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domingo, 22 de mayo de 2022

EL CASO CHILENO

 Comentario 23/05/2022

 

EL CASO CHILENO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

La respuesta del pueblo chileno a las protestas sociales acontecidas en el 2019, demandando más equidad, más dignidad y mejores condiciones de vida, fue la citación de una asamblea constituyente quien sería la responsable de redactar una nueva carta política que cumpliera con dichos objetivos.

A la carta magna anterior, redactada durante la dictadura del General Augusto Pinochet, se le tildaba de neoliberal, favorecedora de los empresarios privados y con poco contenido social en favor del pueblo chileno. Ya se conoce el borrador de este nuevo acuerdo social, el cual debe ser refrendado el 4 de septiembre próximo en un plebiscito citado para tal fin. De no aprobarse esta nueva carta quedaría en vigencia la anterior.

El postulado central de la nueva carta es volver a Chile un “Estado social de Derecho” donde se reconozcan, a cargo del Estado, la ampliación de los derechos sociales fundamentales. La nueva constitución consagra, además, a Chile como un Estado plurinacional -no unitario, como indica, por ejemplo, la Constitución Colombiana-, para volverlo un país con fuertes autonomías regionales, en la práctica un esquema de regiones, en consideración a las diferencias étnicas y culturales singulares, de varios de sus territorios.

El borrador también pone fin a la privatización de los servicios básicos para que sea el Estado quien los atienda, dice acabar con el “mercado” del agua, disponer de un sistema universal de salud, y fortalecer la educación pública, laica y gratuita en todos los niveles. Se habla también de la corresponsabilidad de género, la protección del medio ambiente y los derechos de los pueblos indígenas. Además, se modifica el Senado de la República por una discutida, cuestionada y llena de interrogantes Cámara de Regiones, la independencia del banco central, entre otros temas. Todo lo cual parecería, a simple vista, un conveniente nuevo acuerdo social para el contexto actual.

Estos esquemas, de contundente corte social y estatización radical, mediante la reversa de la privatización que la constitución anterior había consagrado ampliando la influencia del Estado en la economía, significan un cambio profundo del modelo económico, político y social imperante en Chile, país que había demostrado al mundo un gran progreso económico, cultural, de inserción en la economía mundial mediante los tratados de libre comercio y con gran apertura a la inversión extranjera, todo lo cual produjo un enorme desarrollo económico y social, los cuales, si bien no solucionaron la desigualdad, son considerado como de primer orden en Latinoamérica. De hecho, es modelo era admirado como digno de seguir por sus logros y realizaciones.

La realidad de Chile hoy es bien diferente, con la elección de Gabriel Boric, de convicciones estatistas y totalitarias, después de haber sido promotor de los desórdenes sociales del año 2019 en primera línea, a poco andar en su gobierno, ya tiene un marcado descontento social (sólo 24% de favorabilidad) y ahora se enfrenta a un fuerte rechazo de la nueva constitución por la ciudadanía chilena, según las recientes encuestas de opinión.

En efecto, según la encuesta Pulso Ciudadano, se concluyó que el 42.7% de la población votará en contra de la nueva carta magna y que sólo el 27.8% votará a favor. Para citar una evidencia de este rechazo, el partido Republicano ha afirmado, al expresar su inconformidad: “El texto es una mala propuesta de Constitución y sus disposiciones le harán un daño irreparable al país. La Convención fracasó en su misión de redactar una nueva constitución que represente a los chilenos y que establezca las bases del desarrollo”. (EL TIEMPO, miércoles 18 de mayo de 2022).

Es grave lo que está pasando en Chile, pues llena de incertidumbre su futuro, máxime al ver que han salido del país fuertes sumas de dinero, estimadas en cerca  de US 20.000 millones de dólares, para buscar protección ante las embestidas totalitarias y estatistas de la nueva constitución y el ataque a la iniciativa privada, como sucede hoy con los fondos de pensiones privados, sometido a retiros anticipados ( que se volvieran consumo e inflación) y con un fuerte cuestionamiento, lo cual dejará a los ciudadanos chilenos en más precaria situación frente al horizonte pensional. Así mismo, la reacción desde el exterior, por parte de banqueros, inversionistas y comerciantes que tienen relaciones con Chile es de tremenda expectativa y con mirada de desconfianza sobre su futuro. De hecho, hay fuertes indicios de un deterioro marcado en la economía de ese país y con tendencia a empeorar. Todo lo contrario de lo que se buscaba.

Las lecciones para Colombia son muchas y diversas, máxime al considerar el programa de gobierno de Gustavo Petro, el cual acompaña los mismos principios de lo que está ocurriendo en Chile, e inclusive quiere establecer un “eje progresista”, según sus propias palabras, con los presidentes Gabriel Boric de Chile, el que se supone futuro presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula, y él desde Colombia.

Es suficiente la experiencia chilena como para pensar que, con la elección eventual de Gustavo Petro, estamos al borde de un cambio de modelo económico, político y social, con graves consecuencias y con reversa de difícil realización. Las experiencias estatistas y socialistas en Latinoamérica tienden a perpetuarse en el poder y a ser verdaderamente autocráticas, ni hablar de lo que ha ocurrido en otros países vecinos, dignos de verdadera lástima por el destino y el camino que han tenido que tomar sus pueblos, con éxodos masivos en busca de oportunidades y con sus democracias e instituciones verdaderamente rotas. ¿Hasta cuándo?, nadie lo sabe.

domingo, 15 de mayo de 2022

LOS DEL CENTRO

 Comentario 16/05/2022

 

LOS DEL CENTRO

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En las economías democráticas existen tradicionalmente dos grandes visiones políticas sobre cómo desarrollar los países, hacer crecer las economías y afrontar los problemas sociales para mejorar el bienestar y la equidad. Una visión, la cual siempre se la ha llamado de derecha, propende por el capitalismo democrático (liberalismo económico) como enfoque político, económico y social, visión, según la cual, es el sector privado el llamado a tener el liderazgo económico y mantener la iniciativa privada como el pilar del desarrollo de los mercados, con el apoyo del Estado en lo que es de interés nacional como son los temas de mayor trascendencia, tales como la salud,  la educación, la vivienda, la infraestructura, la seguridad, entre otros, así como también en las relaciones exteriores o en el acompañamiento y atención social a las poblaciones vulnerables. Por supuesto, ante todo se refiere a un Estado democrático, con elecciones populares libres, separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y sujeción a la constitución, a las leyes y a los tratados que nos obliguen internacionalmente.

En el otro extremo, siempre se ha hablado de las corrientes de la izquierda, como aquellas que propenden por la mayor o la total intervención del Estado en la conducción de los asuntos de la economía para superar los problemas de equidad en las oportunidades y en las circunstancias de la pobreza, relegando el papel del sector privado al direccionamiento que el Estado establezca. Este modelo es conocido como el del socialismo, que en algunos casos se desarrolla en escenarios democráticos, bajo la figura de la socialdemocracia movimiento con pensamiento social pero no estatista, pero, en otros casos, se convierten en gobiernos autocráticos, con limitación a las libertades individuales, fuerte intervencionismo estatal en la economía, partidos únicos y hegemonía en el poder, bajo el llamado socialismo de estado. Y, ¿dónde queda el centro?

En la práctica, es difícil saberlo, puesto que no existe una definición única y cada uno que lo plantea parece tener una aproximación diferente, lo que algunos llaman matices. En principio podríamos decir que no es el capitalismo democrático puro o el socialismo de estado puro, es como una mezcla de ambos, lo cual lo hace difícil de entender. De hecho, algunos autores dicen que “el centro no existe” y quien trata de ir por el centro, no logra ni lo mejor de un modelo ni lo mejor del otro y posiblemente se queda en el peor de los mundos. Se dice entonces, que el centro propende por “tanto Estado como se requiera, pero tanta libertad de mercados como sea posible”. Equilibrio difícil de lograr pues, generalmente, se es lo uno o lo otro, pero no los dos a la vez, la casuística del caso a caso para gobernar es un horror, a veces sí y a veces no, ¿entonces?

Es claro que, para las elecciones presidenciales del 2022, estamos al frente de tres grandes corrientes de opinión. Por un lado, los partidos con orientación de defensa de las libertades y de la iniciativa privada, representados por colectividades como el Centro Democrático, Cambio Radical, el partido Conservador, el partido Liberal, para citar los más representativos y genéricamente denominados como la derecha o la centroderecha. En el otro extremo se aglutinan, alrededor de la Colombia Humana de Petro, la antigua Unión Patriótica, el Polo Democrático, los Verdes y el partido Comunista, con apoyos como el EPL y los comunes (FARC) y con los dos adeptos “nuevos” que llegan allí después de estar en todo tipo de corrientes políticas, Roy Barreras y Armando Benedetti, son veletas que “giran” con el viento.

¿Y dónde queda el centro en Colombia? Pues bien, por algún motivo, en el país varios movimientos y precandidatos han hablado del centro como su visión y su posición política, para afrontar las nuevas elecciones. El llamado Centro Esperanza, por ejemplo, conformado por figuras tales como Humberto de la Calle, Sergio Fajardo, Angélica Lozano, Angela Robledo, Jorge Robledo, Juan Fernando Cristo, Juan Manuel Galán, Iván Marulanda y otros. Curiosamente, de entrada, todos parecen estar de acuerdo en el llamado centro, pero ninguno acierta decir qué es o en qué consiste o cómo se diferencia de los partidos de la derecha o de la izquierda, partidos estos últimos que son tratados por los del centro como males para la sociedad.  Pues bien, las diferencias ideológicas e históricas entre los miembros de ese grupo autollamado de Centro han sido marcadas y muchos de ellos se han comportado a través de los años como grandes oponentes entre sí. Pero, la política es dinámica, según afirman los propios políticos para justificarse. Algo no sorprendente es que el Centro Esperanza en Colombia se ha ido diluyendo y poco a poco desaparecerá de esta contienda política. El tal vez sí, tal vez no o sólo tal vez no ha convencido.

Aunque las elecciones del 29 de mayo ya están cerca, se haría un gran bien al electorado, por parte de todos los candidatos a la presidencia, diferenciar cuál es la ideología que ellos quieren representar y cómo se contrasta con las demás corrientes, además por qué es mejor o más conveniente para el país, con la sustentación de sus programas de gobierno. Pero, como siempre, lo más importante no es sólo que lo expongan con claridad, es que indiquen cómo lo van a lograr y qué efectos va a producir en el progreso, el bienestar y en las condiciones de paz, seguridad y convivencia de la nación. Los graves problemas socioeconómicos del país requieren una visión clara sobre cómo y dónde se quiere llegar, qué soluciones se van a implementar y cómo se van a financiar. Este no es un asunto de coaliciones y grupos políticos solamente, es un asunto de convicciones, programas y proyectos puestos en acción.

lunes, 9 de mayo de 2022

¿PROGRESISMO O CONTINUISMO?

 Comentario 09/05/2022

 

¿PROGRESISMO O CONTINUISMO?

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Inexorablemente los días pasan y nos acercamos al momento de la verdad con la primera vuelta presidencial el 29 de mayo, donde saldrán elegidos los dos candidatos y sus respectivos nominados a la vicepresidencia que pasarán a la segunda vuelta, para definir el 19 de junio quienes ocuparán finalmente los respectivos cargos a partir del 7 de agosto del presente año.

De acuerdo con las evidencias de las recientes encuestas, las tendencias se confirman día a día en el progreso de Fico Gutiérrez y su vice Rodrigo Lara, por el lado de la derecha, tanto como en el estancamiento de Gustavo Petro y su fórmula Francia Márquez, por el lado de la izquierda. Los de centro poco a poco han desaparecido y, como era previsible, se han refundido en los dos extremos, ante la fortaleza de esos movimientos.

Probablemente las cartas ya están echadas, es decir, los programas, las propuestas, los enfoques, las prioridades, dentro de los modelos económicos, políticos y sociales que cada campaña representa, ya están sobre la mesa, y no hay vuelta atrás, aunque en Colombia en materia política siempre hay sorpresas.

En un país fuertemente polarizado entre esas mismas tendencias, de derecha o de izquierda, la confrontación política es más dura, porque no hay punto de encuentro entre esas corrientes de opinión y de acción, y, según la elección del 13 de marzo, con la representación dividida y particionada para el Congreso, entre muchos grupos, ninguno de ellos con mayorías decisorias, se avecina un período de gobierno negociado con los congresistas de los diferentes movimientos, para buscar las mayorías que permitan avanzar en los proyectos e iniciativas que se presenten al Congreso, para el grupo que sea elegido al primer cargo ejecutivo oficial del país.

Para las presidenciales, las diferencias de enfoque y de principios entre esos dos candidatos principales, Petro de la izquierda y Fico de la derecha, son tan abismales que estamos hablando de dos países distintos, con resultados económicos, políticos y sociales muy diferentes. Basémonos en la experiencia para calificarlas.

Para mencionar algunos casos en Latinoamérica, las economías estatistas, centralizadas y autocráticas de izquierda han sido un fracaso en toda la región, basta mirar algunos de los vecinos, como Argentina, Venezuela, Nicaragua o Cuba. Por el contrario, las economías abiertas a la inversión y a la propiedad privada, sin intervencionismo estatal, han generado resultados muy importantes como en Costa Rica, Panamá, la propia Colombia y hasta la llegada de los movimientos socialistas, lo ha sido Chile, como modelo de progreso social y económico.

Los primeros países citados hicieron un cambio de su estructura económica, política y social, desde un estado democrático, con economía y propiedad privadas, y con división de poderes y hay que ver lo mal que les ha ido. Una experiencia que nos debe quedar en la mente.

Los segundos países, por el contrario, han tenido progreso, libertades, inversión pública y privada y democracia, con mejoramiento paulatino de sus niveles de vida y cada vez mejor calidad en sus condiciones de bienestar. Hay problemas por superar y oportunidades por realizar, claro, pero se van logrando progresivamente.

El modelo de Petro, claramente socialista y autocrático, autocalificado como el progresismo, conduce, además, a que los ciudadanos esperen, especialmente los más pobres, el estado de bienestar por cuenta de “los más ricos", a quienes se les impondrán cargas fiscales excesivas para subsidiar a los demás, a través de un gobierno intervencionista en la actividad pública nacional, regional y local y en la privada en todos los sectores de la economía. Pura lucha de clases. Con este enfoque político de subsidios habrá ciudadanos zánganos y otros productivos.

Ni hablar sobre lo que piensa este sector político petrista en relación con los intermediarios del sistema financiero, los conciben como chupasangres y no como factores de desarrollo, sin embargo, los necesitan para que irriguen crédito en todos los sectores de la economía y, además, que paguen grandes impuestos.

Pero los problemas del modelo económico, político y social de Petro no terminan allí, él quiere cerrar la economía, acabar con la economía petrolera, apropiarse de las pensiones privadas, acabar con la independencia del Banco de la República, revisar los Tratados de libre comercio, estatizar los servicios que antes se privatizaron y así sucesivamente, un verdadero caos económico, político y social. Muchos años de retroceso, no de progreso.

En consecuencia, lo que no debe cambiar en la orientación de Colombia es el modelo económico, político y social que ya tenemos, el cual ha imperado desde hace muchos años, buscando, eso sí, superar cada vez más las limitaciones en su desarrollo, con nuevas oportunidades para beneficio de todos y especialmente en favor de los más pobres a partir de su educación y la capacitación para el trabajo, con el apoyo del Estado y con un plan de servicios y cobertura social en salud, vivienda, bienestar, recreación, deporte, pensiones para los más vulnerables sin volverlo un esquema asistencialista y sin crear dependencia de los más pobres por los subsidios, anulando su capacidad y autonomía. Actualmente estos rubros comprometen buena parte del presupuesto nacional.

El crecimiento y el desarrollo económicos les permitirán a todos los ciudadanos capitalizar sus propias oportunidades y favorecer condiciones de mayor equidad. Si a esto se le llama continuismo y es liderado por Fico Gutiérrez, bienvenido.

lunes, 2 de mayo de 2022

LAS PETROPROPUESTAS

 Comentario 02/05/2022

 

LAS PETROPROPUESTAS

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

En el país hay demasiado temor por un gobierno de Petro, y en algunos ciudadanos hay verdadero pánico. Para referirse al tema, varios articulistas en diferentes medios de opinión, han “copiado” lo que ha sucedido en los países latinoamericanos que han sido gobernados por socialistas, los cuales se han vuelto autocráticos, totalitarios, estatistas y nacionalistas a ultranza, con un profundo daño a las instituciones democráticas, a la economía, a las libertades privadas, a la propiedad individual y a la propia constitución de sus Repúblicas, con camarillas de gobierno y, a veces, total corrupción. Y lo peor, con persecución y cárcel para sus opositores. De allí se derivan muchas de las preocupaciones e inquietudes de los opinadores y de los simples ciudadanos, sobre lo que puede seguir en Colombia en un gobierno de Gustavo Petro.

¿Será que tienen razón? Veamos el porqué. Cuando Petro promete también ideas demagógicas, populistas, totalitarias y autoritarias como las que ha presentado en su campaña (mencionado sólo algunas), así:

  • Cerrar la economía para defender el agro y la industria, eso es volver al proteccionismo y al aislacionismo, fenómenos contrarios al progreso y al crecimiento de las economías, como se ha demostrado en los países que participan de la economía global. Notar, por ejemplo, el enorme desarrollo de los países del sudeste asiático, países los cuales, siendo economías abiertas, han tenido gran progreso, si bien en su historia tuvieron limitaciones como las nuestras
  • Revisar los tratados de libre comercio, es otro gran error, estos tratados nos abren las puertas de otros mercados con los cuales podemos desarrollar complementariedades y afinidades, pueden ser competidores en algunos rubros de comercio, lo cual beneficiará a los consumidores.
  • Intervenir el banco de la república para financiar con sus recursos y emisiones el gasto público “social”, y no sólo el social sino el burocrático también. Las historias se repiten por todo el mundo para hablarnos sobre el hecho de que la emisión y consumo, sin contraprestación en la producción, sólo genera la destructiva inflación, que afecta en mayor medida a los pobres que se quieren favorecer.
  • Intervenir las pensiones privadas, las cuales son un recurso de los particulares como ahorro para su edad de retiro, esto es simple y llanamente expropiación, no importa como lo disfrace. Populista y autoritario, por supuesto.
  • Si bien habla de “democratizar”-ya no usa la palabra expropiar y fue a una notaría a jurar que no lo haría-, pero basta con que suba los impuestos patrimoniales para forzar el proceso de pérdida de la propiedad raíz y, a través del Estado, distribuirla en forma populista y demagógica a los más pobres, creando las retrogradas dependencias de las personas por los subsidios y beneficios que les provee el Estado, los cuales los inducen a acostumbrarse a no producir sino a recibir. Se vuelven zánganos o parásitos para el Estado y la ciudadanía productiva.
  • Aumento de impuestos a los más ricos (en el país sólo hay menos del 2% de ciudadanos que clasifican como ricos) para financiar el gasto social, con lo cual las personas pudientes que hoy tiene su dinero invertido en el país, y hoy pagan impuestos progresivos, pensarán en irse a lugares menos inhóspitos en materia de impuestos.
  • Defensa del medio ambiente con el acuerdo de Escazú, que afecta gravemente la soberanía nacional, porque somete al control de entidades internacionales o de grupos de interés particulares decisiones que sólo deben ser tomadas por el país en la defensa de sus intereses económicos, sus comunidades y sus recursos naturales.
  • Revisar el papel de las fuerzas armadas y de policía, cuyas misiones son institucionales o constitucionales, ¿con qué propósitos y a quién beneficiarán? Los errores que hayan cometido no los desmerecen en sus funciones, si los correctivos son oportunos y eficientes.
  • Estructura de subsidios: su programa de gobierno contempla un total asistencialismo por parte del Estado a los menos favorecidos, cuando las personas lo que necesitan es empleo a partir del crecimiento y el desarrollo económicos. La educación para el trabajo debería ser la mayor prioridad, no los subsidios a troche y moche.
  • Política económica y de estado bajo un esquema totalitario y centralista, con limitación a la economía privada. Según su programa los servicios sociales debe suministrarlos el Estado y los que se privatizaron o son de cobertura privada y pública, deben volver al Estado, por lo tanto, adiós a la salud, la educación, la vivienda o las pensiones privadas, con lo mal administrador que ha resultado ser el Estado, por burocrático y clientelista y por facilitar la corrupción y la politiquería.
  • Quiere acabar con la economía extractivista de los hidrocarburos, e implantar las energías limpias, propósito nominalmente loable. Cómo, cuándo y con cuáles otros recursos se va reponer la dotación actual del país en estos recursos económicos y energéticos, los cuales financian una gran parte del gasto social. Este es un proyecto de transformación para muchos años en todos los países para cumplir también con nuestro compromiso con el cambio climático. Acabar con los proyectos de fracking, es también parte de su enfoque, y con cuáles otras fuentes energéticas compatibles sustituiremos el petróleo y el gas, ya de por sí escasos.
  • Probablemente, en algún momento hablará de nueva constitución y de nueva estructura del Estado, ¿asamblea constituyente al estilo chileno? Los problemas del país no están en la constitución del 91, que fue la conclusión de una Asamblea constituyente pluripartidista.
  • Etc., etc.… cada día propone cosas nuevas y más inverosímiles.

Petro no mide las consecuencias de sus contenidos ideológicos y de sus propuestas económicas, políticas o sociales. Éstas sí llevarán a un verdadero despeñadero al país. De allí a pasar a ser como Venezuela, Nicaragua, Argentina, etc. hay sólo unos pasitos. ¿Por qué creen que el dinero se está yendo también de Colombia?, como se ha ido de esos países y ahora también de Perú y Chile. Este programa de gobierno genera odios, miedos y resentimientos, los cuales, igualmente, nos conducen por mal camino. Ya hay ejemplos.

domingo, 24 de abril de 2022

“LA VERDAD OS HARÁ LIBRES”

 Comentario 25/04/2022

 

“LA VERDAD OS HARÁ LIBRES”

Nuevo testamento, Evangelio de San Juan 8:32.

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
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No hay mayor insatisfacción en las personas que el percibir que conscientemente les dicen mentiras, como si fueran tontos, ingenuos o brutos, como está ocurriendo con Gustavo Petro y su equivocada interpretación de las realidades del país o su acomodada argumentación para justificar sus propuestas, muchas de ellas populistas, demagógicas o mentirosas. Casi que no hay tema que trate el precandidato donde no incluya elementos engañosos o melifluos para justificar sus afirmaciones, las que, además, pregona con voz desafiante y descalificadora de sus opositores o contradictores sean estos políticos o simples ciudadanos.

Como por ejemplo lo hizo al hablar de las pensiones privadas al calificarlas como ahorro público, susceptible de expropiarlas para financiar el gasto social, y luego corrige, diciendo que no es expropiar sino democratizar. Y a todas estas, ¿cómo interpretar la palabra democratizar en este precandidato y en este particular? Por definición la democratización es hacer posible que una cosa sea accesible a un gran número de personas, o sea, ¿significaría transformar las pensiones privadas en democratizadas?, lo cual implicaría distribuirlas a terceros con cualquier criterio populista y politiquero, disfrazado de equidad social. Es decir, repartir la propiedad privada y el ahorro de muchos colombianos para su pensión. ¿A qué se referirá entonces, con el cambio de palabra?, ¿otra forma de mentir o engañar?

O, citando otro ejemplo, al hablar del cierre de la economía para supuestamente proteger la industria y el agro nacionales, omite decir que nunca había crecido tanto el país como después de la apertura económica, la cual liberalizó el comercio de bienes, servicios, capitales, inversión, conocimiento y aporte científico al país. El cierre de la economía produciría un retraso inimaginable al país, aunque transitoriamente parecería lo contrario. Hoy ya pertenecemos a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) donde están los países de mayor progreso y avance en todos los campos científicos, comerciales, industriales, de servicios y sociales, es allí donde debemos estar y no estar cerrados frente a ellos.

Y así sucesivamente, con muchos otros ejemplos, entre la multitud de opiniones o propuestas impropias o inconsultas con las que el candidato Petro quiere destacarse como líder de la opinión política o engolosinar el oído de personas incautas para conquistar su favorable votación el 29 de mayo en la primera vuelta presidencial y luego en la segunda vuelta el 19 de junio. Lo malo es que los petristas pura sangre le creen, no evalúan sus argumentos en su veracidad, viabilidad, fiabilidad, pertinencia y conveniencia, y en su financiación (¿de dónde saldrán los recursos para tanta promesa?) Solo le creen, no importa lo que diga, haga, haya hecho o hará. Como es de fácil decir para después justificar el no hacer. Precisamente Simón Bolívar afirmaba: “Nada es mejor que la exactitud de las promesas del gobierno. La mejor política es la honradez”. No son muy honradas, la verdad, las afirmaciones de Petro. Escandalizarían al propio Bolívar, Simón el libertador, por supuesto, no a su áulico Gustavo Bolívar, senador de la república por su movimiento.

En los años de Donald Trump, quien ejerció como el 45.º presidente de los Estados Unidos de América desde el 20 de enero de 2017 hasta el 20 de enero de 2021, y ante su infinidad de mentiras al pueblo norteamericano para justificarse, con lo cual creó divisiones y de nuevo verdaderos muros de comunicación, comercio y relaciones entre los países. Al referirse a la conducta de Trump, la connotada ex canciller de Alemania, Angela Merkel, les decía a unos estudiantes graduados de la Universidad de Harvard:

“No aceptemos mentiras como verdades, ni tratemos la verdad como mentira. ¿Se han preguntado, estimados graduados, que les puede estropear el camino que ahora comienzan? Nuevamente son muros lo que pueden hacerlo. Muros en la cabeza construidos por la ignorancia y la estrechez de pensamiento. Los muros separan familias de la misma forma que aíslan grupos sociales, colores de piel, pueblos, religiones. Lo que más deseo es que derribemos esos muros que una y otra vez nos impiden entender el mundo, entendernos sobre el mundo en el que vivimos en conjunto”.

Y más recientemente, Monseñor Luis José Rueda, arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal, al referirse a los candidatos de la campaña presidencial, durante la semana santa, les decía en uno de sus apartes: “tengamos argumentos, pensemos distinto, pero no nos agredamos y no permitamos que la mentira acompañe los procesos electorales, porque la mentira hiere, ofende y divide”.

¿Será que el país no recapacita y rechaza con vehemencia la conducta de Petro y sus aliados, de mentirle al país con sus propuestas y argumentos? Pero aún nos falta lo peor en la conducta actual y esperada de Petro: en las votaciones del 13 de marzo para el Congreso, como le aparecieron votos a su favor, entre el preconteo y el escrutinio preliminar, fue el único partido que no protestó por las irregularidades en esos procesos electorales, rápidamente su escudero Roy Barerras salió a aprobarlos y defenderos. ¿Qué más habrá detrás?

Además, como también afirma la exfiscal Viviane Morales en El Tiempo del 10 de abril, en su artículo “Señora Procuradora: suspenda al Registrador”: “Para nadie es un secreto que Gustavo Petro viene acomodando su estrategia de desconocer los resultados si le son contrarios. De ninguna manera Petro va a reconocer la derrota”.

Ya se habla que las huestes de Petro se preparan con las primeras líneas para agitar el país, creando caos y terrorismo, para no reconocer los resultados. ¿Será esto lo que nos espera de Gustavo Petro? Estamos avisados, el lobo tiene dientes y garras afiladas, para “comerte” mejor Colombia.

domingo, 10 de abril de 2022

¿CENTRALISMO O FEDERALISMO?

 Comentario 18/04/2022

 

¿CENTRALISMO O FEDERALISMO?

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
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El artículo primero de la Constitución Política de Colombia, indica:

Artículo 1°. Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general. Es decir, somos a la vez una República unitaria, pero descentralizada, y con autonomía de las entidades territoriales, bajo el principio de “Centralización política con descentralización administrativa”. ¿Esto qué significa? Analicemos un poco estos contenidos a partir de algunas definiciones universales sobre los llamados temas de: República, Estado Unitario, Federalismo y Centralismo, los cuales son modelos políticos y administrativos de las Naciones, que rigen en diferentes países, según su constitución política, comprendiendo primero qué es y en qué consiste cada uno de ellos y dónde están sus diferencias.

República: La República es un sistema organizativo del Estado donde el ejercicio del gobierno recae sobre una o varias personas, elegidas mediante voto popular o parlamentario, por periodos de tiempo limitados, para representar los intereses de los ciudadanos. La palabra proviene del latín res publica, que significa 'la cosa pública', es decir, lo que es común. El sistema republicano nace como expresión alternativa al de tipo monárquico en el cual todo el poder es ejercido por una persona, generalmente el rey, de manera indefinida y hereditaria. Sin embargo, actualmente existen regímenes de monarquías parlamentarias, como es el caso de España, donde el rey cumple esencialmente un papel representativo y simbólico como jefe de Estado, pero el resto de los cargos gubernamentales son de elección popular y temporalidad limitada. En la modernidad, el modelo republicano delinea más claramente el perfil que aplicamos actualmente en Colombia, con la separación de los poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial, el cual procura un equilibrio, tal que asegure la estabilidad del Estado, la libertad, la justicia y la igualdad. Las primeras repúblicas modernas en Latinoamérica surgen durante el período de la independencia, dado que las colonias españolas inician en el siglo XIX una serie de guerras cuyo objetivo era desvincularse de la corona española para instaurar nuevos sistemas republicanos. Así nacen:  Ecuador, Venezuela, Argentina, Colombia, México, Chile, Uruguay, Paraguay, Perú, Panamá y Bolivia.

Estado Unitario: El Estado unitario supone el principio de la centralización política, que se traduce en unidad de mando supremo, unidad en todos los ramos de la legislación, unidad en la administración de justicia y, en general, unidad en las decisiones de carácter político que tienen vigencia para todo el espacio geográfico nacional. La centralización política no es otra cosa que una jerarquía constitucional reconocida dentro de la organización jurídica del Estado. Pero esa centralización política no es incompatible con la descentralización administrativa, ni con la autonomía de las entidades regionales. Por el contrario, la tendencia en los Estados unitarios en el mundo contemporáneo ha sido la de vigorizar tal autonomía. La descentralización se ha entendido como la facultad que se le atribuye a determinadas entidades públicas regionales para gobernarse por sí mismas, mediante el otorgamiento de funciones específicas que son ejercidas autónomamente.

El federalismo: La república federal, también denominada Estado Federal, federativo o, simplemente, federación, es un sistema de organización del Estado conformado por entidades sociales, territoriales y políticas, conocidas también como estados, cantones, regiones o provincias, que se asocian y subordinan bajo un esquema de gobierno federal y gozan de un amplio nivel de autonomía en lo tocante a su gobierno y legislación. Los sistemas federales generalmente poseen dos niveles de gobierno, uno federal y otro local, que se coordinan y complementan en lo relativo a sus atribuciones, facultades y funciones. Todo ello se encuentra expresado en el marco jurídico de un texto constitucional común, que recoge los principios legales de los Estados que conforman la federación.

La autonomía inherente a la federalización, supone la gestión propia de sus intereses, es decir, la particular regulación de lo específico de cada localidad, pero siempre dentro de los parámetros de un orden unificado por la voluntad general bajo la forma de Constitución o Ley de la Nación. O sea, la normatividad propia está en armonía con la ley general del Estado, ya que la parte se ordena al todo, así como lo específico está comprendido dentro de lo genérico. La autonomía no implica, jurídicamente hablando, total soberanía, siempre la autonomía hace relación a la coherencia con un género superior, mientras que la soberanía hace que el ente soberano sea considerado como un todo, y no como parte de ese todo. Ejemplos de repúblicas federales abundan en el mundo, como EE. UU. o muchos de los países europeos. En Latinoamérica, por ejemplo, encontramos los casos de: México, conformado como una federación de 31 estados y un distrito federal; Argentina, con 23 provincias y una ciudad autónoma; o Brasil, constituido por 26 estados y un distrito federal.

El centralismo: Se denomina república centralista al sistema de organización del Estado donde la acción gubernamental emana y se conduce desde el núcleo de poder central, generalmente ubicado en la capital del país. Es un modelo diametralmente opuesto al federal debido a que todas las entidades que constituyen el Estado responden a una autoridad central, a la cual se encuentran subordinadas política y administrativamente. Se trata entonces de una situación en la que se les confiere una limitada autonomía a las colectividades regionales para el manejo de sus propios asuntos, ésta debe ser comprendida desde un aspecto administrativo y financiero. En la actualidad son ejemplos de Estado con modelos centralistas países tales como: Colombia, Chile, Dinamarca, Francia, Perú y Suecia. Chile es centralista, hasta que su nueva constitución indique lo contrario.

Desde hace muchos años en Colombia han existido movimientos en favor de transformar nuestro modelo de centralista a federalista, ante la complejidad y concentración de decisiones a nivel central, las cuales no consultan suficientemente las características y condiciones específicas de las regiones, por estar lejos de ellas, por un lado, y, por el otro, por corresponder a intereses políticos no necesariamente coincidentes con los regionales. De hecho, muchos podemos recordar algunos movimientos ciudadanos, muy fuertes en algunas regiones del país, en los años 70 y 80 orientados en esa dirección. Todo ello no es extraño a nuestra historia, Antioquia, por ejemplo, y para citar sólo un caso, ya en algún momento fue un Estado. Durante la primera independencia de Colombia (la denominada Patria Boba), la provincia que lleva hoy el nombre de Antioquia ya se había declarado Estado soberano e independiente, estableciendo también como su capital a la ciudad de Santa Fe de Antioquia. Este municipio mantendría la condición de capital de la provincia hasta el año de 1826, cuando fue trasladada a Medellín. Su territorio correspondía en su mayor parte con el que luego sería llamado Estado Soberano de Antioquia, quien fue integrante de la Gran Colombia y posteriormente formó parte de la República de la Nueva Granada.

Aciertan muy bien Federico (Fico) Gutiérrez Zuluaga y su fórmula Rodrigo Lara Sánchez en concebir su modelo de país como un gobierno desde las regiones, en un modelo más de tendencia federalista que centralista. Fico y Rodrigo, como exalcaldes que fueron, conocen muy bien la complejidad del desarrollo regional, más con la dependencia de decisiones centralizadas, muchas veces tardías, sin el alcance necesario, sin los recursos apropiados y frecuentemente contagiados de la politiquería en los cargos, los contratos, los contratantes y los contratados, las coimas, la corrupción, las prebendas y los beneficios en favor de algunos, poco transparentes pero abusadores de los presupuestos públicos. Durante la campaña electoral y luego en su gobierno, este debe ser un tema central, el modelo de desarrollo del país con énfasis en: “Centralización política con descentralización administrativa”, eficaz, efectiva y no corrupta.

Nota: Los hechos históricos narrados en este comentario son tomados de páginas web.

sábado, 2 de abril de 2022

LA CUESTIÓN DE LA PROPIEDAD PRIVADA

 Comentario 04/04/2022

 

LA CUESTIÓN DE LA PROPIEDAD PRIVADA

 

Por: Carlos Alberto Mejía C.
Ingeniero Industrial y Administrativo.
https://reflexiones-de-cam.blogspot.com/

 

Para los socialistas la propiedad de los medios de producción es o debe ser colectiva y para los comunistas es o debe ser del Estado, ambos fomentan, además, las decisiones centralizadas y estatizadas de lo relativo al funcionamiento de los mercados. Dichos modelos políticos y económicos consideran al capitalismo como un sistema injusto en el que el poder y la riqueza recaen supuestamente en una minoría, dado que el capitalismo, que defiende a la propiedad privada de los medios de producción, permite las decisiones individuales en el mercado. De alguna manera los tres modelos dicen buscar o buscan el progreso y el bienestar de la comunidad donde actúan, a través de programas de tipo social (educación, salud, vivienda, bienestar, seguridad, vejez, recreación y cultura, por ejemplo), si bien en todas las geografías donde actúan existen niveles de pobreza o desigualdad. Algunos teóricos políticos consideran el socialismo como una etapa previa al comunismo, bajo consideraciones tales como las contradicciones entre la burguesía (clase dueña de los medios de producción) y el proletariado (clase obrera y campesina dueños de la fuerza de trabajo), es decir, la lucha de clases.

Los países comunistas benefician a camarillas políticas de sus partidos únicos y a los magnates con influencia en los gobiernos por su poder económico, de alguna manera tienen castas y privilegios para quienes ejercen el poder, tal es el caso de Rusia, China, Corea del Norte, por ejemplo, si bien algunos de ellos han tenido apertura a la inversión privada y extranjera. En los países socialistas debemos distinguir las figuras más socialdemócratas que defienden la democracia, las libertades individuales y la propiedad privada, pero propenden activamente por condiciones de mayor equidad a través de programas de bienestar financiados por el Estado, como ocurre, por ejemplo, en algunos países del norte de Europa, tales como Noruega, Suecia o Dinamarca. Existen otros países más de tipo totalitario y antidemocrático, que limitan las condiciones de bienestar individuales y afectan las libertades privadas, entre ellos: Cuba, Nicaragua o Venezuela. En el último capítulo, el del capitalismo, tenemos las sociedades democráticas capitalistas como Canadá, USA, Francia, Alemania, España, Inglaterra, Colombia, etc.

El socialismo pretende que todos los ciudadanos, supuestamente, se involucren en la administración de los medios de producción, mediante la representación del Estado. El comunismo no permite la participación ciudadana ni las opiniones disidentes. Y el capitalismo, indica con claridad que los medios de producción pueden ser de propiedad individual, con la existencia de la libre competencia y con la regulación natural de la oferta y la demanda para la fijación de los precios en el mercado, o con la intervención estatal, cuando se requiere, para evitar abuso de poderes dominantes, que afecten el interés colectivo.

Ahora, el problema entre estos modelos socioeconómicos y políticos es mayúsculo cuando introducimos el concepto de propiedad privada de los medios de producción o de los bienes o valores de propiedad individual, más allá de los corrientes necesarios para la vida normal de las familias. Veamos:

En el socialismo puro y el comunismo se contempla que todas las personas son iguales, con la necesidad de acceder a los mismos bienes y recursos naturales de un país. Por eso proponen que el control social sea la base para la prosperidad y para garantizar la igualdad y la libertad. La sociedad es igualitaria. En el sistema socialista la riqueza, supuestamente, es distribuida de manera igualitaria entre los ciudadanos para que no recaiga en manos de una minoría. De esta manera, pretende desintegrar las clases sociales y equiparar el acceso a los bienes y servicios para toda la sociedad. En estos países se pretende que no exista la competencia dado que el Estado es el único emprendedor y quien controla los precios. No existe la elección libre del consumidor, solo puede comprar lo que el Estado provee o permite. Este tipo de intervención, teóricamente, pretende evitar la explotación laboral y el monopolio del mercado. En las sociedades capitalistas, por el contrario, cada persona puede competir por la propiedad de los medios de producción y decidir sobre los bienes para su vida, con libertad e iniciativa individual y también puede poseer dichos medios como fruto de su inventiva, esfuerzo y trabajo.

Visto desde la perspectiva histórica, la caída de la Unión Soviética y de muchos otros experimentos del tipo comunista, que condujeron a situaciones de extrema pobreza y verdaderas hambrunas, cuestiona, desde la raíz, el modelo económico, político y social del socialismo o el comunismo puros. Sociedades como China y muchas exrepúblicas socialistas soviéticas adoptaron un modelo híbrido entre la injerencia del Estado y la apertura a la inversión y la propiedad privada de los medios de producción. “No importa que el gato sea blanco o sea negro. Mientras cace ratones, es un buen gato.", decía Deng Xiao Ping al ascender al poder en 1978. El ya anciano Deng, ridiculizó el eslogan promovido por la Revolución Cultural de los años 60 que señalaba que “es mejor ser pobres bajo el socialismo, que ricos bajo el capitalismo”. Por su parte, él señaló de una manera clara y directa que “la pobreza no es socialismo”. Es parte de la historia que Deng Xiao Ping lideró la transformación de la China agraria y atrasada, casi feudal, hacia la economía de mercado y a la creación de empresas de corte capitalista. En la década de los 90, las reformas económicas ya habían logrado que millones de campesinos salieran de la pobreza. Sin embargo, el líder chino continuó con el control político de la sociedad china por parte del partido comunista, como sigue siendo hoy.

Es hora de que aprendamos estas lecciones para Colombia, ahora que en el período electoral hay candidatos, como Gustavo Petro y Francia Márquez, reconocidos socialistas radicales, que hablan de expropiar dinero de los particulares, reformas tributarias más progresivas y sin beneficios para los ricos, acabar con la economía petrolera, con el sistema de las EPS, dar trabajo a todo el mundo por cuenta del estado, pensiones por cuenta del mismo estado, etc. Todo lo cual, como está visto, no es posible y acarrearía un profundo daño económico, político y social, aunque parezcan, cuando se oyen, cantos melodiosos y, como dice, Francia Márquez, Colombia debe “Vivir sabroso”, sí, pero no así.