanza. Al respecto, personas vinculadas a la educación han hecho algunas autocríticas a tanta enseñanza académica a los estudiantes de formación universitaria y tan poca formación o habilitación para el trabajo, como lo hace el Sena, por ejemplo, especialmente para estar preparados para momentos de bajo crecimiento económico con caída en el empleo, como el presente.

Los jóvenes reclaman educación, empleo u ocupación productiva, actividades, diversión, recreación y trato digno, como debe ser en toda sociedad. Lamentablemente, el momento no es el mejor para concederles lo que bien merecen. Colombia está atravesando por el peor momento de su historia, donde todo se juntó: pandemia, parálisis de actividades, empresas y empresarios quebrados, débiles o ya cerrados para siempre, condiciones económicas deterioradas en prácticamente todos los sectores de la economía, desempleo alto, informalidad creciente, éxodo venezolano, mercados mundiales con restricciones de importación de mercancías, parálisis de inversión, sectores económicos desplazados por la pandemia (recreación, turismo, hotelería, transporte, etc.), jornadas de protesta pacíficas, como también, las inesperadas violentas, vandálicas y extraordinariamente graves situaciones vistas en el paro nacional, que nadie sabe dónde va a parar.

Ni hablar del estado de las finanzas públicas, dan grima, estamos en una situación que compromete la estabilidad del propio Estado lo cual ha conducido a la disminución en la calificación de riesgo del país. Para colmo de males un gobierno lleno de buena voluntad, pero con muchos desaciertos por falta de oportunidad y con demasiados tropiezos que se le han cruzado en el camino, lo cual lo lleva a no gozar del respeto, la credibilidad y la confianza necesarias por parte de la ciudadanía. En general se puede afirmar que le ha faltado un liderazgo asertivo, más que voluntad para resolver los problemas, que sí ha tenido, en un momento de extrema dificultad, sin embargo, se ha quedado sólo en el acompañamiento político que antes le brindaban los diferentes partidos políticos y sectores de la sociedad.

Si bien este difícil entorno, en mi opinión, hoy las universidades, con todas sus capacidades físicas, económicas, intelectuales y sus centros de investigación y de servicios empresariales, deberían estar al servicio del país, generando ideas, proyectos, apoyos, gestiones, etc., tales que con el resto del esfuerzo del sector privado y del propio gobierno, formaran una verdadera palanca de solución de problemas, especialmente para los jóvenes que sienten la confianza y la aceptación por esas instituciones. Hoy, más que nunca, la colaboración empresas-universidad-estado, tiene un espacio muy grande, es cuando más la necesitamos. Los jóvenes, desocupados o activos, e independientemente de su formación de base, necesitan apoyo de las instituciones de educación superior en el desarrollo práctico de habilidades en materias tales como:

  • Empresarismo, emprendimiento e incubación de empresas.
  • Desarrollo de proyectos.
  • Coworking y coliving.
  • Educación para el trabajo y talleres sobre competencias.
  • Desarrollo de habilidades comerciales, incluido importación y exportación.
  • Desarrollos web y plataformas tecnológicas.
  • Modelos de colaboración empresariales.
  • Cadenas de abastecimiento.
  • Y otras semejantes (como visitas empresariales, pasantías, o empresas nodrizas).

Todo nuestro ánimo para los jóvenes y valga esta reflexión para las entidades académicas.

lunes, 21 de junio de 2021

YA ESTÁ SUCEDIENDO EN CHILE

Comentario 21/06/2021

 

YA ESTÁ SUCEDIENDO EN CHILE

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En la historia reciente de Chile, producto de las protestas iniciadas en octubre de 2019 a lo largo de todo el país, la mayoría de los partidos políticos firmaron un acuerdo para la redacción de una Nueva Constitución Política. El 25 de octubre de 2020 se realizó un plebiscito nacional por el que la ciudadanía debía pronunciarse a favor o en contra de iniciar el proceso de elaboración de una nueva Constitución y el mecanismo por el cual se redactaría, en este caso, una Convención Mixta Constitucional (50 % de legisladores y 50 % de ciudadanos electos) o una Convención Constitucional (100 % de ciudadanos electos).

En este plebiscito, la ciudadanía decidió por una amplia mayoría (78 %) elaborar una nueva Constitución. El órgano seleccionado para su redacción (79 %) fue una Convención Constitucional, la primera con paridad de género del mundo, y cuyos miembros fueron elegidos en las elecciones que se realizaron el 15 y 16 de mayo para seleccionar por voto popular los integrantes de la Convención encargada de redactar una nueva Constitución Política de la República. Una vez redactada, otro plebiscito (a realizarse en 2022) definirá si la Constitución de 1980, la actual Carta Magna heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), es reemplazada por la nueva carta fundamental.

De acuerdo con los datos del Servicio Electoral, en la inédita doble jornada electoral votaron 6.458.760 personas, sobre un padrón de 14.900.190 electores, lo que indica una participación del 43,35%. La cifra de esta elección es menor a los 7.569.082 de votantes –un 50,9 % del padrón total- que participaron en el plebiscito del 25 de octubre del 2020. ¿Por qué la apatía electoral, se preguntan algunos, después de la efervescencia de las marchas?, ya que el porcentaje de abstención se considera alto ante la importancia de la decisión.

Los candidatos independientes arrasaron en las urnas, resultado que dio un duro golpe a los partidos tradicionales de derecha y de izquierda. Sin embargo, muchos analistas han calificado que los constituyentes elegidos tienen un marcado tinte de izquierda, pero no han sido actores políticos en su gran mayoría. Los 155 constituyentes electos deben escribir en un plazo de 9 meses, prorrogable una vez por tres meses más, la nueva Constitución de Chile. Luego de 60 días de entregada la nueva Carta Magna, se realizará el plebiscito ratificatorio con voto obligatorio. Ahora: ¿Qué está sucediendo en el entretanto de la llegada de la nueva constitución en la economía y la sociedad chilenas?

De acuerdo con Tomás Mosciatti (abogado, 61 años) quien es un analista político de referencia en Chile, un empresario de las comunicaciones, actual director de Radio Bío Bío y uno de los líderes de opinión más influyentes del país, quien, ante la pregunta: “Si llega a ganar el comunismo, siempre ha aflorado la versión de que se van los capitales. ¿Lo ve así?, respondió: (tomado de El Tiempo 6/06/2021)

“Perdona, pero los capitales ya se están yendo. Hoy, en Chile la cantidad de transferencias legales de fondos al exterior es enorme. El interés de los créditos hipotecarios subió, aumentó el riesgo país, pero la principal consecuencia económica que va a tener esto es que con las últimas elecciones se firmó la muerte de las AFP (Administradoras de Fondos de pensiones) y del sistema privado de salud. Y resulta que las AFP son el gran motor de la economía chilena. Los países más pobres no tienen ahorros, pero eso no ocurrió porque en Chile se dio un ahorro que, si bien fue forzoso, llevó a inversiones y, por lo tanto, al crecimiento. El ahorro de las AFP es usado en el sistema productivo y facilitó el crecimiento de los últimos años. Ahora, con el fin de este sistema, el auto que tenía un motor de dos mil centímetros cúbicos ahora tendrá uno de mil. El crecimiento potencial chileno cae inmediatamente. Y, por lo tanto, habrá un apretón económico muy importante y por eso mucha gente está sacando sus fondos, incluyendo gente no rica, que vende su casa y abre cuenta de dólares en el exterior. También está ocurriendo que empresas que pensaban realizar inversiones en Chile no las van a desarrollar”.

Muy reveladoras estas reflexiones que nos llevan a preguntarnos también por lo que ocurrirá en Perú con un Pedro Castillo que tiene como pilares de su gobierno para ese país, entre otros, establecer:

  • Su partido como una organización de la izquierda socialista, marxista, leninista, opositora del libre mercado.
  • Realizar una asamblea constituyente, cambiar la constitución y derrocar el congreso actual (el actual Congreso está conformado con un contenido variopinto de opinión política). Lo que se busca será: ¿atornillarse al poder como otros gobernantes de la izquierda radical en otros países?
  • Nacionalizar los recursos energéticos y las empresas estratégicas.
  • Renegociar todos los tratados de libre comercio con fomento a las Empresas nacionales y al mercado local. Las empresas multinacionales pagarán el 80% de impuestos.
  • Salud y subsidios (educación, etc.) por cuenta del estado a partir de la emisión monetaria. Escuelas públicas orientadas hacia la “liberación” para formar ciudadanos autónomos y revolucionarios.
  • La concentración de medios de comunicación en manos del Estado.

Y en estos términos, ¿qué tan preparada está Colombia para el 2022, frente a los arrebatos populistas de la izquierda radical colombiana, y su pensamiento de la “economía popular socialista”, de tipo marxista- leninista?

lunes, 14 de junio de 2021

LOS BENEFICIOS DE LA ECONOMÍA

 Comentario 15/06/2021

 

LOS BENEFICIOS DE LA ECONOMÍA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Cuando las necesidades de inversión afloran y los problemas se multiplican, no hay camino distinto que unirse en torno al crecimiento de la economía para salir adelante como país. El tesoro público no es inagotable y no se le puede cargar toda la inversión social insatisfecha durante décadas y multiplicada por la pandemia, necesariamente hay que aumentar las fuentes de ingresos y la mejor manera es hacer que la economía crezca para que haya más recaudo y así disponer de más dinero para costear las soluciones en salud, educación, bienestar social e infraestructura. 

Es una situación difícil de asimilar por estos días aciagos de protesta social con crisis sanitaria y deterioro económico, tres males que pintan una coyuntura bien enrarecida y complicada. Además, el debate electoral del 2022 se ha precipitado, cada grupo de opinión política aprecia y califica los hechos según sus intereses políticos electorales, conduciendo a que la realidad, objetiva por sí misma, sea de un color para unos y de otro, bien diferente, para otros. Esto crea mayor desconcierto y desconfianza en todos los agentes económicos y en la ciudadanía, por supuesto.

Son muchos los problemas que conjuntamente deben enfrentarse como país, con todos sus actores y en todos los frentes, y el único camino cierto es contar con los recursos para financiar las necesidades insatisfechas. Hay dos maneras de hacerlo: por un lado, incrementando los impuestos a los más pudientes para derramarlos en cada uno de los sectores más necesitados, situación que no se logró con la denegada reforma tributaria, ambiciosa sí, pero necesaria, aunque inoportuna por el momento difícil de todos los sectores económicos y de las familias. El otro camino es endeudando al país por encima de sus posibilidades de pago a largo plazo, lo cual ya está sucediendo y ha conducido a las calificadoras de riesgo a dudar de la capacidad del país para recuperar su economía y sus finanzas públicas, con la degradación de su calificación de riesgo, lo cual nos acerca a la condición de país no seguro para los inversionistas nacionales e internacionales.

Sin embargo, hay que actuar pronto para solucionar las principales necesidades y con ello evitar, además, que las ideas populistas germinen sobre las dificultades y lleven al país a una irremediable y mayor polarización, por quedar en discusión el modelo económico, político, social e institucional del país y su estado de derecho. Las consecuencias del Covid-19 y las atenciones sanitarias que demanda la población, sumadas al paro nacional, que lo único que ha logrado es la destrucción del empleo, las empresas y la parálisis de la inversión, hacen que la administración central tenga que cambiar el plan de desarrollo para enfrentar esos asuntos con prioridad y eficacia y salir adelante en las problemáticas, tarea nada sencilla y sí muy desafiante, que nos coge “mal parados”. Si a estos temas inéditos se le suman los tradicionales e inveterados en salud, educación, bienestar social, seguridad nacional e infraestructura, a más de la atención a la diáspora venezolana, entre muchas otras, hacen que crecer la economía sea el único camino para salir adelante sin perder el control de los problemas.

Y la economía solo crece si hay un vuelco general de todos los agentes económicos para que eso suceda, una suerte de gran alianza por el crecimiento, que involucre a los trabajadores, a los empresarios, a los sectores económicos y académicos, y, por supuesto, al Gobierno quien debe poner su grano de arena en disminuir los gastos de funcionamiento ineficientes, tales como eliminar entidades inoficiosas, reducir el gasto público excesivo y atacar la corrupción, cosa que no se ha visto hasta el momento.

Nada sustituye el trabajo duro, el crecimiento y la inversión para que los beneficios de la economía se irradien por todas partes. El peor enemigo de ese logro es la equivocada concepción, recurrente por estos días, de que el Estado puede subsidiar todo lo que la falta de inversión, desarrollo y trabajo no han brindado. Este pensamiento nos lleva como a “esperar que nos llegue del cielo”, como el maná del desierto en la travesía hacia la tierra prometida, lo cual conduce al conformismo, el desplazamiento de la propia responsabilidad por progresar y generar bienestar hacia otros que sí lo generan con su esfuerzo y dedicación, nos conduce, además, hacia un abismo de destrucción de las instituciones, el estado de derecho y de la propiedad privada.

En sentido contrario, como decimos frecuentemente, “la plata no da en los árboles”, hay que construir empresas, inversión, ocupación, confianza y buen gobierno, para que se pueda generar progreso y bienestar para todos. Pero esto es un deber de todos, no sólo de algunos. Hay que hacer crecer la economía para generar empleos formales y aún ocupaciones informales, pagar impuestos e invertir en las necesidades sociales, pero, sobre todo, para que todos los ciudadanos y los empresarios entiendan que el modelo económico debe ser “todos ponen” en la medida de sus capacidades y alejarse del mantra de pedir, pedir y pedir, sin aportar nada a la economía.

En síntesis, no hay beneficios sin hacer esfuerzos, lo otro es confiar en el azar de que algo bueno nos suceda y nos redima de la pobreza, de la desigualdad y de la falta de oportunidades, pero eso no sucederá, sólo el trabajo duro y mancomunado produce beneficios para repartir posteriormente como progreso y bienestar para toda la comunidad, con más y mejores oportunidades. Es impresionante ver cómo países, con menores recursos y posibilidades que las de nuestro país, han rebasado históricamente el progreso de Colombia y se han posicionado como economías modernas y de alto ingreso per cápita, y lo que han hecho es una generar una visión de país conjunta, para soñar un país mejor y construirlo, con trabajo duro, disciplina social, respeto por la ley, la propiedad privada, la iniciativa individual y los derechos de los demás, con instituciones eficientes y gobiernos serios, ¿para qué?, para obtener los beneficios que soñaron.

sábado, 5 de junio de 2021

LA DEMOCRACIA Y EL TOTALITARISMO

 Comentario 07/06/2021

 

LA DEMOCRACIA Y EL TOTALITARISMO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Los países latinoamericanos han sido amenazados durante muchos años por los anhelos totalitaristas de las izquierdas radicales de corte socialista que se originaron en la revolución comunista de Cuba en los años 60 y siguientes. Desde ese país, donde se enquistó una camarilla de líderes comunistas, se lanzó una ofensiva en todo Centro y Sudamérica para transportar la filosofía totalitaria que los acompaña y que ha sido la causa del retraso manifiesto de ellos mismos y de países como Nicaragua o Venezuela que han querido abrazar esas mismas ideas. Para ello, intentaron de todo: desestabilizar las democracias, tumbar los gobiernos, ejercer subversión con movimientos guerrilleros, fomento a la lucha de clases, reformas para cambiar las estructuras de los Estados democráticos, infiltración en los gobiernos y en las organizaciones públicas, persecución a contrarios ideológicos, etc., etc., etc. Son muchas las cosas que han sucedido, en realidad, durante estos años.

Sin embargo, no son cosa del pasado, siguen sucediendo y las estamos viendo con los actos vandálicos de los últimos días, donde una protesta pacífica y legítima por las condiciones de falta de oportunidad y de pobreza derivadas de la pandemia, los violentos la transformaron en el más desafiante problema de orden público, con el cual se pretende descarrilar la vida democrática, las instituciones, el estado de derecho y los órganos de gobierno, detrás de la agenda política de una izquierda subversiva y radical, apoyada por fuerzas oscuras del exterior de tipo socialista y comunista. Es increíble ver cómo unos pocos violentos ponen en jaque a una sociedad completa, porque no son hechos aislados ni circunstanciales, son acciones programadas, coordinadas, entrenadas, financiadas y ejecutadas en forma certera contra el orden establecido y la ciudadanía inerme. Nunca el caos y la destrucción han sido generadoras de progreso y bienestar, sin embargo, ellos dicen no estar dispuestos a dialogar, sólo negociar, lo que quieren es imponer sus criterios y opiniones según su conveniencia, no importa qué suceda con el resto del país y lo que pase con las finanzas públicas agotadas y exhaustas por la pandemia, el cierre, la parálisis y ahora sin reforma tributaria a la vista.

Están acabando con las actividades comerciales y productivas, con el trabajo vinculado e independiente, el abastecimiento, la movilización, la atención de la salud, los servicios del Estado, las actividades deportivas, científicas y culturales, entre muchas otras más y ni hablar del trato a los policías que cumplen con su deber y mandato. Pero, además acusando al país de persecución a los indefensos manifestantes ante los organismos humanitarios mundiales, que les creen y comen de sus cuentos, porque son correligionarios en el pensamiento extremista. Detrás de esto está de nuevo el socialismo comunista internacional y el narcotráfico que pesca en río revuelto y por eso cofinancia el movimiento. Y hay mucho dinero en juego para pagar el desafío. Así las cosas, ahora habrá que llorar por Colombia también.

¿Y de qué ideas socialistas estamos hablando? De gobiernos únicos, con partidos únicos y con poder centralizado y omnímodo, concentrado en una camarilla privilegiada de gobierno, quienes acumulan todo el poder ejecutivo, legislativo y judicial bajo su dirección y mando, es decir, no hay división real de poderes ni oportunidad de ejercer ninguna oposición. Quien se atreve a ejercerla es claramente reprimido de manera agresiva y en ocasiones violenta, tanto que en esos países algunos prefieren cambiar su lugar de residencia y vivir más bien en el exterior para evitar a toda costa que sus libertades sean limitadas o, por la vía de la exacción o de la expropiación, se afecten sus patrimonios y empresas, sin motivo ni razón distinto a haber tenido éxito en sus vidas y de ser considerados como “responsables” de subvencionar a los demás, según el pensamiento socialista.

Pero esto es sólo el comienzo, se suman a esos hechos la falta de libertad de prensa, el dirigismo del Estado en toda la economía y en muchas ocasiones la extinción de la propiedad sobre bienes y haberes o la persecución de los negocios privados, hasta que desaparece la iniciativa privada y surge la injerencia estatal en todas las actividades productivas y en los servicios que se vuelven altamente ineficientes porque el Estado no es un buen administrador por la corrupción y las presiones e intereses políticos y politiqueros. Los beneficios son para la clase dirigente, no para todos los trabajadores y el resto de la población, quienes a partir de ese momento van a sufrir fenómenos de desarraigo por tener opiniones diferentes, de desabastecimiento de bienes o servicios, de corrupción a todo dar para la camarilla gobernante, de concentración y control del gasto público y, por otro lado, de pérdida de libertades individuales y familiares.

En el Estado todopoderoso, que ellos quieren encarnar, dicen que para defender al pueblo hay que distribuir la riqueza y lo que hacen, en realidad, es distribuir más pobreza, al perseguir al empresariado que es quien puede crear riqueza generando empleo, desarrollo, progreso y verdadera distribución de oportunidades con sus actividades productivas, sus inversiones y su liderazgo, a más de su visión empresarial y comunitaria, con beneficios para toda la sociedad, en forma directa o indirecta.

Las lecciones que nos acaba de dar el Ecuador al alejarse de los modelos de izquierda radical y del llamado progresismo de Correa, quien, durante cerca de 12 años, por sí o por sus lacayos, quiso imponer sus criterios regresivos a la sociedad y al empresariado ecuatoriano, son una prueba cierta de cómo una comunidad reacciona y quiere alejarse de ese mal llamado socialismo, el que, en la práctica, suele convertirse en un totalitarismo.

Desafortunadamente, las circunstancias mundiales y locales, fuertemente deterioradas por los graves fenómenos ocasionados por el Covid 19, no nos pueden llevar a pensar que hay que cambiar el modelo económico, político y social que nos rige, desde la constitución del 91. El deterioro económico y social ocasionado por la pandemia se ha ensañado con todo tipo de países desarrollados y en vías de desarrollo, lo que hay que combatir es la pandemia, no el modelo de país. Superada la pandemia por la “inmunidad del rebaño” se podrá restablecer plenamente la economía y las actividades productivas y ciudadanas y con esto se retomarán unas nuevas fuentes de oportunidad.

Es muy duro lo que estamos atravesando, y particularmente quedarán muchas familias en condición vulnerable y muy debilitadas las finanzas públicas nacionales, departamentales y locales por los menores recaudos de impuestos y contribuciones y por el esfuerzo de apoyar a la población y a las empresas con subsidios y auxilios de diversas naturalezas, en los casos más apremiantes. Sin embargo, no es el totalitarismo el que nos ayudará a superar, en el tiempo, las secuelas que la pandemia nos dejará. Por el contrario, un Estado democrático donde conviven la iniciativa privada con la estatal, nos generará muchas más oportunidades.

lunes, 31 de mayo de 2021

HABLEMOS DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO

 

Comentario 31/05/2021

 

HABLEMOS DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

El desconcertante paro nacional que todos los ciudadanos de Colombia estamos padeciendo, inesperado, inopinado e inconsciente, contrario a lo que se proponía de buscar mejores condiciones de vida para la población, es todo lo contrario, está causando graves consecuencias a la economía, ha radicalizado más la polarización que desde el proceso de paz padece el país, así como también la profundización en los niveles de desconfianza en las instituciones, en la desigualdad, en la desesperanza y en la pobreza.

En efecto, absurdamente, el paro se acumula a las difíciles consecuencias de la pandemia y del debilitamiento de las finanzas públicas y privadas por la parálisis de las actividades productivas, para traer como resultado desabastecimiento, acaparamiento, carestía, más desempleo, saqueos y violencia vandálica o terrorista y, por supuesto, más pobreza por falta de oportunidades. Si los negocios, las vías de comunicación, los medios de transporte, lo sitios de acopio y distribución y las ciudades en general no pueden operar, ¿de dónde creen los líderes del paro que van a salir nuevas, mejores o mayores oportunidades de empleo, de empresarismo, de educación, de desarrollo de competencias o de decisiones de inversión, expansión, crecimiento o desarrollo? Lo que tendremos es un mar de desilusión, destrucción y menor confianza con el país y sus instituciones.




Además, es curioso cómo los marchantes y/o los líderes de esas manifestaciones le reclaman y esperan que el Gobierno subsane todas las carencias, necesidades, anhelos o promesas incumplidas históricamente o las no ejecutadas por la abrumadora corrupción que se ha encargado de “desviar y desaparecer” los recursos. El Estado, como toda institución, tiene unas capacidades limitadas y más allá de ellas, por falta de dinero o de ejecución, no podrá extender su mano bondadosa a todos los “necesitados”. Además, los recursos públicos dependen de los impuestos recaudados y si no los hay en forma correlativa a los gastos, simplemente no puede haber más gastos. Nadie da lo que no tiene, así de simple.

Bien ha hecho el gobierno actual en crear una serie de subsidios, beneficios, exoneraciones transitorias, y programas para favorecer las poblaciones vulnerables, la educación, la salud, incluida la pandemia, y el bienestar de algunas zonas y sectores prioritarios. Asimismo, bien han hecho los empresarios en proponerle al Gobierno el desmonte de deducciones y exoneraciones tributarias para que se pueden recaudar más impuestos, a falta de otras reformas tributarias necesarias y prudentes, las cuales tardarán en su trámite y en su oportunidad.

Ahora, lo que no puede hacer carrera en el país es el cantar de voces irresponsables que declaran que lo que hay que hacer es una distribución de los ingresos mediante la exacción a los más pudientes para repartirlo a los más pobres, como si los primeros tuvieran la obligación de entregar lo suyo más allá de los impuestos racionales aprobados por ley, y los segundos, el derecho a recibir lo de los demás, por el sólo hecho de ser pobres o no estar ocupados. Este es el pensamiento socialista llano y simple, con el cual se han destruido sociedades y economías en nombre de los pobres, para generar riqueza en los gobernantes de una camarilla privilegiada (Ver no más algunos países de la región como ejemplo) y más pobreza en las clases menos favorecidas. La propiedad privada es, por definición, privada y no de todos o de algunos que consideran que también es de ellos, por el hecho de ser ciudadanos también. Muy grave el mensaje que se presenta en la foto siguiente del paro, remarcado en cuadrícula roja: “Si la clase obrera todo lo produce, a ella todo le pertenece”, con este pensamiento socializamos la propiedad privada.

Además, una sociedad no puede funcionar en forma adecuada, justa y equilibrada, si los ciudadanos tienen que pensar en que el fruto de su trabajo se debe repartir también con los que no trabajen y que estos últimos pueden reclamar como suyo, lo que no es fruto de su esfuerzo. Los impuestos son el elemento institucional de distribución de la riqueza desde los que contribuyen con sus rentas, hacia los que necesitan por ser vulnerables, por un lado, o hacia toda la comunidad como beneficio para su progreso y bienestar, por el otro, para lo cual el gobierno hace sus realizaciones en desarrollo y bienestar, las cuales están determinadas en la constitución. Por supuesto, hay que combatir en forma radical la cultura de la evasión, de la elusión de los impuestos y de la corrupción que es como el “deporte nacional”. En Colombia muy pocos pagamos impuestos.

Transitoriamente y debido a un estado de catástrofe sobreviniente o de circunstancias de adversidad económica y social intempestivas e insoslayables, se acude a la solidaridad de quienes más pueden para elevar moderadamente sus contribuciones impositivas con el fin de apoyar la recuperación de otros que han caído en desgracia, pero no para hacerse cargo de su vida y su manutención por siempre y para siempre. Conceptos como el de la renta básica solicitada por los marchantes del paro nacional, son inaceptables por ser imposibles de financiar por su monto y características, de una parte, y, además, de otra parte, si son recurrentes, es decir, permanentes, fomentan la holgazanería de quienes esperan el beneficio de la renta frente a los que salen a trabajar para proveérselo a ellos y a sus familias. ¿Qué pensaría quien trabaje todo el día, 48 horas por semana, para recibir un salario mínimo, si otras personas, sin ningún esfuerzo, simplemente también reciban del Gobierno el mismo salario mínimo? Hay que crear más oportunidades para todos, pero no bajo el expediente de repartir el ingreso de los demás. Este, de nuevo, es un concepto socialista: unos deben trabajar para que otros puedan vivir sin trabajar, dado que los primeros tienen que velar por los segundos.

Otro concepto que no puede hacer carrera con motivo de la situación de pobreza derivada de la pandemia, el paro y sus consecuencias, es que también hay que distribuir la riqueza, es decir el patrimonio acumulado por las personas a partir de su esfuerzo y su trabajo. De nuevo, es inaceptable el concepto socialista de que unos ganan y ahorran para que otros lo gasten. Creamos más oportunidades a partir de la educación, la inversión pública y privada, el empresarismo, el desarrollo de habilidades, la aplicación de tecnologías y la cultura del trabajo duro para poder progresar y tener bienestar, con el apoyo de todos en la sociedad, pero alejados de la idea de que unos tienen que hacer lo que los demás no hacen, para que todos puedan vivir.

sábado, 22 de mayo de 2021

ESTAS SON LAS PETICIONES

 Comentario 25/05/2021

 

ESTAS SON LAS PETICIONES

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

“Con trabajo vivimos, con paro no”, ciudadano de la calle en entrevista por radio.

El asunto comenzó supuestamente por la solicitud de retiro del proyecto de reforma tributaria, necesario sí, pero inoportuno y demasiado ambicioso en su pretensión de recaudo, en la situación de parálisis económica que atravesamos. Las finanzas públicas están “desfondadas” precisamente por atender la pandemia y el gasto social (defensa del empleo, de las empresas, del adulto mayor, de los jóvenes, de la salud y la educación, etc.) por los beneficios, subsidios y subvenciones creados para combatirlas. Este proyecto efectivamente fue retirado y ya se prepara otro sustitutivo, pues es imperativo para las finanzas públicas y el gasto social una nueva reforma tributaria.

Sin embargo, el “lobo mostró sus garras”, el comité de paro presentó sus nuevas demandas de solución para ser atendidas por el gobierno, y el paro continuó, con toda la gravedad de sus consecuencias. Las demandas son por “el Oro y el Moro”, para negociación no para diálogo, según afirman.

Vamos a comentarlas a continuación, con la sola enunciación de los temas planteados por diferentes grupos dirigentes de los del paro, sin que haya tampoco una dirección central responsable de todo lo que está sucediendo, no ofreceremos ninguna explicación adicional ya que el espacio no lo permitiría. Al examinar toda esta impresionante lista, me pregunto si los marchantes pacíficos por el retiro de la reforma tributaria eran conscientes que se les estaba utilizando para un movimiento más político que reivindicativo, ya que muchas de las solicitudes tienen este carácter político y significan cambios en el modelo constitucional, el democrático, el político, el económico y el social que nos rigen. Veamos algunas de ellas:

1. Renta básica para 30 millones de personas por lo menos un salario mínimo legal mensual permanente, 2. Reorganización de las Fuerzas militares y desmilitarización del país (¿?), 3. Desmonte del ESMAD y depuración de la policía, 4. No reforma tributaria, 5. Derogar el holding financiero con el que se creó el Grupo Empresarial Bicentenario de propiedad del Estado, 6. Tumbar la circular 049 del Ministerio de Trabajo sobre estabilidad laboral, 7. No presentar la reforma pensional, 8. No presentar una reforma laboral y derogar los artículos 193, 198, 240 y 242 del Plan Nacional de Desarrollo, 9. No privatizar ni enajenar bienes públicos (¿ y las finanzas públicas sin reforma tributaria?), 10. Cumplimiento de acuerdos que surgieron de otros paros de estudiantes, indígenas, trabajadores y educadores del Estado, 11. Renegociar los Tratados de Libre Comercio para que se proteja la producción nacional, 12. Cumplimiento total de los acuerdos de paz firmados en La Habana con la ex guerrilla de las Farc, incluida la entrega de tierras (¿y el costo y los recursos?), 13. Aplicación de la Ley Anticorrupción, 14. Derogar el cobro de 4 pesos por kilovatio de energía en los estratos 4, 5, y 6 para financiar Electricaribe, 15. Suscribir el acuerdo de Escazú sobre el medio ambiente (que somete a control de organizaciones internacionales de izquierda la política nacional sobre este tema), 16. Ayudas a las mipymes (pequeñas y medianas empresas), 17. Matrícula cero para instituciones del estado a nivel superior en forma permanente, 18. Retirar el proyecto de ley de reforma a la salud, 19. No alternancia educativa, 20. No a la discriminación de género y derechos para población LGTBI, 21. Detener las erradicaciones forzadas y la aspersión con glifosato, 22. Derogar el decreto 1174 de 2020 que estableció que las personas con ingresos inferiores a un salario mínimo “deberán vincularse” al piso de protección social (PPS), 23. Eliminar peajes. 24. Fletes y carga garantizada para los transportadores, 25. Política de justicia y equidad prioritaria para las poblaciones vulnerables y ancestrales, 26. Negociación con el ELN garantizada, 27. Beneficios para los resguardos indígenas, etc., etc. Son demasiados los etcéteras.

Las anteriores son las principales, pues en total son 104 peticiones, todo un plan de gobierno para muchos años. Varios de los temas pueden ser bienvenidos socialmente, pero no consultan las realidades políticas, económicas y fiscales del país y del gobierno, por ejemplo, el caso de la renta básica es incosteable para el país, ¿dónde están los ciudadanos que puedan pagar esos impuestos para que otros ciudadanos, simplemente reciban esa renta? Y los que ya trabajan por un mínimo, dejarán de trabajar, para también recibir renta básica, ¿por qué a unos sí y a otros no?, el país sería inviable y no equitativo, por el contrario, totalmente socialista, injusto y confiscatorio. Otros temas no son convenientes, son inoportunos o inconstitucionales.

En qué estaría pensando el Ex-presidente Juan Manuel Santos cuando afirmaba a la W Radio esta semana: “Se están manifestando por razones válidas. Son peticiones relativamente baratas o gratis de atender” (¿? ...).

¿De dónde salió todo esto?, ¿desde cuándo esos autollamados directivos del paro representan a toda la comunidad para solicitar que con ellos se negocien esos temas, sin haber mediado un nombramiento democrático que los elija como tales, sólo utilizando el poder de la intimidación y el miedo por la fuerza, los bloqueos, el desabastecimiento, la carestía, la violencia y la obstaculización de la actividad productiva, la educativa y la institucional del país?

Es inaceptable el paro, sus consecuencias son desastrosas para el país, la pérdida de empleos y ocupaciones, de oportunidades, de empresas, de negocios, de organizaciones, de desarrollo y crecimiento serán irrecuperables y se suman a las ya muy graves consecuencias de la pandemia. Nos falta ver todavía cuántos son los nuevos contagiados de covid debido a las marchas y la total incapacidad del sistema de salud para atenderlos.  

El paro está infiltrado, organizado, orquestado y pagado por la izquierda radical y el narcotráfico. Para ellos el principio es que mientras más pobres son los ciudadanos, más fáciles de conquistar y de aceptar “caudillos” de izquierda, supuestamente “salvadores” de la pobreza y la desigualdad.

 

lunes, 17 de mayo de 2021

LA DESESPERANZA

 Comentario 17/05/2021

LA DESESPERANZA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

La temeraria “aventura” del paro nacional realizado en el momento de mayor fragilidad de la economía nacional (muchas personas y empresas en situaciones de quiebra o con gran debilidad), con las finanzas del gobierno exhaustas, el desempleo formal e informal en crecimiento, la más grave crisis de salud de la historia del país por la pandemia, entre muchas otras razones, está trayendo como resultado más pobreza, mayor desesperanza y agravamiento de la parálisis económica, con consecuencias incalculables para el proceso de recuperación económica y social, para la generación de empleo u ocupación y para el bienestar de vida de las familias.

En mi opinión, en vez de mejorar, las cosas se han empeorado en forma grave y en algunos casos irrecuperable. Válida, además, la protesta legítima por las malas condiciones de vida, pero no se trata sólo marchas pacíficas lo que ha ocurrido, son bloqueos y atentados que causan severos perjuicios a toda la comunidad. Una ciudad bloqueada, intimidada y desabastecida, en la práctica, está secuestrada. Además, con graves problemas de violencia, deterioro del orden público, confrontación entre grupos de las comunidades, muchos de ellos con intereses desestabilizadores de la institucionalidad y con generación de odio de clases. En vez de crear oportunidades, las están destruyendo, agravando cada día más los problemas y complejizando sus soluciones.

De acuerdo con las estimaciones de diversos analistas, el país pierde aproximadamente 500.000 millones por día de parálisis en los distintos sectores productivos, sin contar con los daños a la infraestructura urbana pública y privada por los destrozos a los sistemas de transporte (estaciones y buses), a los establecimientos de comercio, a los monumentos históricos, al amoblamiento de tránsito, urbano y de vigilancia. En una palabra, están destruyendo elementos básicos para el funcionamiento de las comunidades, obligando al pueblo simple y llanamente a pasar grandes dificultades y a tener más pobreza. Con el paro de transporte o los bloqueos a vías, además de desabastecimiento de alimentos, suministros diversos y drogas, se han paralizado grandes zonas de producción agropecuaria, con el agravante de que muchos de esos productos por ser perecederos se pierden y el daño económico del campo se suma a las cifras de pobreza.

Este movimiento, después de los meses de pandemia con -encierro, falta de actividad económica, parálisis de la inversión productiva, mayor desempleo, especialmente jóvenes y mujeres, ingentes gastos en adecuación de camas UCI, vacunas, logística de aplicación, y deterioro económico por cierre de muchos negocios o la debilidad de los que permanecen, la ninguna creación de empleo nuevo y la dificultad para realizar esfuerzos de empresarismo con iniciativas nuevas- se vuelve un desafío para la propia ciudadanía. Si alguna recuperación teníamos, con seguridad se aplazará o nunca vendrá, agravando más la situación de pobreza. El asunto comenzó supuestamente por la solicitud de retiro del proyecto de reforma tributaria, necesario sí, pero inoportuno y demasiado ambicioso en su pretensión de recaudo, en la situación de parálisis económica que atravesamos. Las finanzas públicas están “desfondadas” precisamente por atender la pandemia y el gasto social (defensa del empleo, de las empresas, del adulto mayor, de los jóvenes, de la salud y la educación, de la población vulnerable etc.) y por los beneficios, subsidios y subvenciones creados para combatirlas. Ya se prepara otro proyecto sustitutivo, pues es imperativo para las finanzas públicas y el gasto social una nueva reforma tributaria.

Los dirigentes del paro nacional en forma arrogante han ido acumulando más y más causas a sus peticiones, imposibles de cumplir la mayoría de ellas en forma simultánea por la carencia de recursos del Estado o por la incapacidad para ejecutarlas, sin descuidar, además, la administración de lo cotidiano. De hecho, dicen tener 104 peticiones, algunas tan inverosímiles como la renta básica permanente para 30 millones de personas, con un costo anual de 85 billones, la cuarta parte del presupuesto público de un año. ¿De dónde creen que saldrá el dinero para este sólo pago sin contar con las demás demandas o con los gastos ordinarios en salud, educación, pensiones, subsidios a poblaciones vulnerables o en situaciones de catástrofe como Providencia con el paso del huracán IOTA y demás gastos e inversiones del Gobierno?

Es notorio el esfuerzo del gobierno en facilitar mayores recursos para la educación y para conceder matrícula gratuita en establecimientos públicos a estudiantes de estratos 1, 2 y 3, más aún sin una reforma tributaria en ejecución.  Al fin y al cabo, la educación es el hecho transformador de la pobreza y el mayor generador de progreso de las personas y sus familias. Ahora, apenas comienza a diseñarse y tramitarse otra reforma tributaria que el país requiere urgentemente, precisamente para afianzar el gasto social, vamos a ver dónde para en época electoral. ¿Qué ausentes están los políticos y los congresistas en las soluciones de esta problemática nacional?, ¿no les parece que están pensando sólo en elecciones en el 2022?

Los líderes del paro dicen que, si hay dinero, poco les importa que el déficit fiscal haya llegado al 9% del PIB y el endeudamiento del gobierno ya sea del 65% del PIB, con riesgo para la continuidad del grado de inversión del país y con ellos el encarecimiento de los recursos o su dificultad para conseguirlos, con lo cual se multiplicaría el problema económico, el político y el social. Para el tamaño y características de las aspiraciones de los marchantes se requieren recursos recurrentes, no basta decir que se vendan activos de la nación, esto es sólo una fórmula puntual cuyo agotamiento será inmediato y ¿luego?, ¿de dónde sacará el gobierno para su continuidad? Pensar en créditos del Banco de la República, en venta de las reservas de divisas del país o cosas por el estilo, también son soluciones parciales y ocasionales, de nuevo y ¿luego? ¿Cómo y cuándo se pagarán esos créditos o se restablecerán las reservas necesarias para el comercio exterior de Colombia? Un país sin reservas, por ejemplo, se convierte en un pésimo deudor para sus acreedores internacionales y con perspectivas inciertas y negativas para los inversionistas. Todo eso significaría “pan para hoy y hambre para mañana”.

Creo que no cabe en una mente bien intencionada que un país pueda resolver todo sus problemas sociales o funcionales en un solo momento y como fruto de un paro, si fuera así, bastaría hacer paro cada vez que algo se declare como conveniente, y, como por arte de magia, lista la solución.

Es inaudito lo que nos está sucediendo, en realidad, en mi opinión, los líderes del paro lo que quieren tomarse el poder “arrodillando” al gobierno y a la comunidad, son las ambiciones totalitarias de la izquierda radical del país, apoyados internacionalmente por corrientes de opinión semejantes, y nacionalmente por dineros del narcotráfico, para cambiar el marco jurídico e institucional de Colombia. Hay que reaccionar, rechazando la coacción de hecho que le están haciendo a la comunidad, al gobierno, al modelo democrático, al estado de derecho y a las instituciones. Colombia no se puede rendir ante estos líderes de la izquierda radical nacional e internacional.